     Trilby

                            Diana Palmer





    Una nube de polvo amarillo se alzaba sobre la lnea del horizonte. Trilby la contempl con excitacin contenida. En los meses que llevaba en el rancho, en aquel
vasto territorio de Arizona, hasta una nube de polvo era capaz de aliviar su aburrimiento. Comparada con el torbellino social de Nueva Orleans y Baton Rouge, esa
regin estaba sin civilizar. Estaban casi a fines de octubre, pero el calor no disminua; ms bien pareca haberse intensificado. Para una muchacha refinada que 
haba recibido una educacin impecable en la costa Este, las condiciones de vida en esos parajes resultaban penosas. Exista una gran diferencia entre la mansin 
familiar de Luisiana y aquella casa aislada de madera situada en las cercanas de Douglas, estado de Arizona. Y los hombres que habitaban aquel pramo no se diferenciaban 
de los brbaros ms que un indio piel roja. Los pieles rojas tambin abundaban en la zona. Y para su padre trabajaban un viejo apache y un joven yanqui que miraban 
fijamente y nunca hablaban. Eso mismo hacan los sudorosos vaqueros, con sus ropas siempre cubiertas de polvo.
Trilby pasaba la mayor parte del tiempo dentro de la casa, excepto los dias de colada. Una vez por semana ella y su madre salan de la casa y se dedicaban a hervir 
la ropa blanca -como las camisas de su padre- en un gran caldero de hierro fundido. El resto se reparta entre dos tinas ms pequeas, en las que su madre y ella 
lavaban las prendas frotndolas contra una tabla de madera.
   -Va a levantarse polvareda o llover? -pregunt a sus espaldas Teddy, su hermano pequeo, interrumpiendo sus pensamientos.
   Trilby lo mir por encima del hombro y sonri con dulzura.
   -Polvareda, supongo. Lo que llaman estacin de las lluvias ya ha pasado y estamos en la estacin seca. Qu otra cosa podemos esperar? -respondi la muchacha.
   -Bueno, tal vez al coronel Blanco y algunos de los insurrectos, los rebeldes mejicanos que luchan contra el gobierno de Diaz-sugiri Teddy-. Dios mio! Recuerdas 
el da en que la patrulla de caballera vino al rancho a pedir agua y yo les di un balde?
   Para Ted, que contaba doce anos, ese recuerdo representaba el momento cumbre de su corta existencia. El rancho de la familia se hallaba cerca de la frontera mejicana, 
y el 10 de octubre Porfirio Daz haba sido reelegido presidente de Mxico. Pero el hombre fuerte del pas sufra los ataques de Francisco Madero, quien tambin 
se haba presentado a las elecciones presidenciales y haba sido derrotado. En esos momentos Mxico se vea agitado por violentos disturbios. Algunas veces los rebeldes 
-que podan o no pertenecer a una banda de insurrectos- saqueaban los ranchos de la zona, por lo que la caballera se vea obligada a vigilar la frontera. La situacin 
en Mxico iba volvindose ms explosiva que de costumbre.
    Hasta ese momento el ao ya haba sido testigo de acontecimientos interesantes, como la aparicin del cometa Halley, que aterroriz al mundo en el mes de mayo, 
y el triste suceso de la muerte del rey Eduardo poco despus. En los meses siguientes se produjo una erupcin volcanica en Alaska y hubo un terremoto devastador 
en Costa Rica. Y de pronto se presentaba aquel problema en la frontera que, si bien animaba la vida de Teddy, inquietaba profundamente a los rancheros y dems habitantes 
de la regin. Todos conocan a alguien relacionado con la minera en Sonora, porque seis compaas mineras tenan su sede en Douglas. Y muchos de los rancheros locales 
tambin posean tierras en Mxico; la propiedad extranjera de tierra mejicana para la explotacin de intereses mineros y el desarrollo de actividades ganaderas era 
una de las causas originales del malestar creciente a lo largo de la frontera.
   Ese mismo da haban visto a un destacamento de soldados de caballera de Estados Unidos con su uniforme color caqui, procedentes de Fuerte Huachuca, en visita 
de reconocimiento por si se producan incidentes. Los oficiales iban delante en un elegante automvil seguidos por las tropas montadas. A Trilby le parecieron tan 
atractivos que tuvo que reprimir un incontenible impulso de sonreirles y saludarlos con la mano, algo desacostumbrado en ella. Pero Teddy no tena tales inhibiciones. 
Casi se cae del porche al saludarlos cuando desfilaron frente a la casa. Aquella columna no se detuvo a pedir agua, lo cual haba decepcionado al muchacho.
   Teddy era muy distinto de su hermana. Trilby tena cabellos rubios y ojos grises, en tanto que el nio era pelirrojo y de ojos azules. La muchacha sonri al recordar 
al abuelo, de quien el nio era la viva imagen.
   -Dos de nuestros vaqueros mejicanos admiran muchsimo al seor Madero. Dicen que Daz es un dictador y que debera ser derrocado -dijo Ted.
      -Espero que el problema se solucione antes de que derive en una guerra total -dijo ella, preocupada-, pues en ese caso quedaramos atrapados en medio de los 
combates. Esto tambin inquieta a mam, de modo que no le hables mucho de este asunto, de acuerdo?
-Bien -asinti el nio con reticencia.
   En ese momento, los aviones, el beisbol, los disturbios en Mexico y los relatos que sola narrarle su amigo, el viejo Mosby Torrance, eran sus mayores emociones, 
pero no quera preocupar a Trilby hablndole de la gravedad de la situacin de Mxico. Ella ignoraba lo que contaban los vaqueros, y se supona que tampoco Teddy 
debera saberlo. Pero el haba oido muchas cosas que, si a el le producan temor, alarmaran a su hermana mayor, una jovencita criada entre algodones.
   Trilby siempre se haba visto protegida del lenguaje grosero y de la gente tosca. Pero vivir en Arizona, rodeada de la gente del Oeste, que para subsistir tena 
que vrselas con el desierto, el ganado, las duras condiciones meteorolgicas y la amenaza del robo de reses, la haba cambiado. No sonrea tan a menudo como en 
Luisiana y haba menos viveza en ella. Teddy echaba de menos a la Trilby de antes. Esa nueva hermana mayor era tan reservada y silenciosa, que a veces no estaba 
seguro de que estuviese en la casa.
   En esos momentos contemplaba fijamente, con una mirada abstraida, el paisaje yermo.
   -Espero que Richard haya regresado de Europa -murmur la muchacha-. Ojal viniera a vernos. Tal vez dentro de un par de meses, cuando se haya instalado en su 
casa, nos visite. Ser agradable disfrutar de nuevo de la compaa de un caballero.
   Richard Bates, el gran amor de Trilby, la haca anhelar volver al Este, pero a Teddy nunca le haba gustado el joven. Quiz era un caballero, pero comparado con 
los hombres de Arizona, ms bien pareca bastante enclenque y tonto. Sin embargo, el nio no dijo nada, pues a pesar de su edad estaba aprendiendo a ser diplomtico. 
Ademas, no quera enojar a la pobre Trilby, a quien ya le costaba bastante adaptarse a Arizona.
   -Me encanta el desierto -dijo Teddy-. A ti no to gusta siquiera un poco?
   -Bueno, supongo que voy acostumbrndome -respondi Trilby-, aunque todava no he podido acostumbrarme a este horrible polvo amarillo que se mete en todo lo que 
cocino y en nuestras ropas.
   -Te aseguro que es mejor hacer las faenas propias de una chica que ocuparse de marcar el ganado -dijo Ted, hablando como lo hara su padre-. Todo ese folln de 
sangre y polvo. Adems de las maldiciones de los vaqueros.
Trilby le sonri.
   -Supongo que la mayora de los vaqueros blasfeman, y tambin debe hacerlo pap, aunque nunca en nuestra presencia; a menos que se produzca un accidente.
   -Se producen muchos accidentes cuando se marca el ganado, Trilby -dijo Ted secamente, arrastrando las palabras como haca su hroe, Mosby Torrance, un soldado 
retirado de los rangers de Texas y el peon ms antiguo del rancho. Teddy mir a su hermana, frunciendo el entrecejo-. Trilby, vas a casarte alguna vez? Ya eres 
mayor.
   -Solo tengo veinticuatro aos -se defendi la muchacha.
La mayora de sus amigas de Luisiana estaban casadas y tenan hijos. Trilby llevaba cinco aos esperando pacientemente la proposicin matrimonial de Richard, quien 
hasta el momento no era ms que un amigo, por lo que el desaliento comenzaba a apoderarse del nimo de la muchacha.
   Tal vez habra vacilado si otros muchachos la hubiesen cortejado, pero Trilby no llamaba la atencin a primera vista por su belleza, aunque se trataba de una 
muchacha clida y tierna, y posea un carcter dulce. Su rostro no era de aquellos que hacen estremecer el corazn de los hombres. Adems, en un rancho ganadero 
no haba muchos hombres que fuesen un buen partido. En realidad tampoco le apeteca casarse con alguien de Arizona, pues los vaqueros le parecan unos holgazanes 
que a menudo abusaban del tabaco y el alcohol, y nunca se baaban.
   Le dola el corazn cuando pensaba en lo exigente que siempre haba sido Richard en esos aspectos. Deseaba que nunca se hubiesen marchado de Luisiana. Su padre 
haba heredado el rancho de su difunto hermano, y l y su madre haban invertido en esas tierras hasta el ltimo cntimo que posean, llevndose con ellos a toda 
la familia, adems de la gente contratada, para perder all su dinero. Haban sufrido un ao de sequa, a pesar de las inundaciones, y los rancheros perdan ganado 
en la zona de la frontera. Tantas dificultades, pens Trilby, cuando Arizona iba camino de convertirse en un estado; aunque incivilizado.
   El desierto supona un cambio drstico para personas ms acostumbradas a las cinagas, los pantanos y la humedad. Adems, Trilby y sus padres procedan de una 
familia adinerada, gracias a lo cual Jack Lang cont con medios suficientes para equipar el rancho. Pero sus finanzas haban sufrido grandes mermas durante los ltimos 
meses, y en la actualidad la situacin no haba mejorado. Por fortuna todos se haban adaptado asombrosamente bien, incluso Trilby, que haba odiado el lugar al 
verlo y jurado que nunca sera feliz en un rancho en medio de un desierto donde no haba ms que un par de solitarios ejemplares de paloverde para dar sombra.
    -Mira, no es ese el seor Vance? -pregunt Ted, protegindose los ojos con una mano al divisar a un jinete montado en un gran caballo bayo.
   Trilby apret sus dientes perfectos al verlo. Si, en efecto, era Thornton Vance; nadie ms en Blackwater Springs y sus alrededores cabalgaba con aquella arrogancia 
ni llevaba el Stetson ladeado con aquella inclinacin indolente sobre la frente bronceada.
   -Ojal se cayese de la montura. -Trilby expres entre dientes su malvado deseo.
   -No s por que no te gusta, Trilby -dijo Ted, con tristeza-. Es muy amable conmigo.
-Supongo que si, Teddy.
   El hombre y Trilby eran enemigos. El seor Vance pareci haber sentido una antipata instantnea por Trilby el da en que se conocieron, cuando los Lang llevaban 
casi tres semanas viviendo en Blackwater Springs. Trilby record a la esposa del seor Vance, una mujer delicada y un poco presuntuosa, cogida del brazo de su marido 
cuando fueron presentados tras una ceremonia en la iglesia. Los ojos oscuros y fros de Thornton Vance se haban entornado, trasluciendo una hostilidad inesperada 
en el momento en que su mirada se pos en Trilby. La muchacha nunca haba entendido esa animosidad. La esposa de Thornton la haba tratado con cierta condescendencia 
entonces.
   Sally Vance, una mujer de cabello rubio y ojos azules, era bella y lo saba. Su vestido, confeccionado a medida, era caro, al igual que su bolso y sus zapatos 
con cordones. El desdn que pareci mostrar por las ropas baratas de Trilby haba resultado exasperante. La pequea hija de ambos pareca discreta; ninguna maravilla. 
En Luisiana Trilby haba usado ropas de calidad, pero ya no haba dinero para frivolidades y deba arreglrselas con lo que tena. La ofensa implcita que ley en 
los fros ojos de la seora Vance le haba llegado al corazn. Tal vez, de un modo inconsciente, haba extendido su animadversin hacia la mujer hasta el seor Vance.
   Thornton Vance haba asustado a Trilby desde el principio. Era un hombre alto, rudo y vehemente, que saba con exactitud lo que quera y careca de los buenos 
modales sociales al uso. A pesar de su riqueza, era un forajido en una tierra de forajidos, y Trilby lo detestaba. Era tan distinto de su Richard como la noche del 
da. Aunque tuvo que admitir que no era "su" Richard, exactamente; tal vez si hubiese permanecido en Luisiana un poco ms de tiempo, si hubiese sido un poco mayor... 
Gru para s mientras trataba de entender por qu el destino la haba puesto en el camino de Thornton Vance.
   Curt Vance, primo de Thorn, se haba comportado de un modo totalmente diferente, y Trilby haba simpatizado con l de inmediato. Le gustaba Curt Vance porque 
era educado y caballeroso, y de algn modo le recordaba a Richard. No lo vea a menudo, pero lleg a tomarle cario.
   Sally Vance, quien tambin pareca haberse encariado con Curt, se las haba ingeniado para inmiscuirse cada vez que Trilby hablaba con el hombre, asindose a 
su brazo con un leve aire de ama y seora. Su hostilidad hacia Trilby se evidenciaba cada vez que se encontraban, por lo que la muchacha prefiri no asistir a ninguna 
reunin donde fuera probable que estuviese la otra mujer.
   Sally haba fallecido a consecuencia de un accidente muy sospechoso dos meses despus de la llegada de los Lang a Blackwater Springs. El seor Vance haba aceptado 
las condolencias de rutina de la familia Lang, pero cuando Trilby le present las suyas, el hombre gir sobre los talones y, llevndose con l a su hijita, se alej 
en lo que fue un desaire pblico y muy visible.
   Trilby se haba abstenido de preguntar en que poda haber ofendido a un hombre a quien acababa de conocer. Ni siquiera haba podido mirarlo mucho, pues l la 
evitaba como a la peste, an cuando se hallasen en reuniones sociales y le acompaase su hijita, quien, en cambio, parecia haber simpatizado con Trilby, aunque no 
poda acercarse a ella debido a la animosidad del seor Vance. La pequea pareca incmoda en compaa de su padre, y Trilby lo entenda; era un hombre que intimidaba.
   No obstante, Vance se haba ablandado en los dos ltimos meses y acuda con frecuencia al rancho para ver a su padre. Sola hablar sobre derechos de agua y lo 
mucho que afectaba la sequa a sus grandes rebaos de ganado. El seor Vance posea una enorme extensin de tierra, miles de hectreas, parte en Estados Unidos y 
parte en Mxico, en el estado de Sonora. Al parecer, el rancho de Blackwater Springs se hallaba en el centro de la nica fuente de agua cercana, y el seor Vance 
la ambicionaba. El padre de Trilby no estaba dispuesto a vender ni un trozo de sus tierras y tampoco renunciara a sus derechos de agua.
Los pensamientos de Trilby se interrumpieron cuando Thornton Vance detuvo el caballo delante de los escalones del porche y poso sus manos bronceadas sobre la perilla 
de la montura. Aunque era un hombre rico, vesta como cualquiera de sus vaqueros; unos viejos tejanos de dril, muequeras de cuero tambin viejas sobre los puos 
de la camisa, un enorme pauelo rojo, manchado, polvoriento y arrugado, anudado a su recio cuello, y un sombrero de color canela que daba la impresin de haber soportado 
demasiadas lluvias y haber sido estrujado y pisoteado unas cuantas veces. Sus botas presentaban un aspecto vergonzoso, como las de Teddy despus de haber estado 
trabajando con el ganado, con la punta doblada hacia arriba debido al exceso de humedad y los tacones gastados. Trilby concluy que el seor Vance no ofreca un 
aspecto muy elegante, y el desagrado que le produca se reflej en su rostro.
      -Buenos dias, seor Vance -salud Trilby, recordando sus modales, aunque tardamente y con renuencia.
El hombre la mir sin hablar.
-Est su padre en casa? -pregunt por fin.
   Ella neg con la cabeza. La voz del hombre era suave como el terciopelo y profunda como la noche, pero poda ser cortante como un ltigo cuando lo quera; asi 
son en ese momento.
-Y su madre? -volvi a preguntar.
   -Han ido a la tienda con el seor Torrance -intervino Teddy-. l los llevo en la calesa. Pap dice que el senor Torrance esta acabado, pero no es cierto, senor 
Vance. No esta acabado en absoluto. En un tiempo formo parte de los rangers del estado de Texas, lo saba?
-Si, Ted, lo saba.
   El seor Vance, un hombre de ojos oscuros, rostro de rasgos bien definidos, nariz recta, cutis muy bronceado y cejas tan oscuras como la abundante cabellera que 
asomaba debajo de su sombrero, clav de nuevo la mirada en Trilby. Por alguna razn sta se sinti inadecuadamente ataviada an cuando su pulcro vestido de algodn 
blanco era muy recatado. Se limpi las manos innecesariamente en el delantal.
   -Debera regresar a la cocina antes de que se queme el pastel de manzana -dijo, con la esperanza de que el hombre captase la indirecta y se fuese.
    -Me convidar a un trozo? -pregunt Vance, arrastrando las palabras al hablar y contrariando los deseos de la muchacha, que a punto estuvo de ser presa del 
pnico.
Teddy respondi por ella, hablando con excitacin.
    -Claro! -exclam con entusiasmo-. Trilby hace el mejor pastel de manzana, seor Vance! A m me gusta con crema, pero ltimamente nuestra vaca no da leche y 
no tenemos con que prepararla.
    -Tu padre no mencion a la vaca -dijo Vance mientras se deslizaba con agilidad de la montura y ataba las riendas al poste del porche, al que subi de un salto, 
con su cuerpo esbelto y gil, tan garboso fuera de la montura como encima de ella. Su silueta alta y vigorosa destacaba entre las de Teddy y Trilby.
    Esta se volvi con rapidez y entr en la casa. Al menos sus rubios cabellos estaban recogidos en una bonita trenza en lugar de caer sobre sus hombros sueltos 
y libres, como sola llevarlos en casa. Su apariencia era mucho ms fra y serena de lo que en realidad se senta. Le hubiese encantado tener un poco de pimienta 
de cayena para poner al trozo de pastel del seor Vance. Probablemente a l le sentaban de maravilla los pimientos picantes y el arsnico, pens con malicia.
   -Ayer compramos otra vaca al seor Barnes -inform Teddy-. Trilby ha estado demasiado ocupada cocinando y no la orde. Yo lo har por ti, Trilby, mientras t 
vigilas el pastel. Solo tardar un ratito.
   La muchacha trat de protestar, pero Teddy ya haba cogido el cubo de ordear y se apresuraba a salir por la puerta trasera antes de que pudiera detenerle. Se 
qued sola y asustada con el hostil seor Vance, quien no se molest en disimular su animadversin. Sac del bolsillo una bolsita de tabaco Bull Durham, junto con 
un librillo de papel de fumar y procedi a liar un cigarrillo con movimientos rpidos y diestros de sus manos de largos dedos.
Trilby se entretuvo mirando dentro del horno de la cocina de lea para comprobar si el pastel ya estaba en su punto. En la casa de Luisiana tenan un horno de gas 
que, aunque no lo haba confesado, a Trilby le produca cierto miedo. Sin embargo, ahora que deba usar la cocina de lea, lo mejor que podan permitirse, a veces 
echaba de menos el horno de gas. Si equipar el rancho haba resultado costoso, mantenerlo en funcionamiento se haca cada da ms difcil. Teddy nunca debi haber 
mencionado que la vaca haba dejado de dar leche.
   Al ver la corteza marrn y oler el aroma, mezcla de canela, azcar y mantequilla, que despeda el pastel de manzana supo que estaba a punto. Cogi unos trapos 
de cocina, lo sac rpidamente del horno y lo llev hasta la larga mesa, que iba casi de pared a pared. Le temblaban las manos, pero por fortuna no dej caer el 
pastel.
   -La pongo nerviosa, seorita Lang? -pregunt Vance.
    El hombre apart una silla de la mesa y se sent a horcajadas enroscando su fuerte cuerpo en el asiento como si fuese una serpiente y apoyando los antebrazos 
sobre el respaldo. Su aspecto era muy viril, y la visin de su cuerpo musculoso, con los zahones y los tejanos que cean las largas y recias piernas, incomodaba 
y cohiba a Trilby. Nunca se haba detenido a observar las piernas de Richard. Su repentino inters por las de Thorn la turbaba y la hizo ponerse a la defensiva.
    -Oh, no, seor Vance -replic la muchacha, con una sonrisa inexpresiva-. La hostilidad me resulta muy estimulante.
    Vance arque las cejas y reprimi una sonrisa. 
    -De veras? Sin embargo, le tiemblan las manos.      
    -No estoy acostumbrada a la compaa masculina;salvo a la de mi padre y mi hermano. Tal vez estoy un poco incmoda.
    Con ojos que slo traslucian desdn, el hombre observ cmo se echaba hacia atrs un mechn de cabello rubio.
   -Pens que encontraba bastante irresistible a mi primo en aquella recepcin el mes pasado.
   -Curt? -Ella asinti, pasando por alto la mirada que encenda los ojos oscuros del hombre-. Me gusta mucho. Tiene unos modales agradables y una bonita sonrisa. 
Regal a Teddy una barra de menta. -Sonri al recordarlo-. Mi hermano nunca olvida una gentileza. -Mir al hombre con cautela-. Su primo me recuerda a alguien de 
mi ciudad, un hombre amable; un caballero -aadi de manera significativa, expresando claramente con los ojos que opinion le merecan Thornton y su vestimenta sin 
necesidad de decirlo.
   Vance sinti deseos de reir a carcajadas. Sally le haba contado que haba visto a Curt y la seorita Lang en aquella reunin unidos en un abrazo apasionado, 
aunque no fue ella la primera que le haba mencionado esa relacin. Una seora de la iglesia, una conocida chismosa, le haba explicado que en una ocasin vio a 
Curt y una mujer rubia abrazados. l se lo haba contado a Sally, quien a su vez le habl, con cierta renuencia, de lo que ella haba presenciado. Thorn record 
que en aquel momento su esposa haba palidecido.
   Tal revelacin le haba hecho despreciar a Trilby. Su primo Curt era un hombre casado, pero a la seorita Lang pareca no importarle quebrantar las normas. Resultaba 
curioso que una mujer que actuaba como una dama se comportase de esa manera. Sin embargo el saba demasiado bien cun engaosas eran las mujeres. Sally haba fingido 
amarle, cuando en realidad lo nico que deseaba era una vida de riqueza y comodidades.
   -La esposa de Curt tambin lo admira -dijo l, con intencin. Como Trilby no reaccion, suspir groseramente y di una larga calada al cigarrillo, sin dejar de 
mirarla a los ojos-. Una mala mujer puede arruinar a un hombre bueno y su vida -agreg.
    -He conocido a muy pocos hombres buenos aqu -dijo ella, de un modo categrico, mientras cortaba el pastel. Las manos le temblaban, y le molestaba el hecho de 
que l lo advirtiese, ya que la observaba con una sonrisa burlona y cruel.       
     -Usted no parece encontrar el desierto demasiado caluroso, senorita Lang. La mayora de los que vienen del Este lo detestan.
   -Yo soy surea, seor Vance -le record Trilby-. En Luisiana hace mucho calor en verano.
   -En Arizona hace mucho calor todo el ao. Por fortuna no abundan los mosquitos; no tenemos pantanos.
La muchacha le lanz una mirada feroz.
   -El polvo amarillo es tan molesto como los mosquitos.
   -De veras? -pregunt el, imitando un muy correcto acento sureo, que evocaba bailes de cotilln, mscaras y mansiones.
   Trilby dej el cuchillo y se limpi las manos. De buena gana se lo hubiese arrojado al hombre.
   -Supongo que si. -Fue a buscar platos en el armario de la porcelana, rogando en silencio que no se le cayese ninguno-. Le apetece un poco de t helado, seor 
Vance? ..."y si tuviese, un poco de cicuta... ", pens.
-Si, gracias.
   La muchacha abri la pequea nevera y con un punzn rompi varios trozos de hielo con el puo y cerr la puerta.
   -El hielo es maravilloso con este calor. Me gustara tener una casa llena de hielo.
   Vance no replic. Trilby cogi la jarra de cermica llena de t que haba preparado para la cena y verti el liquido ambarino y azucarado en tres vasos porque 
supuso que Teddy no tardara en regresar. Le despellejara si se retrasaba! Tena los nervios tensos como alambre.
   Sirvi una porcin de pastel en un plato y lo coloc en la mesa delante del hombre con uno de los tenedores de plata antiguos que su abuela les haba regalado 
antes de que se marchasen de Baton Rouge. Puso junto al plato una servilleta de lino y sobre esta dej el vaso de t. El hielo se movi, y, al chocar contra el vidrio 
hizo un ruido semejante al de diminutas campanillas.
   El hombre tendi su mano delgada mientras ella retiraba la suya y le cogi la delgada mueca con un apretn clido y fuerte. La muchacha contuvo el aliento y 
lo mir con ojos recelosos. Vance frunci levemente el entrecejo ante la reaccin de la muchacha. Baj la vista hasta la mano de Trilby al volverla en la suya y 
frot con dulzura la suave palma con el pulgar encallecido.
   -Enrojecida y estropeada, pero sigue siendo la mano de una dama. Por qu vino hasta aqu con su familia, Trilby?
   Trilby sinti que le flaqueaban las rodillas ante el sonido extrao de su nombre pronunciado por Vance con un tono profundo y suave. Mir fijamente aquella mano 
endurecida por el trabajo, el contraste del color oscuro de la piel del hombre contra la palidez de sus dedos. El contacto con Vance la excit.
   -No tena ningn otro lugar adonde ir. Adems, mam me necesitaba. No est muy bien.
   -Su madre es una mujer frgil, una autntica dama surea. Como usted -anadi Vance con desdn.
Ella alz la vista para mirarlo a los ojos.
-Qu quiere decir?
   -No lo sabe? -replic l con frialdad; sus ojos oscuros destilaban aversin-. No encontrar mucha cortesa entre la gente del Oeste, muchacha. La vida aqui es 
dura, y somos gente dura. Cuando uno vive al borde del desierto, o se endurece o muere. Una mujercita como usted no durara mucho tiempo. Si la situacin politica 
de la zona empeora, se arrepentir de haberse marchado de Luisiana.
   -No soy una mujercita -repuso ella, airada, pensando que su difunta esposa encajaba mejor que ella en esa descripcin, aunque era demasiado educada para decirlo-. 
Por qu siente tanta antipata por m?
La mirada de Vance se torn ms sombra. Quera arrojarle su desprecio a la cara, pero no habl. Un minuto ms tarde, Teddy entr por la puerta trasera portando 
medio cubo de leche, y Thornton Vance solt sin prisa la mano de Trilby, quien se la frot instintivamente, pensando que con toda seguridad a la maana siguiente 
tendra un morado. Su piel era fina y delicada, y el apretn del hombre no haba sido suave.
   -Aqu est la leche. Has cortado un trozo de pastel para mi, Trilby?
-Si, Teddy. Sintate y te lo servir.
   Teddy fingi no darse cuenta de la turbacin de su hermana, que atribuy a la presencia del seor Vance.
   -Qu tal? Estaba bueno? -pregunt Teddy al visitante cuando terminaron de comer el delicioso pastel.
Thorn haba engullido su trozo con deleite.
   -No estaba mal -coment. Sus ojos oscuros se entrecerraron, y clav la mirada en el rostro plido de Trilby-. Creo que no le caigo bien a tu hermana, Ted.
   -No es cierto -neg Trilby-. Uno aprende a tomarse con calma los quebraderos de cabeza.
   Despues de decir eso, se levant bruscamente y recogi los platos, apresurndose a llevarlos al fregadero. Bombe para recoger agua en una cacerola y luego la 
verti en la tetera y la puso a hervir.
   -Seguro que la cocina de lea resulta muy molesta en verano, o no es as, seor Vance? -pregunt Teddy.
   Thorn haba reprimido una sonrisa irnica ante la ltima respuesta de Trilby.
   -Uno se acostumbra a las cosas cuando tiene que hacerlo, Ted -respondi Thorn.
   Trilby sinti un asomo de compasin por el hombre. Haba perdido a su esposa, quien probablemente haba sido muy importante para l. Por otra parte, no poda 
evitar ser grosero e incivilizado, pues no haba gozado de la educacin de un hombre del Este.
   -El pastel estaba muy bueno -alab Thorn, y pareca sorprendido.
     -Gracias -repuso ella-. Mi abuela me ense a prepararlo cuando yo no era ms que una muchachita. -Entonces, ya no es una muchachita? -pregunt Vance con frialdad.
     -Eso es -acord Teddy, sin darse cuenta de que la pregunta era una burla-. La vieja Trilby; tiene veinticuatro aos.
Trilby estuvo a punto de caer al suelo desmayada. -Ted!
   Thorn se qued mirndola durante un rato. -Cre que era mucho ms joven. Ella se ruboriz.
-No siga, seor Vance -dijo con rigidez-. Por cierto...
     Vance esboz una sonrisa y su rostro cambi, adoptando una expresin menos terrible y ms encantadora cuando sus ojos negros centellearon.
-Si? -azuz el.
-Cuntos aos tiene, senor Vance? -interrumpi Teddy.
-Treinta y dos -respondi-. Supongo que eso me pone en la categora de tus abuelos.
Teddy ri.
-Exactamente en la mecedora.
   Vance tambin ri. Se levant de la mesa y sac su reloj de un pequeo bolsillo situado bajo la cintura de sus tejanos. Lo abri e hizo una mueca.
    -Tengo que ir a esperar a un visitante del Este que llega en tren esta tarde. Debo marcharme.
-Vuelva a visitarnos -dijo Teddy.
     -Lo har cuando tu padre este en casa. -Lanz una mirada interrogativa a Trilby-. Celebrar una fiesta el viernes por la noche, una reunin informal en honor 
de mi visitante del Este, un pariente de mi esposa, bastante famoso en los crculos academicos. Es antroplogo.
Me gustara que viniesen todos ustedes.
-Yo tambin? -pregunt Teddy, excitado.
Vance asinti.
      -Habr otros nios. Y tambin acudir Curt, con su esposa -aadi, con una mirada significativa dirigida a Trilby.
   La joven no saba que decir. No haba asistido a una fiesta nocturna desde que vivan en Arizona, aunque haban sido invitados a varias. A su madre le desagradaban 
las reuniones sociales, aunque quiz aceptase asistir a esa, porque no se atrevera a desairar a alguien tan rico y poderoso como Thornton Vance, pese a que su aspecto 
y su comportamiento fuesen los de un malhechor.
-Se lo comunicar a mis padres -dijo la muchacha.
-Hgalo.
   Vance cogi su sombrero y camin lentamente hacia la puerta principal, seguido por Trilby y Teddy.
   Llevaba el sombrero ladeado con la gracia habitual cuando mont el caballo con movimientos indolentes.
-Gracias por el pastel -dijo a Trilby.
La muchacha le sonri framente.
   -Oh, no es nada. Siento no haberle podido ofrecer un poco de crema tambin.
-Ya la ha probado? -la martiriz el hombre.
Trilby lo mir con furia.
-No. Espero que usted la cuaje.
   El hombre rio entre dientes, salud llevndose la mano al ala del sombrero y espole suavemente al caballo, que comenz a marchar al trote. Trilby y Teddy lo 
observaron mientras se alejaba.
   -Tu le gustas -dijo el nio a su hermana en son de broma.
Ella arque una ceja.
   -No soy en absoluto la clase de mujer por la cual se interesara.
-Por qu no?
    Trilby dirigi una mirada en que se mezclaban la ira,la excitacin y el resentimiento hacia la distante figura de Thorn.
-Supongo que desea tener a las mujeres a sus pies.
   -Oh, Trilby, eres tonta! Te agrada el senor Vance? -pregunt.
   -No, no me gusta -contest lacnicamente y se volvi para entrar en la casa-. Tengo mucho trabajo,Teddy.
   -Si eso es una indirecta, yo tambin ir a ver si encuentro algo que hacer. Pero insisto en que el seor Vance esta enamorado de t!
   El nio se alej corriendo por el largo porche. Trilby se qued observndolo con preocupacin, manteniendo abierta la puerta de mosquitero. No crea que el seor 
Vance estuviese enamorado de ella, sino que tramaba algo, y no saba que. Fuera lo que fuese la inquietaba.
    Cuando sus padres regresaron, Teddy les relat la visita del seor Vance, y ellos sonrieron del mismo modo perspicaz que el muchacho. Trilby se ruboriz.
    -Os digo que no esta enamorado de m. Quera veros a vosotros -dijo a sus padres.
-Por qu? -pregunt su padre.
    -Ofrecer una fiesta el viernes por la noche -explic Teddy, entusiasmado-. Dijo que todos estamos invitados. Iremos? Hace mucho tiempo que no asistimos a una 
fiesta. -Los mir, ceudo-. Y no me dejaris ver el espectaculo del seor Cody el jueves por la tarde. Dicen que ser su ltima actuacin. iY en el programa anuncian 
un nmero con elefantes de verdad!
   -Lo siento, Teddy -dijo su padre-, pero me temo que no podemos perder el tiempo. Esta semana tenemos que enviar ganado a California y todava estamos detrs de 
algunas de las otras compaas ganaderas para poner el nuestro en camino.
   -El ltimo espectculo de Buffalo Bill y me lo perder -protest Teddy.
   -Tal vez no se retire realmente -dijo Mary Lang con suavidad-. Adems, seguro que pronto comenzar a funcionar en Douglas una de esas compaas de Boy Scout. 
Estn dando mucha publicidad al movimiento. Quiz podras unirte a ellos.
   -Supongo que si. Iremos a la fiesta? Es por la noche. No se trabaja de noche -insisti el nio.
   -De acuerdo -dijo la seora Lang-. Adems, querido, no me gustara desairar al seor Vance cuando somos vecinos.
   -Y supongo que no habr nadie que baile con Thorn si no se presenta Trilby -intervino su esposo, dirigiendo una mirada pcara a su hija.
   Las palabras de su padre hicieron que la muchacha imaginara al reprobable seor Vance bailando. Tuvo que reprimir una sonrisa irnica.
   -Trilby le llama "seor Vance" -seal Teddy.
   -Trilby es respetuosa, como debe ser -replic el senor Lang-. Thorn y yo somos ganaderos, y por eso utilizamos entre nosotros el nombre de pila.
   El nombre "Thorn" era adecuado, penso Trilby. Resultaba tan punzante como una espina y podia hacer sangrar con facilidad. Pero no lo dijo, pues su padre censurara 
esa evidente descortesa.
-Entonces, iremos? -pregunt Trilby.
   -Si -respondi la senora Lang, sonriendo a su hija. Era una hermosa cuarentona que pareca diez aos ms joven-. Tienes un bonito vestido que no has usado desde 
que llegamos aqu -record a Trilby.
   -Me gustara tener todava aquel precioso conjunto de seda -se quej Trilby, devolvindole la sonrisa-. Se perdi en el camino.
   -Por qu lamentarse de algo tan tonto? -murmur Teddy.
   -Vaya! -Trilby ri-. Y no consideras una tontera llamar Teddy Roosevelt a un oso de peluche? -pregunt Trilby.
   -Claro que no lo es! Hurra por Teddy! -exclam el nio, jubiloso-. Su cumpleaos es el jueves, el mismo da del espectculo de Buffalo Bill; lo le en el peridico. 
Cumplir cincuenta y dos aos. Me pussteis Teddy por l, o no es cierto, pap?
   -Si, as es. Para m es un hroe. Era un nio dbil y enfermizo pero se hizo a s mismo y lleg a ser un soldado resistente, un vaquero, un poltico. Supongo 
que el coronel Teddy Roosevelt ha hecho de todo, incluyendo ser presidente.
   -Lamento que no haya sido reelegido -intervino la seora Lang-. Habra votado por l -aadi, dirigiendo una mirada amenazadora a su marido-, si las mujeres pudiesemos 
votar.
   -Un error que no tardar en ser enmendado; recuerda mis palabras -dijo el seor Lang con cario, pasando un brazo por los hombros de su esposa-. El presidente 
Taft firm en junio el decreto por el cual se conceda la categora de estado a Arizona, alabado sea Dios; se producirn muchos cambios sociales cuando se inicien 
los trabajos de ratificacin de la constitucin. En cualquier caso, suceda lo que suceda, t seguirs siendo mi chica.
   Ella ri y frot su mejilla contra el hombro de su marido.
-Y t eres mi novio.
   Trilby sonri y se march con Teddy, dejando solos a sus padres. Tras aos de convivencia todava se comportaban como unos recin casados. La muchacha esperaba 
ser algn da tan afortunada como su madre en su matrimonio.
   
   
                                     

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  Thorn se hallaba a mitad de camino del rancho cuando quedo atrapado en una nube de polvo. Al volver la cabeza vio a Naki, uno de los dos apaches que trabajaban 
para el, y refreno su caballo para it a su paso. El apache, un hombre alto y de larga cabellera negra que le llegaba a los hombros, vesta taparrabos, mocasines 
de ante y una camisa roja a cuadros. Atada en torno a la frente, una gruesa cinta de algodn tambin roja, impeda que el cabello le cubriese los ojos.
-Has estado cazando? -pregunto Thorn.
El apache asinti.
-Encontraste algo?
   El apache ni siquiera lo miro. Levanto una mano, mostrando un grueso libro encuadernado.
-He estado buscndolo por todas partes.
   -Quiero decir si has cazado algo para la cena -dijo Vance, con expresin ceuda.
Naki arqueo las cejas.
   -Yo?  Disparar contra algo? -Pareca horrorizado-. Matar a un animal indefenso?
     -Eres un indio apache -le record Thorn, con paciencia exagerada-, un cazador; maestro en el use del arco y la flecha.
-Yo no. Prefiero un rifle Rmington de repeticin-dijo en perfecto ingles.
-Pens que ibas a conseguirnos algn ante.
-Lo hice. -Volvi a ensear el libro-. Cuentos de calzas de ante, de James Fenimore Cooper.
-Oh, Dios mo! -gimio Thorn-. Que clase de apache eres tu?
   -Un apache culto, por supuesto -replico Naki complacido-. Tendrs que hacer algo respecto a Ricardo, el primo de Jorge -agrego, con un tono que ya no era desenfadado. 
La diversin haba desaparecido de sus profundos ojos negros cuando se detuvo y enfrento al otro hombre-. Has perdido cinco cabezas mas de ganado esta maana, y 
no a causa de la falta de agua. Ricardo las confisco.
-Maldita suerte! Otra vez?
   -Otra vez. Esta alimentando a algunos camaradas revolucionarios que se ocultan en las colinas. No lo culpo por ser leal a su familia, pero esta llevando las cosas 
demasiado lejos al dedicarse al robo de reses.
   -Tendr que hablar con el. -Thorn clavo la mirada en el horizonte-. Esta maldita guerra se acerca demasiado.
   -Yo no discutira. -Naki guardo el libro en las alforjas, saco dos conejos atados y los arrojo a Thorn-. La cena -anuncio.
- Vendrs a compartirla?
-Compartirla? -Naki pareca horrorizado-. Comer un conejo? Preferira morir de hambre!
- Que tienes previsto cenar tu, si puedo preguntarlo?
   Los blancos dientes de Naki resplandecieron en un rostro como de bronce esculpido.
   -Serpiente de cascabel frita-contesto, con ojos centelleantes.
-Eres un esnob -acuso Thorn.
Naki se encogi de hombros.
   -No puede esperarse que un hombre de ancestros europeos este a la altura de una cultura tan antigua y sofisticada como la ma -bromeo-. Mientras tanto, rastreare 
al primo de Jorge y lo traer.
-Por favor, no le hagas nada malo.
-Yo?
   -No es necesario que pongas esa cara de inocente, por favor. O no fuiste tu quien ato con cuero crudo hmedo a ese viajante a una estaca sobre un hormiguero 
cuando te vendi un medicamento para la mordedura de serpientes que no funciono?
   -Un medico debera garantizar la eficacia de sus pcimas.
   -El ignoraba que eres un erudito en latn -record Thorn-. Y desde luego que sabes de hierbas medicinales mas que lo que el haya aprendido en toda su vida,
-No lo olvidara.
   -No lo Judo acord Thorn-. Por cierto, creo que encabezo una turba que se lanzo en tu persecucin para lincharte...
   -De la cual tuviste la amabilidad de salvarme -concluyo Naki. Haba sido el comienzo de su amistad, que se remontaba a mucho tiempo atrs. Naki se haba corregido 
un poco, aunque no mucho.
-Trae tu serpiente y ordenare a Tiza que la cocine.
    -Ese es tan mal cocinero como jinete -murmur Naki.
-Entonces la cocinare yo.
-Traer a Ricardo.
      Hizo dar la vuelta a su jaca y se alejo cabalgando despacio.


      El resto de la semana transcurri deprisa. Trilby se visti para la fiesta de Thornton Vance con desgana. No quera it a la casa de Thorn. Tema esa noche 
como nunca haba temido nada en su vida.
     El nico traje elegante que le quedaba de los que haba trado de Luisiana era uno de encaje beige. Una violenta tormenta de polvo haba destruido la mayor 
parte de las pertenencias de su familia en el trayecto desde el tren hasta el nuevo hogar en el rancho de Blackwater Springs. Al recordarlo Trilby poda sentir la 
fuerza asfixiante de la arena amarilla que los haba cubierto y casi enterrado en el camino desde Douglas. Cuando contaron la terrible experiencia que haban vivido 
a uno de sus nuevos vecinos, este se haba limitado a sonrer, comentando que era mejor que fuesen acostumbrndose a las tormentas de polvo. Y te hicieron, hasta 
cierto punto.
    Trilby aoraba a veces los frescos pantanos verdes de Luisiana y el sonido del dialecto Cajun, que oa hablar en las calles cuando iba a la panadera cada sbado 
a buscar una bolsa de beignets y a comprar ropa a la tienda. Con dinero en el bolso, resultaba divertido it a la ciudad en el Ford T que conduca el chofer de la 
familia, Rene Marquis. Sus primos, que siempre haban sido sus amigos, celebraban fiestas, ofrecan ts y organizaban pic-nits... y entonces Richard, un amigo de 
la infancia, haba comenzado a cortejarla. Antes de que el se atreviese a algo mas que a cogerle la mano, haba fallecido el do de Trilby, y su padre haba anunciado 
que la familia se trasladaba a Arizona.
    La muchacha haba llorado durante das, sin lograr que sus padres cambiasen de planes. Richard haba partido hacia Europa con su propia familia, con cierta renuencia 
halagadora y prometiendo que le escribira. Sin embargo, hasta la fecha Trilby le haba enviado docenas de cartas y solo haba recibido una tarjeta de Richard desde 
Inglaterra que no era ni remotamente amorosa; no se trataba mas que de una postal de un amigo. En ocasiones perda la esperanza de conseguir su amor algn da.
   Aparto tales pensamientos. No deba permitirse evocar el pasado. Aquel era su hogar. Deba aceptar que se hallaba en Arizona y adaptarse a una vida diferente. 
Y Richard todava podra decidir establecerse all y revelar sentimientos apasionados por ella. Suspiro lnguidamente.
   Se puso el traje, aorando los viejos tiempos en que poda elegir entre montones de prendas estupendas. Quiso dejarse el cabello suelto pero, siendo como era 
el seor Vance, supuso que era mejor parecer seria y tradicional a fin de no darle ningn motivo especial para que se burlase de ella. A veces el la miraba como 
si la considerase una mujer de la calle, lo que la desconcertaba y la ofenda, por mas que nunca se lo demostrase. Se trenzo el cabello con una cinta azul y se lo 
recogi en un mono en la coronilla, haciendo una mueca de desagrado al comprobar la delgadez de su rostro. Debido al calor, tenia poco apetito, y su esbeltez se 
haba acentuado.
   Cuando termin de vestirse, se pellizco las mejillas y se mordi suavemente los labios para darles color. Luego cogi el mantn negro de encase que las damas 
mejicanas denominaban -mantilla,,. Su padre se lo haba trado de Mxico la ultima vez que estuvo all comprando ganado.
   -Estas encantadora, Trilby -dijo su madre cariosamente.
-Tu tambin.
   Abrazo a su madre, aprobando el sencillo y distinguido vestido negro que lucia.
Su padre, ataviado con un traje negro, y Teddy, con pantalones cortos y chaqueta, parecan incmodos pero elegantes. Subieron al Ford T v esperaron hasta que el 
cabeza de familia consigui hacer arrancar el motor. Entonces Trilby rezo todo el camino hasta el rancho del seor Vance para que no tuviesen una avera ni se rompiese 
la correa de transmisin ni se pinchase un neumtico en aquel camino de surcos profundos. Caa una llovizna persistente y seria terrible quedarse atascados all 
bajo el agua, esperando que les prestasen auxilio.
    Por fortuna no se presento ningn contratiempo. Se detuvieron al final del largo camino de tierra que conduca al rancho Los Santos, una casa de adobe de dos 
plantas, con balcones en todo el permetro del piso superior, y patios y jardines alrededor del inferior. Todas las plantas estaban floreciendo, hasta el alto y 
fino ocote que formaba un seto cerca de la parte delantera. Era la primera vez que Trilby vela la casa y le encanto. La mayora de las viviendas de Arizona eran 
de adobe, pero solan ser sencillas y muy pequeas. Esa casa, suntuosa y cara, era digna de admiracin y pareca sacada de una revista del Este.
    Thornton Vance los esperaba en el porche delantero, que era largo y de aspecto fresco, con una hamaca en un extremo y cmodas sillas en el otro. La luz del interior 
que se proyectaba a travs de los cristales de las ventanas iluminaba el patio delantero, salpicado de cactus. A pesar de la dbil llovizna y la suave brisa, era 
una noche calurosa. La casa pareca acogedora. Increble, pens Trilby, teniendo en cuenta la poca amabilidad que mostr su dueo cuando poso su mirada sobre ella. 
Ataviado con traje oscuro y camisa blanca, y con el cabello negro muy bien peinado, ofreca un aspecto un poco severo y tan refinado como cualquier caballero de 
Nueva Orlens. Trilby se sorprendi al comprobar lo guapo que era cuando vesta con elegancia.
    -Es un placer que nos haya invitado, Thorn -dijo Jack Lang, con natural cortesa, mientras ayudaba primero a su esposa y luego a su hija a bajar del coche.
    -El placer es mo. Vigile donde pisa, Trilby. Va a meterse en un charco -dijo con brusquedad-. Ted, coge esto.
  Entrego su vaso a Teddy y alzo a Trilby en sus brazos, para asombro de la joven y deleite enseguida disimulado, de sus padres. Como si no pesase nada, la llevo 
hasta el porche. Tampoco pareci afectarle la proximidad de la muchacha, pero si a ella, que apenas poda respirar. Aunque la colonia del hombre era suave, Trilby 
tuvo la sensac16n de quedar envuelta en su aroma viril. Noto los msculos de sus brazos, fuertes y clidos, a travs de la tela de la camisa y de la chaqueta de 
manga larga.
  -Es mejor que se sujete bien-murmuro Vance, ligeramente divertido. La muchacha estaba tan rgida que pareca a punto de quebrarse y el advirti que apenas respiraba. 
Le desconcertaba que una mujer de su temple estuviese tan nerviosa en brazos de un hombre. Supona que no se haba puesto as en brazos de Curt-. Este porche es 
un poco alto.
   Esa manera de hablar, lenta y arrastrando las palabras, era seductora. Haba bajado el tono de la voz lo suficiente para acariciar los odos de la muchacha como 
si fuese de terciopelo. Nunca haba estado tan cerca de un hombre y el inflexible seor Vance resultaba turbador, aun a distancia. Ante el comportamiento tan poco 
convencional de Thornton, Trilby quiso protestar, pero en ese momento sus padres la regaaron por mostrarse tan recelosa.
   -Reljate, muchacha -animo su padre, sonriendo-. Thorn no te dejara caer.
Sintindose derrotada, apoyo sus delgados brazos sobre los anchos hombros de Vance, quien volvi la cabeza. La mirada del hombre se encontr con la de ella a la 
dbil luz que sala por las ventanas y el sonido de la msica, las risas y la charla ceso de repente para ella cuando quedo atrapada en el oscuro fulgor de esa mirada.
   Sin prestar atencin a donde pisaba, la llevo lentamente hasta el porche y, antes de detenerse, la estrecho deliberadamente para apretarle los senos contra su 
pecho. Trilby se estremeci ante el contacto inesperadamente excitante, tan vulnerable que fue incapaz de ocultar la reaccin de su cuerpo ante esa dbil caricia.
   Vance se inclino para depositarla en el suelo, y su boca quedo a escasos centmetros de los labios de Trilby, quien sinti que se le encenda el cuerpo al advertir 
la mirada resuelta del hombre y el deseo explicito que se lea en sus ojos. Tras soltarla, Vance se enderezo y ella permaneci frente a el, incapaz de moverse, de 
hablar, de actuar.
   Thorn la observo con curiosidad. Para ser la clase de mujer que era, se mostraba sorprendentemente sensible a su contacto, aunque a el no le extraaba que la 
en apariencia muy correcta y puritana seorita Lang se derritiese ante las atenciones de un rudo ganadero. Era obvio que representaba muy bien su papel. Y por que 
no? Ella sabia que el era rico.
   -Le apetecera un poco de ponche, Trilby? -pregunto Vance, clavando la vista en la boca de la muchacha, como si fuera a inclinarse y cubrirla con la suya en 
cualquier momento.
   Trilby apenas poda hablar. Estaba tan perturbada, que casi se le cayo el bolso de la mano.
-Si, me gustara -balbuceo.
   Si al menos dejase de mirarle fijamente los labios! Aquel hombre la hacia estremecer con una emocin que no entenda en absoluto. Las piernas apenas podan sostenerla, 
le resultaba difcil respirar, y el corazon palpitaba tan deprisa como las alas de un colibr. Y solo porque Thornton Vance le miraba la boca!
   El la cogi del brazo, consciente de la sonrisa que intercambiaron los padres de la muchacha. Por 
  Tampoco le perjudicara que ella se enamorase un poco de el. tanto, a ellos no les molestaba su actitud. Sonri para sus adentros. Le alegraba que Trilby fuese 
vulnerable a el. La encontraba muy atractiva y llevaba mucho tiempo sin gozar de una mujer, pues desde la muerte de su esposa no haba paseado por los barrios bajos 
de Tucson, m por ninguna otra parte en busca de diversin. Comenzaba a sentir esa abstinencia. Sabia quien era Trilby, de modo que no necesitara preocuparse por 
su reputacin.
  Podra disfrutar poseyndola sin comprometerse antes de romper la relacin. Trilby haba estado a punto de destruir el matrimonio de su primo. El chismorreo llego 
a sus odos, y la esposa de Curt, Lou, haba llorado sobre su hombro mas de una vez. Lou no conoca la identidad del amor clandestino de su marido, pero sabia que 
la mujer era rubia. Vance nunca haba dudado de que se trataba de Trilby, ya que Sally la haba visto con Curt.
   Pens con amargura que ya era bastante malo que Jack Lang hubiese heredado el rancho. De no haber sido porque los Lang se presentaron para reclamar el rancho 
de Blackwater Springs, Thorn lo habra comprado. Y en esos momentos no estara perdiendo ganado a causa de la sequa. Dispona de agua en su propiedad mejicana, 
pero cada vez resultaba mas peligroso tratar de conducir las reses hasta all. Desde el comienzo de la contienda tras la reeleccin de Diaz, su ganado haba sufrido 
un ataque tras otro. Y en la frontera el agua se haba agotado.
   Thorn tenia que encontrar un modo de salvar a Los Santos de la ruina. La tierra era lo principal. Su padre y su abuelo le haban inculcado un enorme sentido de 
responsabilidad por la tierra, por el patrimonio que representaba, por la necesidad de preservarla a cualquier Precio.
   
    Durante un momento cruzo por su mente la idea de que poda resolver sus problemas casndose con Trilby, pero la desecho de inmediato. Trilby no era la clase 
de mujer que quera tener en su casa. En realidad tampoco estaba seguro de querer volver a tener otra mujer.
    Sally le haba jurado amor eterno hasta que se caso con ella y la llevo a la cama. Despus, todo fueron excusas. Disfrutaba con su lujoso estilo de vida, pero 
no con su ardiente marido. Al cabo de algunas semanas de soportar su absoluta frialdad, el conservaba muy poco de lo que haba sentido por ella. El embarazo de Sally 
haba sido la gota que colmo el vaso. Ella no haba deseado un hijo y nunca acabo de adaptarse a la maternidad. Durante los meses previos a su muerte se haba mostrado 
diferente. Se perciba una nueva luz en sus ojos, un renovado resplandor en su rostro, aunque no cuando se hallaba cerca su marido. Ella le odiaba, y nunca perda 
la oportunidad de manifestrselo. Hasta su hija, Samantha, sufra la hostilidad de Sally. Al final, esta daba la impresin de estar amargamente resentida con su 
familia.
   El accidente que le haba costado la vida sucedi en una calesa en una noche lluviosa. Haba ido a cuidar a una vecina enferma. A la maana siguiente, al comprobar 
que no haba regresado a la casa, Vance sali a buscarla. Encontr su cuerpo entre los restos de la calesa, semihundido en un arroyo de un camino apartado y alejado 
de la casa de la vecina enferma. Supuso que se habia perdido en la oscuridad y le remordi la conciencia por haberla dejado it sola. Exista poco amor en su matrimonio, 
pero el la haba querido hasta que el egosmo y la codicia de su esposa mataron los sentimientos que albergaba por ella.
   Miro en direccin al lugar en que se hallaba Samantha, quien, apoyada contra la pared interior de la casa, pareca sentirse acosada. Su aspecto le resulto muy 
frgil. Era extrao que se mostrase menos tensa desde la muerte de su madre, pero estaba triste y cohibida, y, cosa rara, se pona muy nerviosa en presencia de Curt 
y Lou. Thorn cuidaba de su hija, pero le quedaba poco amor que ofrecer. Despus de todo que era el amor sino una ilusin?, pens con amargura. Un matrimonio por 
razones practicas tenia mas posibilidades de xito. En cuanto a las cuestiones de cama, no escaseaban las mujeres dispuestas a satisfacer su apetito. No necesitaba 
una esposa para eso. Su mirada busco a Trilby, con el brillo sombro de la apreciacin masculina al admirar la esbeltez y la gracia de la muchacha.
   Samantha se acerco a los adultos con cautela, esbozando una sonrisa tmida dedicada a Trilby.
-Hola -saludo.
   -Hola. Tu eres Samantha, verdad? Estas muy guapa-dijo Trilby.
   Samantha pareci sorprendida por el cumplido.
   -Gracias -mascullo, cohibida-. Puedo irme a la cama ahora, padre? -pregunto, con timidez.
   -Claro -respondi Thorn. Pareca muy rgido e incomodo. Muy distinto al carioso padre de Trilby-. Maria te acompaara.
   Hizo una seal al ama de llaves, quien asinti y se aproximo rpidamente para llevar a la nia a la planta superior.
   -No la arropa por la noche? -pregunto Trilby, sin pensar.
   -No -contesto Thorn, con una voz que no invitaba a formular mas preguntas-. Prefiere limonada o ponche de fruta?
-Limonada, por favor.
   Thorn lleno una taza y la coloco sobre un plato. A la muchacha le temblaban las manos y el tuvo que sujetrselas para que la taza no se cayese.
-Tiene las manos heladas. No tendr fri.
     -Por que no puedo tener fri? -replico ella, a la defensiva-. Como soy delgada siento el fri mas que la mayora de la gente.
    - Es eso, Trilby? -Thorn bajo la voz y la cabeza, por lo que sus ojos quedaron muy cerca de los de ella, al tiempo que le acariciaba las manos-. EO es esto? 
-El pulgar del hombre encontr la palma hmeda de la mano de Trilby y se deslizo sobre ella en un gesto descaradamente sensual, mientras sus ojos encendan el pnico 
en el corazon de la muchacha.
    El ponche se derramo, por suerte sin caer sobre el vestido de Trilby, ni manchar el pantaln de Thorn.
    -Oh, lo siento! -balbuceo Trilby, ruborizada.
-No es nada.
   Thorn hizo una seal a uno de los camareros y la aparto de all mientras el hombre limpiaba el suelo. Ted y sus padres ya estaban integrados en el gento y nadie 
pareci haber advertido el accidente.
-No suelo ser tan torpe -dijo la muchacha, nerviosa.
   Thorn la llevo hasta una glorieta que conduca al patio iluminado por unos farolillos de papel que formaban lunas artificiales en la oscuridad. Le cogi el rostro 
con las manos y lo alzo hacia sus ojos oscuros.
-No creo que sea torpeza.
   Luego se inclino y por primera vez en su vida Trilby sinti el roce clido, lento, de la boca de un hombre. Ni siquiera Richard haba intentado besarla. Solo 
haba tenido sueos... Se puso rgida ante el atrevimiento dc] hombre y un dbil jadeo sali de sus labios.
   Thorn levanto la cabeza. La expresin que vio en el rostro de la muchacha no poda ser fingida. Era de autentica sorpresa, mezclada con temor y fascinacin. El 
tenia experiencia mas que suficiente para reconocer lo que senta la joven y para saber que era algo nuevo para ella. Increble, pens, que una mujer con esos antecedentes 
se mostrase tan asombrada. A menos que estuviese simulando.
   
   Volvi a inclinarse para cerciorarse, pero ella se apart de el, llevndose una mano a la boca. Lo miraba con sus grandes ojos grises desmesuradamente abiertos, 
que destacaban en el rostro plido y perplejo.
   Thorn se irrito con ella por pretender dar esa apariencia dramtica. Su semblante se endureci y sus ojos se tornaron fros mientras clavaba una mirada desdeosa 
en el esbelto cuerpo de la muchacha.
   -No me diga que suele reaccionar de ese modo ante la caricia de un hombre -dijo, con una sonrisa burlona-. No es necesario que finja conmigo, Trilby. Ambos sabemos 
que no le resulta extraa la sensacin de la boca de un hombre sobre la suya, e incluso sobre su cuerpo.
   La insolencia del comentario crispo la mano de Trilby, que observo al hombre con ojos llameantes y se irgui.
   -Si tuviese un revolver, le disparara. Juro que lo hara! Como se atreve a decirme algo semejante?
Thorn arqueo las cejas.
   -Que clase de tratamiento esperaba, seorita Lang? Cree que puede engaarme con su falsa mojigatera?
Ella se quedo mirndolo, estupefacta.
-Que falsa mojigatera?
   -No resulta muy creble viniendo de una mujer como usted -prosigui arrastrando las palabras-. Ambos sabemos que espera de mi mucho mas que besos.
    Con la respiracin entrecortada por la indignacin, Trilby le dirigi una mirada furiosa antes de alejarse de el, casi corriendo. El se sirvi una taza de ponche 
y se marcho para reunirse con sus invitados. Pero aun cuando sonriese al caminar entre la gente, iba pensando en Trilby. No debera haberla acosado de ese modo. 
El hecho de que hubiese tenido una aventura con Curt no la converta en una prostituta. Tal vez estuviera verdaderamente enamorada de el.
No entenda por que actuaba como lo hacia ni porque el hecho de imaginarla con su primo lo enfureca.
   Finalmente la localizo entre la multitud, bailando precisamente con Curt. Su primo era casi de su misma altura, pero mucho mas corpulento y menos brusco. Tenia 
la sonrisa fcil, y le gustaban las mujeres, a las que el tambin gustaba debido a sus modales urbanos y su apariencia de caballero.
   Thorn haba sentido afecto por Curt hasta que su esposa se lo presento como un ejemplo de lo que ella calificaba de -hombre civilizado> . Estaba harto de quedar 
en segundo lugar cuando era comparado con un dandi. Ver a Trilby en brazos de su primo hizo que algo estallase dentro de el, especialmente cuando advirti que una 
Lou resentida y glacial se consuma de rabia mientras los contemplaba bailar.
   -Que tal va el problema mejicano? -pregunto Jack Lang, detenindose ante l, el tiempo suficiente para atraer su atencin.
   -Creo que empeora -respondi Thorn. Volvi a mirar a Trilby y aparto la vista. Era todo lo que poda hacer para no propinar un puetazo a Curt por su engao-. 
No permita que las mujeres se alejen de la casa. Nos han robado ganado. Uno de mis hombres les sigui la pista hasta Mxico. Nunca atrapamos a los ladrones.
   -No puede culpar a los peones por estar a favor de los insurgentes -dijo Jack-. Por lo que cuentan nuestros vaqueros, las condiciones bajo el gobierno de Daz 
son intolerables para el pueblo mejicano.
   -Siempre han sido intolerables y siempre lo sern -repuso Thorn, con impaciencia-. El campesino mejicano tiene tras de si siglos de opresin, desde los aztecas 
hasta Cortes y los espaoles, continuando con los franceses y terminando con Daz. Pertenecen a un pueblo eternamente sometido. Han sido obligados a rendirse ante 
todos, especialmente ante los espaoles.
Tardaran varias generaciones en superar una actitud de sumisin. Aun no han tenido tiempo de romper la pauta.
-Madero parece estar hacindolo.
   -Madero es un poco bravucn -dijo Thorn con tono reflexivo-. Su corazon esta en el lugar adecuado. Creo que puede sorprender a los federales, que le subestiman. 
Sin duda lo lamentaran.
   -Su ejercito esta compuesto por chusma -protesto Jack.
   -Necesita leer historia -replico secamente Thorn-; esta llena de ejrcitos formados por chusma que dominaron continentes.
Jack apret los labios.
-Usted es asombrosamente astuto.
   -Por que? Porque vivo en un rancho y me Paso la vida entre ganado y polvo? Leo mucho y tengo un amigo que sabe mas sobre el pasado que sobre el presente. Le 
han presentado a mi invitado del Este? McCollum es antroplogo, aunque tambin imparte clases de arqueologa. Viene con sus estudiantes cada primavera para entrevistar 
a la gente de las tribus indias locales y buscar restos de culturas antiguas.
   -No me diga! No haba odo nada sobre eso -murmuro Jack, contemplando al individuo alto y rubio, de aspecto tosco, que estaba hablando con un hombre de negocios 
de la zona.
   -McCollum no habla de su trabajo. Es bastante obstinado en todo lo dems -dijo Thorn, con una sonrisa divertida.
   McCollum vio a Thorn, y su rostro se ilumino. Un minuto mas tarde se disculpo ante el hombre con quien conversaba y se reuni con el anfitrin.
   -Estas hablando de mi, no es cierto? -pregunto McCollum, de un modo contundente-. Y a mis espaldas. 
   -Estaba diciendo a mi vecino lo mucho que sabes sobre el pasado -dijo Thorn, sonriendo-. Este es Jack Lang, propietario del rancho Blackwater Springs. Jack, le 
presento al doctor Craig McCollum.
   -Encantado de conocerlo -dijo Jack-. Esta aqu para hacer excavaciones?
   -No, mucho peor. Voy a la ciudad por negocios, pero me detuve para visitar a Thorn. Que opina de la situacin mejicana?
   Jack respondi. McCollum, un hombre alto y digno, apret los labios y entorno los ojos.
-Cree que los peones tienen alguna posibilidad?
-Si -respondi Jack-. Y usted?
McCollum se encogi de hombros.
    -No lo se -dijo-. Probablemente Thorn ha mencionado que varios vaqueros mejicanos trabajan para el. Sus padres trabajaron para su padre. Para ellos, ser dominados 
por extranjeros es un penoso modo de vida. Los cambios requieren tiempo.
-Va a ganar Madero?
    -S, creo que si-dijo Thorn al cabo de un minuto-. Se interesa de verdad por su pueblo y quiere para e1 algo mejor que lo que tiene. Ha logrado ganarse el apoyo 
de la mayora de sus compatriotas, y estos lucharan. S, supongo que ganara. Pero antes de que lo consiga, correr mucha sangre. Lo que me preocupa es que parte 
de esa sangre pueda ser nuestra. Nuestra situacin es difcil aqu, en la frontera.
    -No tenemos que implicarnos -dijo Jack.
    Thorn sonri con indulgencia.
    -Ya estamos implicados. O no se ha dado cuenta de que algunos de sus vaqueros desaparecen a la vez durante un par de dias?
    Jack alzo la cabeza y se encogi de hombros.
    -S, para visitar a sus familias.
    Thorn ri y apuro de un trago su vaso de ponche
    -Participan en incursiones con los maderistas y ayudan a saquear los ranchos vecinos. Vigile que no asalten el suyo. Creo que tambin usted ha perdido ganado 
recientemente.
    -Unas pocas cabezas; nada serio.
    -Tal vez robaron esas pocas cabezas para comprobar si usted los persegua -le advirti Thorn-. Vigile de cerca a su rebano.
    -Si. Lo har. -Jack suspiro, apesadumbrado. Luego dirigi la mirada hacia su mujer, que conversaba animadamente con unos vecinos-. Sabe?, arrastre a mi familia 
hasta aqu sin ser consciente de la gravedad de la situacin. No tena idea de que los mejicanos se alzaran en armas. Invert en la operacin hasta el ultimo cntimo 
que posea, pero el negocio no funciona como yo esperaba. Voy a perder hasta la camisa, Vance.
   -Dse tiempo -dijo Thorn, sopesando mentalmente su propias posibilidades de conseguir el rancho si Jack, como pareca, lo perda-. En general, los problemas acaban 
resolvindose.
-Si, si para entonces me queda algo.
   -No debera ser tan pesimista -le reprendi Thorn-. Hay muchas tropas estadounidenses preparadas para combatir cualquier amenaza si la situacin empeora. Adems 
de la milicia local, contamos con el apoyo del Fuerte Huachuca, si se precisa. Anmese. Venga, le presentare a dos de mis banqueros. Un da puede necesitar a un 
amigo en el negocio. Craig, puedes acompaarnos.
   Mientras, junto a Curt, hablaba con dos muchachas solteras sobre el inminente matrimonio de una tercera, Trilby contemplaba al grupo formado por Thorn Vance, 
Craig McCollum y su padre. Aunque el doctor McCollum no era mal parecido, era Thorn quien atraa su atencin. Tuvo que aceptar de mala gana que era buen mozo cuando 
se lo propona. El color negro le favoreca, pues le haca parecer mas musculoso e incluso mas alto.
   
    Mientras miraba al hombre, este la sorprendi al volver la cabeza de repente y frunci el entrecejo, irritado. Ella enrojeci, desviando rpidamente la mirada. 
Los latidos de su corazon se aceleraron y deseo no sentirse tan agitada, o al menos no dar la impresin de estarlo. Con Richard nunca le haba sucedido eso. Aunque 
le gustaba, al mirarlo nunca haba tenido la sensacin de que le flaqueaban las rodillas. Por Dios, en lo nico que pensaba desde que llego era en que sentira si 
Thorn la besaba con autentica pasin, no ese leve contacto del roce de sus labios que la haba desconcertado. Casi deseo haberse rendido a el, aunque eso era una 
indecencia impropia de una dama. Ella no deba alentarle. Un viudo como Thorn Vance sin duda querra mas de lo que ella estaba dispuesta a ofrecer y era poco probable 
que le propusiera matrimonio. Por la conversacin que mantuvieron, dedujo que el era un mujeriego y pareca considerarla una mujer de moral relajada. Ella no tenia 
ninguna intencin de cometer un acto pecaminoso debido a la reaccin de su cuerpo ante el hombre. Decidi que tendra que mantenerse a distancia.
   Minutos mas tarde, cuando Thorn sac a bailar a Lou, esta monto en clera al ver a Trilby junto a Curt.
-Mrala, no tiene vergenza?
   -Yo me ocupare de eso -dijo Thorn a la mujer, que era morena y mucho mayor que Trilby-. No te preocupes.
   -Que descaro. -La voz se le quebr-. Es padre dc dos hijos y no le importan los chismorreos que provoca. Y ella no es la nica. Hay otras mujeres en Del Ri. 
-Se enjugo los ojos, apenada-. Ojala no le hubiese conocido.
   -Que quieres decir con eso de <<otras mujeres en Del Ri>>?
   -Una hermosa y joven campesina mejicana cuyo padre posee una taberna -dijo Lou, con voz ronca-. Se pasa todo el tiempo all.
   La noticia extrao a Thorn. Si Curt tenia una aventura con Trilby, por que vela a otra mujer? Y para colmo, una pobre chica mejicana.
   -Le gusta humillarme -susurro Lou, clavando una mirada furiosa en la espalda de su marido-. Disfruta hacindome sufrir.
-Por que querra hacerlo? -pregunto Thorn. Lou enrojeci.
   -Yo estaba... embarazada cuando nos casamos -contest, dbilmente resentida-. El siempre me lo recuerda.
No quera casarse conmigo.
Las cosas comenzaban a explicarse.
-Estas segura de que mantiene relaciones con Trilby? -le pregunto.
Lou se encogi de hombros.
-Desaparece una noche si y otra no. Quiz las ve a las dos. Como puedo saberlo? Le odio!
-No, no le odias.
    -No, no le odio. Me gustara poder hacerlo. -Apoyo la cabeza contra el pecho de Thorn-. Por que no me enamore de ti, Thorn? Nunca engaaste a tu esposa. -No 
es mi estilo -dijo Thorn.
    -Mrala -murmuro, dirigiendo una mirada indignada a Trilby-, tan refinada, acostumbrada a la vida urbana, y elegante. Sin embargo, no es bella. No tiene mas 
que huesos y una cara que ningn hombre considerara hermosa. Yo soy mucho mas atractiva que ella!
-Vamos, Lou -dijo Thorn, tratando de tranquilizarla.
Lou se tambaleo y consigui recuperar su equilibrio
     -Estoy despechada, lo se. Por que su familia no os controla? Si la hubiesen educado como es debido, no coqueteara con mi esposo!
Thorn medito sobre lo que acababa de decir Lou Mary y Jack eran personas decentes que no aprobara la conducta licenciosa de Trilby. Seguramente si se enterasen 
de que ella se citaba con
Curt se lo impediran.
   Minutos mas tarde, Thorn se acerco a Trilby y Curt y tendi una mano para coger la de ella.
-Excsanos, por favor -dijo a su primo sin sonrer.
Curt arqueo las cejas, sorprendido.
   Thorn llevo a Trilby hasta la pista de baile, donde varias personas se deslizaban al comps de un lento vals interpretado por la orquesta que haba contratado.
   -Me parece que es hora de que Curt dedique un poco de tiempo a su esposa -dijo el hombre, con un tono glacial.
   A Trilby se le encendi la cara de rabia, y sonri framente.
   -Que amable de su parte sacrificarse por el bien de ella.
   Thorn miro a Lou, que estaba instando a un renuente Curt a que bailase con ella. La situacin le enfureca.
   Sus brazos estrecharon el cuerpo de Trilby, quien se puso tensa.
   -Dara lo mismo bailar con una plancha de madera -comento el, mientras daban vueltas por la pista por segunda vez. Su mano cio con fuerza la esbelta cintura 
de la muchacha y la sacudi suavemente- Quiere relajarse?
   Trilby se mantena rgida en los brazos del hombre porque la haba irritado su observacin y le asustaba lo que el le provocaba. Su mano en la de Thorn estaba 
fra y temblorosa, y lo estuvo mas aun cuando los dedos del hombre comenzaron a deslizarse entre los suyos, hacindola sentir que las rodillas se le doblaban. Vance, 
que se haba mostrado tan hostil, de pronto actuaba como si... como si se propusiese seducirla!
   -Por favor, deje de hacer eso -protesto la muchacha, colrica, tirando con fuerza de su mano.
-De hacer que, seorita Lang? -pregunto el.
Ella dirigi una mirada arada a los oscuros ojos del hombre y volvi a bajar la vista.
-Usted sabe que.
-Reljese y dejare de hacer... eso.
Trilby apret los dientes.
  -Acaso desconoce como se comporta una persona civilizada? -pregunto la muchacha con altivez.
Los ojos oscuros de Vance relumbraron al mirarla.
  -Soy un hombre -dijo tranquilamente-. Tal vez no esta acostumbrada a la especie?
Los ojos grises de Trilby echaban chispas.
-Ciertamente, conozco muy pocos hombres!
   -Elegantes muchachos de ciudad -replic 1-. Con modales refinados, unas cuidadas y el cabello alisado hacia atrs.
   -No hay nada de malo en tener buenos modales, seor Vance -repuso ella-. De hecho, la urbanidad ocupa uno de los primeros lugares en mi lista de prioridades.
   -Parece muy indignada. Ni una gallina clueca estara tan encrespada como usted en este momento -dijo el, burln-; con las plumas erizadas y furiosa porque he 
ofendido su reputacin. -La sonrisa se desvaneci cuando bajo la mirada hacia ella-. Enterr a mis padres con mis propias manos -dijo, obligndola a mirarlo-. Fueron 
asesinados por bandidos mejicanos que hacan incursiones en Arizona. No aprecio a los forajidos, y menos a los colonos recin llegados del Este que consideran que 
un hombre se mide por su vocabulario. Aqu, seorita Lang, un hombre se mide por su capacidad para defender lo que le pertenece, por su capacidad para proteger a 
sus seres queridos y asegurar su supervivencia. Las palabras bonitas no detienen a las balas ni construyen imperios.
-Se muestra muy critico con la gente de la ciudad...
     -Soy critico con todos ellos -interrumpi Thornton-. Despus del asesinato de mis padres se presentaron aqu dos peces gordos de Washington. Trate de explicarles 
que se gestaba en Mxico y solicite proteccin para los colonos de la regin, sin obtener mas que promesas de <<considerar la situacin".
-Washington esta muy lejos -le record ella.
    -No lo bastante para mi -repuso el secamente-. Como no consegu ninguna cooperacin por parte de Washington o el ejercito, me ocupe yo mismo del problema.
-El problema?
-Segu la pista de los asesinos de mis padres al otro lado de la frontera -explico. -Los encontr? -Si.
   Miro hacia la orquesta e hizo una seal. Los msicos, que haban dejado de tocar, volvieron a interpretar la cancin.
   Trilby no necesito preguntar mas, pues los oscuros ojos del hombre haban sido bastante explcitos. Tuvo una terrible visin de hombres acribillados a balazos.
   Thorn noto como se estremeca el cuerpo de la muchacha y asinti.
   -Tendr que hacerse mas fuerte si quiere vivir en esta regin.
   -He dicho alguna vez que quisiera vivir aqu, seor Vance? -pregunto ella con suave arrogancia-. Vine porque no tenia otra opcin.
   -Parece que algunas cosas de aqu le gustan -replico el, con leve sarcasmo.
   -As es, me encanta el polvo! Estoy plantendome emprender un negocio de exportacin para compartirlo con el mundo. -No deseaba enzarzarse en otra discusin-. 
Podemos dejar de bailar?
-Por que?
   La actitud de la muchacha lo devolvi a la realidad. Trilby hacia que su desierto pareciese una tierra ajena y desagradable, le hacia sentirse como un salvaje 
incivilizado. Bien, tal vez lo era, pero no le gustaba el aire de superioridad de la joven, quien, por otro lado, no era la persona mas indicada para juzgarle, dado 
su comportamiento con un hombre casado como lo era su primo.
   Atrajo a Trilby hacia si de modo que pudiese sentir su pecho clido y fuerte contra sus senos, incluso a traves de las varias capas de ropa.
   -No le gusta estar as, apretada a mi cuerpo, Trilby? -se burlo Thorn, mirndola a los ojos.
   -Que indecencias dice! -Se envaro y dejo de bailar. Ningn hombre le haba hablado as hasta ese momento. Se quedo mirndolo estupefacta, como si no diese crdito 
a sus odos.
   -Lo hace muy bien -observo el, con evidente cinismo-. Casi me convence de que la he escandalizado.
   Trilby estaba turbada y sin aliento. El le hacia sentir cosas que no quera sentir.
   -< <Escandalizada>> no es la palabra mas adecuada. Por favor, djeme ir-dijo Trilby, tajante.
   -Muy bien -replico el hombre, soltndola-. Pero no crea que escapara -aadi con tono cnico y siniestro-. No renuncio cuando algo o alguien me interesa.
   -Preferiria convertirme en el objeto de inters de una serpiente de cascabel! -repuso ella.
   La comparacin divirti a Thorn, que sonri, lo cual empeoro la situacin. Trilby se alejo, maldiciendo para sus adentros mientras iba en busca de sus padres 
y su hermano.
   Ella era capaz de defenderse de una acusacin directa, pero Thorn Vance solo hacia alusiones veladas ante las que no sabia como reaccionar. No sospechaba por 
que tenia tan mal concepto de ella.
    Si Vance le interesase, le habra presionado para obtener una respuesta. Pero, dado que Richard era el nico hombre de su vida  que importaba la opinin del 
seor Vance?

    
   

   
                                         
                                           3


   Despus de la actitud ofensiva de Thorn la noche anterior, Trilby se sinti escandalizada cuando a la maana siguiente el hombre se presento en el rancho y le 
propuso dar un paseo por el desierto.
   Con su sonrisa burlona, daba la impresin de esperar que ella declinase la invitacin.
   -No a caballo, Trilby -dijo, arrastrando las palabras-. Como ve, he trado el coche.
Trilby lanzo una mirada recelosa al gran automvil
  -No me gustan los coches -replico-. Tenamos un en Luisiana, y nuestro chofer estaba siempre arreglando la correa de transmisin y los neumticos pinchados, resbalaba 
en las cunetas y los caminos enfangados. Y que poseemos ahora me parece demasiado veloz -aadi, dirigiendo una mirada cargada de reproches a su padre, que sonrea 
con irona.
-La calesa es menos cmoda, se lo aseguro.
  -Ve, Trilby -la animo su madre con dulzura-. Te distraers.
-Desde luego -acord Jack Lang.
Trilby no se atrevi a contarles lo que Thorn le haba dicho la noche anterior, ni a acusarlo de tratar como a una perdida. Su orgullo no le permita divulgar la 
opinin que 1 tenia de ella.
    -Que hay del doctor McCollum? No esta desatendindole? -pregunto Trilby, amarrndose a un clavo ardiendo.
    -Craig se marcho a El Paso en tren -respondi Thorn, desafindola con su sonrisa burlona a buscar otra excusa.
Pero ella no se arredraba fcilmente.
    -Muy bien -dijo con aplomo-. Ir con usted, seor Vance.
    Se puso un vestido azul, se calzo unos zapatos con cordones y se cubri la cabeza con un sombrero muy adornado. Por ultimo se echo un chal sobre los hombres, 
por si cambiaba el tiempo, y se dirigi hacia Thorn.
    El hombre, que haba impresionado a sus padres con el evidente cortejo a Trilby, lucia un serio traje gris que acentuaba la imagen de pilar de la comunidad que 
se empeaba en proyectar. Jack y Mary estaban encantados con el y demostraban que aprobaban la relacin de forma tan descarada que resultaba vergonzoso. Solo Trilby 
sabia que fuesen cuales fuesen las intenciones de Thornton Vance sin duda no eran tan respetables como quera aparentar.
    -Regresaremos antes del atardecer -aseguro Thorn- No se preocupen, cuidare de ella.
    -Por supuesto que si, muchacho -replico Jack Lang, como si fuese una conclusin indudable y no necesitase ser expresada.
    Trilby permaneci sentada en silencio mientras Thorn arrancaba el motor del coche y luego tomaba asiento junto a ella. La muchacha observo con amargura que no 
se haba pasado media hora sudando y blasfemando entre dientes para poner el automvil en marcha, como le ocurra a Richard cuando llevaba a ella y a Teddy a dar 
un paseo. Tal aptitud diferenciaba a Thorn de la mayora de los hombres.
    Saludo a su familia con la mano mientras se alejaban por el camino ancho y polvoriento que conduca a las montanas. No se haba quitado el sombrero y agradeca 
el parabrisas que protega su rostro del polvo. El coche de su padre careca de parabrisas, pues Teddy lo haba roto accidentalmente jugando a bisbol.
   -Voy demasiado rpido? -pregunto Thorn, mirando a Trilby-. Conducir un poco mas despacio.
   Levanto el pie del pedal del acelerador. El vehculo traqueteaba produciendo tanto ruido que resultaba casi imposible mantener una conversacin aunque alguno 
hubiese deseado hacerlo. Thorn contemplaba la tierra de color marrn, debajo de la cual dorma la hierba, pues se hallaban en otoo, y los rboles de paloverde que 
salpicaban el paisaje, preguntndose si Trilby sabia donde se encontraban. Se desvi del camino principal hacia uno mas estrecho que conduca un canon bastante apartado. 
Mientras se dirigan hacia all, Trilby advirti que la vegetacin era mas abundante y diviso al fondo unas montanas imponentes y de aspecto espectral.
   -Oh! -exclamo, deleitndose con la visin del canon boscoso.
   Thorn estaciono el coche a un lado del camino y desconecto el motor.
-Le gusta?
   -Es magnifico -comento, admirada. Sus grandes ojos eran muy expresivos-. No tenia idea de que existiesen lugares as en Arizona. Crea que no haba mas que cactus 
y arena.
   -Lo habra sabido antes si alguna vez hubiese acompaado a su padre y a su hermano -recrimino Thorn.
   -Gracias, ya trago bastante polvo en la casa -replico ella.
   -El polvo no la enterrara, bombn -dijo el, sarcstico.
      -Tampoco tema que lo hiciese. Y por favor, podra abstenerse de llamarme de ese modo?
Thorn se volvi en el asiento para contemplarla al tiempo que liaba un cigarrillo con movimientos lentos. Estaban ellos dos solos en el mundo, en aquel bello paisaje 
desierto. Trilby era intensamente consciente de la masculinidad de el y luchaba para no demostrarlo. Recordaba muy bien que haba sentido cuando el la haba besado 
la noche anterior. Era demasiado vulnerable a el, y el hombre tenia una mala opinin de ella; deba tenerlo presente. Se irgui mas en su asiento mientras se esforzaba 
por no revelar la excitacin que aquel hombre despertaba en ella.
   Sin embargo el advirti su turbacin y la interpreto muy bien.
   -Se muestra muy arrogante y formal conmigo, Trilby. Por que?
   La muchacha enfrento con valenta la mirada inquisidora del hombre.
   -No soy yo lo que le interesa, seor Vance -dijo ella, con dureza-. No soy estpida.
   Sus palabras sorprendieron a Thorn, lo que no sola sucederle con las mujeres. Sally haba sido hermosa, pero no particularmente inteligente. En cambio Trilby 
silo era.
   -Entonces, si no es usted lo que me interesa, en que estoy interesado?
   -En el agua que hay en la propiedad de mi padre -replico ella, sin arredrarse.
Thorn sonri con cierta admiracin.
-Bueno, bueno. Y que le hace pensar eso?
   -Usted necesita agua. No tiene suficiente y nosotros si. Mi padre no se la vendera ni se la arrendara a usted -repuso-. El ni siquiera sospecha que usted podra 
estar adulndome por motivos ocultos, pues le considera una persona maravillosa, al igual que el resto de mi familia. -Lo miro con ojos centelleantes-. En cuanto 
a mi, seor Vance, pienso que es un pirata de tierra adentro.
Thorn ri entre dientes.
-Bueno, al menos es sincera.
  Se llevo el cigarrillo liado a los labios y saco una cerilla para encenderlo. El humo acre ascendi por el aire.
  -En realidad, no le culpo -dijo Trilby al cabo de un rato, manoseando, nerviosa, su bolso de tela-. Supongo que aqu el agua es la vida.
  -Realmente lo es. -Dio otra calada al cigarrillo-. Se anima a pasear un poco?
  -Por supuesto -se apresuro a responder ella, contenta de escapar de ese espacio limitado.
  Thorn se apeo del coche, abri la portezuela del acompaante y la ayudo a bajar. Al contacto de sus dedos, a Trilby le dio un brinco el corazon. La muchacha se 
aparto de el y comenz a caminar. Era una tarde apacible. Se oa el silbido del viento y se perciba en el aire tonificante olor a tierra. La joven diviso las formaciones 
rocosas en las colinas lejanas y admiro los rboles de paloverde, que contrastaban, dorados y magnficos, con el amarillo rojizo de las hojas de arce.
-Que clase de rboles son aquellos? -pregunto ella.
  -Los de color dorado? Son rboles de paloverde. En primavera sus largas ramas se llenan de pimpollos dorados que en otoo ofrecen un aspecto esplndido. Me gustan 
mas que los arces.
-Aquellos otros son robles, no es cierto?
  -Algunos. Ese es un lamo -dijo el, sealando un rbol enorme con el tronco inclinado-. Hace unas dcadas la gente sola descortezarlo y raspar el tronco para 
obtener su savia, que es dulce como una confitura.
-;Oh, que curioso! -exclamo, encantada.
  -Y aquellos son sauces -aadi Thorn, sealando una hilera de rboles que se extendan a lo largo de las orillas del arroyo.
De repente, ella miro en derredor.
     -Es un lugar seguro? Quiero decir si hay indios por los alrededores.
Thorn sonri.
    -Muchsimos. sobre todo apaches mescalcros mimbrenos. Sola haber muchos chiricahuas, pero cuando Jernimo fue capturado, el gobierno embarco a too: su banda, 
la envi a Florida y encero a todos sus integrantes en un fuerte en la baha de St. Augustine durante mucho tiempo. Por ultimo, volvieron a llevarlos a Nuevo Mxico. 
Jernimo asesino a muchos blancos, pero luego los blancos tambin mataron a muchos apaches. El general George Crook consigui que se rindiese. Fue un gran hombre 
el viejo Nantan Lupan.
-Que?
   -Lobo Gris. As llamaban los apaches a Crook. le respetaban porque se mantena fiel a su palabra, ale, extrao en un hombre blanco. Despus de la rendicin de 
Jernimo, ayudo durante el resto de su vida todo, que pudo a los apaches. Jernimo muri en febrero del ao pasado.
-Lo ignoraba.
Thorn la mir.
    -Ustedes, los del Este, no saben mucho sobre los indios verdad? Los apaches son interesantes. Llamaba: Cochise al viejo jefe chiricahua, cuyo nombre apache 
el Chefs, que significa <<roble>. Solo Dios sabe como transformo en Cochise. Era un demonio viejo y taimado, astuto como un zorro, que llevo de cabeza a la caballera 
de Estados Unidos hasta que llego la paz. Jernimo se neg a rendirse y vivir en una reserva a merced dL hombre blanco. Hubo una poca, no muy lejana, en que bastaba 
con mencionar la palabra <<apache> para hacer temblar a un hombre adulto.
    Trilby guardaba silencio, esperando que el continuase. Le fascinaba su conocimiento sobre los indios.
      Thorn sonri, satisfecho, al advertir su inters.
    -Los indios no son ignorantes. Dos apaches trabajan para mi; uno de ellos es chiricahua y no cuadra en absoluto con la imagen que los del Este tienen de un indio 
-aadi secamente-. Entender a que me refiero cuando lo conozca. Se llama Naki.
    -Que significa? -pregunto ella, con curiosidad.
   -En realidad se llama Dos Puos. Como la lengua apache tiene sonidos nasales y oclusivos, y tonos agudos..., no se pronunciar su segundo nombre. Naki quiere decir 
"dos>>.
-Usted es... tiene algo de sangre india?
Thorn neg con la cabeza.
   -Mi abuela era una hermosa dama espaola. Mi abuelo se harto de asumir la responsabilidad de la familia y abandono a su esposa y su hija. -La confes1n se le 
escapo. Nunca se lo haba contado a nadie.
   -No la amaba lo bastante para quedarse junto a ella?
Hablar de ese tema incomodaba al hombre.
   -Por lo visto no. Mi abuela muri de inanicin, y, de no haber sido por mi abuelo, el dueo de Los Santos, tambin mi madre habra muerto de hambre. Ella y mi 
padre heredaron el rancho cuando falleci mi do abuelo. Yo tenia dieciocho anos cuando los mejicanos hicieron una incursin y los asesinaron.
-Tenia hermanos o hermanas?
   -Yo era el nico varn. Tenia dos hermanas que murieron de clera.
-Lo lamento.
-Yo era un nio en aquella poca y apenas las recuerdo. -Fumaba mientras caminaban, con la cabeza enseguida, sin detenerse, con una postura perfecta. Para ser un 
vaquero, le sentaba muy bien el traje.
-Dijo que su abuela era espaola...
-Y usted se pregunta por que los mejicanos atacaron a su hija y a su yerno -adivino el.
-Si.
     -Acaso ignora que los mejicanos odian a los espaoles? Es un de las razones por las que luchan ahora. Han vivido bajo la dominacin espaola desde los tiempos 
de Cortes y ya han tenido bastante -aadi-. Quienes mataron a mis padres no eran revolucionarios, sino bandidos.
-Siento lo de sus padres.
-Yo tambin.
    Sus palabras rezumaban dolor, y Trilby record como su mirada le haba dicho como se vengo de los asesinos. Clavo la mirada en el suelo arenoso y pregunto:
-Crecen muchas cosas aqu?
   -Los hohokam, los indios que en un tiempo habitaron esta tierra antes de la era cristiana, fueron un pueblo agrcola. Aprendieron a cultivar maz y a regar la 
tierra. Tenan un sistema de gobierno y una religin muy avanzados para su poca. Podan haber perdurado como cultura durante miles de anos.
Trilby lo miraba con creciente respeto.
- Como sabe todo eso?
Thorn ri entre dientes.
    -Por McCollum -respondi-. Vale la pena tener por amigo a un profesor de antropologa. Es muy bueno en su trabajo. Se aloja en mi casa cuando realiza excavaciones 
en la zona. Viene varias veces al ano cuando esta enseando.
-Me gusta ese hombre. No sabia que fuera profesor.
    -Si. Imparte clases de antropologa y arqueologa en una importante universidad del norte.
    -Debe de ser una tarea interesante. Usted le acompaa cuando busca ruinas?
   -Si dispongo de tiempo, si. -Meti una mano en el bolsillo de los pantalones y miro a la muchacha de soslayo por debajo del ala ancha de su sombrero-. Le gusta 
la arqueologa?
   -Se muy poco sobre eso -admiti ella-. Sin duda es fascinante, verdad?
   -Mucho. -De pronto, el tendi una mano delgada y tostada por el sol y detuvo a Trilby-. Qudese quieta un minuto. No hable. Mire all.
   Thorn sealo hacia los arbustos y ella sinti que el corazon se le desbocaba. Era una serpiente de cascabel? Quiso echar a correr, pero en el instante en que 
sus pies reciban el mensaje de su cerebro, un curioso pjaro de color marrn y cuerpo alargado sali correteando desde debajo de los arbustos y se lanzo veloz hacia 
el otro
lado del camino.
Trilby echo a rer.
-Que pjaro es ese? -exclamo.
-Un correcaminos -respondi el-. Cazan y matan
serpientes.
-Bien, vaya bravucn.
   -No sea boba, las serpientes son beneficiosas -la reprendi el- y no causan dao a nadie. Se alimentan de ratas y ratones. Y una serpiente real mata y come a 
las de cascabel.
   -No suelo mirarlas el tiempo suficiente como para llegar a identificarlas -dijo ella.
Thorn sacudi la cabeza.
-Vamos.
   La aparto del sendero y la condujo hacia una zona sombreada del bosque por donde discurra un arroyo junto al cual se alzaban unas enormes rocas alisadas por 
la erosin que se extendan en direccin a las montanas.
   -Este es un antiguo campamento apache -informo el-. Por supuesto, no pertenece a la reserva, pero los apaches continan viniendo aqu. A Naki le gusta acampar 
en este lugar cuando sale en busca de animales perdidos. Es muy hbil a la hora de encontrar caballos.
   -Usa pintura de guerra y penacho de plumas? -pregunto ella, inocentemente.
El le clav una mirada desaprobadora.
     -Es un apache -dijo-, y los apaches no utilizan penachos de plumas como los indios de las praderas. Se ponen una cinta de tela de colores alrededor de la frente 
y llevan el cabello largo hasta los hombros. No viven en tiendas como los indios de las praderas, sino en una especie de choza redonda u oblonga llamada wickup.
-La gente de aqu odia a los indios? -inquiri ella.
    -Algunos si. En el pasado nos aliamos con ellos, e incluso con los mejicanos, para luchar contra los comanches cuando estos decidieron bajar de su territorio 
para conquistarnos.
-Oh, Dios mo!
    -Y en un tiempo la bandera de la Confederacin flameo en Tucson, durante la guerra civil -explico el, sonriendo-. Muchos colonos procedentes del Este se instalaron 
aqu, en Arizona. Usted debera sentirse como en casa.
    -Me gustara que as fuera -replico ella, y era sincera. Se quedo observando el suelo-. Aqu no hay cactus.
    -Abundan en el desierto, principalmente los saguaros y los canones de rgano. Los saguaros son enormes y pesados y albergan en su interior una especie de esqueleto 
de madera. Uno de ellos puede matar a un hombre si le cae encima.
-Que son aquellos rboles altos y delgados?
   -Ocotes -respondi el-. Los mejicanos los utilizan para construir cercados espinosos.
-En Luisiana hay cactus espinosos -dijo ella.
-De veras?
   -No en Baton Rouge -aclaro, sonriendo con nerviosismo.
1 se detuvo y se volvi para mirarla.
-Habla usted francs?
   -Solo un poco -respondi ella-. Mama lo habla con fluidez. -Miro con fijeza los ojos oscuros del hombre-. Y usted?
-Hablo espaol -contesto- y chapurreo el alemn.
  Ni Thorn ni ella desviaron la vista. El mantuvo la mirada durante unos instantes que se prolongaron en una dulce tensin. Los labios de Trilby se entreabrieron 
mientras su corazon comenzaba a desbocarse. Pens que el hombre ejerca sobre ella un efecto nocivo.
   La mirada de Thorn se deslizo hacia sus senos, lo que nunca se atrevera a hacer un caballero. Ella contuvo la respiracin.
   -Trabas -susurro el-. Ustedes, las mujeres del Este, no pueden vivir sin ellas. Aqu, cuando un hombre ve algo que desea, simplemente lo toma.
   -Incluyendo a las mujeres? -pregunto ella, secamente.
   -Depende de la mujer -replico el-. Mi esposa era como usted, Trilby -aadi con amargura-; una orqudea de invernadero trasplantada a un suelo caliente y arenoso. 
Odiaba esta tierra tanto como a mi. Nunca debi casarse conmigo y no lo hubiese hecho, de no haber sido porque le atraa mi dinero -agrego, con una sonrisa cnica.
   Tales recuerdos le produjeron irritacin. Prefera olvidar a Sally, y Trilby hacia que la recordase.
-Usted la amaba? -pregunto la muchacha.
   -Si -contesto el, con aspereza-, la amaba. Pero ella deseaba poesa y rosas todas las maanas y doncellas que la atendiesen. Quera un caballero que la acompaase 
a las reuniones sociales. Detestaba mi rudeza, mi soledad, y cada vez me aborreca mas; a mi y a cuanto me concerna -continuo, desviando la mirada-. No es necesario 
que me diga que soy un salvaje. Sally me lo deca dos veces al da.
   La muchacha sinti piedad por el hombre al observar que sus rgidos rasgos se endurecan aun mas. Que terrible amar a alguien que te odia...
Thorn bajo la vista al captar su mirada compasiva. Le enfureci que Trilby sintiese pena por e1. Y le enojaba que la muchacha comenzase a gustarle, que el empezase 
a disfrutar con su compaa. No era mas que una ramera, y el estaba dejndose arrastrar hacia sus redes. Se comportaba como un imbecil!
   Arrojo el cigarrillo al suelo y cogi a la muchacha del brazo.
   -No necesito su compasin -dijo, tajante, con la mirada fija en sus labios-. No cuando usted es mas despreciable que yo!
   Su boca cubri la de Trilby, retorcindose contra ella, hacindole dao. La muchacha se quedo sin aliento y trato de resistirse, pero el era mucho mas fuerte. 
Sus brazos la sujetaban como tenazas, y su boca sabia a tabaco y a hombre de verdad. Utilizaba su cuerpo como un arma para humillarla. Sus manos se deslizaron ansiosas 
por las caderas de Trilby, atrayndola hacia sus muslos.
   Esa accin dejo perpleja a la mujer, que apenas haba sido besada antes. El cuerpo de la muchacha se encendi ante la impactante sensacin de los contornos novedosos 
del cuerpo del hombre contra su estomago. Comenz a gritar furiosamente, ultrajada y avergonzada por las incalificables libertades que se tomaba el hombre, golpendole 
con los puos e intentando darle patadas.
   Sorprendido por la reaccin de Trilby, Thorn la solt. Ella se quedo mirndolo furiosa, con el rostro enrojecido, mientras los mechones de su cabello escapaban 
del pulcro mono en que se lo haba recogido. De repente le propino una bofetada con todas sus fuerzas.
   -Salvaje! -exclamo, temblando de rabia-. Sabia que... no era... un caballero!
   -Y usted no es una dama, ramera de Luisiana -espeto el, sin que el cachete le hiciese recular-. Si fuese un poco menos civilizado de lo que soy, la tumbara sobre 
el camino polvoriento y la violara aqu mismo.
   El rostro de Trilby se encendi aun mas. Los labios le temblaban y los ojos se le llenaron de lagrimas ante el
insulto descarado. Pensar que Richard nunca haba hecho mas que cogerle la mano, y aquel salvaje haba... haba...
  -Como me ponga una mano encima... le fustigare con una rama! Como se atreve? -dijo con voz ahogada, casi sollozando de ira-. Se lo contare a mi padre!
  -Hgalo -replico el con seriedad-, y yo le hablare de la aventura que tiene con mi primo, un hombre casado!
Trilby lo miro como si se hubiese vuelto loco.
-De que esta hablando?
   -Es demasiado tarde para mentir al respecto -dijo, con voz fra y desdeosa-. Sally la vio besndose con Curt. Me lo explico varias semanas antes de morir.
   El rostro de Trilby palideci. Se tambaleo y a punto estuvo de caer. La mano del hombre la sujeto, y ella se solt, mirndolo con odio.
-Eso es mentira -susurro-. Una mentira perversa!
   -Por que haba de mentir mi esposa? -pregunto el, pausadamente-. Y el hecho de que ella este muerta resulta muy conveniente para usted, pues no podr contradecirla, 
no es as?
   Trilby trago saliva un par de veces, temiendo desmayarse. Era consciente de que no quedaba una gota de sangre en su rostro. Por la expresin del hombre concluyo 
que de nada servia discutir, pues Thorn haba resuelto que la calumnia de su esposa era una verdad indiscutible y por tanto nada de lo que ella dijese le convencera 
de que simplemente se haba limitado a hablar con su Primo Curt.
   Con manos fras y trmulas, se recogi ligeramente la falda para poder caminar mas deprisa y avanzo en direccin al coche. El la sigui y le abri la portezuela 
con cortesa exagerada. Trilby no lo miro cuando subi al automvil; no hubiese podido soportarlo. Se sent erigida como una estatua mientras el hacia arrancar el 
motor Y conduca de regreso a la casa.
   Thorn no hablo hasta que se detuvo delante de la vivienda de los Lang.
   -De nada le servir hacerse la mrtir conmigo -dijo con absoluta desconsideracin-. Se quien es usted.
   -Si yo fuese un hombre le descerrajara un tiro en el corazon -aseguro ella con voz entrecortada, temblando de indignacin y rabia-. Cuando diga a mi padre de 
que me acusa, probablemente el si le disparara! Espero que lo haga!
El arqueo las cejas.
   -Es posible que no tenga usted intencin de contrselo -replico Thorn con insolencia-. Destruira sus ilusiones.
   La joven reprimi el impulso de volver a abofetearle.
   -Seor Vance -dijo, exasperada-, para mantener una relacin clandestina con su primo me vera obligada a abandonar la casa despus del atardecer.
   -Eso no le supondra ningn problema. Dispone de un coche -le record el.
-No se conducir ni montar a caballo -repuso ella.
l vacilo.
-Entonces, tal vez alguien la lleve.
Ella asinti.
   -Oh, por supuesto. Mis padres comprenderan que quisiese salir de casa por la noche, y sola, algo que no he hecho jams en mi vida!
   Aquello desmontaba la teora de Thorn, quien frunci el entrecejo; le disgustaba la fra exposicin de los hechos que ella planteaba.
   -El incidente de que me hablo Sally sucedi en una fiesta a que asistieron sus padres -dijo el, apartando la mirada con creciente malestar.
   -Comprendo. He sido prejuzgada sin tener oportunidad de defenderme. -Se quedo con la mirada perdida, estremecida al surgir en su mente un pensamiento inquietante-. 
Supongo... que su esposa no se limitara a explicrselo solo a usted.
-Se lo cont a Lou, la esposa de Curt -dijo el.
   La muchacha cerro los ojos. Eso explicaba las miradas furiosas que le diriga la esposa de Curt. Probablemente el perverso rumor haba circulado por toda la comunidad. 
Y todo porque Curt le agradaba y disfrutaba con su compaa. Su relacin haba sido perfectamente inocente.
   -Por que no pregunta a su primo si ha tenido una aventura conmigo? -inquiri ella, con voz dbil.
   -Y obligarle a mentir para salvar la reputacin de usted? -Thorn ri-. Eso seria inteligente, no le parece?
   -Seor Vance, nunca se me ocurrira atribuirle un acto inteligente -afirmo con aspereza-. Y en cuanto a su repugnante calumnia le dir que es infundada y sumamente 
injusta. Si, lo contare a mis padres. -Se volv1 y lo miro con fijeza-. Se que la verdad es la mejor arma. Y usted, seor, lamentara haber credo una mentira sin 
cuestionarla, aunque la formulara su difunta esposa.
   La indignacin se reflejaba en su rostro. Se apeo del coche, rechazando la ayuda del hombre, y se encamino hacia su hogar, seguida por el.
   Como los padres de la muchacha y Teddy no se hallaban en la casa, el no tuvo necesidad de explicar la hostilidad de Trilby. La joven se dirigi directamente a 
su dormitorio, cerro la puerta de un golpe y echo el cerrojo sin decir una Bola palabra a Thorn.
   El hombre permaneci ante la puerta cerrada. Por que actuaba como si el le hubiese dicho algo incalificable cuando solo estaba refiriendo la verdad?
   -Oh, malditas mujeres! -exclamo con violencia mientras avanzaba hacia la puerta para salir de la casa.
Cuando Jack y Mary regresaron, Trilby acababa de lavarse la cara y las manos con agua fra. Sin embargo, sus ojos continuaban enrojecidos, al igual que su graciosa 
nariz.
     -Querida -exclamo Mary-, que ha sucedido?
   -Tu hroe se ha mostrado tal cual es en realidad -dijo Trilby a su padre, con voz trmula-. Su esposa le explico que me haba visto besando a su primo Curt, un 
hombre casado, y cree que mantengo una aventura con ese hombre.
   -Como se atreve! -rugi Jack, irritado-. Como se atreve a acusarte de algo semejante!
   -No quiero volver a ver al seor Vance dijo Trilby con resolucin, entrelazando las manos-. Desde el principio te dije que lo consideraba un salvaje incivilizado. 
Tal vez ahora comprenders por que.
   -Estoy indignada -dijo Mary, apesadumbrada. Tomo a Trilby de la mano y, llevndola hasta el saln, la hizo sentar en el sof-. Gracias a Dios Teddy sigue arreglando 
los arneses con el seor Torrance. Seria muy duro para e1 enterarse de esto.
-Si -dijo Jack, tajante-. Idolatra a Thorn.
   -El seor Vance es un gran hombre de negocios -dijo Trilby, incapaz de ocultar su ira-. Es muy rico y no deberas enemistaros con el. Pero dejareis ahora de 
empujarme hacia el? El cree que soy... que soy una mujer fcil, y cuando esta a solas conmigo se comporta de un modo muy... poco caballeroso. -Se apret las manos. 
Le resultaba doloroso explicar esas cosas a sus padres-. No deseo verme obligada a estar en su compaa.
   -Nadie te obligara! -aseguro Mary, tajante, desafiando a su marido.
   -No, desde luego -murmuro Jack. Suspiro con pesar y se mes sus cabellos entrecanos-. Trilby, me equivoque respecto a el. Lo siento mucho.
-Tambin yo, padre, porque se que tu le admiras.
-Como puede creer eso de ti? -gimio Mary-. Y por que su mujer le cont semejante mentira? No tiene sentido.
  -Tiene sentido si invento la mentira para apartar las sospechas de si misma -afirmo Jack, tenso-. Mas vale que no repitamos esto fuera de esta casa -advirti a 
las mujeres-. No quiero una demanda por calumnias contra nosotros cuando debemos afrontar serias dificultades financieras.
   -No deseo causar ningn problema al seor Vance -dijo Trilby con dignidad-, sino mantenerlo alejado de mi.
   -Puedes estar segura de ello -le garantizo Jack-. Si surge algn asunto relacionado con el ganado que requiera su presencia aqu, te avisare con tiempo, querida. 
Lamento mucho haberte colocado en una posicin tan incomoda.
   -No tenias por que saber cuanto me desagrada ese hombre -dijo a su padre con amargura-. Ojala no nos hubisemos marchado de Luisiana! Richard pronto regresar...
   -Y tu quieres verlo -continuo Mary. Sonri a su hija y le dio una palmadita en la mano-. Bueno, puede visitarnos. Te gustara? Y quedarse tanto tiempo como desee.
   -Lo dices en serio? -pregunto Trilby, entusiasmada-. De veras?
   -De veras. -Mary ri y abrazo a su hija-. Nos vendr bien la compaa de un hombre joven.
   -Podran acompaarle Sissy y Ben? -pregunto Trilby, refirindose a los hermanos de Richard-. Y quiz su prima Julie?
-Claro.
   -Un momento -intervino Jack, riendo-. Como voy a dar de comer a esos viajeros?
   -Podemos matar un novillo, por supuesto -replico Mary-. Y hay abundancia de verduras y hortalizas.
    -Me rindo. Adelante, podis invitarlos.
-Eres un encanto, padre -dijo Trilby.
   Haba olvidado la dura experiencia de la maana gracias a la alegra que le produca el hecho de que le hubiesen concedido lo que mas deseaba. Volvera a ver 
a Richard! Eso casi compensaba la angustia del da.




                                           4


   Despus de enviar una carta a la hermana de Richard, Sissy Bates, para invitar a los cuatro al rancho, Trilby reanudo sus tareas cotidianas. Durante das espero 
con impaciencia la respuesta.
   Thorn Vance haba quedado arrinconado en la trastienda de su mente. Ya no le preocupaba la opinin que tuviese de ella, y su padre haba visitado a Curt y Lou 
Vance el da despus del comportamiento insultante de Thorn hacia su hija.
   Volvi a casa exasperado. El y Lou haban intercambiado duras palabras hasta que llego Curt y pregunto por el motivo de la discusin. Cuando Jack cont al hombre 
lo que Thorn haba dicho, Curt se quedo consternado.
Aunque Curt le haba parecido culpable de adulterio, el hombre haba negado de inmediato cualquier implicacin de Trilby. Se disculpo por las sospechas de su primo 
Thorn y por la vergenza que la muchacha podra haber sufrido. Reprendi severamente a su esposa y prometi hablar con su primo y reparar el inmerecido desdoro del 
nombre de Trilby ante cuantos se hubiesen enterado del chismorreo. Jack se aplaco en cierta medida, pero continuaba furioso por el agravio de que haba sido objeto 
su hija. No comprenda por que un hombre como Thorn Vance haba aceptado tan rpidamente la culpabilidad de Trilby, quien apenas sala de casa y nunca se mostraba 
descarada, ni en su vestimenta ni en su vocabulario. De todo cuanto valoraba, su reputacin y la de su familia constituyan su mayor tesoro. Esperaba que el dao 
pudiese ser reparado. En Baton Rouge nadie que conociese a la familia Lang cuestionara el buen nombre de su hija o de su esposa, pero por lo visto no era as en 
Arizona.
Trilby se mostr muy preocupada por la opinin publica. No era timorata, pero Blackwater Springs era una comunidad pequea, y las puertas se cerraban cuando se difunda 
una murmuracin maliciosa. Odiaba el chismorreo, mas por lo que poda afectar a su madre que a ella misma. No sabia como podran volver a enfrentarse a sus vecinos.
   Sin embargo, tenan que hacerlo. Jack Lang insisti en que la familia asistiera a la iglesia el domingo siguiente y les persuadi de que se situasen en un lugar 
destacado, mientras el miraba en derredor como si estuviese dispuesto a pelear en defensa del buen nombre de su hija. Haba convencido a su familia de que ocultarse 
en casa equivala, mas o menos, a admitir la culpabilidad, y puesto que Trilby no tenia nada que reprocharse no exista ninguna razn que les impidiera presentarse 
ante sus vecinos con la cabeza bien alta.
   Despus de la ceremonia dos de las matronas mas prominentes de la comunidad aceptaron la invitacin de pasar el da con la familia Lang. Una de ellas menciono 
que Curt Vance haba desmentido cierto rumor malicioso que circulaba sobre Trilby. Ambas tenan la certeza de que la esposa de Curt haba intervenido en la propagacin 
de la habladura.
    La noticia tranquiliz a Trilby, sobre todo al reparar en que Thorn Vance no se contaba entre los chismosos. El seor Vance no acuda a la iglesia desde la muerte 
de su esposa, comento la misma seora; lo cual era una pena, aadi, porque su hijita sin duda poda beneficiarse de las enseanzas del Evangelio. Trilby se mostr 
de acuerdo con la observacin.
   Se senta aliviada por el hecho de que Curt, segn pareca, hubiese tratado de poner fin a la maledicencia. Lo nico que deseaba era que cesase. Estaba segura 
de que nunca perdonara las palabras ni la conducta de Thorn Vance.
   Los das transcurran sin que Thorn visitase la casa, y ella comenzaba a serenarse y a conceder al incidente la importancia que mereca. Lo mejor de todo fue 
la llegada de un telegrama procedente de Luisiana. Richard, sus hermanos y su prima partiran la semana siguiente rumbo a Blackwater Springs. Trilby no pudo contener 
un grito de alegra, que se oy en toda la manzana en que se hallaba la oficina de correos.
   -Buenas noticias, supongo -dijo su padre, reprimiendo la risa.
-Si! ;Oh, padre, Richard nos visitara!
   -Es agradable verte rer de nuevo, hija. -Apret la mano de Trilby cariosamente-. Todo el esfuerzo valdr la pena si sirve para hacerte feliz.
-Apenas puedo esperar!
-No me sorprende.
Subieron al coche, y Jack condujo de regreso a la casa. Esa noche celebraron la buena fortuna de Trilby. Mas tarde, cuando se disponan a acostarse, unos fuertes 
disparos resonaron a travs del desierto, acompaados por los bramidos del ganado en estampida. Jack y Teddy se apresuraron a vestirse y salieron al porche delantero. 
El viejo Mosby Torrance alto y erguido, ya se encontraba all; sus azules ojos llorosos resplandecan en un rostro como de cuero curtido.
   -Eran diez. -Hablaba jadeando, porque haba llegado corriendo desde el barracn-. Vzquez y Moreno los vieron entre las reses. Les pareci que eran mejicanos.
   -Los perseguiremos -dijo Jack framente-. Pedir a Mary que nos prepare algo de comida. Despierta a los hombres mientras yo busco municin para los rifles.
-De acuerdo, jefe. Llevare mi Winchester.
   -Oh, no, Torrance -dijo Jack con brusquedad, mirando al viejo ranger de Texas como silo considerase un loco-. No, te debes cuidar de las mujeres, y tu tambin, 
Teddy -dijo a su hijo, que pareca anonadado-. Este no es trabajo para vosotros. Yo Llevare mis armas.
   Torrance no pudo ocultar una expresin de disgusto. Teddy se adelanto.
   -Esta bien, seor Torrance -dijo el nio, apesadumbrado-. Supongo que nos apartan de este asunto.
El viejo trago saliva.
   -Es triste envejecer, muchacho -dijo Torrance secamente-; todos creen que ya no sirves para nada.
-Yo pienso que es usted magnifico, seor!
   Torrance sinti el aguijn de las palabras de Jack cuando bajo la mirada hacia el rostro de admiracin del nio. El tambin tenia un hijo en alguna parte. Su 
esposa haba muerto de neumona un invierno mientras el estaba persiguiendo forajidos; no consigui averiguar adonde haban enviado al muchacho. Cuando llego, nada 
quedaba de su hogar, y su nico hijo haba desaparecido sin dejar rastro. Lo haba buscado en vano. Miro a Teddy y deseo que su hijo fuese tan tenaz y valiente como 
el.
-Sabes disparar? -pregunto a Teddy.
   -Claro que se -respondi Teddy y, sealando a su padre, aadi-: Aunque el cree que no. Por Dios, seor Torrance, nadie se da cuenta de que servimos para luchar, 
verdad?
   -Reconozco que as es. Bien, de todas maneras preparare mi revolver por si se les ocurre acercarse a la casa. puedes ayudarme a vigilar aqu fuera. -Miro hacia 
el saln-. Supongo que a tu padre no le importara.
   -No, si no se lo decimos -susurro Teddy, y el rostro se le ilumino con una sonrisa de conspiracin.
   Torrance le respondi con una risa ahogada. Teddy era realmente un diablillo.
   El viejo regreso al barracn y cogi su Colt 44 niquelado con culata de madreperla. El revolver le haba acompaado en numerosas batallas a lo largo de los anos. 
Continuaba siendo un arma apreciada, a pesar de que en aquellos das casi todos usaban el 45. Como el mismo, su revolver pareca anacrnico en un siglo en que las 
maquinas viajaban tan rpido como un caballo o un guila tanto por tierra como por aire. A veces se senta como un hombre prehistrico, alguien que haba perdido 
el mundo al que perteneca y no acababa de encajar en el nuevo.
   Su situacin haba sido distinta poco despus de la guerra civil, cuando se convirti en ranger de Texas, escribiendo as su propia historia. Junto con hombres 
como Bigfoot Wallace, fue una leyenda entre los pacificadores de Texas. Haba obligado a recular a forajidos y pistoleros; en una ocasin logro que retrocediera 
una multitud enfurecida que se propona linchar a un prisionero. Sin embargo en el rancho ignoraban su pasado, y a nadie le importaba quien haba sido el cincuenta 
anos atrs.
   Supuso que quiz debera estar agradecido por conservar su trabajo. En realidad Jack Lang no haba tenido demasiadas opciones en el momento de contratarlo. Torrance 
haba sido capataz del rancho hasta que Lang lo heredo.
Enfundo el revolver en la cartuchera y cogi su Rmington, comprobando el mecanismo antes de abandonar el barracn a grandes zancadas. Era un hombre alto y gil 
y, excepto por su blanca cabellera, su aspecto, erguido y altivo mientras caminaba con paso firme por el suelo de madera del porche, era casi el mismo que haba 
ofrecido a los treinta anos. Que vergenza, pens con cierta irona, que un hombre tuviese que envejecer y morir. Hubo un tiempo en que estaba convencido de que 
seria eternamente joven.
    Jack Lang sali abrochndose con dedos torpes el cinturn con la pistolera. Ataviado con un exagerado estilo del Oeste (zahones de piel de cordero, muequeras 
de cuero, botas nuevas con espuelas de pesadas rodajas y un par de revlveres de seis balas con culata de madreperla), pareca un personaje de una novela barata. 
Los del Este siempre se vestan as para perseguir cuatreros. Lang nunca encontraba ninguno porque no confiaba en el muchacho apache que les preceda en tareas de 
reconocimiento y no crea que nadie pudiese seguir el rastro de un hombre a travs de un arroyo.
    Torrance sacudi la cabeza en un gesto desaprobador. Alguien deba explicar a ese oriundo del Este que los zahones de cordero eran adecuados para los inviernos 
del Norte y que los usaban los vaqueros de Montana y Wyoming, pero no los de Arizona. Y aquellas pesadas espuelas eran mejicanas; a ningun hombre civilizado que 
se preciase se le ocurrira utilizarlas con su caballo. Los revlveres eran bonitos, pero nunca haban disparado. Y las muequeras tal vez le serviran a alguien 
diestro en el manejo del lazo, habilidad que Jack Lang no posea.
   Torrance guardo sus pensamientos para si se limito a hacer un gesto con la cabeza cuando el ,'efe le ordeno que se ocupase de cuidar a las mujeres. El poda rastrear 
tan bien como ese mejicano, Vzquez, a quien Lang haba encomendado las tareas de reconocimiento, y disparar mejor que cualquiera de los otros vaqueros de Lang. 
Adems conoca bien a los mejicanos porque habia seguido la pista a muchos de ellos en sus das de ranger, de la edad de Torranelno era apto para el trabajo de vaquero.
   Suspiro con aoranza al ver a la cuadrilla partir. Teddy se acerco a el.
   -Bueno, seor Torrance -dijo el muchacho-. Estoy seguro de que usted podra realizar un trabajo mejor que cualquiera de los hombres de pap, aunque el no lo sepa.
Torrance bajo la mirada hacia el nio, complacido.
-Eres maravilloso, Teddy.
-Tambin lo es usted, seor Torrance.
   Dentro de la casa, Trilby observo como se alejaban los hombres montados a caballo. Uno de los peones haba propuesto que se dirigieran a Los Santos para buscar 
a Thorn Vance. Su padre haba discutido con el hombre, y la joven sabia por que no quera implicar a Thorn. Luego haba odo descolgar el auricular del telfono 
y a su padre refunfuar porque el operador tardaba en despertarse y conseguirle la comunicacin. Ordeno al operador que llamase a Los Santos y presumiblemente acepto 
a regaadientes detenerse en el rancho para despus emprender la persecucin de los bandidos. Trilby esperaba que Thorn no arrastrase a su vulnerable padre a un 
tiroteo, pues pese a su pose este no sabia casi nada acerca de los hombres violentos...
    Cuando la cuadrilla armada llego a Los Santos, ya los esperaba. Haba enfundado el rifle y llevaba un Colt 45 de culata negra que haba pertenecido a su do abuelo.
     Tuvo que amedrentar a Jack Lang explicndole los posibles peligros que les aguardaban para que le permitiese unirse a la partida. El colono venido del Este 
se haba obstinado en it solo con sus escasos hombres, y por la mente de Thorn cruzo la sbita imagen del hombre que yaca sin vida sobre el suelo polvoriento de 
Arizona.
    A Thorn le remorda la conciencia tras las acusaciones que haba dirigido contra Trilby. Era consciente de que haba perjudicado la reputacin de la muchacha 
y no se atreva a volver a casa de los Lang. Sabia que Jack y el resto de la familia le despreciaban por haber ofendido a Trilby, aunque, milagrosamente, al parecer 
ella no haba contado a nadie todo lo sucedido durante el paseo por el desierto; admiti que ese silencio era mas de lo que el mereca. De pronto se le presentaba 
la oportunidad de ayudar al padre de la muchacha, lo que tal vez sirviese para compensar en parte su incalificable conducta.
    Samantha se haba dormido. Le preocupaba la nia, que ltimamente se mostraba muy reservada y silenciosa. Adems estaba muy delgada y plida; no ofreca el aspecto 
de una nia sana. Deseaba ser capaz de vencer el bloqueo afectivo de la pequea para poder comunicarse con ella, pues desde la muerte de Sally, Samantha se haba 
encerrado en si misma. El ya no sabia que hacer para llegar a su hijita.
    Con expresin preocupada, observo a Jack Lang, quien a su vez examino al hombre del Oeste y de pronto se sinti fuera de sitio y aparatosamente vestido. Thorn 
le pareci siniestro, e incluso en esas circunstancias aprecio el aspecto peligroso del hombre, ataviado con tjanos, camisa azul de cuadros y un pauelo rojo anudado 
al cuello. Llevaba muequeras como Jack, pero las de Vance aparecan desgastadas y oscurecidas por el uso. Sus botas tenan espuelas con rodajas pequeas y usaba 
grandes zahones de cuero. Le sentaba bien el sombrero, que no era nuevo como el de Jack, sino que evidenciaba el desgaste de las horas a la intemperie y estaba combado. 
En la perilla de la montura se enroscaba un lazo, como la mayora de sus hombres, y levaba una manta enrollada y atada con correas de cuero. Echado al hombro lucia 
un colorido poncho mejicano y fumaba un cigarrillo con indolencia. Pareca no inquietarle lo que  les aguardaba.
   Jack tuvo que tragarse las airadas palabras que pugnaban por salir de su boca. En realidad, no haba hablado con Thorn despus de su conversacin con Curt Vance. 
Le resultaba difcil tratar con un hombre que haba tratado de arruinar la reputacin de su hija.
   -Listo para marchar? -pregunto Thorn cuando Jack se acerco a el-. Puedo aadir diez hombres a la partida.
   -Estoy seguro de que contamos con suficientes hombres -replico Jack, serio-. Yo traigo seis.
  Seis hombres, aparte de Jack y Vance, para perseguir a una pandilla de bandidos. Thorn estuvo a punto de rerse de la inocencia de su vecino. Probablemente, los 
revolucionarios mejicanos pasaban de cincuenta. La lucha al otro lado de la frontera era mas encarnizada a medida que aumentaba la resistencia al gobierno de Daz. 
Varias bandas poco numerosas de insurrectos procedentes de la provincia de Sonora, en el norte de Mxico, se dedicaban a atacar por sorpresa a los rebaos de la 
zona con la intencin de trasladar el ganado al otro lado de la frontera para venderlo o alimentar a sus compaeros hambrientos. Por supuesto, no pagaban el ganado 
que se llevaban. La situacin en Mxico desembocara en una guerra, pens Thorn, y a el le preocupaba cada da mas la sombra posibilidad de la participacin estadounidense 
si los asaltos se extendan al otro lado de la frontera. La intervencin significara la guerra con Mxico, algo que nadie deseaba.
   -Me sentira mas tranquilo si nos acompaaran mis hombres -dijo Thorn, sin pestaear, con la vista clavada en los ojos de Jack. La mirada tenia la fuerza de una 
imprecacin.
-Como quiera, por supuesto -respondi Jack, con la misma severidad.
    Ninguno de los dos haba mencionado a Trilby, pero su nombre flotaba entre ellos y a ambos les resultaba difcil actuar con naturalidad.
    Cuando Thorn se entero de la visita de Jack a su primo y de lo que en ella trataron, discuti con Curt por primera vez en su larga relacin. Al final Curt le 
haba convencido de que su amante misteriosa no era Trilby, y tal revelacin dejo a Thorn confuso y avergonzado. Haba ofendido cruelmente a Trilby porque haba 
creido las acusaciones de Sally. Pero por que haba mentido Sally? Esa era la nica pieza del rompecabezas que no lograba encajar.
   No obstante, no era el momento de pensar en eso ahora. Thorn se llevo dos dedos a la boca y emiti un silbido agudo, penetrante. De inmediato, diez hombres montaron 
sus caballos y se unieron a la pequea partida.
    Jack observo que aquellos hombres se parecan muchsimo a su jefe. La mayora vesta ropas gastadas, e iban armados hasta los dientes. Un par de ellos daban 
la impresin de ser unos perfectos bribones. Haba dos apaches en el grupo, uno de baja estatura y entrado en anos, y otro alto, con buen fsico y unos ojos negros 
extraamente perspicaces; su aspecto le resultaba desagradable.
    -Piensa llevar a los indios? -pregunto Jack, conteniendo el aliento.
Thorn cont mentalmente hasta diez.
    -Naki y Tiza son mis rastreadores -contesto-, los mejores de mi cuadrilla. Ni siquiera yo puedo encontrar las huellas que son capaces de descubrir ellos.
   -Mire, yo no confi en los indios -dijo Jack, irritado-. Las historias que he odo sobre ellos...
   -Supongo que no ha odo que en los viejos tiempos algunos blancos utilizaban a los apaches como esclavos -replico tranquilamente Thorn-. 0 que nuestros soldados 
solan asaltar los poblados indios y mataban a las mujeres y nios.
Lang se aclaro la garganta.
-Bien...
   -Yo respondo de mis hombres, de todos ellos -interrumpi Thorn con tono sereno-. Vamos.
-Si, por supuesto.
   Jack alzo el brazo e hizo una seal a sus hombres para que les siguiesen. Trato de marchar a la par de Vance, pero este espoleo su montura y sali disparado como 
el viento. Jack Lang sabia que el no seria capaz de mantenerse sobre el caballo si cabalgaba a la misma velocidad que Vance. Quedo rezagado, con su cuadrilla, mientras 
Vance y sus hombres se distanciaban de ellos. Jack no necesitaba preguntar quien diriga la partida; resultaba evidente que lo hacia Vance.
   Una dbil luz brillaba por encima de las montanas; estaba anocheciendo. Los apaches desmontaban de tanto en tanto para examinar las rocas y el terreno pedregoso. 
Lang estaba seguro de que ningn hombre poda rastrear por ]as rocas, pero los apaches saban hacerlo. Guiaron a los hombres a travs del ancho ri que separaba 
las tierras de Jack de las de Vance y luego se dirigieron hacia el oeste de Douglas.
   -Vance, nos hallamos cerca de la frontera, demasiado cerca -dijo Jack, expresando su preocupacin-. No podemos entrar en Mxico sin autorizacin.
   Thorn se inclino, apoyando las muecas sobre su montura, y miro a Jack Lang.
   -Escuche, no hay duda de que los cuatreros han cruzado la frontera. Necesitamos saber por donde, no silo han hecho. Ya habrn llegado a Agua Prieta, y si no nos 
apresuramos no los encontraremos. Si esperamos a que nos concedan una autorizacin, usted perder la mitad de su manada. Adems, no podemos arriesgarnos a que Cl 
ejercito nos persiga.
-Pero, hombre, si nos atrapasen...
   -No nos atraparan. -Hizo una ser a sus hombres y continuo avanzando.
   Tras un momento de vacilacin, Jack reanudo la marcha.
   Siguieron la pista de los mejicanos hasta una Canad mas abajo del valle de San Bernardino, procurando mantenerse a bastante distancia de las tropas del ejercito 
de Estados Unidos que estaban acampadas a lo largo de la frontera. Los bandidos se sentan tan seguros que se haban detenido para desayunar un novillo de Jack Lang.
    Solo haba seis hombres, por lo que Thorn dedujo que no eran mas que desertores, que no formaban parte de las fuerzas de Madero. Estaba convencido de que esos 
individuos obraban por su cuenta, aunque no parecan lo bastante listos como para actuar sin un jefe. Thorn deba averiguar para quien trabajaban.
    Hizo una seal a sus hombres, olvidando que se trataba de la partida de Jack Lang, y cabalgo hacia el campamento de los bandidos al tiempo que desenrollaba el 
lazo. Lo lanzo sobre el hombre que supuso era el jefe y lo atrapo. Los dems cuatreros desenfundaron sus armas, pero al encontrarse superados en numero y revlveres, 
levantaron las manos, vociferando en un espaol incomprensible.
    Un rpido monologo en espaol broto de la boca de Thorn, que haba bajado gilmente de la montura para inmovilizar al jefe. Cuando comenz a interrogar al hombre, 
uno de los apaches, el alto, se acerco a el y, con una fra mirada dirigida a Jack Lang, empez a hablar en su propia lengua.
-No estamos solos aqu.
-Habla en ingles -ordeno Thorn, irritado.
   -No delante de el -replico Naki, sealando a Jack Lang-. O lo que dijo. Si vuelve a insultarme, le quitare los pantalones y lo atare a un cactus. Dselo -agrego, 
mirando amenazador a Jack Lang, quien se sintio intimidado.
-Me explicaras que has averiguado?
   -Lo har cuando dejas a ese vaquero de pacotilla que le espera un poste y algo de lea si sigue comportndose as.
Thorn lo miro.
   -Eran los iroqueses del nordeste, no los apaches, quienes quemaban a la gente en la hoguera!
Naki miro con rabia a Jack.
-Estas seguro?
-Maldita sea! -exclamo Thorn.
  -0h, muy bien! Unos cien federales vienen hacia aqu.
  -Por que no lo dijiste antes? Federales -repiti Thorn-. Tenemos que marcharnos de aqu enseguida  Dispersen el ganado! -ordeno a sus hombres.
    Estos dispararon al aire, y las reses salieron en estampida. Thorn se apresuro a cargar a su presa atada con el lazo sobre su propia montura antes de subir al 
caballo y dirigirse a toda velocidad hacia la frontera.
   -;No tenga piedad de los caballos! -grito Thorn Jack Lang-. No podemos dejar que nos cojan a este lado de la frontera.
   -Como dije antes, andamos pavonendonos por aqu-murmuro Jack para si, pero lo bastante bajo como para que no pudiese orle Thorn.
   Lograron cruzar la frontera con el ganado poco minutos antes de que llegasen los soldados mejicano Todos los cuatreros excepto el que se hallaba sobre l. montura 
de Vance consiguieron escapar en la desbandada, mientras los vaqueros trataban de recuperar el ganado. Se perdieron unas cuantas reses, pero no tantas como para 
que se notase su falta en los bienes de Jack Lang.
Con Thorn al frente, cabalgaron como alma que lleva el diablo hacia el rancho de Blackwater Springs. Trilby los oy acercarse y corri hacia la ventana en el momento 
en que Jack Lang y Thorn se detenan delante de la casa. La muchacha se sinti tan aliviada al ver a su padre que se precipit hacia el porche.
    Thorn la vio mientras arrojaba al suelo al mejicano inmovilizado y aflojaba la cuerda. Luego, con una expresin despiadada, se volvi hacia ella.
    -Entre en la casa y qudese all -ordeno con voz glacial.
    El bandido miro a la muchacha, ri y dijo algo en espaol a Thorn, sin duda una procacidad referida a Trilby, porque Vance se abalanzo sobre el hombre. El mejicano 
saco un cuchillo que Thorn, cegado por la ira, no alcanzo a ver. En cambio Naki silo vio. Mientras el hombre levantaba el arma blanca para atacar, Naki bajo la mano 
con la velocidad del rayo hasta su cinturn, desenfundo un gran cuchillo de caza y, despus de palparlo, lo lanzo con rapidez y precisin aterradoras, de tal modo 
que golpeo el cuchillo del mejicano, que cayo al suelo.
   -Caracoles! -exclamo Jack Lang, que se encontraba junto al apache.
   Naki descabalgo con elegancia para recuperar su cuchillo. Mientras tanto, Thorn y el mejicano se enzarzaron en una violenta pelea, ajenos a los espectadores.
   -Salvajes ignorantes -comento Naki mientras volva a montar su caballo.
Jack Lang lo miraba con incredulidad.
   -Estupendo! -ironizo Naki, agitando un brazo hacia Thorn-. Por Dios, hombre, acaso no le preocupa que esos dos puedan romperse la cabeza? Creia que los blancos 
eran civilizados! -Trataba de parecer disgustado y superior.
   -Habla ingles! -exclamo Jack, con voz entrecortada.
   -Si, pero me deja un gusto desagradable en la boca; tantas metforas, negaciones dobles, cacofonas...
   Hizo girar a su caballo y se alejo, mascullando para si. Apenas poda contener la risa tras haber visto la expresin de perplejidad de Jack Lang.
   Entretanto, Thorn y el mejicano estaban baados en sudor y cubiertos de polvo y sangre. Thorn era alto, pero el mejicano era mas corpulento, y su orgullo haba 
sido herido por el indigno tratamiento que haba recibido.
   Thorn acabo por someterle y, alzndole del suelo como si fuese un guiapo, comenz a interrogarle en un burdo espaol. El cuatrero se neg a responder al principio, 
pero finalmente hablo. Thorn lo solt dndole un empujn.
   -Dele un caballo -ordeno a Jack Lang-. Yo se lo reembolsare.
   -Vamos a dejarle ir? -pregunto, atnito-. debera ser arrestado y juzgado por el delito que ha cometido!
   -Le digo que deje que se marche -insisti Thorn con un tono que rechazaba cualquier protesta.
   Jack indico con una ser a uno de sus hombres que buscara una montura. Trilby, que haba entrado en la casa cuando los dos hombres empezaron a luchar, se acerco 
a la ventana al advertir que el alboroto de la trifulca disminuya. Lo que vio le produjo nauseas, y sali corriendo hacia el porche trasero.
   Cuando se hallaba sentada a la mesa de la cocina, bebiendo t caliente y azucarado para calmar sus nervios, Thorn entro con su padre, con la cabeza descubierta 
y el rostro magullado y sangrando, al igual que sus nudillos.
   -Puedes atender a Vance, Trilby? -pregunto su padre-. Tu madre esta en el dormitorio y no querr salir.
Trilby comprenda la actitud de su madre.
-Por supuesto -dijo, ponindose de inmediato en pie.
   A duras penas pudo reprimir las arcadas. El olor de la sangre le resultaba insoportable. Cogi una jofaina y se dirigi al fregadero para sumergir un pao en 
el agua. Se sent de nuevo ante la mesa frente a un Thorn fatigado v lentamente empez a limpiar sus heridas, sin mirarlo a los ojos. En realidad, el hombre no alzaba 
la vista y actuaba con una extraa sumisin; tal vez, pens ella con amargura, a causa del dolor. Tuvo que vencer el impulso de abandonar la estancia y dejarle all 
tal como estaba, pero su buen corazon fue mas fuerte que la indignacin que senta.
   -No entiendo por que se ha empeado en liberar al mejicano -dijo Jack, irritado.
   -Si le retuviramos sus hombres vendran a buscarlo -explico Thorn, dando un respingo cuando Trilby le limpio la herida de la mejilla-. Algunos mejicanos se comportan 
como los apaches cuando quieren venganza.
Jack comenzaba a entender la situacin.
-Comprendo.
   -Lo dudo, pero tendr que creerme. Acostumbran cruzar la frontera en busca de ganado para venderlo a un gran terrateniente del sur de Sonora. Le advert que si 
volva a verlos a este lado de la frontera, hablara con su benefactor. Supongo que tardaran en aparecer. Sin embargo hay otros cuatreros, de modo que no hemos solucionado 
el problema.
   -Me lo tema. -Jack hizo un gesto de preocupacion al ver el rostro de Thorn. A pesar del dao que ha causado a su familia, aquel hombre le haba ayudad; Tiene 
un aspecto espantoso.
   -Una pelea no es un divertimento, verdad, Trilby?-pregunto Vance a la muchacha, y un fulgor sus ojos oscuros al mirarla.
Ella aparto la vista.
   -No. Que dijo ese hombre para que usted le cara?
   -Nunca se lo dir -respondi el, solemne-. Me provoco para as sorprenderme y clavarme el cuchillo en el vientre.
   -Su amigo indio -dijo Jack, con cierta turbacin- no es lo que yo pensaba.
   -No es lo que todos piensan -replico Thorn-. Agradezco a Dios su destreza con el cuchillo. Ese mejicano me hubiese sacado las tripas.
   -Por fortuna no ha sido as -intervino Trilby. Luego lo miro a los ojos y le pregunto con serena altivez-: Debo suponer que estaba usted defendindome?
   Reprimiendo su irritacin, Vance contesto con voz profunda y suave:
   -Si. Ningn bandido asesino debera hablar as do una mujer decente.
   La joven sumergi dc nuevo el pao manchado de sangre, observando el color rosceo que adquira el agua antes de volver a aplicarlo al rostro de Thorn.
   -Sin embargo segn usted yo no soy una mujer decente -repuso la muchacha con amargura.
   El le cogi la mueca con fuerza. En sus ojos se veia una sincera disculpa.
-Curt me cont la verdad. Lo lamento muchsimo.
   -No arruine su imagen seor Vance -dijo ella, retirando la mano de la garra del hombre para continuar con sus cuidados-. Me cuesta creer que la disculpa me parte 
de su repertorio.
Jack Lang rondaba cerca de ellos, y Thorn deseo
se hallase en Montezuma. Necesitaba estar a solas con Trilby para intentar acortar la distancia que se haba abierto entre ambos. La muchacha le trataba con desprecio, 
y lo cierto era que el le haba dado motivos para ello. Hasta un ciego se habra dado cuenta de que su timidez no era fingida.
-Su hombre, el apache-Insisti         Jack-,habla ingls.
     -De veras? -pregunto Thorn, mostrando una irnica sorpresa.
Jack se aclaro la garganta y sali de la cocina.
    Su ausencia brindo a Thorn la oportunidad que haba esperado para tratar de reconciliarse con Trilby. -Mreme -dijo Thorn con serenidad-; Trilby, mreme.
La muchacha obedeci con cierta renuencia.
-Lo lamento -repiti el-. La asuste aquel da?
Trilby se ruborizo y se aparto.
    Thorn se puso en pie y se situ detrs de ella, cogiendola suavemente por los hombros.
   -Esta enfadada. Nunca la haban besado antes, verdad? -dijo el, apesadumbrado.
   -No -respondi la muchacha con los dientes apretados-. Y respecto a su comportamiento...
Vance dejo escapar un suspiro.
   -Si, me tome unas libertades que un hombre solo debe permitirse con su esposa. Por otra parte usted se entero de cosas sobre mi que nunca habra sabido si nuestra 
relacin se hubiese desarrollado con normalidad.
   Trilby se alegro de que el no pudiese ver el rubor cada vez mas intenso de su rostro.
   -Ser mejor que termine de curarle, seor Vance -dijo ella, con voz ahogada.
   Thorn la hizo volverse hacia el, inclinndose para mirarla a los ojos.
   -No me odie -dijo, con sorprendente dulzura-. Me equivoque y estoy dispuesto a rectificar.
   El semblante del hombre se endureci. Despus de todo, la haba asustado y escandalizado. De pronto ella le hacia sentirse torpe. Retiro sus manos de los hombros 
de la muchacha y volvi a sentarse.
Su actitud hizo que Trilby se sintiera culpable.
   -Tiene mi perdn si considera que lo necesita, seor Vance. A pesar de lo ocurrido en el pasado, le agradezco que me haya defendido. Lamento que le hayan herido 
por mi.
   Estas heridas sin importancia? -dijo el con tristeza-. Duelen, pero no mucho. Las producidas por balas son mucho peores porque estas desgarran la carne cuando 
penetran; lo se porque las he sufrido.
La mano de Trilby se detuvo en el aire.
-Heridas... de bala?
   La muchacha se tambaleo, y se le doblaron las rodillas. Thorn la sujeto contra su cuerpo antes de que cayese.
-Trilby, por amor de Dios...
   Ella aspiro lentamente, y las nauseas y la debilidad comenzaron a desaparecer.
   -Lo siento -susurro-. Es que... despus de tanta violencia...
   Se senta frgil, muy frgil. Thorn se inclino de repente y, tomndola en sus brazos, la alzo del suelo y la llevo hacia el saln, donde Jack Lang acababa de 
entrar.
-Trilby,que sucede? -pregunto.
   -Se desmayo. Yo no debera haber mencionado las heridas de bala -explico Thorn, apenado-. Necesita descansar.
-Si. Por supuesto. Por aqu.
   Jack le condujo hasta el dormitorio de Trilby y al llegar a la puerta se aparto a un lado para permitir que Thorn depositase a su hija sobre la blanca colcha 
bordada, lo que este hizo con gran delicadeza.
   -Jack? -llamo de repente Mary Lang, con voz casi histrica-. Jack, donde esta Teddy?
   -Creo que esta fuera, con Torrance -contesto Thorn, volviendo la cabeza.
   -Oh, maldito sea -mascullo Jack-. Trilby, querida, estas bien?
   -Si, padre -murmuro ella-, aunque un poco mareada. Y contenta de que tu ests sano y salvo.
Jack asinti.
-Volver enseguida.
   Al quedar a solas con Thorn, Trilby procuro rehuir su mirada. El hombre ofreca un aspecto deplorable, y la muchacha se pregunto si la herida de la mejilla sanara 
sin dejar cicatriz.
   -Siento todo esto -dijo el, con semblante grave-. Supongo que tampoco haba presenciado nunca una pelea a puetazos.
   -Or el ruido de los golpes resulto bastante desagradable. -Desvi de nuevo la vista del rostro del hombre-. Debera aplicarse compresas en las heridas esta noche.
   -Lo har. Naki conoce hierbas para curar las heridas. Le pedir que me atienda.
   -Esta seguro de que no le envenenara? -bromeo ella con timidez.
   -Es mi amigo -repuso el-. Los amigos no se envenenan unos a otros. Ahora, si esta segura de que se encuentra bien, me marchare.
   -Gracias por cuidar de mi padre -dijo ella con tono solemne.
   -Necesita que cuiden de el -replico Thorn secamente-. Dios mo, perder todas sus posesiones si no se endurece.
   -Es todo tan brutal aqu... -dijo ella de repente, con grandes y expresivos ojos.
   -Claro que lo es. No es un lugar para cobardes.
   Trilby palideci. Sus manos descansaban sobre su cintura mientras yaca en la cama. Se senta vulnerable ante la presencia de un hombre en su dormitorio. Thorn 
pareca llenar la habitacin, dominarla. La observaba como si ella estuviese desahuciada; tal vez lo estaba.
   La oscura mirada de Vance se deslizo por el cuerpo de la muchacha hasta sus finos tobillos y volvi a clavarse en su rostro. Era esbelta y bien formada, y el 
sinti cierta ansiedad al recordar la sensacin de su boca bajo la suya.
    Ella lo miraba como si 61 le inspirase temor, y probablemente as era, pens el hombre con amargura. Se haba mostrado hostil con ella desde el principio; la 
haba ofendido, la haba tratado con brutalidad y despus haba mancillado su reputacin. Como poda esperar que confiase en el?
   Y era una pena, porque la muchacha comenzaba a atraerle de un modo totalmente nuevo, pens Thorn. A pesar de que se haba asustado al presenciar la pelea entre 
el y el mejicano, se trataba de una joven valiente. Plida y temblorosa, haba reunido el valor suficiente para curar sus heridas. Senta admiracin por ella. La 
haba admirado cuando se enfrentaba a el verbalmente, y lo haba hecho desde la primera vez que se vieron. En cambio no recordaba una ocasin en que hubiese admirado 
a su difunta esposa, salvo al inicio de su relacin.
   -No permitir que le suceda nada malo a su padre, Trilby-dijo-; a ninguno de ustedes.
La muchacha reprimi las nauseas y cerro los ojos.
   -Este terrible pas... -susurro-. Deseara no haber venido nunca.
   A Thorn le desagrado el modo en que la muchacha dijo eso.
   -Escuche, no es tan malo como usted cree. Trilby, me gustara mostrarle el desierto...
   Los ojos de Trilby se abrieron, y en ellos se apreciaba un destello de resentimiento.
   -Del mismo modo en que me lo mostr la ltima vez? -pregunto con tono acusador.
   Thorn farfullo y se puso en pie. Se quito el sombrero y se enjugo el sudor de la frente con la manga de la camisa.
   -Va a reprochrmelo siempre? -pregunto-. Actu de acuerdo con lo que cre era verdad.
     -Su opinin sobre mi me ha causado mas dolor que a Usted sus heridas, seor Vance -dijo ella con aspereza.
Sus grandes ojos grises muy abiertos resaltaban en su rostro, blanco como el papel-. No soporto a un hombre que llega a una conclusin y se niega a rectificarla, 
aun cuando todas las evidencias la contradicen.
-Sally me minti -se justifico el.
-Si.
   -Yo no la conoca a usted -dijo Thorn-. Ignoraba la clase de persona que era usted realmente.
   -Podra haberme concedido al menos el beneficio de la duda -repuso ella con frialdad-. Por fortuna mi padre consigui reparar el dao que usted hizo a mi reputacin, 
porque dentro de muy poco tiempo nos visitara mi pretendiente. Habra sido espantoso que se formase una mala opinin de mi a partir del chismorreo local.
Thorn se quedo petrificado.
-Un pretendiente? -pregunto.
Trilby sonri presuntuosa.
   -Al parecer usted considera que mi falta de belleza me impide despertar el inters de los caballeros. Quizs no sepa que no todos los hombres juzgan a una mujer 
por su rostro o su figura. Richard me aprecia por mi inteligencia.
-Richard que? -inquiri el.
   -Richard Bates. Crecimos juntos en Baton Rouge. Su familia y la ma aprobaran nuestro enlace -aadi ella con intencin-. Y a mi me gustara. He amado a Richard 
la mitad de mi vida!
   Thorn estaba tenso como la cuerda de un arco. El desprecio que ella experimentaba por el era tan evidente como el que en un tiempo el haba albergado por ella. 
Se senta insignificante, mezquino y, como la culpa le carcoma, se mostr sarcstico.
   -Ser un muchacho de ciudad, supongo; un dandi sin cerebro ni agallas.
   -Richard es un caballero, seor Vance -replico ella, con altivez-; calificativo que nunca le aplicara a usted una mujer, sobre todo si alguna vez tuvo la mala 
suerte de estar a solas con usted.
  Thorn enrojeci mientras estrujaba con la mano el ala de su sombrero. Despus su rostro palideci.
-No se anda con miramientos, no es cierto?
  -Deseara poder hacerlo, seor Vance -dijo ella-. Me habra gustado haber sido un hombre solo durante cinco minutos. 1Le hubiese hecho mucho mas dao que
el mejicano!
El se irgui.
-Ya me he disculpado -dijo secamente.
   -Y considera que eso borra los meses de trato descortes, desdn y ofensas.
   Visto de ese modo, el pens que, en efecto, no lo borraba. Mientras observaba detenidamente el rostro de la muchacha se dio cuenta de que en realidad se mereca 
el odio que Trilby senta por el. De un solo golpe se quedara sin la muchacha y sin los derechos de agua dc su padre. Y ese lechuguino del Este a quien ella amaba 
aparecera para alejarla de su vida. Comenz a detestar el lugar en que viva.
   Sin pronunciar palabra, Thorn se volvi bruscamente, se calo el sombrero y sali de la habitacin.
   Trilby cerro los ojos. <<Djalo ir", se dijo, furiosa Por supuesto, no le quera; nunca le haba querido. Penso en Richard, y al instante la tensin desapareci 
de su rostro. Richard la visitara por fin! Por una vez, su, sueos parecan hacerse realidad. Cuando Richard llegase, el perverso seor Vance no seria mas que un 
mal re cuerdo; tan malo como los acontecimientos del da.
Trilby se neg a pensar en el peligro que haba corrido su padre. No quera que nada estropease los tiempo: de alegra que se avecinaban.

                                          5


  Cuando Trilby sali de su habitacin, minutos mas tarde, Mary Lang todava se senta mal por lo que haba visto a travs de la ventana. El desagradable episodio, 
le haba hecho tomar conciencia de los peores aspectos de su nuevo hogar.
  -No tenia idea de que los hombres luchasen de esa manera -explico mas tarde a su hija mientras estaban tranquilamente sentadas despus de preparar la comida para 
Jack-. Nunca haba presenciado una trifulca.
  -Tampoco yo. El mejicano dijo algo sobre mi. El seor Vance se neg a decirme cuales fueron sus palabras; en cualquier caso, esa fue la razn del enfrentamiento.
  -Gracias por curarle las heridas, Trilby -dijo Mary-, Yo no hubiese podido!
  Por vez primera Trilby se sinti mayor que su madre; no seria la ultima vez que se sentira as.
  Le sorprenda que Thorn hubiese peleado por defenderla. El haba jurado que haba cambiado de opinin sobre ella, lo que no borraba en absoluto las injurias que 
le haba dirigido.
Thorn les visito una tarde despus de que Jack Lang regresara tras inspeccionar a sus jinetes. El sol iba ocultndose, y Trilby, sentada en los escalones del porche, 
contemplaba el paisaje mientras su familia conversaba en torno a la mesa de la cocina. Entonces Thorn se detuvo frente a la casa.
    El corazon de la muchacha se acelero cuando el se apeo de la montura con movimientos giles y ato el caballo al poste. Ella atribuyo al miedo aquella reaccin; 
o a la ira, tal vez. Observo que el hombre vesta ropas de trabajo.
   Su innato sentido de la cortesa no le permita mostrarse grosera con un visitante, a pesar de que detestaba a aquel hombre.
   -Por lo general viene a caballo cuando nos visita, seor Vance -comento ella educadamente, todava sentada en el ultimo escaln-. Cre que le gustaban los automviles.
-No me gustan demasiado.
    Sin quitarse el sombrero de ala ancha, Thorn se sent junto a ella, con un cigarrillo encendido en la mano. Aunque ola a cuero y tabaco, a polvo y sudor, a 
Trilby no le desagradaba su presencia, lo que le provocaba cierta confusin. Si aquel hombre le disgustaba, no debera repugnarle su proximidad?
    -Mi padre esta en la cocina con mi madre y Teddy... -empez a decir ella.
    -No le faltare al respeto, Trilby -afirmo con voz serena-; se lo aseguro. Charlemos.
    -Por que? Sobre... sobre que? -balbuceo la muchacha.
    -He discutido con mi hija sobre la escuela -explico el hombre-. He estado tratando de ayudarla a hacer sus deberes, pero ella se niega a cooperar. Es tan retrada 
que no puedo comunicarme con ella de ninguna manera.
Aquel tema despert el inters de Trilby.
-No va a la escuela?
   -Iba. La escuela cerro cuando la maestra regreso al Este para casarse. Sally le daba clases, y ahora ya no hay quien lo haga, excepto yo. La nica alternativa 
es alquilar una casa en Douglas y enviarla all, a la escuela, como han hecho otros granjeros.
-Aprende con facilidad?
  -Cuando quiere, si. Ha cambiado desde la muerte de su madre. He organizado el trabajo para pasar mas tiempo con ella pensando que tal vez yo pueda animarla a estudiar 
si la ayudo. Supongo que la he descuidado; he tenido demasiadas preocupaciones.
  -Estoy segura de que las tiene. Los mejicanos estn mas cerca de usted que de nosotros. Supongo que la revolucin le inquieta.
   -Inquieta a cuantos viven en la frontera -dijo Thorn de forma categrica-. Cada  faccin sospecha que apoyamos a la otra pese a que hacemos lo posible por mantenernos 
neutrales.
   -He ledo en el peridico que se han levantado protestas en Ciudad de Mxico contra la intervencin estadounidense -comento Trilby-. Y se rumorea que Madero y 
sus seguidores planean atacar con todas sus fuerzas.
-Todos los indicios apuntan a ello.
   El hombre contemplo con ojos apreciativos el hermoso vestido de algodn de cuadros azules, cuyo escote cuadrado era bordeado por una cinta blanca que lucia Trilby. 
La larga cabellera rubia de la muchacha caa en cascada sobre sus hombros. De repente, Thorn se sinti excitado por ese cabello rubio. Hundi suavemente la mano 
en las ondas espesas, echndole la cabeza hacia atrs.
   -Por favor, no haga eso -pidi ella, tensa, apartando la mano de Thorn con furia.
   -Tengo odos de zorro -dijo el con voz tranquila, suave-. Y estamos aqu, ocultos en la oscuridad.
Se inclino para acercarse. Su respiracin ola a tabaco, y Trilby se sinti dbil y deseo volver a sentir su boca sobre la suya. Su propia reaccin la irrito y por 
ello le detuvo ponindole una mano sobre el pecho.
   -No hay ninguna necesidad de que me pegue -dijo el, exasperado-. No voy a hacerle dao.
   -Claro que no -acord ella, con ojos furiosos. Solo va a obligarme a aceptar sus atenciones para luego decir que yo lo incite!
Thorn la solt al instante.
-Dios mo dijo, apenado-. Acaso nunca lo olvidara?
   Trilby se atuso el cabello y se aliso la falda con manos trmulas sin mirar el duro rostro del hombre.
   -No quiero sus atenciones, seor Vance. Cre que estaba bien claro.
-Soy rico... -empez a decir el.
   -Y supone que eso me importa? -pregunto ella con acritud-. No me vendera ni al hombre mas rico de la tierra si no lo amase. Y amara a mi Richard aunque fuese 
un poeta sin un cntimo, pues no es su posicin social lo que yo ansi.
   -La consideraba una mujer adulta -dijo el con frialdad-, pero habla como una colegiala enamoradiza.
   La muchacha alzo la barbilla y sus ojos grises centellearon colricos.
   -No tiene ningn derecho a burlarse de mis sentimientos. Usted no sabe nada de mi.
Thorn estudio su rostro plido y delgado.
   -Eso es bastante cierto -dijo, y su voz grave son profunda en la quietud del atardecer-. He dado por supuestas muchas cosas, pero nunca he tratado de conocerla.
   Ella volvi la vista hacia el horizonte, iluminado con los colores del ocaso; colores de fiesta, pens ella, abstraida. El atardecer tenia un sabor mejicano ese 
da.
   -Usted no tiene buen concepto de mi, verdad, Trilby? -pregunto el con calma, recostndose contra una de las columnas cuadrangulares de madera para liar otro 
cigarrillo-. No soy civilizado ni seguro como ese lechuguino del Este.
-Un hombre civilizado trata a una mujer como a una dama.
-Habla como una joven espaola bien educada -dijo el, divertido-; muy correcta, pero indefensa sin su dama de compaa.
   -Ninguna dama de compaa le permitira acercarse a su protegida -afirmo ella de manera contundente, mientras le diriga una mirada furibunda al recordar el ultraje 
del beso que le diera el hombre cuando la llevo a pasear por el desierto.
   -La he ofendido, no es cierto? -inquiri el, con voz serena. Tenia la mirada clavada en la punta de su cigarriIlo-. Jams me perdonad mi conducta.
   -Le he perdonado, seor Vance. Sin embargo, no puedo brindarle mas que mi amistad -aadi la muchacha.
El la miro con ira.
   -Que puede ofrecerle un hombre del Este que no pueda proporcionarle uno del Oeste? -inquiri, apremiante.
   -Un comportamiento civilizado -respondi ella-, un trato decente, ternura; cosas de las que usted no sabe nada.
Thorn no con amargura.
   -Supongo que debe parecer as. Usted es una chica valerosa, Trilby. Aunque estaba abatida por la violenta escena que haba presenciado, tuvo el coraje suficiente 
para curarme. No lo olvidare.
   -Imagino que muchas de las personas que tratan con usted no podran hacerlo si no tuviesen valor -susurro ella.
-Lo considerare un cumplido -repuso el.
   La puerta mosquitera se cerro con fuerza tras el padre de la muchacha cuando este sali al porche.
-Thorn, es usted? -Jack Lang le dio la bienvenida, tendiendo una mano mientras su vecino se pona en pie con indolencia. Su animadversin hacia Vance haba quedado 
olvidada despus de que el hombre lograra recuperar su ganado. Y por lo visto Vance y Trilby volvan a hablarse, lo cual solo presagiaba cosas buenas para todos-. 
Me alegra verla. Entre a tomar caf con nosotros.
   -Gracias. Me detuve para preguntarle si les apetecera asistir a una fiesta maana por la noche.
-Una fiesta?
   -En Maladora. Se celebra la festividad de un Santo. Habr msica, baile y comida. Creo que les gustara. Maladora esta solo a una hora de aqu y podemos it en 
coche.
   -Seria divertido -dijo Jack-. Estoy seguro de que Mary, Teddy y Trilby disfrutaran.
   Trilby no tenia ningn inters en fiestas ni en la compaa de Thorn Vance. Sin embargo su padre se mostraba tan entusiasmado que se hubiese sentido muy mezquina 
negndose a ir.
-Me gusta la msica -dijo.
    -Tambin a Samantha -replico Thorn-. La llevare conmigo, por supuesto. Es su cumpleaos.
    Vance sonri a Trilby y la muchacha sinti que algo increble le suceda. No sabia como interpretar las extraas y perturbadoras emociones que el despertaba 
en ella. Tuvo que recordar a su amado Richard, que se presentara al cabo de pocos das.
    Thorn Vance era indmito, indomable. No convena coquetear o enamorarse de el. Era la clase de hombre con que no querra casarse, aun cuando su compaa le resultase 
excitante. Y siendo ese el caso, simplemente tenia que mantenerse alerta.
    -Gracias -dijo Jack a Vance con una sonrisa-. Iremos con mucho gusto.
    -Estupendo. Pasare a buscarlos maana alrededor de las cuatro de la tarde. Buenas noches. -Y, sonriendo a Trilby, aadi--: Estoy deseando it a esa fiesta.
    Ella observo como se alejaba montado en su caballo con el entrecejo fruncido. Se preguntaba por que Thorn haba decidido invitar a su familia a la fiesta. Tal 
vez lo hacia a modo de desagravio, se dijo Trilby, y volvi a sumirse en sus ensoaciones con Richard.


El coronel David Morris colg el auricular del telfono en Fuerte Huachuca y una expresin de preocupacin apareci en su rostro distinguido. Haban surgido mas 
problemas en la frontera, y se vera de nuevo obligado a enviar un destacamento hacia all para controlar la situacin. Las escaramuzas aumentaban cada da desde 
el estallido de la insurreccin en Mxico. Podra acompaarle el capitn Bell esta vez, pens con resignacin, para hablar con el ranchero a quien haban robado 
el ganado que el mismo se haba encargado de recuperar. Tales acciones solo contribuan a empeorar la situacin. El ranchero no estaba autorizado a cruzar la frontera; 
probablemente se veran envueltos en una guerra si algunos de sus soldados pisaban la lnea de separacin entre ambos pases. Mxico era un pas muy grande; solo 
Dios sabia quien haba intentado robar las reses. Seria una locura llevar a cabo una redada de ciudadanos de otra nacin soberana e interrogarlos.
La idea le resulto divertida. Sonri y su rostro de pmulos altos pareci menos severo de lo habitual. Se levanto de su escritorio, mesndose su espesa cabellera 
rubia. Su pelo era castao claro antes de que le asignasen la misin de comandar esas tropas, pero el sol de Arizona se lo haba aclarado. Se contemplo en el espejo 
empaado que colgaba de una pared y apret los labios. Para ser un hombre de treinta y seis anos, no ofreca tan mal aspecto, pens con leve irona. Selina sola 
comparar su figura con la de un dios de la mitologa griega, especialmente cuando estaba desnudo.
   Su esposa, Lisa, nunca lo miraba. Se haba vuelto triste y arisca tras la muerte del bebe a comienzos de ano. Nunca haba disfrutado con Morris en la cama, ni 
siquiera en los primeros tiempos de su matrimonio, lo que en realidad les ocurra a ambos. L la encontraba pasable, pero nunca le haba excitado. Sabia que Lisa 
lo haba amado al principio. En cambio el se haba casado con ella debido a que su padre haba sido un general muy influyente. Cuando ella se entero, desaparecieron 
todos los sentimientos que le profesaba. Entonces el comenz a frecuentar los lechos de otras mujeres.
   ltimamente su esposa no le reprochaba sus aventuras amorosas. Se mostraba extraamente reservada y tan retrada que apenas se adverta su presencia en el cuartel. 
Debera hablar con ella, pens mientras llamaba a su asistente. Pero la conversacin habr de esperar, pues como de costumbre los asuntos militares tenan preferencia.
   Mientras se encaminaba hacia su coche, fue saludado por los miembros del Noveno de Caballera. El Noveno y el Dcimo estaban compuestos por los famosos "soldados 
de Bfalo", cuya gloriosa historia le hacia orgulloso de estar all en calidad de comandante.
   Durante todo el trayecto hasta Douglas pens en visitar a Selina. Posea un hotel, o mas una casa de citas, en la conocida Sixth Street de la pequea ciudad. 
Selina tena un cuerpo voluptuoso y el don de lograr que un hombre se sintiese ante ella como un conquistador.
   Lisa era callada, tmida y poco atractiva. En cambio Selina, ah, encenda en el sensaciones que hacia tiempo haban desaparecido de su corazon. Solo recordar 
el exquisito cuerpo de la mujer le excitaba. Morris le hacia regalos costosos, le enviaba flores, la adoraba. Por fortuna Douglas se hallaba bastante alejado del 
fuerte, por lo que era improbable que Lisa se enterase de su existencia. En esos das, Selina constitua la nica diversin del coronel.
  El chofer apret el pedal del acelerador del gran automvil, dejando atrs a las tropas estacionadas en los terrenos para ferias de Douglas, y David saludo a sus 
oficiales al pasar junto a ellos. Esa pequea guarnicin apenas representaba una amenaza para los maderistas, pero al menos contaba con algunos hombres valientes 
y servira en caso de apuro. En tiempos de peligro real, dotaciones procedentes de Fuerte Huachuca y otros puestos eran enviadas a toda prisa hacia cualquier lugar 
donde surgieran dificultades. ltimamente se haban producido algunos incidentes, y a David le preocupaba el futuro, pues estaba convencido de que la situacin en 
la frontera empeorara.
  Considero que el hotel Gadsden era el sitio mas adecuado para enterarse del chismorreo local sobre lo que suceda en la frontera. Se trataba de un hotel majestuoso, 
lugar de reunin de ricos y poderosos, que ofreca confortables habitaciones a sus clientes. A los pocos minutos de entrar, un recepcionista bonachn le facilito 
la informacin que buscaba, tras lo cual no tardo en salir de la ciudad.
  Era uno de los das mas polvorientos de los ltimos meses. Los hombres se cubran la boca y la nariz con un pauelo para impedir que les ahogasen los granos amarillentos 
de la arena en suspensin. En la ciudad de Douglas solan rociar las calles con agua para evitar que se levantase polvo, lo que en realidad solo contribua a agravar 
las cosas. Cada porche ostentaba un plumero que los visitantes utilizaban para quitarse el polvo antes de entrar a la casa, lo que, como el riego de las calles, 
servia de muy poco.
A pesar de todo era un da agradable, lo bastante fresco como para que sus hombres se sintiesen bien mientras cabalgaban en direccin al rancho. La vista de Morris 
paseaba de derecha a izquierda en busca de rastros de los invasores. Inevitablemente, pens, los mejicanos traspasaran la frontera y se iniciaran los problemas. 
Confiaba en que el ejercito fuese capaz de afrontar la situacin.
    El rancho de Blackwater Springs no causaba gran impresin, pens mientras se acercaban a la casa. Las cercas tenan los postes flojos y era obvio que necesitaban 
era urgente reparacin. Las reses dispersas estaban en los huesos y no se vea mucho alimento. Si haba una explotacin en dificultades en Arizona, sin duda era 
esa.
    Los del Este, pens, se mostraban muy seguros de si mismos hasta que se enfrentaban a la tarea de dirigir un rancho en el desierto. No era un lugar fcil para 
colonos recin Llegados, y todos ellos tenan que aprender a resistir las duras condiciones que impona la vida en esos parajes.
    Ordeno al chofer que aproximase el coche a la casa. A continuacin dio la voz de alto a la pequea columna montada y espero a que alguien saliese al porche.
    Jack Lang se sinti complacido y en cierta medida impresionado al encontrarse con un escuadrn de caballera ante su casa. Se presento al coronel y le invito 
a entrar con sus habituales modales refinados.
    -No dispongo de tiempo, pero de todos modos se lo agradezco -rehus Morris con aspereza-. Escuche, quiero que me informe sobre el problema que tuvo.
   Jack, que enrojeci ligeramente ante el tono desabrido del coronel, le cont lo sucedido. No menciono el hecho de que haban cruzado la frontera para capturar 
al cuatrero; se limito a explicar que lo haban interrogado antes de dejarlo marchar.
   -El hombre afirmo que no formaba parte de las fuerzas de Madero?
-Eso dijo.
Morris se quedo pensativo.
   -Siempre hay hombres que actan al margen de los ejrcitos y cometen delitos por su cuenta. En cualquier caso esto requiere vigilancia, seor Lang. N o podemos 
permitir que los patriotas mejicanos defiendan su causa con dinero de Estados Unidos.
   -Estoy de acuerdo. La cuestin es como impedirlo. Cuento con un numero limitado de peones.
   -Eso suele ser lo habitual en las zonas fronterizas. Por supuesto, nosotros aumentaremos nuestras patrullas. Tambin alertare a las tropas de Douglas y las del 
valle de San Bernardino, cerca del rancho Slaughter, suponiendo que no disponga usted de hombres suficientes.
   -Yo tengo bastantes -protesto Jack-. Al menos, mi vecino, Thorn Vance, los tiene.
   -Vance. -Pronuncio el nombre con cierta aprensin-. Si, lo conozco. Bueno, eso esta mejor. Incrementaremos nuestras patrullas y esperemos impedir as que se repitan 
los hechos. Lamento mucho lo que le ha sucedido.
   -Recuperamos la mayor parte del ganado robado -dijo Jack.
-Y el prisionero?
-Le dejamos ir-respondi Jack.
   -Actuaron con prudencia -acord Morris-. Los mejicanos son vengativos. Mataran a quien retuviese a uno de los suyos contra su voluntad.
-Eso dijo Vance.
   -El ha vivido aqu toda su vida. Conviene seguir sus consejos; son acertados. -Se llevo la mano al ala del sombrero-. Buenos das.
-Buenos das, coronel.
   Jack observo como se alejaba a toda velocidad y se pregunto por que lo haba visitado. Los militares apenas podan intervenir para resolver los conflictos, pues 
la regin era muy extensa y haba muchos lugares apropiados para ocultar hombres y ganado. Suspiro y entro en la casa.
David regreso a Douglas y ordeno a sus hombres que se dirigiesen hacia el fuerte mientras el se ocupaba de algunos asuntos privados en la ciudad. No hubo ningn 
comentario, pero algunos de los hombres intercambiaron unas risitas disimuladas mientras abandonaban la ciudad; era un secreto a voces que el coronel tenia una querida.
   Despus de enviar, por mantener las apariencias, a su chofer a hacer unos recados, David se encamino hacia la pequea casa de huspedes en que trabajaba Selina.
   La mujer se hallaba sentada a una de las mesas, correctamente ataviada con un hermoso y discreto vestido de color rosa y con la negra cabellera recogida en un 
mono. Alzo la vista con una sonrisa graciosa cuando vio a Morris quitarse el sombrero y acercarse a ella.
   -David, cuanto me alegra verte! -dijo en espaol, con un suave deje, mientras los ojos se le encendan.
   Se levanto de la silla y estrecho la mano del coronel, bajando la vista con recato por si alguien los observaba, aunque, como siempre, a esa hora del da, la 
casa estaba vaca.
   -Ven, lo enseare el nuevo sof que han instalado en la biblioteca -invito ella.
   El hombre la sigui, mientras los latidos de su corazon se aceleraban. Ella le condujo hasta una pequea sala de lectura y, despus de cerrar la puerta tras ellos, 
echo el cerrojo.
   -Estas cubierto de polvo -se quejo mientras el la abrazaba.
-Que importa el polvo. Bsame.
El hombre encontr la boca de la mujer y la beso con un ansia desenfrenada.
-Han pasado dos semanas -se lamento ella. -Lo se.
   Las manos nerviosas del hombre levantaron la falda del vestido de Selina hasta que encontr sus muslos oscuros y suaves. Los acaricio mientras su boca devoraba
la de la mujer, deleitndose con sus gemidos y la furia de sus pequeas manos, que se afanaban en la pechera de su guerrera.
    El apoyo el cuerpo de Selina contra la puerta y se encogi hasta quedar a su altura mientras desabrochaba los botones que se interponan entre ellos. Alzo la 
cabeza y observo el rostro encendido de la mujer antes de tomarla por las caderas y levantarla para apretarla contra la dura y apremiante embestida de su cuerpo 
excitado.
Ella contuvo el aliento.
-David! No podemos!
   La boca del hombre acallo la protesta de la mujer, y la mantuvo inmovilizada mientras la penetraba. La puerta comenz a producir dbiles ruidos secos a medida 
que el grado de excitacin aumentaba y luego empez a golpear con estrpito cuando las caderas del hombre se movieron en busca de satisfaccin con un insensato descuido.
   Selina sonri con tristeza al sentir las convulsiones de David. Nunca hacia amado tanto a alguien, pero, como la mayora de los hombres, el buscaba su propio 
placer mas que el de su pareja.
   El coronel reclino la frente contra la puerta, jadeando, mientras un temblor estremeca su cuerpo. Luego se relajo, con su cuerpo pesado y palpitante contra el 
de la mujer.
  -Me alegro de que no haya nadie en la casa -susurro el.
-Si. Ahora sultame, David -pidi ella, con calma.
   Entonces el levanto la cabeza y la miro con ojos lnguidamente saciados.
    -Siempre lo muestras indiferente tras hacer el amor comento el con tono reflexivo-. Me lo permites solo Para complacerme, verdad? Me amas, pero no lo interesa 
el sexo.
Ella se encogi de hombros.
-No tiene importancia.
El hombre apret los labios.
   -Tal vez es hora de que me preocupe mas por lo placer, pequea.
   Se separo de ella y procedi a desvestirse. La sala estaba bien iluminada, y Selina nunca haba visto a un hombre desnudo. Se quedo levemente impresionada al 
ver que la ereccin de David persista cuando se situ ante ella. Tenia un bello cuerpo, musculoso y delgado.
-Estamos en la biblioteca... -dijo ella.
   -As es. Nunca hemos hecho el amor en el suelo, verdad?
   Selina se ruborizo. El hombre se acerco a ella y comenz a quitarle las ropas con habilidad y destreza. La mujer no protesto, ni siquiera cuando estuvo desnuda, 
y el coronel se deleito en la contemplacin de sus senos generosos y sus largas y esbeltas piernas.
-Que maravilla.
   El hombre ri con dulzura y se inclino para cubrir un seno con su boca y succionarlo. La cogi en sus brazos y la tendi sobre la enorme alfombra persa que se 
extenda entre las sillas y el sof tapizado de terciopelo para a continuacin arrodillarse entre sus muslos. Durante unos minutos que parecieron horas se limito 
a contemplar, acaricindola suavemente. Luego bajo la cabeza hasta el vientre de la mujer y comenz a lamerlo como nunca antes nadie lo haba hecho.
   Ella jadeo cuando e1 le separo los muslos con las manos y hundi la lengua con avidez en su sexo. Selina forcejeo, pero el calor de la boca de David le resultaba 
tan dulce, tan increblemente placentero, que no pudo resistirse. El la arrastraba a travs de sensaciones exquisitas hasta un lugar en que se alcanzaba una veta 
de absoluta tensin casi doliente.
   Cuando se hallaba sollozante, abrazada a el con fuerza, rogndole, el alzo el cuerpo de la mujer apremiado por la exaltada necesidad del suyo. Ella se convulsiono 
ante el primer embate duro y violento, y los espasmos prosiguieron mientras el penetraba su cuerpo en tensin. Ella rea, lloraba y se aferraba a el mientras el 
hombre la llevaba hasta el paraso antes de llegar al espasmo final y desplomarse sobre ella.
   Mucho mas tarde, Selina se sent en una silla, totalmente vestida, sintindose aun aturdida y sin atreverse a mirarlo.
   -Fue como tomar a una virgen -dijo el con satisfaccin, plantndose ante ella ataviado de nuevo con su uniforme-. Como la primera vez que estuvimos juntos, aunque 
entonces estabas nerviosa y asustada.
   Ella se miraba fijamente los dedos de las manos.
-Haces eso... con lo esposa?
   -Nunca lo he hecho con nadie -respondi el, con aspereza-. Y jams lo har. Solo contigo. Te amo. No te has dado cuenta?
   Ella alzo el rostro, plido y tenso. Su mirada se clavo en los ojos del hombre.
-Me amas?
-Te amo -repiti el.
-Pero... yo no soy una dama -dijo ella.
-Lo eres para mi -declaro el con firmeza.
   -Como puedes sentir afecto por mi? Por una mujer de origen humilde como yo? -Selina rompi a llorar.
   El hombre enmarco el rostro de la mujer con sus manos, sonriendo con una leve expresin de triunfo ante la inesperada vulnerabilidad de su amante.
-Eres toda una mujer, Selina.
   La beso, y ella lo abrazo con fuerza, apoyando la mejilla contra su pecho.
   -Por favor, dime que soy la nica, aunque no sea cierto -murmuro.
-Eres la nica mujer-dijo el sinceramente-. Y sers la ultima en mi vida. -Se inclino y la beso con ternura volver.
   Ella lo observo marcharse, mientras su mente segura siendo un torbellino tras la experiencia que el acababa de proporcionarle. Los das le resultaran muy largos 
hasta que volviese a verlo.
Pens en la esposa de David y sinti que le herva la sangre. Era una situacin que deba afrontar de algn modo. No quera compartirlo con otra mujer. De momento 
debera esperar su oportunidad. Si el la amaba realmente, y ella estaba casi segura de que as era, no le pedira que se resignase a compartirlo. Concluyo que el 
no amaba a su esposa, que no le importaba en absoluto. Y con ese pensamiento, comenz a canturrear mientras se dedicaba a las tareas de la casa.


                                          6


  Trilby contemplaba con una indiferencia complacida a los mejicanos que, llamativamente ataviados, bailaban al ritmo vibrante de la msica. Desde que se haba establecido 
en Arizona, era la primera vez que asista a una celebracin de esa clase. A pesar de su reticencia natural, el colorido y el ambiente festivo le resultaban atractivos.
  Junto a ella, Thorn, recostado con indolencia contra una pared de adobe, retorca entre sus largos dedos un trozo de cuero sin curtir. Ni el ni Jack se haban 
vestido para la ocasin. En medio de la muchedumbre, Trilby y su madre eran las nicas personas que parecan del Este. La mayora de las mujeres mejicanas lucan 
blusas blancas con faldas de colores y los hombres llevaban pantalones blancos y ponchos de tonos vivos. Trilby dirigi una mirada de disgusto a su elegante vestido 
azul marino con adornos de encaje blanco y abotonado hasta el cuello. Con gesto nervioso, se llevo la mano al cuello del vestido.
  -No se inquiete -la reprendi Thorn con suavidad-. Esta muy bonita.
    -No me di cuenta de que venia demasiado arreglada-se quejo-. Esto es tan... tan informal.
    -Esta gente no tiene dinero para comprar ropas elegantes -dijo el-. Pero son felices a pesar de todo.
    -Al parecer lo son -acordo ella, envidiando en cierto modo su extraversion, ya que las personas con que se relacionaba se mostraban siempre muy contenidas No 
es peligroso estar aqu? A causa de los disturbios que se producen en Mxico, quiero decir.
    -Aun cuando algunas de estas personas sean simpatizantes de la revuelta, no corremos ningn riesgo -la tranquiliz el-. Conozco a la mayora de los aldeanos, 
pues algunos de sus parientes trabajan para mi.
-Oh -fue lo nico que atino a decir ella.
    La muchacha segua tensa, con los dedos fuertemente entrelazados. Thorn lo advirti con una dbil sonrisa, se guardo el trozo de cuero en el bolsillo de la camisa 
blanca de mangas largas para tomar las suaves manos de Trilby entre las suyas.
   -Reljese-dijo, mirndola con ojos serenos-. Siempre esta tan tensa, pequea, tan recelosa.
   -Me resulta... difcil -balbuceo ella, mientras la msica, las risas y la algaraba de la gente los envolva. La intensa mirada del hombre, tal vez demasiado 
prolongada segn las normas de cortesa convencional, despertaba en su interior extraas sensaciones. Tuvo la impresin de que el hombre la estaba escrutando.
-Que le resulta difcil? Disfrutar?
   -Supongo que si. En el Este nos mostramos mucho mas discretos.
Thorn arqueo las cejas.
   -De verdad? Crea que al menos los Cajuns' Bran alocados.
   -Yo no soy una Cajun -alego ella-. Mis antepasados eran originarios de Virginia y se establecieron en Baton Rouge despus de la guerra civil. Desde entonces mi 
familia ha vivido all.
   Las manos del hombre entre las suyas se volvieron mas suaves, acariciadoras.
   - No lleva siempre el cabello suelto?
  -Yo... bien, no, no siempre -murmuro ella-. Como usted me consideraba al principio una... una mujer fcil, me pareci que llevar el cabello suelto estaba mal...
l hizo una mueca.
  -Ignoro por que Sally dijo esas cosas de usted -dijo el, y en sus ojos se lea el arrepentimiento-. Si yo la hubiese conocido un poco mejor a usted, nunca la habra 
credo.
  -Su primo solo intentaba mostrarse simptico conmigo -manifest ella, a la defensiva-. Se limito a tratarme con amabilidad; eso fue todo.
   Thorn se llevo la palma de la mano de la muchacha a los labios y la beso lentamente, haciendo que un hormigueo recorriera el cuerpo de Trilby.
   -Yo ser amable con usted, Trilby, si me lo permite -prometi el con voz grave, mirndola a los ojos-. Me arrepiento sinceramente de mi comportamiento con usted. 
Nada de lo que he hecho en mi vida me molesta mas que eso.
   Trilby lucho contra el delicioso placer que despertaba en ella la serena mirada del hombre. Se senta atrada por el, y eso le disgustaba. Era un rufin, muy 
distinto a Richard.
  -No le guardo rencor -dijo ella-. Usted no me conoce.
-Quiero conocerla -replico el, con voz ronca.
  Los ojos de Thorn parecan haberse vuelto mas oscuros aun y traslucan una sabidura y una seguridad que la turbaron.
   En ese momento la banda interpretaba una balada lenta, sensual. l la condujo entre el gento de bailarines y la rodeo con sus brazos con toda correccin.
      -Baile conmigo, Trilby.
   Thorn comenz a moverse al ritmo de la msica. No realizo ningn acto ofensivo, pero el contacto de su mano clida y fuerte en su cintura y el apretn discretamente 
acariciador de sus dedos en torno a ella la hicieron sentir que le flaqueaban las piernas. Lo miro a los ojos y quedo cautiva en ellos.
   -Empiezo a parecerle menos salvaje, Trilby? -pregunto el con calma-. O no consigue olvidar lo que vio cuando lleve al cuatrero al rancho?
Ella se ruborizo ligeramente.
-Supongo que al final una se acostumbra a esas cosas.
   -No hay mas remedio -dijo el con tono dulce y burln-. Endurzcase, pequea. Tiene temple; solo necesita desarrollarlo.
-Creo que debera volver a casa -dijo ella de repente.
La alta figura del hombre se puso rgida.
-Por que?
   -Yo... echo de menos a Richard -dijo, en un vano intento por apaciguar los latidos de su corazon.
-Con el tiempo, le olvidara -repuso el, secamente.
   Sbitamente, el hombre deslizo la mano alrededor de la cintura de la muchacha para atraerla mas hacia si y descanso su mejilla contra la de ella.
   -No haga eso! -rog ella, sin aliento. El robusto pecho de Vance se apretaba contra sus suaves senos, y en la intimidad del abrazo ella sinti que el corazon 
se le desbocaba-. ;Thorn!
   El sonido de su nombre en los labios de la muchacha excito mas al hombre, que comenz a acariciarle la espalda.
   -No la dejare marchar -dijo, conteniendo la respiracin.
   -Yo no sirvo para esta clase de vida -atino a decir ella. Cerro los ojos, indefensa, cuando el contacto y la fragancia del hombre vencieron sus defensas, volvindola 
vulnerable-. Para este lugar. Soy una chica de cuidado.
   -Puede aprender a ser una chica de campo.
-Esa decisin no le incumbe a usted.
-No este tan segura de eso -replico el con una sonrisa irnica.
   En el momento en que ella se dispona a protestar, Samantha tiro de la manga de su padre y les hizo detenerse.
   -Papa, puedo comer una empanada frita? -pregunto la nia-. Se llaman tamales.
   -Te quemara la lengua. -Thorn solt una risa ahogada, apartndose de Trilby para arrodillarse ante su hija-. Esta es comida mejicana de verdad, nena, y no la 
versin suavizada que Maria nos prepara en casa.
   Samantha se enterneci ante la desacostumbrada sonrisa afectuosa que le dedicaba su padre.
     -Seguro? -pregunto, abriendo mucho los ojos.
Thorn asinti.
La nia hizo una mueca.
   -Oh, muy bien. -Alzo la vista para observar con timidez a Trilby-. Esta usted muy guapa, seorita Lang -aadi.
   -Tambin lo esta usted, seorita Vance -replico Trilby, con una dulce sonrisa.
   Samantha le devolvi la sonrisa y se encamino hacia donde se encontraban los vendedores de comida.
   -No seguir mi consejo y tendr dolor de tripa toda la noche -gruo el.
-Se parece mucho a usted, verdad? -comento Trilby.
   -En algunos aspectos, si. -Le rozo la boca con la Punta de un dedo. Ella dio un respingo ante la sensacin que le produjo el contacto y retrocedi. Thorn sonri 
porque conoca el motivo-. Se ha ruborizado muchsimo. Cuando baila conmigo su corazon late como un tambor. Lo note mientras la sostena entre mis brazos.
Ella enrojeci aun mas.
    -Usted no habla como un caballero.
    -No soy un caballero -le record el. Su mirada os_ cura, intensa, se poso sobre su boca-. Me gustara llevarla detrs de un edificio y besarla hasta que no pudiese 
mantenerse en pie. Me gustara hacer que su boca se pusiese tan roja como el pauelo que esos mejicanos se anudan al cuello.
-Senor Vance! -protesto ella.
    Thorn miro alrededor en busca de la familia de la muchacha. Al comprobar que conversaban con otras personas, ri entre dientes y, cogiendo a Trilby de la mano 
la condujo hasta un callejn estrecho y oscuro.
    -Que hace? -mascullo ella, furiosa-. Que pensara la gente... ?
    Thorn interrumpi la pregunta con su boca. Alzo a la muchacha y la estrecho antes de besarla lentamente, con exquisita ternura, y ella tuvo la sensacin de que 
flotaba en el aire. Trilby sabia a caf, y al hombre le daba vueltas la cabeza mientras la atraa mas hacia si y le separaba los labios con su clida y apremiante 
lengua.
    Trilby se resisti un instante. La fuerza del hombre y la intimidad de su boca sobre la suya la hicieron relajarse hasta que sus huesos parecieron derretirse. 
Se abandon de inmediato y rodeo con los brazos el cuerpo de Thorn, estremecida y trmula de placer. Era imposible oponerse al gozo que el le ofreca. Desterr de 
su mente todas las razones por que debera indignarse y se entrego a la ardiente destreza del hombre.
    Se recrearon en el beso. El cuerpo de la muchacha comenz a palpitar acalorado cuando el la estrecho mas hacia si, y vibro contra el pecho poderoso, que oprima 
sus senos. Estaba subyugada; lo nico que poda hacer era apretarse mas contra el, buscando prolongar el deleite, satisfacer el hambre que aumentaba cuanto mas lo 
alimentaba.
   Thorn advirti la reaccin de la muchacha. No haba disfrutado de la compaa de una mujer desde la muerte
de su esposa, y Trilby ejerca un poder mgico en su cuerpo voraz. Gimio, y de pronto ella noto la mano de el sobre su seno, y como el pulgar frotaba suavemente 
su pezn, provocando su endurecimiento. Eso no era decente, pens6 ella medio histrica. Debia detenerle!
  Pero Trilby estaba sumergindose en la nueva experiencia, y el placer prohibido que el le proporcionaba resultaba exquisito. Sinti que el la apartaba ligeramente, 
lo suficiente para permitir a aquella mano enloquecedora un mejor acceso a la suave ondulacin de su cuerpo.
  -Dulce -murmuro el, titubeante, contra su boca-. Eres... la miel mas dulce de que he gozado, Trilby. -Gimio el, agitado-. Djame acariciarte debajo del corpio.
   La mano del hombre se afano con los botones. Y el haba dicho que ya no pensaba mal de ella! La brusca intimidad de lo que el estaba haciendo disipo de repente 
la fiebre que se haba apoderado de la mente y el cuerpo de la muchacha, que comenz a golpear el pecho del hombre con furia. Se retiro de el, jadeando, con el rostro 
enrojecido de rabia.
    -Que ocurre? -pregunto el, un poco aturdido.
   -Usted dijo que no crea lo que su esposa le haba explicado sobre mi, pero no es cierto. Debe creerlo para ofenderme de este modo! -susurro ella, angustiada-. 
Oh, sulteme! -exclamo, empujndole cuando el trato de retenerla.
El rostro del hombre se demudo.
   -No ha sido una ofensa. Trilby, tranquilcese y esccheme! -gruo el, sujetndola con mas fuerza.
Ella se libero con sbita determinacin para regresar Corriendo al baile. Las lagrimas inundaban sus ojos: Thorn todava la consideraba una mujer fcil. La haba 
tocado de un modo indecente. Y ella se lo haba consentido! Es mas, ella lo haba... alentado! El la cogi del brazo en el momento en que ella llegaba al lugar 
en que se congregaban los bailarines.
   -No ha sido una ofensa-repiti el, mirndose en sus ojos angustiados-. Maldita sea! Usted es una mujer, no es cierto? Su madre no le ha contado lo que sucede 
entre un hombre y una mujer?
    -Los hombres decentes no tocan a las mujeres decentes como usted lo ha hecho -murmuro ella, lloriqueando.
    Thorn suspiro y recorri con la vista la suave cabellera rubia de la muchacha. Y el la haba credo experimentada! No sabia como manejar esa ultima crisis emocional.
-Al menos me escuchara?
    -Quiero ir a casa -musito ella, dirigindole una mirada asesina-. Le odio!
    Sally le haba dicho lo mismo muchsimas veces. Despus de haber descubierto que estaba embarazada de Samantha, se lo haba repetido casi a diario. Trilby mostraba 
en sus ojos la misma mirada despectiva que solfa dedicarle su esposa, y eso le provocaba nauseas. Su temperamento venci a su comprensin, y la solt bruscamente.
    -Por supuesto, seorita Lang. Nos marcharemos en cuanto su familia este lista. Despus de todo, tal vez usted no sea lo bastante mujer para m!
    Trilby observo como se alejaba con el orgullo herido. No quera estropear la diversin de los dems, pero no poda soportar permanecer all despus de lo ocurrido. 
No sabia por que se haba dejado arrastrar por el de esa manera, por que le haba permitido que la tocase de un modo tan obsceno.
    Se le encendi el rostro al preguntarse si no sera una mujer sin moral, puesto que as lo haba credo un hombre experimentado. Tal vez Thorn solo haba visto 
lo que ella era en realidad. Lucho por reprimir las lagrimas mientras se apresuraba a buscar a sus padres.
   -Estas muy ruborizada, Trilby -exclamo Mary, entre risas-. Todo va bien?
  -Me siento mal -dijo Trilby, llevndose una mano al estomago-. Lo lamento, pero podramos marcharnos?
-Por supuesto, querida.
  Mary rodeo con un brazo protector la cintura de su hija, y ambas se reunieron con Jack. Minutos mas tarde, emprendieron el regreso por el largo camino polvoriento 
que conduca a Blackwater Springs.
   Trilby iba sentada detrs con Mary y Teddy, que no cesaba de hablar con gran excitacin de las piatas. Mientras tanto, Jack Lang comentaba a gritos la fiesta 
de Thorn para imponer su voz al rugido del motor.
   La muchacha se alegraba de que todo hubiese terminado. En casa tratara de calmar sus nervios antes de que Richard llegase. Deba recordar que amaba a Richard. 
Tal vez era vulnerable a aquel salvaje que se hallaba junto a su padre, pero Richard era su amado. Reclino la cabeza contra el respaldo del asiento y cerro los ojos. 
Que ocurrira si Richard la consideraba una mujer fcil? Y algo peor, como pudo permitir que Thorn la tocase de ese modo cuando ella amaba a Richard si no era una 
libertina?
   Sigui torturndose con esos interrogantes mucho despus de que un taciturno Thorn los dejase ante la puerta de su casa y el mismo se marchase hacia la suya en 
compaa de su hijita.


Lisa Morris oy que la puerta de los aposentos de los oficiales se cerraba de un golpe. Se volvi en el momento en que su marido arrojaba el sombrero y la chaqueta 
sobre una silla. Sin pensar, los cogi y los cepillo. Estaban tan cubiertos de polvo que tuvo la impresin de que no conseguira limpiarlos por completo.
      Le llamo la atencin un largo cabello de color negro, as como la fragancia de un perfume barato. El pelo de Lisa era rubio, no negro, y nunca usaba perfume. 
No miro a su marido cuando deposito de nuevo la chaqueta sobre la silla con disgusto disimulado.
-Has estado fuera del puesto.
   -Si. Haciendo una exploracin para localizar a los mejicanos desaparecidos -dijo el, y bostezo-. Estoy cansado.
- Cerca de la frontera? -inquiri ella.
-Por los alrededores de Douglas -respondi el, mirndola con curiosidad-. Por que?
-Me pregunto si has encontrado a algn insurrecto. El ri. Y haba temido que ella sospechara de el! De todas formas, como podra estar enterada de la existencia 
de Selina?
    -Nunca los encuentro. Son como fantasmas; humo en el viento.
-Si, comprendo.
    Estaba harta de todo. Sabia que su marido tenia una querida en Douglas. La esposa consentida y chismosa de otro oficial se haba deleitado hablndole de Selina. 
La mujer ignoraba que a Lisa haba dejado de importarle hacia mucho tiempo a quien calentaba la cama su marido. Estaba cansada de el, cansada de la vida que llevaba.
    Su descarriado marido no sospechaba que ella haba entablado una demanda de divorcio en secreto. Ella no tenia ni idea de como reaccionaria cuando se lo notificara. 
Aunque tema su carcter, no estaba dispuesta a soportar ninguna humillacin mas. Deseaba su libertad.
-David, me gustara regresar al Este -dijo con calma.
El se volvi, sorprendido.
- Que?
    Lisa enlazo las manos, plida pero serena, sin que su rostro inexpresivo delatase la inquietud que la embargaba. Lo miro con sus dulces ojos azules, que se mostraban 
obsesivos y heridos.
-He dicho que me gustara regresar a Baltimore -repiti ella-. Tengo una prima all que me hospedara en su casa.
   -La prima Hetty -dijo el, con desprecio-, que lo convertira en su esclava.
Ella alzo el menton orgullosamente.
   -Acaso soy algo mas que eso aqui? -pregunto con voz ronca-. Yo me dedico a ocuparme de la casa mientras tu visitas a tu querida y vienes a mis brazos apestando 
a perfume barato.
   Si ella hubiese estado furiosa con el o hubiese comenzado a gritar o hubiese actuado de un modo arrogante, el se habra defendido de la acusacin. Sin embargo 
Lisa hablaba con tranquilidad, casi con indiferencia, y su actitud lo desarmo.
David la miro, enrojecido de vergenza.
   -Usted me expulso de su lecho cuando perdi a] bebe, seora -le record el-. Un hombre tiene apetitos.
-T nunca me amaste realmente, David -dijo ella.
Al coronel le doli or la verdad.
   -Tal vez me harte de hacer el amor a una esfinge de cera!
   Ella no se inmuto. Ya no le quedaban fuerzas. Se le haban ido a lo largo de los anos que llevaba en esa regin, durante los cuales haba perdido su juventud 
y a su bebe. Ella tampoco amaba a su esposo. En cambio haba querido al nio.
-Te casaste conmigo porque mi padre era el comandante en jefe -le reprocho Lisa-. Ambos lo sabemos. Fingiste amarme hasta que se produjo tu ascenso. Y continuaste 
fingiendo mientras seguas ascendiendo. Despus de la muerte de mi padre, ya no necesitabas simular mas. Pero, claro, un oficial nunca abandona a su esposa, verdad, 
David? No si quiere conseguir un cargo importante. Ya ves -aadi, ligeramente divertida a] verlo enrojecer- te conozco muy bien. Tambin te conoca mi padre, pero 
yo me negu a escucharlo.
   El no poda asimilar las palabras de su esposa, pues eran ciertas. No la haba amado. Ella se haba mostrado fria y le reciba mal en la cama. Ni siquiera el 
embarazo haba despertado ningn sentimiento tierno en el. No la amaba. Era culpable de haberlo fingido. Pero era pobre y ambicioso. En cambio, el padre de Lisa 
era rico y tenia un rango elevado en el ejercito. David haba visto en el matrimonio con Lisa un modo rpido de ascender en la jerarqua militar. Al cabo de un tiempo, 
la desdicha de compartir la vida con una mujer a quien no amaba eclipso el jubilo de su xito profesional.
   -No deberas haberte casado conmigo -dijo el.
    -Ahora me doy cuenta. -Examino el atractivo rostro de su marido con mas anhelo del que esperaba sentir-. Sabia que ningn hombre se casara conmigo por mi misma 
-dijo ella, causando un gran impresin en su marido-. Era consciente de que los hombres solo se interesaran por mi debido a la posicin de mi padre. Esta bien. 
No he sido completamente infeliz. De hecho, hubo... hubo momentos en que cre sentir afecto por ti. Ahora es mejor que nos separemos. Ya no puedo vivir contigo, 
David, sabiendo... lo de esa mujer.
El aspiro lenta y profundamente.
    -No te marcharas -aseguro con frialdad-. No puedes marcharte! Me perteneces -aadio.
-No soy una propiedad.
    -Lo eres si yo lo digo -replico el-. No dispones de dinero propio, y yo no te dara nada.  Como esperas comprar el billete para Maryland?
    -Por que no me dejas ir? -exclamo la mujer-. Tu no me quieres!
    -Eres mi esposa -dijo el, inflexible-. Y yo soy el comandante en jefe de este puesto. No deseo que mis hombres cotilleen sobre mi.
   -Es solo por eso. No te importara que yo te abandonase si eso no acarreara consecuencias para ti!
   La mandbula de David se endureci.
   -No tienes de que quejarte. Te proporciono una casa, hermosos vestidos, y gozas de buena reputacin.
   -Supongo que consideras que eso basta para hacerme la vida soportable mientras t te diviertes con t querida.
La expresin ofendida de la mujer le irrito.
-Si quieres otro hijo, te lo dar -dijo el, secamente.
   -Oh, David, cuanta generosidad -dijo ella, irnica, con una altivez que el nunca haba visto en ella-. Y que terrible experiencia.
   La hostilidad de la mujer le asombraba. El la miro y de repente se dio cuenta de que nunca haba dedicado ni un minuto a conocerla durante los dos anos de matrimonio. 
Ella era como una sombra que se ocupaba de la casa, cocinaba, limpiaba. Nunca hablaban. El le hacia el amor cuando lo necesitaba, ella haba quedado embarazada y 
haba perdido el bebe.
   Despus, David haba conocido a Selina. Su esposa nunca le haba interesado y jams le haba ofrecido la tierna pasin que haba demostrado ese da a Selina. 
El coronel nunca se haba preocupado por excitar a Lisa y ahora se preguntaba por que. Era una mujer de senos pequeos, pero tenia una bonita figura. La haba besado 
un par de veces, y lo cierto era que no le haba desagradado. En cualquier caso, era Selina quien le enloqueca, quien encenda su sangre; a quien amaba.
-No quiero quedarme aqui, David -insisti Lisa.
El se acerco a la mujer, acogindole la barbilla.
-Me apetece un poco de caf.
    Lisa enrojeci de resentimiento e ira cuando sus dedos la acariciaron. El interpreto su rubor como timidez y sonri con cierta vanidad mientras se inclinaba 
para besarla. Al sentir los labios de su marido, ella se retorci, apartndose de el, mirndole con furia.
-No me toques! -exclamo fuera de si-. Como te atreves a tratar de manipularme cuando acabas de salir de la cama de esa mujer?
    Se froto la boca con la mano como si el contacto del hombre le repugnase.
    -No te hagas ilusiones -dijo el, tenso, profundamente ofendido-. Selina es dos veces mas mujer que tu.
    -Entonces guarda tus caricias para ella -replico ella con orgullo-. Puede obligarme a permanecer aqui, seor, pero nunca a que me resulte placentero.
    La mujer se dirigi a la cocina y el se quedo mirndola, sorprendido y escandalizado.
Thorn Vance estaba arrodillado ante una charca cuando uno de sus vaqueros detuvo su caballo junto a el. Cerca, dos vacas yacan muertas bajo el sol.
-Esta envenenada, seor, verdad? -pregunto Jorge.
Thorn blasfemo.
    -S, esta envenenada. lcali, maldita la suerte! -Se puso en pie-. Pens que sera arsnico. Tengo tierras en Mxico.
    -Es sabido que usted permite que los caballos de los maderistas beban aqui, seor, que simpatiza con la causa -dijo el hombre de menor estatura con aire solemne, 
sonriendo-. Ningn revolucionario verdadero le hara dao.
    -Dudo de que lo hayan hecho ellos. Este era el ultimo agua potable de que dispona -dijo Thorn con aspereza. Se quedo mirando fijamente la charca, airado-. El 
ganado sediento que no pueda abrevar morir. Se realizaron excavaciones en busca de agua en el valle de San Bernardino y encontraron manantiales subterrneos -dijo 
casi para si mismo-. Tal vez me vea obligado a hacer lo mismo.
-Hay agua en el ro.
    -Claro, pero discurre por el rancho de Blackwater Springs' y tang no me la vender. Ni siquiera quiere darme agua en arriendo.
   -En los viejos tiempos, seor, su padre habra usado el agua incluso sin permiso -le record Jorge.
-Yo no soy mi padre.
   Monto su caballo. No quera que su vaquero se enterase de que, de no haber sido por Trilby, el quizs habra actuado como su padre. Ella ya lo consideraba un 
salvaje incivilizado, y no poda tolerar que el concepto que de el tena empeorase.
   Detestaba el modo en que la joven haba huido de el la noche de la fiesta. Thorn habra querido explicarle que haba sido la pasin, y no el afn de ofenderla, 
lo que le haba impulsado a acariciarla. La haba deseado ardientemente y haba perdido el control. En ningn caso se haba propuesto molestarla.
   Vance reconoca que la actitud de Trilby era lgica. Si el no hubiese credo esas estpidas calumnias sobre ella, nunca le habra dado motivos para dudar de sus 
intenciones. Haba perdido el terreno que poda haber ganado, y ese Richard no tardara en presentarse en el rancho.
   Sinti nauseas al pensar en ese hombre del Este. Saba que Richard era totalmente distinto a el y que Trilby se crea enamorada de ese lechuguino remilgado.
   Jack Lang haba mencionado solo una vez al pretendiente de Trilby y de un modo nada menospreciativo. El desconocido Richard estaba acostumbrado a los buenos modales 
y la vida fcil. No olera a ganado y humo, no estara cubierto de polvo ni vestira ropas viejas, no distinguira un extremo de un revolver del otro; aspectos que 
Trilby valoraba. Thorn consideraba a aquel caballero un competidor.
   -Probaremos mas lejos -dijo, espoleando su montura.
     -El apache puede encontrar agua, seor-dijo el mejicano-. Usted sabe que Naki tiene un don especial.
    -Permitir que lo intente. Respeto mucho las habilidades de los apaches criados en el desierto, Jorge, pues poseen conocimientos que los hombres blancos nunca 
han alcanzado.
   -Ah, seor, usted no es como esos gringos recin llegados que miran con desprecio y arrugan la nariz ante la gente de piel oscura -dijo el pen, meditabundo y 
melanclico-. Usted es como el patrn, su padre; conoce la naturaleza de las cosas, seor.
   -Aprecio el conocimiento -replico Thorn, y ri con amargura-, lo que me convierte en un salvaje ante ciertas personas procedentes del Este.
   Jorge sabia a quien se refera, pero considero que no deba mencionarlo.
   -Muchos opinan igual de Madero, el libertador de un pueblo oprimido.
-Hablas como un partidario de lucha.
-Seor!
   Thorn ri entre dientes ante la expresin ofendida de Jorge.
-Se que siente tu gente por Madero y por que.
   -Si, seor -acord Jorge, mas calmado-. El es un santo para mi pueblo, as como los que luchan por nuestra libertad.
   -Yo le apoyo, pero no luchara por el -dijo Thorn, con ojos centelleantes, al hombre menos corpulento-. Los asuntos internos de Mxico no me incumben, a menos 
que Madero o algunos de sus hombres me involucren en ellos. En ese caso -aadi suavemente-, se arrepentirn de haberlo hecho.
El mejicano percibi la ira del hombre alto.
   -La opresin no debera ser asunto de todos los hombres libres, seor? -pregunto, con sereno orgullo.
Thorn lo mir.
-Oh, diablos, quiz debera ser as -dijo, furioso-.
Pero yo ya tengo suficientes problemas sin necesidad de preocuparme por los vuestros. Lo que quiero es agua, no una guerra civil.
Jorge ri con nerviosismo.
   -Si usted lo dice, patrn. Los insurrectos no pretenden causarle dao a usted. Ellos luchan contra Daz. Estos extranjeros que se dedican a la minera en nuestra 
tierra poseen demasiado -observo Jorge, pensativo-, mientras que en Mxico los nios pequeos pasan hambre. Esta es la situacin, patrn, pero no debera ser as.
   -Estas mostrando signos de convertirte en un socialista, compadre? -pregunto al hombre de menor estatura.
   Jorge ri y sus blancos dientes resplandecieron en un rostro como de bronce bruido.
-No yo, seor. Un maderista, tal vez.
   Thorn se quito el sombrero e hizo una reverencia al mejicano. Jorge ri y, espoleando a su caballo, sigui avanzando.


Es tarde, en el rancho, Thorn reflexiono sobre lo que Jorge haba dicho sobre el agua. Tal vez era una solucin desesperada que mereca la pena ser considerada.
   Se acerco a Naki. Su nombre se compona de dos palabras apaches, pero la mayora de la gente solo sabia pronunciar una, por lo que en Los Santos el indio era 
conocido como Naki. Con su cortesa habitual, el responda al nombre como si se lo hubiesen dado al nacer.
Naki era alto para su raza, muy taciturno y tranquilo. No tenia ni esposa ni familia. Aunque no era un hombre viejo, haba algo antiguo en sus ojos negros. Era muy 
reservado y solo se mostraba afectuoso con Thorn Vance debido a que este se haba tornado la molestia de aprender su idioma. Vance era el nico hombre blanco que 
lo haba hecho, segn recordaba Naki, aparte del antroplogo, McCollum. En realidad, Naki hablaba varios idiomas, pero cuando cavilaba, solo responda en apache. 
Aquella era una de esas ocasiones.
    Thorn se dirigi a el en ingles y, como el indio no contesto, le interrogo en apache.
    -Donde esta Tiza? -pregunto, refirindose al amigo mimbreno del hombre que sola rastrear con el.
   -Oyaa, Naghaa -replico Naki, con voz lenta y profunda, y aadi algunas pocas palabras mas a continuacin, arrastrando las vocales, remarcando los sonidos oclusivos, 
las consonantes nasales y los tonos agudos cuando era necesario. < Se ha ido. Anda por ah", haba dicho.
Thorn escudrio el horizonte y ri entre dientes. -Nakwii -corrigi, mirando perversamente en direccin a Naki-. Esta vomitando.
El apache se encogi de hombros.
   -A causa del licor del hombre blanco. Yo no se lo di. Thorn apoyo una rodilla en el suelo, clavando la vista en los ojos serenos del otro hombre. Naki era unos 
anos mayor que Thorn, quien contaba treinta y dos. -Ya te he complacido. Ahora habla en ingles.
    -Lo har situ lo deseas, aunque me deje mal gusto en la boca -repuso Naki secamente, en un ingles casi perfecto; un legado de los anos que haba vivido oculto 
con los curas cuando sus parientes chiricahua fueron enviados a una prisin de Florida despus de que Jernimo fuera capturado-. Necesitas practicar el apache. -No 
tengo tiempo. Debo encontrar agua.
-Eso es todo? -Naki extendi un brazo-. Hay un ri a unos pocos kilmetros de aqui -dijo.
Thorn le lanzo una mirada furiosa.
-Necesito disponer de agua aqui para mi ganado. No puedo mover el ri.
Naki se encogi de hombros. -Mueve al ganado.
   -A veces llegas a ser continuamente exasperante -dijo, irritado-. Por que no te pego un tiro?
   Quien mas podra leerte a Herodoto en griego clsico? -replico, sarcstico, el indio-. Adems de guiar a tu amigo arquelogo a las mejores excavaciones. Sin 
mi, McCollum se arrojara de cabeza al pozo de una mina y nunca volveran a verlo.
Thorn levanto las manos.
   -Muy bien, admito que eres una persona muy instruida. Ahora, que te parece si me dices donde puedo buscar agua?
   Naki se inclino hacia Thorn con aire conspirador, mientras la lacia cabellera negra enmarcaba su bello rostro de pmulos pronunciados.
-Prueba en el rancho Blackwater Springs.
El apache se puso en pie y se alejo mientras Thorn se consuma de rabia. Vance estaba convencido de que nada poda hacer con su amigo cuando este decida mostrarse 
enigmtico.




                                           7


   Naki monto su caballo con suma destreza y cabalgo hasta el lugar en que todava se hallaba Thorn.
   -No es necesario que me mires as -dijo el indio imperturbable-. Nosotros, los apaches, escribimos el libro sobre las virtudes de la actitud taciturna. Regresare 
cuando haya encontrado agua. Si no, te enviare una nota antes de arrojarme a un precipicio.
   -Los apaches no tenis sentido del humor -le record Thorn-. Todos los libros que he ledo lo mencionan.
   -Esos libros estn equivocados. Pregunta a tu amigo arquelogo McCollum. Vivi un mes con nosotros, durante el cual le facilitamos informaciones muy interesantes 
sobre nuestra gente -replico Naki, con una sonrisa irnica.
   -Craig McCollum no es arquelogo, sino un antroplogo que tambin imparte clases de arqueologa. Y los historiadores futuros te maldecirn si le proporcionas 
datos errneos sobre tu cultura -observo Thorn.
   -Al menos tuvo la consideracin de aprender nuestra lengua, como tu. La mayora de los vuestros es demasiado arrogante para tomarse esa molestia.
-Es una lengua condenadamente difcil de aprender.
      -Eso mismo afirmo el antroplogo-dijo Naki, enfatizando la u1tima palabra-. Tomo notas en apache para trazar la historia de la vida de cada uno de los ancianos 
a quienes entrevisto en busca de informacin. Sin embargo, hombre blanco, nuestra lengua es mis sencilla que la vuestra -repuso el indio-. Te ver dentro de unos 
das.
Hizo girar su jaca y se alejo al trote.
   Tiza lo saludo con la mano. Naki se detuvo para decir al viejo adonde se diriga, pero rechazo su compaa. En algunas ocasiones ansiaba fervientemente la soledad; 
ese era uno de ellos.
El sbado, la estacin del ferrocarril de Douglas en Railroad Avenue se hallaba abarrotada de gente. Trilby casi brincaba de alegra en el anden, y su vestido de 
algodn azul de cuadros se le enredaba en los tobillos al caminar. Se haba recogido la rubia cabellera en lo alto de la cabeza, que cubra con un gracioso sombrero. 
Con el rostro radiante, ofreca un aspecto joven y atractivo, y Mary Lang sonrea ante la impaciencia de su hija.
   -Por Dios, Trilby, no puedes quedarte sentada? -murmuro Teddy, con fastidio-. Acabareis haciendo un agujero en la madera del suelo!
   -No puedo esperar! Oh, Y si no viene en el tren? -pregunto Trilby con tono lastimero-. No podra soportarlo!
   -Nos envi un telegrama para anunciarnos que vendra y le acompaaran Julie, Ben y Sissy. Vamos a disfrutar, muchacha -la tranquiliz su padre, sonriendo-. Seria 
estupendo volver a ver caras conocidas.
   -Para Trilby, especialmente un rostro -intervino Mary, con una sonrisa indulgente.
   -Oh, Richard, llvame contigo! -exclamo Teddy con tono teatral, tapndose los ojos con el antebrazo.
Trilby le atizo con la sombrilla.
-Para ya!
Teddy le saco la lengua.
-Richard y Trilby, Richard y Trilby.
   -Ya esta bien, muchacho -le amonesto Jack-. Por hoy ya te has portado bastante mal.
   Teddy se froto la espalda dolorida y mire a su padre con enojo.
-Eres muy severo conmigo, padre.
   -Recurdamelo cuando compres una barra de menta en el colmado.
Los ojos de Teddy se iluminaron.
-Y que te parece un helado de crema?
   -Hoy no. Nuestros invitados llegaran cansados y querrn ir directamente al rancho. Prometo obsequiarte con un helado de crema la prxima vez que vengamos a la 
ciudad. De acuerdo?
-Si.
   Trilby apenas los oa. Tenia la vista clavada en el horizonte, por donde haba aparecido el tren, que avanzaba furiosamente hacia la estacin, dejando tras el 
una espesa nube de humo.
   -El muy condenado deja una estela de humo a su paso -murmuraba junto a ellos un anciano-. Odio los trenes. Odio la civilizacin. Cuando llegue aqui a principio 
de los cincuenta, ni siquiera haba una carretera, mucho menos una ciudad. Solo haba apaches y unos cuantos mejicanos. Era un lugar mucho mejor sin todos esos salones 
de te y helados y las asociaciones en defensa de los derechos de la mujer.
   -La ultima semana cerraron la nica cantina que le fiaba-susurro Jack a Mary, sonriendo-. Desde entonces no ha bebido un solo trago.
Mary reprimi una carcajada. Se volvi para mirar el automvil de la familia, en que solo caban tres personas, siempre y cuando se apretujasen. A Richard le acompaaban 
Ben, Sissy y Julie; en total, cuatro. Trilby, su padre, su madre y Teddy sumaban otros cuatro. Por esa razn tuvieron que alquilar otro coche, con chofer incluido. 
La idea se le haba ocurrido a Trilby, quien lo haba pagado con el dinero que obtena vendiendo huevos y mantequilla. Mary se senta muy apenada debido a las dificultades 
econmicas por las que atravesaban. Ella, al igual que Trilby y los dems, estaba acostumbrada a un nivel de vida mas elevado del que disfrutaban desde que se haban 
trasladado a Arizona.
   La proximidad del tren distrajo a Mary de sus pensamientos. La gente se apiaba mas en el anden, tratando de ver a travs del humo, y varias personas tosieron 
cuando finalmente el ferrocarril se detuvo y los pasajeros comenzaron a bajar.
   -Mirad! -exclamo Trilby al verlo descender del tren con una maleta en la mano-. Es Richard!
   Richard Bates la oy y la busco con la vista. Era un hombre alto, de cabello muy rubio y tez plida que lucia un bigote fino y vesta traje gris y sombrero de 
hongo a juego. Una sonrisa ilumino su bello rostro cuando diviso a la muchacha.
-Trilby!
   Trilby deseo correr hacia sus brazos, pero la actitud del hombre no invitaba a hacerlo. Avanzo hasta ella con su habitual gracia indolente y le cogi la mano 
para besarla clidamente, con gran amabilidad y cierto afecto. Su mirada se desvi hacia la familia de la joven antes de posarse de nuevo en ella.
   -Es estupendo que nos hayas invitado -dijo-. Todos esperbamos este momento con gran inters. Sissy, vamos! -llamo, irritado, volviendo la cabeza-. Es exasperante 
-se quejo-. Parece incapaz de dar dos pasos sin tropezar. Eso le ocurre por pasarse la vida con la nariz metida en los libros!
   Sissy era hermana de Richard y una vieja amiga de Trilby.
   -No debes ser tan cruel, Richard -le reprendi Trilby-. Sissy es muy inteligente.
   -Es un incordio. Tu la conoces! -Se volvi para mirar hacia atrs y sonri de un modo diferente a la llamativa rubia que haba descendido del tren antes que 
Sissy-. Esta es mi novia. Acrcate, prima Julie, para que te presente a los Lang. Esta es mi prima, Julie Moureaux, de Nueva Orleans. Por supuesto, recordaran a 
mi hermana Sissy y a mi hermano... Ben, donde estas?
   Un hombre joven, de pelo oscuro y algo enjuto, ayudaba a Sissy a apearse del tren. Ambos formaban una pareja curiosa; la muchacha delgada, de cabello castao, 
con gafas, junto al joven larguirucho y desmaado. Se parecan mucho entre si, y no tanto a su hermano mayor.
   -Se mostraban tan excitados por la posibilidad de ver indios salvajes que me avergonzaron durante todo el trayecto, pues no apartaban la vista de las ventanillas, 
buscndolos -dijo Richard, disgustado-. Estaban seguros de que les arrancaran la cabellera en cuanto cruzasen la frontera de Arizona. De haber sabido que se comportaran 
as, no los habra trado conmigo. -Se volvi hacia su prima mientras Sissy y Ben contemplaban cuanto les rodeaba con absorta fascinacin-. Julie -prosigui con 
una sonrisa, sosteniendo clidamente la mano de su prima-, ate acuerdas de Trilby?
   -Claro que la recuerdo, aunque hace muchos anos que no nos vemos -dijo Julie cortsmente, mirndola con sus bellos ojos azules al tiempo que le tenda la mano 
con una sonrisa amistosa. Es muy amable de tu parte invitarnos a todos. Espero que no seamos una molestia.
   -Que tontera! Claro que no! -replico Mary Lang, adelantndose para saludar a los recin llegados. Trilby se quedo muda y con el corazon encogido al ver el 
modo en que Richard y Julie se trataban-. Considerad el rancho vuestra casa durante todo el tiempo que deseis.
Richard contemplo el desolado paisaje e hizo una mueca.
   -Supongo que no por mucho tiempo, seora Lang. Como se sobrevive en un lugar tan horrible como este?
   -No resulta fcil, te lo aseguro -dijo Trilby, negndose a permitir que la importunase la reaccin de Richard ante el desierto. Despus de todo, era espantoso. 
Acaso no lo deca ella continuamente?
   -Vaya, no es horrible en absoluto, muchacho -repuso Jack Lang, indignado-. Ya veras; tiene mucho que ofrecer.
   Richard se limito a encogerse de hombros y sonrer a Julie.
   Sissy se uni a ellos junto con Ben, y Trilby la abrazo.
   -;Oh, que alegra volver a verte! No tengo amigas aqui. Si no fuese por mama, no tendra a ninguna mujer con quien hablar.
   -A duras penas llamara a Sissy una mujer-dijo Richard, con franqueza-. Es derecha como un palo y estudia en la universidad -anad1, como si considerase una aberracin 
el inters de su hermana por la educac1n superior-. Ha cumplido veintitrs aos y nunca ha tenido un pretendiente...
   -Calla, Richard -musito Sissy, empujando las gafas sobre la nariz con un golpecito arisco de su dedo. A traves de las lentes, sus ojos verdes echaron chispas 
al mirar al hombre-. Sabes mucho sobre mi!
   -Eres cruel, Dick -intervino Ben, ruborizndose por su propia audacia-. Siempre estas fastidiando a Sissy.
   -Dejad de reir ahora mismo -les censuro la prima Julie-. Recordad que somos invitados y os comportis como nios.
    Sissy y Ben le dirigieron una mirada furiosa. Con diecinueve anos, su prima era mas joven que ellos, y no les gustaba. Julie pareci darse cuenta de que se haba 
excedido porque les dedico una sonrisa lnguida y luego ri con cierto nerviosismo.
    -Vamos. Hace tanto calor aqui! -dijo, abanicndose.
   -Estoy de acuerdo -suspiro Richard, cogiendo a Julie del brazo-. Ya detesto este lugar! -dijo con tono despectivo, mirando alrededor.
   Trilby volvi a sentirse mal. Asi a su amiga Sissy del brazo y esta la miro con cierta compasin, pero ese no era momento para hablar.
   Ben ayudo a Sissy y Julie a subir al coche alquilado, mientras Jack Lang se encargaba del equipaje, pues ninguno de los jvenes visitantes se mostr dispuesto 
a ocuparse de las maletas. Trilby observaba a su padre, imaginando a Thorn liberndolo de esa pesada carga. Le irrito no poder hacerlo ella.
   La gota que colmo el vaso fue el hecho de que Richard decidiera viajar con su prima y sus hermanos, y no con Trilby, que tenia el corazon destrozado, aunque trataba 
de no demostrarlo. Mary lo advirti y sonri a su hija con el propsito de tranquilizarla, pero Trilby solo tenia ganas de llorar. Haba puesto todas sus esperanzas 
en esa visita, y su fantasa de que Richard le sonriera cortsmente y la mirara a los ojos no se haba realizado.
   El largo trayecto hasta el rancho resulto agotador. Trilby se sent con rigidez entre sus padres, mientras Teddy se repantigaba en el asiento trasero. Richard 
haba rodeado con un brazo los hombros de Julie cuando se acomodaron en el coche alquilado, y Trilby observo que as segua cuando volvi a mirar hacia el otro coche 
a travs de la espesa nube de polvo.
   Haba esperado con ansiedad esa visita durante tanto tiempo... y de pronto se preguntaba si no acabara por convertirse en una pesadilla. Richard se haba limitado 
a mostrarse cortes. Desde luego, no actuaba como si la hubiese aorado durante los meses de su separacin.
Se detuvieron en un cruce, cerca del rancho, al encontrarse con una partida de hombres a caballo que flanquearon ambos automviles. Trilby se estremeci ante la 
exhibicin de habilidad en el manejo del caballo. Luego le irrito comprobar que eran los jinetes de Los Santos, encabezados por su burln y guapo patrn.
   -Thorn, que alegra verlo -saludo Jack Lang-. Que le trae por aqu?
   -Estamos escoltndolos -dijo Thorn. Poso la vista en Trilby para despus dirigirla al joven alto y atractivo y los dems pasajeros instalados en el otro vehculo 
y entonces parpadeo. Lo que vio disipo sus temores, aun cuando Trilby diese la impresin de que haba muerto su perro favorito-. Se ha difundido la noticia de que 
recibiran visitantes del Este -aadi Thorn-. Y como se han producido incidentes en la frontera, cre que se sentira mas seguro si los acompabamos.
   -Realmente nos tranquiliza y se lo agradecemos -intervino Mary-. Thorn, permtame que le presente a nuestros huspedes.
   Mary y Tribly se apearon del coche. Thorn desmonto, y todos juntos se encaminaron hacia el segundo automvil para hacer las presentaciones.
   Trilby se dedico a observar con atencin las reacciones de los recin llegados. Sissy miraba con grandes ojos curiosos al grupo de hombres de aspecto peligroso. 
Al ver a los apaches que iban con Thorn, sus ojos se desorbitaron.
   A Sissy la fascinaba la antropologa. Se haba matriculado en una universidad del Norte donde se imparta dicha especialidad. Viva all en casa de una ta abuela 
y asista a clase. En ese momento disfrutaba de unas vacaciones antes de que se iniciara el siguiente trimestre, y la muchacha se senta encantada de aprovechar 
la ocasin para reanudar la vieja relacin con su amiga Trilby. Siempre le haba fascinado la posibilidad de aprender cosas sobre otras culturas, y le interesaban 
especialmente los apaches. Su profesor, que sabia muchsimo sobre
ellos, le haba prestado libros y artculos sobre el tema. Adems haba ledo toda la informacin que pudo encontrar en la biblioteca. Y de pronto apareca ante 
ella un espcimen vivo y tan bello que al contemplarle le dio un vuelco el corazon.
   El hombre era alto; te revelaba la longitud de sus estribos y el tamao de su caballo. Llevaba su espesa cabellera, negra y lacia, que le llegaba a los hombros, 
brillante como el plumaje de un mirlo, sujeta con una colorida cinta de tela que le cea la frente. Su cuerpo resultaba agradable y daba la impresin de ser muy 
fuerte, a juzgar por su ancho pecho, cubierto con una camisa azul de cuadros, y sus largas y poderosas piernas. Calzaba mocasines de cana larga y usaba polainas, 
dejando al descubierto unos muslos bronceados y musculosos. Sus bellas manos estaban cruzadas sobre la perilla de la montura. La vista de la muchacha se demoro en 
los largos y morenos dedos. Lo mas hermoso era su rostro, de pmulos prominentes y nariz recta como una flecha, en que destacaban los ojos, muy oscuros, grandes 
y hundidos. Su boca era curiosamente fina para tratarse de un indio, y tena la mandbula cuadrada y la frente amplia. Mientras le examinaba, pens que podra pasarse 
el resto de su vida contemplndolo.
   Naki era muy consciente de la mirada ardiente de Sissy, pero fingi no haber advertido ni la mirada ni a la chica. Los apaches consideraban de muy mala educacin 
prestar demasiada atencin a las mujeres en publico. El cdigo moral por el que se regan era muy estricto al respecto. A pesar del tiempo que Llevaba en compaa 
de los blancos, Naki respetaba las normas apaches.
Sin embargo, si haba reparado en la mujer blanca. Era alta y esbelta y nada desagradable. Usaba gafas. Se pregunto si eso significaba que era inteligente. A veces 
anhelaba hablar con alguien instruido. Haba amado a su difunta esposa mejicana, cuyos temas de conversacin se reducan a su relacin y el mundo que los rodeaba. 
Se pregunto como seria charlar con una mujer sobre las obras de Poe o Thoreau. Ri para sus adentros. Sin duda esa mujer estaba tan asustada como fascinada. Era 
probable que lo juzgase de acuerdo con el habitual estereotipo del hombre blanco: un pobre e ignorante salvaje digno de compasin. El disfrutaba representando ese 
papel solo para ver los rostros atnitos de sus victimas cuando comenzaba a citar a Tucidides o Herodoto, o a declamar poesa britnica del siglo xix.
   -Disclpeme, seor Vance-dijo Sissy amablemente, mirndolo con sus enormes ojos verdes detrs de las pequeas gafas de montura metlica-. El es apache? -pregunto, 
sealando a Naki.
   -Si, lo es. No se preocupe, los apaches no se muestran hostiles en la actualidad, a pesar de las historian de horror que hayan podido contarle en el tren -la 
tranquiliz Thorn. Hizo una indicacin a Naki, quien se adelanto sin bajarse del caballo. El aspecto del apache era majestuoso, con su bello rostro bronceado como 
una mascara de la muerte. Sus ojos oscuros parpadearon con una tremenda perversidad-. Este es Naki. -Thorn presento el hombre a la esbelta muchacha vestida de azul 
procedente del Este-. Naki, te presento a la seorita Sissy Bates. Viene de Luisiana.
   A Naki no le gusto lo que sinti al contemplar esos ojos verdes. Estaba muerto por dentro desde el fallecimiento de Conchita y quera permanecer as. De modo 
que decidi realizar una representacin exagerada. Se llevo una mano al pecho, y con una leve inclinacin de la cabeza, dijo:
-Uf! Mi mucho buen injun!
   Thorn arqueo las cejas, asombrado, y uno de los vaqueros se cubri la boca con la mano para disimular la
risa. El mismo Jack Lang tuvo que contenerse para no estropear el espectculo, pues haba odo a Naki hablar en perfecto ingles; si el indio quera mantenerlo en 
secreto, era cosa suya.
   Sissy, que haba credo a pies juntillas la magnifica actuacin del apache, se sinti decepcionada. Haba esperado algo mas de un hombre tan elegante. Ella tambin 
podra representar lo que probablemente era el papel habitual de una mujer blanca, lo que despertara el inters del apache. Ella quera penetrar en su mente, deseaba 
que e1 la recordase, aunque ignoraba la razn. No haba ningn futuro en enamorarse de un hombre como ese. Sin embargo, a Sissy le interesaba el apache.
   -El, el seor Naki no arranca la cabellera a la gente, verdad? -pregunto Sissy a Thorn en un susurro.
   Curiosamente, los ojos del indio, que adems de bellos eran perspicaces, se iluminaron con un destello divertido.
   Thorn se esforz por reprimir la risa y frunci el entrecejo, reflexivo.
   -Bien, no creo que haya arrancado la cabellera a nadie este mes. -Se volvi y pregunto a Naki, en apache, si estaba disfrutando.
Naki asinti y replic en su lengua nativa.
-Esta mujer es una enferma mental?
   -Te sorprende, verdad? Deben de haberle hablado de los apaches en el tren.
   -Dile que llevo una cabellera en el bolsillo -murmur Naki-. Te desafi a que lo hagas.
-Calla -musito Thorn.
-Que esta dicindole? -pregunto Ben, curioso.
   -Dice que la mujer blanca parece fuerte y tiene buenos dientes -respondi Thorn, disimulando una sonrisa irnica-. Quiere saber cuantos caballos piden por ella.
Sissy y Ben se quedaron boquiabiertos, Richard emiti una exclamacin indignada, y los Lang vacilaron, intentando decidir como responder a la insolente afrenta que 
acababan de hacer a sus huspedes.
   -Mentiroso -acuso Naki a Thorn en apache, ofendido-. No la aceptara ni aunque me ofreciesen cien caballos por ella! No tiene nada de carne en los huesos. -Eso 
no era del todo cierto, pero Naki no quera admitir ante su patrn que la mujer le atraa.
   -Estas despertando sus sospechas -dijo Thorn, hablando en apache. Sonri-. No puedes sonrer?
   Naki separo los labios, mostrando los dientes a Sissy de modo amenazador. Ella alzo la cabeza y lo miro fijamente. Oh, bien, si el deseaba que ella fingiese, 
lo hara. Se llevo una mano al pecho y contuvo la respiracin, sentndose casi en el regazo de Ben al retroceder.
-Vete -dijo Thorn a Naki en ingles, con frialdad.
   -De acuerdo -replico Naki en apache antes de alejarse montado en su caballo.
   -No es majestuoso?  Julie se mostraba entusiasmada-. Oh, Sissy, no debes estar tan espantada. Pareca bastante amable.
   -Salvajes -dijo Richard, incomodo-. Como se atreven a vivir cerca de ellos?
Thorn le dirigi una mirada circunspecta.
   -Aqui logramos sobrevivir a toda clase de sabandijas -dijo a Richard, con autentica malicia-. Incluso a los recin llegados del Este.
   Jack Lang lo interpreto como un chiste y ri, al igual que Richard, tan necio que no capto el insulto. En cambio Trilby silo hizo y lanzo a Thorn una mirada asesina. 
Vance se limito a sonrer.
   -Tenemos que seguir-dijo a Jack, volviendo a subir a su montura con un gracioso balanceo-. Encantado de conocer a sus invitados. -Se toco el ala del sombrero.
   -Le agradecemos que nos escolte, Thorn -dijo Jack Lang, calurosamente.
Richard se inclin.
   -t Hay alguna posibilidad de organizar una partida de caza durante nuestra estancia? -pregunto-. Me gusta el deporte. Hace poco estuve cazando jabals en frica.
   -Aqui abundan los cerdos salvajes -explico Jack Lang- y los ciervos de rabo blanco. Espero que a Thorn no le importe acampar contigo una noche, si te apetece.
   -Claro! -exclamo Richard, entusiasmado-. He trado mi tienda de campaa...
   -Tenemos muchas tiendas -replico Thorn, arrastrando lentamente las palabras-. Cuanto tiempo estar aqui?
    -Bastante tiempo, supongo... -comenz a decir Trilby.
    -Solo una semana; tal vez algo mas, querida amiga. -Richard suspiro-. Lo siento, pero mi primo, el duque de Lancaster, me ha invitado a pasar una temporada en 
su finca de Escocia.
    -Oh, Richard, que esnob pareces! -le regao Julie-. No es en absoluto caballeroso mencionar algo as cuando acabas de bajar del tren.
-Lo lamento -dijo, dedicndole una tmida sonrisa.
    Trilby reparo en el brillo de los ojos de Julie, y tambin Thorn, quien se enderezo en su montura, alto y elegante aunque vistiese ropas de trabajo. Los zahones 
de ala de murcilago que llevaba puestos no conseguan disimular los msculos, duros y poderosos, de sus piernas. Julie las miraba por debajo de sus pestaas. Al 
advertirlo, Trilby sinti una extraa punzada de irritacin.
   -Entonces, me mantendr en contacto. Siga por el camino principal, Jack -aconsejo Thorn a Lang-. Estaremos por aqui cerca hasta que lleguen a la casa. Avise si 
nos necesita.
-Tengo un rifle en el suelo del automvil -dijo Jack.
   Thorn asinti. Llevaba su propia arma, de forma bien visible en una vieja cartuchera negra a la altura de la cadera.
   -Es realmente necesario llevar una pistola como esa, seor Vance? -pregunto Julie con curiosidad.
   La delgada y bellamente masculina mano del hombre, de largos dedos y unas inmaculadas, toco la culata gastada del arma.
   -Si, seorita, lo es -contesto-. Hemos tenido muchos problemas aqui desde que se inicio la Revolucin Mexicana. Contamos con un puesto del ejercito en Dou glas, 
pero nos hallamos bastante lejos de la ciudad. A veces nos vemos obligados a depender de nuestros propios medios.
   -No querr decir que los mejicanos disparan contra ustedes! -Julie se haba quedado boquiabierta.
Thorn alzo una ceja.
   -Eso quiero decir. Jack le explicara que en este momento no es seguro cabalgar por los alrededores sin escolta o alejarse de la casa, a menos que uno de los hombres 
le acompae. Siempre conviene tomar precauciones.
   -Nos aseguraremos de que las chicas no se alejen. Gracias, Thorn -dijo Jack.
   -No hay de que. -Rozo el ala ancha de su sombrero con la punta de los dedos. Sus ojos oscuros tenan un brillo tenebroso-. Buenos das. Ha sido un placer conocerlos.
   Tras hacer una  seal a sus hombres, espoleo su caballo y los precedi por el sendero que discurra paralelo al camino. Cabalgaba del mismo modo que hacia todo 
lo dems, con gracia y estilo. Trilby recorr1 con la vista el cuerpo de Vance.
    -Dios mo, como cabalga! -exclamo Julie, entusiasmada-. Vuestro vecino es muy guapo.
-Es viudo -dijo Jack.
    -Si, esta enamorado de nuestra Trilby -intervino Teddy, sonriendo.
Trilby se ruborizo.
-Calla, Teddy! -ordeno.
    -Parece bastante tosco -comento Richard, con frialdad- Y esos hombres... algunos eran mejicanos, y me estremezco al pensar en esos apaches rondando por la zona 
de noche. Vive con salvajes, verdad?
   -Si, bueno... -dijo Jack, con cierta rigidez, sintindose impulsado a defender a Thorn-. Antes de llegar nosotros, este era su territorio.
   -No hicieron casi nada en el -replico Richard con desdn-. Que gente tan atrasada! Como soportas vivir aqui, Trilby?
   Era la primera pregunta que le diriga directamente a ella, y el rostro de la muchacha se ilumino.
   -Es muy diferente a la vida en Luisiana. La aoro terriblemente.
-No me extraa -repuso Richard.
   Sissy y Ben permanecan un poco apartados mientras los dems hablaban.
   -Por que empezaste a temblar? -pregunto Ben a Sissy en un susurro-. Tu y yo sabemos que te fascinaba el imponente piel roja.
   -Ese apache es un enigma -replico ella con calma-. Te diste cuenta del modo en que parpadeaba cuando el seor Vance le hablaba? Apuesto a que todo fue una comedia. 
No creo que sea estpido. Sospecho que estaba actuando.
   -Sissy, la mayora de los indios no esta al nivel de los profesores universitarios -dijo su hermano.
   -La mayora no. Pero ese... -Se mordi el labio inferior-. Ben, no era magnifico? Nunca haba visto a nadie como el.
   -Ten cuidado -advirti el-. Existen barreras raciales; no comiences a transgredirlas. Ya sabes como es Richard.
   -No me importa Richard -replico ella-. Quiero saber mas sobre el pen del seor Vance.
-Solo te aconsejo que actes con cautela, de acuerdo?
-Oste lo que ese piel roja dijo sobre Sissy? -mascullo Richard, mirando a su hermana-. Todas esas ofensas!
   -Oh, si. -Sissy se calo el sombrero de paja y sonri a su hermano-. Estoy segura de que estaba midiendo mi cuero cabelludo.
   -Te pasas la mitad de la vida en museos contemplando viejas fotografas y retratos de indios -prosigui Richard-. Bien, me alegro de que finalmente hayas comprendido 
que los indios no son romnticos, sino sucios, ignorantes e impertinentes.
   -Y tu eres un esnob -dijo Sissy, con desdn-. Yo estudio antropologa, y por tanto me interesan las dems culturas.
    -De veras? Deberas hablar con Thorn -tercio Jack Lang-. Tiene un amigo antroplogo.
-Ah, si? -Sissy se mostr entusiasmada.
    -Si. Se llama McCollum y viene todos los veranos para realizar excavaciones por los alrededores. Thorn conoce muy bien la zona.
    -increble! -Sissy no poda ocultar su asombro-. El doctor McCollum es mi profesor de antropologa!
Trilby ri.
-Nunca lo mencionaste en tus cartas!
    -Me lo reservaba para contrtelo cuando nos visemos -dijo Sissy-. Me encanta estar aqui!
    -Me encanta tenerte aqui -agrego Trilby. Dirigi una mirada a Richard, quien en ese momento se hallaba ocupado mostrando algo a Julie.
    -El seor Vance es bastante atractivo, no te parece? -comento Sissy a Trilby.
    -Es mejor que tengas cuidado, Trilby, o Sissy tratara de arrebatarte a tu pretendiente. -Julie ri complacida, mirando de soslayo a Richard, quien frunca el 
entrecejo-. Es mas bien un salvaje, verdad? Supongo que vivir con mejicanos e indios embrutece.
    Trilby pareca -y se senta- a punto de vomitar. Julie estaba cumpliendo muy bien su propsito; Richard le perteneca y no permitira que Trilby se acercase 
a el. Si Richard haba advertido su actitud posesiva, no pareca importarle.
   Trilby regreso al coche sin pronunciar una palabra mas. De todos modos, no sabia que decir. Richard observo su silencioso retiro con repentina consternac1n. 
Comenz a decir algo, pero Jack Lang se lo impidi al empujar a Ted y Mary hacia el automvil. Tras subir el, lo hizo arrancar, y el ruido del motor puso fin a la 
conversacin.
A pocos kilmetros de Los Santos una familia de peones mejicanos daba de comer a uno de los oficiales de Madero. En la pequea y msera choza de adobe, donde unas 
cuantas gallinas picoteaban el suelo de tierra, la mujer cocinaba en un pequeo fuego tortitas con la magra cantidad de harina que les haba entregado el maderista.
    -Muchas gracias -murmuro el joven alto cuando la mujer le sirvi una cucharada de frjoles sobre la torta. Se cuidaba de no ofender a esa gente rechazando su 
hospitalidad y sus alimentos. No posean nada, pero eran orgullosos.
   -Es un placer poder atenderle -dijo el pen, con gran seriedad-. Ustedes luchan contra los federales para defender a personas como nosotros.
   -Un da ganaremos, amigo -afirmo el hombre de Madero con fervor-. Nuestra causa es justa. Recuperaremos la tierra que esos puercos espaoles robaron a nuestro 
pueblo. Conseguiremos que esos perros paguen por lo que han hecho a Mxico.
-Si -replico el pen.
-Ahora, infrmeme de las novedades.
-Se rumorea que un grupo de gringos ha venido al rancho de Blackwater Springs; gente acomodada de las ciudades ricas del Este.
    El oficial asinti y frunci el entrecejo, meditabundo.
   -No son como el gringo que recientemente visito al patrn de Los Santos? Un hombre instruido, pero sin dinero?
   -No, seor -dijo el pen, con vehemencia-. Estos gringos poseen mucho dinero. Mi amigo Juan, que trabaja en Blackwater Springs, asegura que vio muchos billetes 
de banco y monedas de oro.
   -Interesante-dijo el hombre mas joven-. Comunicare las noticias en Mxico. Y la prxima vez -aadi sonriente, mientras se pona en pie- habr mas harina. Tal 
vez hasta un poco de caf.
   -Seor-dijo la mujer de la casa, arrodillndose para besarle la mano-, le damos las gracias en nombre de la Virgen Santa por su amabilidad. Cada noche rogare 
a la Virgen en mis plegarias que interceda por usted y lo mantenga a salvo.
   -Y yo por toda nuestra gente -dijo el hombre con solemnidad-. No es justo que nosotros tengamos tan poco cuando los patrones disfrutan de tanto y aun ambicionan 
mas. Y a pesar de lo que los federales han hecho a los aldeanos, ay de mi!, recuperaremos nuestra tierra. Alimentaremos al hambriento y le devolveremos lo que los 
invasores le robaron. Les haremos pagar por los crmenes cometidos contra nosotros, lo juro! -aseguro con voz ronca.
   Recordaba escenas que le producan nauseas, atrocidades perpetradas por los federales que luchaban en favor de Daz contra los revolucionarios. La fama de esos 
hombres aterrorizaba a los peones; torturaban a esos inocentes, asesinaban a las mujeres y los nios, y todo en nombre del gobierno de Mxico. < El gobierno>>, pens 
con rabia, mientras sus ojos compasivos recorran el msero interior de esa choza. No era el gobierno del pueblo el que permita que los pobres muriesen de hambre 
y trataba de arrebatarles lo poco que posean. Haba que actuar, y Madero era el hombre indicado.
   -Vayan con Dios, amigos mos -dijo, quitndose el sombrero-. Comunicare las noticias que me han proporcionado a nuestro amigo Francisco Madero. Adis!
Richard caminaba por la casa de los Lang intentando desentumecer sus doloridas piernas. Julie y Sissy se haban acostado, porque el calor les resultaba molesto. 
Ben se hallaba en el establo con un antiguo ranger de Texas llamado Torrance y el pequeo Ted, escuchando espeluznantes relatos del viejo Oeste. A Richard no le 
interesaban esos temas y no dispona de tiempo para los embustes de viejos intiles.
   Trilby se encontraba en la cocina con su madre, preparando bizcochos. Richard apoyo un hombro contra el marco de la puerta y las observo. Clavo la vista con curiosidad 
en Trilby. Haba cambiado durante el tiempo que llevaba sin verla. Segua siendo fea, por supuesto, pero haba olvidado tu dulce que era. A veces Julie llegaba a 
mostrarse desagradable debido a su lengua afilada y su franqueza. En cambio Trilby era distinta. De alguna manera, hacia que un hombre se sintiese mejor. Le gustaba 
como le halagaba la silenciosa adulacin de la muchacha. Era eso lo que haba aorado.
-Mucho trabajo, no es as?
   Trilby se ruborizo, y sus manos se volvieron torpes cuando Richard entro en la cocina. Ri con nerviosismo.
-Me has asustado. Cre que estabas descansando.
   -El reposo es para las damas. Ya estoy bastante recuperado del viaje, aunque todava tengo las piernas un poco entumecidas. Algunos de los pasajeros teman que 
los mejicanos asaltasen el tren, te imaginas?
   -No es tan descabellado como supones -interrumpi Mary.
   A continuacin procedi a contarle un reciente incidente acaecido en Mxico, durante el cual se haba disparado contra un tren del Ferrocarril Mejicano del Noroeste, 
y varios pasajeros murieron.
   -Murieron varios pasajeros? -repiti Richard, estupefacto.
   -Si -contesto Mary-. Se han producido disturbios y tiroteos en todo el territorio mejicano, en especial en Chihuahua. Tropas estadounidenses han sido enviadas 
a Texas para patrullar la frontera, y se rumorea que miles de insurgentes estn agrupndose cerca de Chihuahua, dispuestos a atacar.
   -Y el rancho de Madero, situado cerca de Laredo, fue saqueado -aadi Trilby-. Madero logro huir, y los asaltantes mataron a muchos de sus caballos.
   -En todas partes se habla de la guerra -dijo Mary, con preocupacin-. Espero que no entremos en guerra contra Mxico. -Sacudi la cabeza mientras vaciaba en una 
olla el contenido de una lata de habas y luego verta sobre estas el agua de la tetera. Despus, con gran cuidado, coloco la olla sobre el hornillo de la cocina 
de lea y la tapo, enjugndose el rostro con el delantal cuando termino-. Francamente, el calor que hace en esta cocina resulta insoportable. Trilby, por que no 
os sentas en el porche? Debo advertirte, Richard, que el calor nunca disminuye, ni siquiera en otoo.
   -Habr polvo fuera -observo Richard-. Preferira el saln. Podria tomar un poco de te? Ha sido un da agotador.
-Claro -dijo Mary, sonriendo.
   Trilby percibi un destello de desaprobacin, rpidamente apagado, en los ojos de su madre. Richard no disfrutara de su estancia en el rancho; de momento, eso 
pareca.
   Richard y Trilby se dirigieron al saln. El joven hizo una mueca de disgusto al comprobar que haba polvo en el sof
   -Es imposible impedir que el polvo cubra todo -justifico Trilby-. Lo lamento...
   -Este maldito desierto-dijo el, moviendo la cabeza-. Como has venido a parar aqui, Trilby? Envejecers antes de tiempo. Y los habitantes de estos contornos... 
Ese Vance y los hombres incivilizados que le acompaaban. Dios mo!
   Trilby reprimi el impulso de defender a Thorn Vance.
   Le sorprenda que le molestase que insultasen a aquel hombre, que haba causado tanto dao a su propia reputac1n. No obstante, ltimamente el se haba mostrado 
casi tierno.
   Observo como Richard se acomodaba en el sof con una mueca de disgusto y apoyaba un pie calzado sobre e1 sin importarle su antigedad o la calidad del tejido.
   Trilby se manoseaba nerviosamente la falda del sencillo vestido de cuadros marrones y blancos que se habia puesto al volver de la estacin. La larga cabellera 
rubia le caa hasta los hombros, y se haba pellizcado las mejillas y mordido los labios para darles color. Pero, lamentablemente, eso no la ayudaba a parecer mas 
guapa. Richard la comparaba con Julie y la encontraba carente de atractivo.
   -Julie detesta este lugar -dijo e1, conteniendo un bostezo-. Y dudo de que Sissy aguante mucho tiempo aqui. < Viste la cara que puso cuando el indio le sonri?
   -Creo que subestimas a Sissy -replico ella, sintiendo un sbito arrebato de indignacin-. No es cobarde y estudia la cultura india en las clases de antropologa...
-Es una jovencita tonta y sin cerebro.
   Los ojos de Trilby echaban chispas.
   -Es muy instruida; y en su ambiente se muestra muy sosegada. El Oeste salvaje no es el lugar mas adecuado para todo el mundo.
   -Desde luego, mi pobre querida, no lo es para ti. Te noto apagada, Trilby -dijo el, pensativo-. Estas plida y delgada. Considero que deberas regresar al Este 
con nosotros.
El rostro de Trilby se ilumino.
-De verdad?
   -Claro! Podras encontrar a alguien que te hospedara, no te parece?
   Richard actuaba como si le resultase totalmente indiferente lo que ella hiciera. Trilby no pudo evitar que la decepcin se trasluciese en su rostro. Habia esperado 
tanto y reciba tan poco! Sonr1, como si la actitud de su amigo no le importase, y volvi a la cocina para ayudar a Mary. La visita de sus sueos estaba convirtindose 
en una pesadilla y el solo llevaba un da all.
   Trilby haba pensado que no podra ser peor, pero a partir de ese da la situacin se agravo. A Richard le irritaba todo; desde su dormitorio hasta la falta de 
comodidades en la casa y el hecho de que el agua extrada del pozo debiera calentarse en la cocina para el bao. El acostumbraba a tomar un bao diario y, cuando 
Jack menciono que el agua era un bien costoso, se limito a rer.
   Ben no se comportaba de una forma tan desagradable. Pasaba la mayor parte del tiempo con Teddy, Mosby Torrance y los vaqueros, interesndose por el trabajo de 
estos. Para asombro de todos, trataba a los caballos con toda familiaridad y al cabo de dos das cabalgaba como un nativo. Incluso se vesta con el atuendo propio 
de los vaqueros y lo lucia con tanta naturalidad que uno de los mejicanos comento que ya perteneca al rancho. Cuando no cabalgaba, se sentaba en compaa de Ted 
a escuchar los relatos de Torrance sobre los viejos tiempos con inters halagador. El viejo y el simpatizaron de inmediato.
   Sissy no se separaba de Trilby, lo que dificultaba que esta conversara con Richard. En realidad, eso no importaba mucho, porque Julie, cuando no estaba durmiendo, 
no se apartaba de el.
   -Los indios no atacaran -aseguro Trilby a su amiga-. Debes relajarte y dejar de buscar grupos guerreros.
Sissy suspiro e hizo una mueca.
   -Esa es la impresin que doy? No me asustan los grupos guerreros -dijo Sissy.
   En realidad, solo buscaba a un apache en particular, a quien encontraba fascinante. Era una estupidez esperar que e1 tratase de encontrara a ella. Con el cabello 
oscuro recogido en un mono, vestida con una blusa marinera y una falda larga y calzada con zapatos acordonados de tacn alto, Sissy ofreca un aspecto muy femenino. 
Ni siquiera ]as gafas restaban atractivo a su bello rostro y sus grandes ojos verdes. Y cuando sonrea, era encantadora.
   Desde su llegada Sissy se haba mostrado extraamente silenciosa. No era la compaera entusiasta y vivaz que Trilby haba conocido en la infancia. Pareca preocupada.
   -Julie parece estar disfrutando -dijo Trilby, observando a travs de la puerta del pasillo a Julie y Richard, que jugaban al ajedrez en el saln.
   -Esta loca por Richard -dijo Sissy con tristeza-. Lo siento. Se que estabas enamorada de el. Pero ellos son mucho mas afines, no te parece?
-Supongo.
   No quera hablar de ese tema; se senta desdichada. Sissy la abrazo.
   -No te preocupes, se te formaran arrugas en la cara. Todo se arreglara -la consol con dulzura.
   Trilby le devolvi el abrazo.
   -Soy tan infeliz. No se nota? Crea que el me haba echado de menos, pero no fue as. Me temo que he fantaseado demasiado. Richard ama a Julie.
   -Lo se. Quise escribirte para informarte, pero no pude. Quiero a mi hermano, pero no se merece a alguien tan dulce como tu -afirmo Sissy con solemnidad-. Ben 
es dos veces mas hombre que el.
Trilby ri.
   -Mi cabeza lo sabe, pero mi corazon no escucha. Lo he amado siempre.
   -Yo no se mucho sobre el amor -murmuro Sissy, con la mirada clavada en el horizonte-. Dudo de que algn hombre llegue a enamorarse de mi; es lgico -se apresuro 
a decir cuando Trilby comenz a protestar-. Realmente, creo que no sirvo para ser una buena esposa y madre; soy demasiado rara. Trilby, crees que podramos explorar 
las montaas? -pregunto Sissy de repente-. Me encantara buscar ruinas antiguas. Los indios hohokam habitaban esta zona hace muchsimo tiempo, segn dijo el doctor 
McCollum.
   -Supongo que tu doctor McCollum es el amigo de Thorn Vance. Debe de conocer muchsimo sobre esta zona.
   -En efecto, pero explico muy poco sobre los apaches -aadi Sissy, frunciendo el entrecejo-. Recuerdo que otros estudiantes hablaban de un apache en particular 
a quien McCollum menciono en una conferencia, a la que no asist porque estaba enferma; los apuntes que me prestaron no incluan ninguna referencia al respecto. 
-Miro a Trilby-. Debe de haber muchos objetos interesantes en esta zona; es muy rica histricamente.
   -Si, creo que podramos emprender una exploracin. Preguntare a pap.
   -Gracias -dijo Sissy-. Seria estupendo. Y vamos a ir de caza? Yo no quiero disparar contra nada...
-No tendremos que hacerlo. Eso es algo con que
    disfrutan los hombres. En cambio acampar al aire libre resulta divertido, no te parece? -pregunto Trilby-. A menudo me he preguntado como seria. Nunca se me 
ha presentado la oportunidad de hacerlo.
   -Que gran idea, Trilby! -exclamo Sissy, sonriendo-. Me alegro de haber venido.
   -Y yo de que lo hayas hecho -dijo Trilby, sin apartar la vista de Julie y Richard.
   -La universidad seguir estando all cuando comience el prximo trimestre.
   Richard oy la suave voz de Trilby y advirti que lo observaba. Le complaca ser el centro de atencin en la competencia que se haba establecido entre la tmida 
Trilby y la sofisticada Julie. Alzo la vista y al captar la mirada de Trilby le sonri lentamente. Ella se ruborizo y el ri.
   -Te divierte algo? -le pregunto Julie con curiosidad.
   -Por supuesto, el juego me resulta estimulante -replico el.
   En realidad, no se refera al ajedrez.


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  A Lisa Morris le irritaron las miradas perspicaces y compasivas que le dirigieron las esposas de los otros oficiales. Estaba habituada a la vida del ejercito por 
haberse criado en cuarteles, e incluso acostumbrada a las aventuras de su marido. Sin embargo, hasta entonces David haba actuado con discrecin, y nadie se haba 
enterado de sus devaneos.
  Solo el hecho de que en esta ocasin se hubiese enamorado verdaderamente justificara su comportamiento. Si as era, sin duda accedera gustoso al divorcio. Lisa 
deba anunciarle que lo haba solicitado, y pronto.
  Estaba tan absorta en sus pensamientos que camino directamente hacia un hombre alto, vestido con un uniforme de color caqui, sin verlo.
-Alto, seora Morris -dijo una voz ronca y ruda.
  Unas manos fuertes y firmes la cogieron por los hombros y enseguida la soltaron cuando ella se detuvo.
La mujer alzo la vista hasta los ojos increblemente azules del medico del puesto, el capitn Todd Powell. Aquel hombre no se pareca en nada a su esposo. Era tan 
violento que ninguno de los soldados se haba atrevido a fingir una enfermedad para aludir alguna misin desagradable. Se mostraba cruel cuando le importunaban y 
a veces beba en exceso.
   Sin embargo, siempre haba tratado a Lisa con amabilidad. Cuando perdi el bebe y su marido se hallaba de maniobras, fue Todd Powell quien permaneci sentado 
junto a su cama toda la noche mientras ella lloraba y dorma a ratos. Fue Todd quien entero al nio, quien hablo con ella, quien la escucho y finalmente la obligo 
a volver a la vida. Tal vez intimidaba a los dems, pero a Lisa le inspiraba una ternura extraa, que se reflejo en sus ojos cuando le sonri.
   -Gracias, capitn Powell -dijo con dulzura-. Estaba reflexionando sobre ciertas cuestiones. Lo siento.
El capitn tomo aliento.
   -Tengo entendido que esas cuestiones podran ser la ultima amante de su esposo -dijo bruscamente.
La mujer enrojeci.
-No debera decirme esas cosas.
   -Alguien debe decir algo sensato, seora. Durante cuanto tiempo esta dispuesta a tolerar la ultrajante conducta de su marido? Sin duda habr odo el cotilleo.
   -Por supuesto que si. -Vacilo, mirando alrededor para asegurarse de que nadie poda escucharlos-. Yo ... he iniciado los tramites de divorcio. No se adonde ir...
   El rostro v la mirada del hombre se suavizaron.
   -Yo si. -Cogindola del brazo, la condujo hacia un coche-. Usted viene conmigo.
-Capitan Powell! -protesto ella.
-Solo quiero presentarle a una persona -dijo el.
   Tras ayudarla a subir al automvil, se sent al volante junto a ella y refunfuo con impaciencia hasta que consigui que el motor arrancara.
   Cuando el viento le refresco el rostro, Lisa se sino mejor y olvido los chismorreos. El doctor Powell tenia una manera de asumir la responsabilidad de las situaciones 
que la reconfortaba. Sonri ante la irona que suponia ser cuidada, pues haba pasado la mayor parte de su vida atendiendo a su padre primero y luego a David.
Resultaba agradable que alguien se mostrase solicito con ella.
   El capitn no se alejo demasiado; detuvo el vehculo en un pequeo establecimiento cercano a la ciudad de Courtland.
-Aqu es -anuncio.
   Despus de ayudarla a apearse del coche, la condujo hasta una bonita casa blanca que destacaba entre las que flanqueaban la diminuta oficina de correos. El llamo 
a la puerta, y sonri, quitndose el sombrero, cuando una mujer mayor sali a recibirles.
   -Hola, Todd -saludo la mujer-. Quien es esta seora?
   -Una joven que muy pronto necesitara un lugar donde alojarse -respondi Todd-. Todava tiene una habitacin disponible para alquilar?
   -Claro que si -dijo la mujer amablemente-. Soy la seora Moye. Y puede pagar su manutencin ocupndose de las tareas domesticas, silo necesita.
   -Usted no me conoce... -comenz a decir Lisa.
   -Conozco a Todd -la atajo la seora Moye-. La opinin que el tiene de usted me basta.
-No estoy muy preparada... -dijo Lisa.
   -Cuando lo este, podr instalarse en la habitacin -interrumpi la seora Moye-. No les gustara entrar y tomar una taza de te?
   -Ojala tuvisemos tiempo -intervino Todd cortsmente-. Tal vez la prxima vez.
-Espero que sea as. Adis, querido amigo.
     -No me ha presentado -observo Lisa cuando Todd le abri la portezuela del coche.-No hubiese sido prudente. -Clavo su intensa mirada azul en los ojos de la mujer-. 
Esta demasiado delgada, pero continua siendo encantadora.
   Lisa se sinti aturdida. Ningn hombre la haba mirado nunca como el capitn Powell. Ante su presencia, experimentaba extraas punzadas en los muslos, en el bajo 
vientre, y un hormigueo recorra todo su cuerpo. Ni en los momentos mas ntimos David haba provocado en ella sensaciones tan placenteras.
Todd se aclaro la garganta.
   -Supongo que ser mejor que nos apresuremos a regresar al puesto.
-Si, si, desde luego.
   Lisa entro en el coche. El hombre poso la mano sobre la mueca de ella para ayudarla y se demoro un instante. La mujer alzo la vista para mirarlo, y se le encendi 
todo el cuerpo. Era alto y corpulento. Tenia manos grandes y un rostro de rasgos irregulares y toscos; no era guapo en absoluto. Sus lacios cabellos negros calan, 
indomables, sobre su frente amplia y sudorosa. Tenia cejas espesas y una nariz enorme. No era atractivo, pero ella deseaba besarlo. Lisa desvi la vista, sintiendo 
algo muy semejante al pnico.
-Cuidado con la falda -aviso el.
   Cerro la portezuela y rodeo el automvil mientras Lisa lo observaba con una mezcla de incertidumbre y anhelo. No deba interesarse por el, pues el capitn solo 
trataba de mostrarse amable.
   Todd Powell sabia lo que era sufrir. Su esposa y su hijo haban sido asesinados muchos anos atrs. Sola beber cuando lo recordaba. Se lo haba contado a Lisa 
cuando ella convaleca, abatida y angustiada, tras haber perdido a su bebe. El capitn le haba explicado que conoca el dolor que causaba la muerte de un hijo. 
Le habia hablado del levantamiento apache a consecuencia del cual muri su familia, de su propia angustia. No se lo haba revelado a nadie mas que a ella.
    Aquel momento de debilidad los avergonz poco despus, y por ello haban evitado aludir a el. Sin embargo, haba nacido entre ellos un afecto que creca da 
a da. El la observaba cuando ella no se hallaba en el cuartel de su marido, al igual que Lisa lo contemplaba cuando el no lo adverta, aunque procuraba no hacerlo. 
Era una mujer honesta, y el capitn Powell, un hombre honorable. Pero si no estuviese casada... Ojala no lo estuviese!
   Regresaron al puesto sin que ninguna mirada fisgona los observara.
   -Gracias -dijo ella, vacilante-. Me reconforta saber que dispondr de alojamiento en caso de que lo necesite.
   -Usted sabe que el no abandonara a su amante -dijo el capitn, con voz serena-. Lo nico que puede esperar es que la situacin empeore con el tiempo. Su esposo 
es un insensato, y la muchacha esta profundamente enamorada de el. Ella no es una mala persona -aadi con rudeza-. Es una mujer bastante atractiva que no suele 
perseguir a los hombres casados. Fue el quien la acoso.
   -Comprendo-replico ella. Luego busco los ojos del capitn-. Usted la conoce
El pareci molesto.
   -Se algo sobre ella. Es una mujer joven que procede de una familia pobre, pero honrada y honorable, que no aprueba la relacin.
Ella se movi un poco.
   -Tal vez el tambin esta enamorado -dijo con calma-. Eso explicara su comportamiento. -Alzo la vista-. Gracias por ayudarme.
El capitn apret la mandbula.
   -No es ninguna molestia ayudar a alguien con problemas. Buenos das, seora Morris.
Ella observo como se alejaba, con las manos unidas a la espalda en su postura caracterstica, hacia el dispensario. Pareca triste y solo, y ella sinti pena por 
la soledad del hombre. En realidad ella tambin se encontraba sola. Decidi que esa noche hablara con David del divorcio. De nada servira posponerlo...
    Lisa acababa de poner la cena en la mesa y estaba retirando la cafetera del fuego cuando la puerta principal se cerro de un golpe y unos pasos pesados resonar,,,, 
en la cocina.
    -El capitn Arthur me ha dicho que lo vio en el automvil del capitn Powell. -David estaba furioso, el rostro rojo de ira.
Ella se volv1 hacia el con gran serenidad. -Si, as es. La cena esta en la mesa.
    El guardo silencio. Lisa casi poda ver al cerebro de su marido trabajando, tratando de decidir como afrontar ese nuevo y extrao comportamiento.
-Por que paseabas en coche con el medico del puesto?
    -Porque e1 sabia donde poda alquilar una habitacin -respondi ella.
    Lo miraba con firmeza y sin parpadear, como una serpiente presta a atacar. La transformac1n que haba experimentado sorprenda a David. Lisa, tranquila y silenciosa, 
se haba convertido de pronto en una mujer independiente y obstinada. Hasta su postura haba cambiado.
   -No esta bien que te vean en compaa de otro hombre...
-Esta bien que te vean a ti con otra mujer? -interrumpi ella, con calma.
El enrojec1.
-Selina no es asunto de tu incumbencia -dijo, tajante. -Es de la incumbencia de todo el puesto, o no sabias que las esposas de tus oficiales se regocijan informndome 
de vuestra aventura? -pregunto ella.
El coronel se meso, irritado e incomodo, su espesa cabellera rubia.
-No lo sabia -dijo lentamente.
   -No importa, David. Ya no importa. He hablado con un abogado -anunc1 ella, aspirando hondo- para iniciar los tramites de divorcio.
   El la miraba atnito.
   -Has iniciado... que? -estallo-. Como te atreves! Ella entrelazo las manos delante de su regazo.
-Lo hago con la mejor intencin... Sin duda lo comprenders. Si verdaderamente amas a esa chica, y ella te ama...
   David haba enmudecido. Lo primero en que pens fue en su carrera; el divorcio le perjudicara, sobre todo si era su esposa quien lo solicitaba.
   -Debes paralizar los tramites -dijo framente, con una mirada amenazadora.
   -No lo har! David, ambos sabemos que te casaste conmigo por mi posicin. Durante anos me has deshonrado con quien te ha apetecido. Pero esta ultima afrenta 
resulta intolerable. Me has convertido en el hazmerrer del puesto. Me divorciare de ti. Y nada de lo que digas o hagas me detendr!
   El perdi la cabeza. Impulsado por el afn de vengar la humillacin a que ella se propona someterle, alzo la mano y abofeteo a la mujer con tanta fuerza que 
la hizo caer sobre la plancha de hierro candente de la cocina de lea.
   Lisa grito y se aparto de un salto cuando un lengetazo de dolor le quemo la cadera en el lugar en que la tela del vestido se haba pegado a la piel. El tejido 
prend1 fuego de repente, y ella agito la falda, nerviosa. El miedo y el dolor hicieron que olvidase la punzada que senta en la mejilla mientras trataba desesperadamente 
de apagar el fuego.
David se quedo estupefacto un instante. Luego reacciono rpidamente. Cogi el cubo de agua de la mesa de la cocina y arrojo el contenido sobre la falda de su mujer. 
Logro extinguir el fuego que ya haba causado una grave quemadura a Lisa. El coronel observo la piel roja y ampollada de la cadera y el costado de su esposa a traves 
del agujero ennegrecido de la tela de la falda.
   -Lisa, perdname, no pretenda... -comenz a decir, con voz ronca.
   La mujer le golpeo las manos, sollozando, e interpuso una silla entre ambos. Se senta muy mal. El dolor era terrible. De pronto, se le nublo la visin, y se 
sumi en un negro y fro olvido.
Cuando Lisa despert, se hallaba en el dispensario del puesto, Todd Powell estaba inclinado sobre ella. El hombre tena una mirada cnica y un modo brusco de hablar 
que consegua irritar a casi todos. Los soldados le teman tanto como a los indios, lo cual le diverta muchsimo.
   Entorno los ojos al examinar la mejilla amoratada de la mujer tendida en la camilla. Detrs de el, David lo observaba, plido y abatido.
   -Le he administrado un poco de morfina para aplacar el dolor, seora Morris -explico Powell-. La quemadura probablemente le dejara cicatriz, pero no es nada grave.
   -Gracias -dijo ella, empezando a notar los efectos de la droga.
-Puedo llevarla a casa ahora? -pregunto David. Powell se volvi y se enfrento al hombre. -No.
-Yo soy el comandante en jefe -record David.
   -No soy ni ciego ni ignorante -replico el medico, impertrrito-. Una ojeada a la mejilla de su esposa explicara este... accidente..., coronel Morris. Todos estamos 
enterados de sus devaneos y yo se que ella ha iniciado los tramites de divorcio. No regresara a su cuartel. A menos que le apetezca comparecer ante un tribunal militar 
por conducta impropia de un oficial y caballero, le aconsejo que no fuerce los acontecimientos.
-Usted sabe muchas cosas -dijo David, enfadado.
                                 -Llevo mucho tiempo aqu, coronel -repuso Powell con calma, midiendo con la mirada al otro hombre-. Mientras usted se hallaba en 
el Este, situado en la sociedad de Washington, yo estaba aqu, en el desierto, extrayendo flechas del cuerpo de los soldados que perseguan Jernimo por este pramo 
desolado.
David enrojec1.
-Doctor Powell...
   -Vyase a casa, coronel -dijo Powell con aspereza-. Esta de mas aqu.
   David vacilo. Tras una prolongada mirada de arrepentimiento al rostro ausente de Lisa, sali del dispensario dando un portazo.
-Gracias -dijo ella, con voz somnolienta.
Una mano grande y encallecida le palpo la frente.
   -Duerma, seora Morris. No hay nada que agradecer.
   Ella se dejo arrastrar hacia el sumo, sintindose segura por primera vez en mucho tiempo, a pesar del dolor. Cuando quedo dormida, un hombre melanclico con una 
gran nariz y unos cansados ojos azules se sent junto a ella y le sostuvo la mano. Y all permaneci hasta la maana.


El da de Accin de Gracias haba transcurrido tranquilo y sin novedades. Las mujeres haban pasado la maana cocinando y la tarde limpiando. haba sido una reunin 
divertida, pero Trilby estaba triste. Las atenciones que Richard prodigaba a una Julie cada vez mas coqueta le hablan aguado la fiesta.
   Sissy persuadi a la alicada Trilby de que la acompaase al desierto, no muy lejos, para visitar algunas ruinas.
-Son ruinas hohokam? -pregunto Trilby cuando las dos mujeres bajaron de la calesa y comenzaron a recorrer un emplazamiento con restos de objetos de cermica en 
una llanura cercana a la cadena montaosa.
   -No lo se. -Sissy se arrodillo y cogi un trozo de cermica-. No es increble? -dijo con admiracin reverente-. Trilby, ate das cuenta de que este trocito fue 
fabricado por seres humanos hace tal vez mil anos?
   Trilby se abanico con el sombrero de ala ancha que llevaba en la mano. Se haba puesto una larga falda de montar y una blusa. Sissy vesta como su amiga. Haca 
mucho calor en el desierto, y el aire seco no representaba ningn alivio.
  -Me hubiese gustado traer el coche -musito Sissy. -Creme, el caballo y la calesa son mucho menos complicados.
   Trilby sonri. Le sorprenda que hubiera tenido el valor suficiente para it hasta all con Sissy, aunque el caballo que tiraba de la calesa era manso y no le 
daba miedo; adems, no haba tenido que conducir. Alzo la vista, frunciendo el entrecejo.
   -Sissy, hay nubes en el horizonte. Recuerdas lo que te dije sobre el peligro de los arroyos secos, aun cuando llueva a muchos kilmetros de distancia, y de la 
terrible crecida que se produjo en el verano?
-Si, lo recuerdo -susurro Sissy.
-Seria mejor que regresramos.
-Pero si acabamos de llegar!
-Sissy!
   -Vamos, Trilby. Solo quiero fisgonear un poco. Despus de todo, esto no es un arroyo seco. Por que no vas a buscar a Richard a los corrales? -pregunto Sissy, 
con una sonrisa traviesa-. No puedo marcharme en este momento. -Suspiro de manera teatral-. Tendrs que ir sola. -Miro a Trilby con curiosidad y sonri irnicamente-. 
Estoy segura de que se te partir el alma cuando tengas que pasar a recogerme.
    A Trilby le dio un vuelco el corazon. Se le presentaba la oportunidad de estar a solas con Richard, que haba ido con ellas hasta los corrales para observar 
como los hombres marcaban el ganado. Las chicas le haban dejado all con la promesa de regresar al cabo de unos minutos. Sissy estaba representando el papel de 
Cupido, y Trilby la bendijo por ello. Sin embargo, tendra que conducir la calesa sola. Examino con nerviosismo al caballo manso; estaba atado y las riendas se arrastraban 
por el suelo.
   -Todava me asusta un poco ese caballo -dijo Trilby, preocupada.
   -Tu le gustas. Limtate a darle un golpecito con las riendas para que se ponga en marcha y a tirar de estas hacia atrs para que se detenga. El caballo seguir 
el camino y Richard conducir de vuelta a casa.
   -Muy bien. Pero no debera dejarte aqu sola...
   -No seas tonta-interrump1 Sissy-. Estoy perfectamente segura. Adems, tengo esta cosa horrible que tu padre insisti en que trajese. -Con gran cautela cogi 
la pistola por la culata como si fuese una serpiente-. Uf!
   -Tardare poco mas de un minuto -prometi Trilby, con los ojos brillantes ante el pensamiento de estar a solas con Richard-. Eres encantadora!
   -Lo se. -Sissy ri entre dientes-. Vamos. Haz que Julie tenga algo de que preocuparse.
-Poda habernos acompaado -dijo Trilby.
   -Y estropearse el cutis exponindose al sol? ;Que horror!
   Trilby subi a la calesa, riendo ante el comentario de su amiga.
-No tardare.
   -No importa silo haces -murmuro Sissy, enfrascada ya en la bsqueda de restos de cermica.
Trilby llego sana y salva a los corrales y agradec1 entregar las riendas a Richard en el camino de regreso. Se produjo un prolongado silencio entre  ambos mientras 
la calesa traqueteaba a tu largo del camino. El calor y el olor de la piel chamuscada de los animales haban puesto de mal humor a Richard. haba palidecido en los 
corrales, y algunos de los vaqueros se haban burlado de el. Se senta herido en su orgullo.
   -Detesto este lugar -dijo irritado-. Me arrepiento de haber venido.
Trilby se rebullo en su asiento, incomoda.
   -Esperaba que disfrutaras de tu visita, Richard. No resulta tan desagradable cuando te acostumbras.
   -Siento discrepar. -Sus ojos escrutaron el horizonte-. Es como el infierno, y perdn por la expresin. Realmente es un pramo.
    Trilby bajo la vista mientras el golpeaba suavemente la grupa del caballo con las riendas para obligarle a marchar mas rpido.
-Vas a casarte con Julie, Richard?
    -No lo se -respondi el-. Es hermosa y dulce, y su familia tiene dinero. Por cierto, no le complace en absoluto vivir en medio de este maldito desierto! -Los 
ojos de Trilby brillaron al asomar las lagrimas a ellos-. ; Oh, maldita sea! Vamos, Trilby, no quera decir eso. -Richard tiro de las riendas y detuvo al caballo 
para acariciar el rostro triste de la muchacha-. Lo siento, pequea. Realmente, lo siento. Trilby...
    Le alzo la barbilla y miro su boca tierna y temblorosa. Solo la haba besado una vez, hacia mucho tiempo, y en ese momento apareca muy tentadora con sus ojos 
grises anegados en lagrimas. Sonriendo con pesar, se incline y rozo lentamente con sus labios la boca de Trilby, atrayndola hacia si.
    La joven haba esperado que cayesen estrellas si Richard la besaba de ese modo. Le sorprendi descubrir que lo que haba experimentado no se pareca en absoluto 
al placer explosivo que Thorn haba despertado en su cuerpo. Eso la hiri, y levanto la cabeza para devolverle el beso, tratando de obligarse a sentir. Ella amaba 
a Richard! Por supuesto que lo amaba!
  Eso mismo crey el hombre que cabalgaba cerca del lugar al verlos besarse. La furia se apodero de el.
  -Contrlate -dijo Naki con calma, cogindole del brazo con una mano fuerte y firme-. Ese no es el modo.
  -Tu no eres la persona mas adecuada para recomendar moderacin-dijo Thorn, soltndose de la mano con
violencia.
  -Oh, la moderacin y la cortesa forman una buena combinacin para mi gente -dijo el apache-. Un da os expulsaremos de nuestras tierras como los mejicanos estn 
decididos a hacer con los amos espaoles en esta revolucin que han iniciado. Con la diferencia de que nosotros lo haremos legalmente. Y os venceremos utilizando 
vuestras propias armas.
-Te deseo buena suerte.
   -Las mujeres son veleidosas -dijo el indio, observando como Trilby se separaba del hombre-. Este lugar
no es para ella.
   -Lo sera si tratase de adaptarse -replico Thorn, con los dientes apretados. Con el sombrero de ala ancha cado sobre su rostro delgado, ofreca un aspecto amenazador-. 
Maldito sea ese dandi del Este! Por que ha tenido que aparecer ahora? Ni siquiera es un hombre! Dios mo, vomito al ver como marcaban al ganado!
Naki dejo escapar una risa ahogada.
-Ya me di cuenta.
-Y tambin los dems. Que ve ella en el?
  -El pasado -dijo Naki sabiamente-. Los recuerdos que revive con el. -Cogi la mano de su amigo-. Si la quieres, tmala.
-Esa es tu filosofa, verdad?
Naki se encogi de hombros.
-Entre mi gente, las mujeres son fuertes, independientes y valerosas, muy semejantes a las mujeres mejicanas. Se burlan de la debilidad de un hombre. Tal sea igual 
que ellas. Podras demostrar la debilidad hombre rubio y tu fuerza.
   -A veces me sorprendes con tu perspicacia - Thorn, pensativo-. Bajemos e interrumpamos es.. emotiva.
Naki dirigi la vista hacia el cielo.
   -Esta a punto de llover. No haba salido con esa mujer flaca de gafas?
   Thorn frunci el entrecejo, preguntndose como Naki sabia eso. El los haba visto pasar en la calesa. Naki no se hallaba cerca entonces.
   -Si, los acompaaba. Su hermano menor dijo algo de ir a buscar restos de cermica.. a buscar restos de cermica.
   -Serra mejor que la encuentre. Las ruinas estn cerca de un arroyo seco.
   -Me dio la impresin de que la asustaste cuando te presentaron. Ser mejor que vaya yo.
   -No. Yo lo har -replico Naki, con una malvola mirada-. La llevare al rancho.
-No te excedas en la diversin.
Naki arqueo las cejas.
   -Como voy a divertirme con una jovencita aterrorizada?
   -No me cabe duda de que lo haras. Recuerda son huspedes de Jack Lang y que yo quiero conseguir su agua.
-Igual que quieres a su hija, si no me equivoco.
-Vete de aqui-refunfuo Thorn.
   Naki solt una risa ahogada, hizo girar su cabal se alejo en direccin a las ruinas.
   Trilby se haba apartado de Richard en cuanto di a los jinetes en la distancia. Furiosa, se dio cuenta de inmediato de quines era.
    -Que ocurre?-pregunto Richard, sonriendo. Atribuyendo su reacciona la timidez y eso le conmovi. No resultaba tan excitante como Julie, pero su boca suave
era dulce, y le haba gustado besarla. Tener a Trilby bajo su hechizo era algo demasiado halagador para no aprovecharlo.
   -All esta Thorn Vance con uno de sus hombres; creo que se trata del apache -dijo Trilby, nerviosa.
   Richard miro hacia el montculo en  donde se hallaban hombres. En ese momento el indio hacia girar su caballo y se alejaba. Vance comenz a avanzar hacia ellos, 
cmodamente instalado en la montura, como cualquiera de los vaqueros. A Richard le irrito la manera en que los miro el hombre, tan condenadamente arrogante y seguro 
de s mismo, cuando se detuvo junto a la calesa.
   -Buenos dias -dijo Thorn, tocndose el ala del sombrero a modo de saludo-. Tienen problemas con el caballo, o se han perdido,
Trilby se ruborizo.
   -Ni lo uno, ni lo otro. Solo nos paramos para charlar-respondi, con voz ahogada.
   La mirada de Thorn la turbaba, pues le traa vividos recuerdos de la fiesta v la sensacin del fuerte cuerpo del hombre contra el suyo mientras su boca exploraba 
la suya. Besar a Thorn haba representado una experiencia explosiva, mientras que la misma caricia con Richard haba resultado extraamente insatisfactoria.
   -Sin duda usted tendr algo mejor que hacer-intervino Richard, dirigindole una mirada airada.
Thorn se echo hacia atrs el sombrero.
   -Oh, claro que si -acord Thorn, divertido-. Pero amenaza lluvia y existe el peligro de una crecida repentina. Les aconsejo que regresen a casa mientras puedan.
De pronto Trilby record a su amiga.
-Sissy! ;La dej en las ruinas!
-Naki ha ido a recogerla -dijo Thorn-. Estar a salvo.
   -El apache? -Trilby estaba horrorizada-. Se llevara un susto de muerte! Ese hombre la aterroriza!
    -Ser mejor que vaya acostumbrndose a el - Replico Thorn-. Acampara con nosotros. todava quiere ir -pregunto a Richard.
El joven se animo.
    -Claro que si. Es aburridsimo permanecer todo el da en casa.
    -Esta seguro de que le gusta cazar? -inquiri Thorn, aludiendo veladamente al estomago revuelto de: hombre cuando marcaban las reses.
Richard enrojeci.
    -Hay una diferencia sustancial entre cazar y atormentar al ganado.
   -El robo de ganado es algo habitual aqui, hijo -dijo Thorn, condescendiente-. Ganado que no se marca, ganado que se pierde.
   -Estoy convencida de que Richard lo sabe, seor Vance -intervino Trilby, sarcstica.
   Thorn la mire, inclinndose sobre la perilla de su montura, y en sus ojos oscuros centelleaban vestigios do deseo. Luego bajo la vista hasta la tierna boca de 
la muchacha, donde se demoro tanto tiempo que Trilby sinti que se le aceleraba el pulso. Ella comenz a manosear las riendas con nerviosismo, temiendo que Richard 
advirtiese el inters de Thorn.
   Por supuesto, Richard se haba percatado. Le extraaba que a aquel hombre le atrajese Trilby, sobre todo cuando ella no le corresponda. Deslizando un brazo posesivo 
sobre los hombros de la muchacha, la acerco hacia si.
   -Cuando iremos de caza? -pregunto Richard a Thorn.
   Vance se irgui en la montura, y su fascinacin por la boca de Trilby se convirti en franco aborrecimiento por el dandi sentado tan cerca de ella.
   -En dos o tres das -contesto-. Debo ultimar los preparativos con Jack Lang y disponer el suministro de algunas provisiones. Tiene usted sus propios rifles?
   -Si, por supuesto -respond1 Richard-. Nunca viajo sin mi equipo de caza y acampada.
-Naturalmente.
   -Siento que tenga tanta prisa a causa de la lluvia, seor Vance -dijo Trilby, de manera intencionada.
   -Es ese el motivo por el que tengo prisa? -pregunto el-. Muy bien. Supongo que as es. Vayan con cuidado y procuren no quedarse atascados en ninguna hondonada 
del camino. Podra ser fatal. Si lo desean, me ofrezco a escoltarlos.
   -Somos capaces de llegar solos a casa-mascullo ella-. -Esta seguro de que el vaquero indio se ocupara de Sissy?
-Estoy seguro -la tranquiliz el.
Richard frunci el entrecejo.
   -Espero que usted mismo se ocupe de Sissy -dijo a Thorn-. No me gusta la idea de que mi hermana este sola con un indio.
   -Su hermana estar perfectamente segura, se lo aseguro.
   Richard interpreto que eso significaba que Thorn se encargara de su hermana y se relajo.
   -Muy bien entonces. Buenos das. -Richard tiro bruscamente de las riendas, urgiendo al caballo a salir al trote.
Thorn los observe divertido y complacido.
   -Su conducta resulta irritante, no es cierto? -dijo Richard cuando retire el brazo de los hombros de Trilby y se estiro perezosamente-. Sin embargo, ser agradable 
ponerlo en un brete cuando vayamos de caza. Toma. -Le entrego las riendas-. Conduce un rato. Estoy agotado. Trata de evitar los baches, quieres, pap?
El se recost contra el respaldo del asiento, cruzo los brazos y cerro los ojos. Trilby estuvo a punto de empezar a gritar. Solo entonces se dio cuenta de que Richard 
le haba dedicado sus atenciones para fastidiar a Thorn. Su inters haba sido fingido. Sinti ganas de llorar.
   Mientras avanzaban por el camino en direccin a] rancho, las nubes fueron aproximndose. Trilby confiaba en que Sissy la perdonara.
   
   

   


                                           9


  A medida que transcurran los minutos, Sissy se pona mas nerviosa. Se oan truenos en la distancia, y Trilby aun no haba regresado. Record la aterradora historia 
que su amiga le haba contado sobre la crecida que haba causado la muerte a varias personas unos meses atrs. Apret con fuerza los brazos en torno a su cuerpo, 
sin soltar los valiosos trozos de cermica que haba envuelto en el pauelo. Esperaba que su pasin por el pasado no fuese su perdicin.
  El sonido de los cascos de un caballo la distrajo. Le extrao que no se tratase del habitual ruido metlico que se oa cuando se acercaban los caballos del seor 
Lang. El corazon comenz a latirle con violencia. Record que los apaches solan montar caballos sin herrar.
  En ese momento el alto apache a quien el seor Vance haba llamado Naki apareci a la vista por encima de la cresta de la colina. Apenas poda creerlo! El corazon 
le dio un vuelco cuando observo, con ojos desorbitados, su majestuosa silueta, que se recortaba contra las nubes. Decidi no demostrarle su inters.
El apache se dirigi hacia el lugar en que se encontraba Sissy y detuvo el caballo para mirarla fijamente por encima de su arrogante nariz. Esta vez no sonrea de 
manera amenazadora. Sus ojos oscuros no revelaron nada mientras constataban el aplomo y la serenidad de la chica. Su comportamiento distaba mucho del que abra exhibido 
cuando se conocieron.
   Naki pens que la muchacha era realmente delgada y demasiado plida. Pero aun cuando tuviese miedo de el y lo ocultase, no haba echado a correr. Eso le intrigaba.
   -Lluvia -dijo el, sealando hacia el horizonte y luego al arroyo seco corriendo-. Mujer blanca ser arrastrada por el arroyo cuando llegue la Lluvia -aadi, impasible.
   Ella alzo la vista para mirarlo, y un brillo malvolo destello en sus ojos verdes. Estaba segura de que ese hombre posea cualidades que no mostraba. Era muy 
guapo, pens; la clase de hombre que nunca se fijara en una chica fea como ella. Suspiro al darse cuenta de que su falta de atractivo representaba una desventaja 
tanto en el Este como en Arizona. " Nada cambia -pens-, excepto el lugar en que eres desdichada."
   -No tiene que mirarme como si la perspectiva de mi inminente desaparicin le resultase tan agradable -dijo ella con tono burln.
Naki arqueo las cejas.
   -Tal vez hundirse como una piedra con esas ropas. -El sealo la larga y gruesa falda de Sissy.
El sarcasmo del apache la saco de sus casillas.
   -Tal vez usted caer de su alto caballo y romper su arrogante cuello -replico ella, imitando su forma de hablar.
   El ri entre dientes y cruzo las muecas sobre 1a perilla de la montura, inclinndose para examinarla. La joven le gustaba. No recordaba haber sentido algo as 
por una mujer desde la muerte de Conchita. Su esposa haba sido hermosa, y esa mujer no lo era. Con todo, haba algo en ella que le atraa.
-Muchas serpientes de cascabel aqui.
    -Lamento frustrar sus expectativas, pero las serpientes de cascabel no me asustan. Tambin abundan en el Este y son mas grandes que las que he visto hasta ahora 
en Arizona. Me encantara charlar con usted, querido amigo, pero no me gustara morir ahogada aqui. Mi amiga vendr pronto a recogerme.
   -No pronto. -Naki sacudi la cabeza-. Demasiado ocupada besando hombre blanco en calesa.
   -Oh, maldita sea! -exclamo ella, preocupada-. Se olvidara de mi y me ahogare!
-Injun salvar mujer blanca. Yo sacar usted de aqui.
   Ella lo miro recelosa. Eso no pareca real. Ella sabia a ciencia cierta que, aunque por lo general los apaches se haban adaptado a la poca moderna, algunos 
de los que Vivian en Sierra Madre se dedicaban a saquear los poblados mejicanos. Si el estaba burlndose de ella -y Sissy sospechaba que as era-, haba llegado 
el momento de mostrarle su verdadera personalidad.
   -Un cuerno -dijo la joven, enrgica-. No permitir que me lleve a su tienda y me obligue a masticar sus mocasines. No he olvidado que usted pregunto al seor 
Vance cuantos caballos peda mi hermano por mi. No ira con usted ni hasta la roca mas cercana!
Los ojos oscuros del hombre centellearon.
-Pimiento Chile -murmuro.
   -Pimiento Chile picante -acord ella-. Tenga cuidado de no quemarse, piel roja.
   Ya estaba bien de subterfugios. No le importaba descubrirse ante esa muchacha procedente del Este.
   -Usted es una adversario interesante, seorita Bates -replico en perfecto ingles-. Podemos discutir sus horrorosas metforas mas tarde. No me gusta el aspecto 
de esa nube. Suba antes de que nos ahoguemos los dos aqui.
   Ella arqueo las cejas cuando se dio cuenta de que su corazonada sobre el hombre era acertada. Ri y apret Los labios.
    -Es el sol -dijo ella-. He estado demasiado tiempo aqui. Usted es muy bromista, eh?
    -Considero que la posibilidad de morir ahogados no es como para bromear al respecto -replico el con calma, acercando mas el caballo a Sissy para tenderle la 
mano-. Vamos. No tenemos mucho tiempo. Las distancias son engaosas aqui, y las crecidas pueden alcanzarte antes de que te des cuenta. Dos amigos de Vance perecieron 
en la crecida del verano, y eso que conocan el terreno.
-Habla ingles bastante bien -dijo ella, tmidamente.
   -Hablo ingles, espaol y latn. Incluso algo de griego. Pero por el momento basta con el ingles.
    El ruido de truenos a lo lejos la impulso a actuar. Cogi la mano de Naki y se encontr alzada hasta la montura para quedar sentada delante de el. La fuerza 
del apache la fascino, pues acostumbraba relacionarse con intelectuales, no con hombres de accin. El controlo expertamente al nervioso caballo con la presin de 
sus rodillas mientras la acomodaba contra e1 y emprenda el regreso al rancho de los Lang. El hombre ola a viento, pino pionero y desierto. No estaba sucio en absoluto, 
aunque un poco de polvo amarillo se haba adherido a sus ropas, igual que a las de ella.
   -Por que? -pregunto Sissy, mirando fijamente el bello rostro bronceado, que se hallaba demasiado cerca como para no inquietarla.
   -Por que la he engaado? -El sonri con leve altivez-. Disfruto burlndome de la imagen que la mayora de ustedes, los blancos, tienen del salvaje pobre e ignorante.
Ella enrojeci. -Ya.
   -Supongo que nunca se le ocurre pensar a ninguno de ustedes que grandes civilizaciones habitaban este pas cuando sus antepasados europeos se dedicaban a golpearse 
la cabeza unos a otros con palos.
   -Los hohokam eran muy civilizados -acord ella-. Su sociedad se estructuraba en torno a la cohabitacin pacifica y la idea de compartir, y sus ritos de purificacin 
para matar a un enemigo duraban tanto que apenas fueron capaces de it a la guerra.
   -Usted es una mujer instruida -observo el, sonriendo asombrado y complacido. Bajo la mirada hasta ella cuando el caballo aflojo el Paso en los surcos del camino-. 
Si. Los hohokam vivieron aqui tal vez miles de anos atrs. Regaban la tierra y la cultivaban, construyeron ciudades; eran inteligentes y pacficos.
    - Sus antepasados no... ? -Naki prorrumpi en carcajadas.
    -No -exclamo ella, temiendo haberle ofendido-. No quise decir eso. Quera preguntar si no fueron ellos los antepasado del apache.
    -Nadie lo sabe. Los arquelogos suponen que tal vez fueran los antepasados de los pima y los papago -comento el-. Sabe que significa la palabra -apache-?
-No.
-Es una palabra zuni que significa "enemigo>>.
-Como se denominan los apaches a si mismos?
-El pueblo.
   -Hace poco conoc a una chica cherokee en el Este -dijo Sissy, excitada-. Me explico que la palabra cherokee que los designa a ellos mismos quiere decir pueblo 
principal>.
   -Sioux tambin significa -pueblo-. La mayora de los indios se refieren a si mismos de ese modo. Por que se ha preocupado por aprender tanto sobre nosotros si 
nos tiene miedo?
   -No tengo miedo. El da que le conoc estaba burlndome de su imagen de las mujeres blancas -bromeo ella-. Los apaches raptan a las mujeres...
El la observo y apret los labios.
-As es -dijo Naki, divertido. Poso la vista en el corpio de la muchacha-. E imagina lo que les hacemos. Oh, oh.
   Ella se ruborizo un poco y le lanzo una mirada furiosa.
-Seor Naki...
   -Me llamo Dos Puos en mi lengua -interrumpi el, corrigindola-. No le parece que los indios somos muy precisos en cuanto a los nombres?
   -Le agradecera que dejara de mirarme de ese modo...
   -Esta muy guapa cuando se ruboriza -afirmo el-. No violo a las mujeres blancas, seorita Bates. En realidad, prefiero las de piel oscura y mas llenitas. Por no 
mencionar que lo que usted esta pensando es imposible a lomo de un caballo.
El rostro de Sissy se encendi aun mas.
-Yo no estaba pensando nada!
   -Supongo que debera disculparme por hacer un comentario indecente como ese, pero ya sabe como somos los salvajes.
-Atrevidos, injuriosos...
   -Incluso as se alude a nosotros en los libros -dijo cl, pasando por alto sus adjetivos-. -Nobles salvajes", como si careciramos de cerebro.
Ella se echo a rer.
   -Como aprendi a hablar tantos idiomas? -pregunto ella, para cambiar de tema.
   -Los curas me ocultaron cuando el gobierno de Estados Unidos traslado a Florida a toda la tribu de Jernimo despus de su rendicin. Finalmente, los instalaron 
en Fuerte Skill, en Oklahoma, pero yo ansiaba permanecer aqui, en mis montanas. Los curas descubrieron que tenia buena disposicin para aprender y me ensearon.
-Y sus padres?
   -Mi madre muri cuando yo nac. A mi padre lo mataron al tratar de escapar de la caballera cuando nos sitiaron -respondi, con amargura.
-Lo lamento...
   -Ustedes, los blancos, siempre dicen lo mismo -dijo Naki al evocar los episodios mas dolorosos de su pasado. Luego, con la vista perdida, aadi--: Nos robaron 
cuanto poseamos, asesinaron a los nuestros y nos esclavizaron. Han aniquilado prcticamente a la tribu apache chiricahua. Yo comparto mas afinidades con los campesinos 
mejicanos que con los blancos, seorita Bates. Se que significa pertenecer a una rata oprimida sin posibilidad de rebelarse.
   -Su pueblo combati, igual que los mejicanos luchan ahora -alego ella.
   -Tal vez los mejicanos ganen. Son muchos y su causa es justa -dijo con fervor-. Mi pueblo, en cambio, era poco numeroso y se hallaba esparcido. Y sabe que nos 
separa de los blancos, seorita? Sabe en que se diferencia su gente de la ma? En la codicia. El hombre blanco ambiciona poseer o controlar cuanto le rodea, mientras 
el apache solo desea vivir en paz con el mundo y su gente. La codicia nos es tan ajena como el honor lo es a la mayora de los blancos.
   Las palabras del hombre impactaron a Sissy. Haba sido una maana de muchas revelaciones, pero esa era inesperada. Naki era mas culto que ella y probablemente 
mas inteligente. Que terrible tener una mente as y ser tratado como un mono!
   -Debe de resultar doloroso que la gente lo juzgue de manera tan errnea -dijo ella al cabo de un rato.
   El hombre clavo la mirada en los ojos serenos y dulces de la muchacha.
   -Thorn dijo que yo la asustaba. No quera que viniese a buscarla.
     -No me asusta en absoluto -se apresuro a negar ella, apenada-. Usted no es el nico que sabe representar un papel. Estara dispuesto a darme lecciones sobre 
su cultura? -pregunto.
   El solt una risa ahogada y fra cuando se acercaron al rancho de los Lang.
-Podra persuadirme.
-Por que le llaman Dos Puos? -se intereso Sissy.
El tiro de las riendas del caballo y la miro a ella.
   -Cuando la caballera vino por nosotros, yo ataque a uno de los soldados con ambos puos.
-Oh.
   -Tena cinco aos -murmuro el, sonriendo-. Los curas suplicaron al oficial a quien golpee que no me castigase y me permitiese it con ellos. Nunca lo olvidare. 
Era un medico. En la actualidad esta destinado en Fuerte Huachuca y me visita de tanto en tanto.
-Debe de ser un hombre bondadoso.
   -Desde luego, mostr una gran bondad, pues los apaches haban asesinado a su esposa y su hijo pequeo el mes anterior.
-Sin duda es un hombre especial.
   -S. Se han producido demasiadas muertes en ambos bandos como para que las relaciones entre mi gente y la suya sean fciles.
   -Supongo que as es. -Ella alzo la mano hacia la larga y abundante cabellera negra del hombre. Luego empez a retirarla, pero de pronto cedi al impulso de tocar 
los lacios mechones-. Es la primera vez que veo a un hombre con pelo largo.
   El contacto de los dedos de la muchacha result sorprendentemente perturbador a Naki. Le cogi la mano y se la aparto, con ojos fros y esquivos.
   -Perdneme -balbuceo ella, desviando la vista.
   El apache se arrepinti de haberla rechazado de forma tan brutal. Sin embargo no poda permitir que Sissy entrara en su vida, ya que el blanco y el rojo nunca 
se mezclaban.
   -Es mejor evitar las situaciones imposibles -dijo el con frialdad.
   Cuando Sissy se dio cuenta de lo que esa frase implicaba, su corazon comenz a latir con fuerza. Lenta, muy lentamente, volvi la vista hacia el y encontr en 
sus ojos lo que haba estado buscando toda su vida.
   -No -susurro ella, en protesta, cuando noto que Naki la tocaba.
-No -acord el.
   Sin embargo la mano del hombre se desplazo hacia el mono que recoga su cabello en la nuca. Naki atrajo el cuerpo de Sissy hacia si, de modo que sus rostros quedaron 
tan cerca que el mundo se redujo para la joven a los ojos de el. Ella tembl ante el sbito embate de placer que la inundo. Los dedos del hombre se contrajeron, 
y algo puramente masculino y triunfador apareci en su rostro y sus ojos ante la sumisin de Sissy. Pero la prudencia le aconsejo contenerse.
   -Mientras permanezca aqu, limite su bsqueda de restos arqueologicos a los terrenos que rodean la casa -dijo el, con voz ronca-. Porque este es un viento violento 
de que no es posible protegerse -enfatizo mientras su mano reforzaba su dominio-. Entiende?
-Creo que si.
   Sissy se estremeci al experimentar una sensacin muy cercana al placer. Nunca antes le haba embargado algo as.
   El asinti y fue soltando lentamente la mano. Sus ojos buscaron los de ella.
    -Tuve una mujer-explico el-. Era una mejicana joven, muy hermosa. Vivamos en Mxico, en la lnea de la frontera. Su hermano era un disidente que odiaba al gobierno 
y tenia amistad con un hombre llamado Blanco, que en la actualidad es un famoso revolucionario. Un da Un oficial del gobierno mejicano se presento en nuestra casa 
con su compaa, y el hermano de Conchita, Luis, se hallaba all. Ellos le perseguan. Mataron a Luis y nos acusaron de ser revolucionarios. -El dolor ensombreci
sus ojos-. El oficial cogi a Conchita, y yo me abalance sobre el. Dos de sus hombres me derribaron. No es necesario que le cuente que hicieron a Conchita. Por fortuna, 
en algn momento de esos tormentos que le infligieron, ella muri. -El semblante de Naki se endureci-. No quiero volver a sentir lo que sent por ella. Trabajo 
para Thorn Vance y vivo solo. Y as seguir por el resto de mi vida.
    Las lagrimas anegaron los ojos de la muchacha, empaando sus gafas. Sollozaba por e1 y por la mujer que el haba amado; sollozaba por si misma, por tener la 
desdicha de sentir algo de manera tan repentina por un hombre que rechazaba su afecto. Sollozaba por el mundo.
-Detesto las lagrimas -mascullo el.
    Sissy se quito las gafas y se enjugo los ojos con la mano sucia de polvo.
    -Oh, yo tambin -murmuro con voz quebrada-. De manera que, por favor, nunca llore delante de mi. Me sentir destrozada si lo hace.
   Un minuto mas tarde, Naki se encontr sonriendo a pesar del dolor que le haba embargado segundos antes. Recorri con el dedo ndice las huellas de las lagrimas 
en las mejillas de la muchacha y miro sus ojos hmedos como si la conociera profundamente, lo que le produjo un gran impacto. De algn modo, Naki intuyo que Sissy 
no sola llorar, que ella no demostraba debilidad, dolor o pesar delante de los dems.
   -Dijo que fingi temerme la primera vez que nos vimos. , Por que? -pregunto Naki de repente.
Ella hizo una mueca.
   -Los hombres no se fijan en mi porque soy fea, flaca e instruida... Quera que usted reparase en mi -respondi ella, secndose los ojos.
    Y el lo haba hecho; la haba mirado, recordado y deseado. Escudrio el horizonte y diviso la casa y gente en el porche delantero. El y Sissy se encontraban 
fuera del camino, entre las rocas, ocultos a la vista. En el rancho no tardaran en preocuparse por su husped y salir a buscarla. Deba llevarla a la casa.
   -Lo siento -dijo ella, ponindose de nuevo las gafas-. No debera haber fingido.
   -Yo hice lo mismo -replico et, con tono solemne-. Disfruto con la reaccin de los blancos cuando descubren que no soy totalmente estpido.
   -Las mujeres tambin somos estpidas, no lo sabia? Solo servimos para fregar suelos y parir. Dios nos dio cerebro, pero lo guardamos en la despensa para que 
no se estropee -repuso ella, secamente.
   El prorrumpi en carcajadas. Sissy le levantaba el animo.
   -Entiendo que tampoco a usted le complace el trato que le dispensan.
    -Eso es atenuar la realidad, seor. Cuando anuncie que deseaba estudiar en la universidad, la mitad de los miembros de mi familia palideci. Las chicas decentes 
no tienen que ser instruidas; deben casarse. -Se echo hacia atrs un mechn de cabello que se le haba soltado del mono-. Quiero informarme de los pueblos antiguos 
que habitaron esta regin, saber a que se dedicaban, como era su cultura. Usted no siente curiosidad?
    -Si -replico el-. Deseara saber mas.
    -Tambin usted podra asistir a la universidad.
    -Un indio en la universidad? -Pareca horrorizado.
    -Bueno, supongo que muchos miembros de su familia tambin palideceran.
    -No me queda familia-dijo el.
    -Lo siento. Es bueno tener familia, aun cuando a veces nos produzca irritacin.
       -Estoy de acuerdo. Debo llevarla a casa -dijo el, alzando la mirada hacia el cielo-. La lluvia es muy peligrosa aqui.
-Ya me lo haba dicho.
Naki ri entre dientes.
    -As es. -Acomodo mejor a la muchacha mientras el caballo reemprenda la marcha por el camino-. Cua1 es su nombre de pila?
    -Alexandra. Para mi familia soy Sissy porque cuando mi hermano Ben era pequeo no sabia pronunciar mi nombre y me llamaba as.
-Alexandra. -E1 sonri levemente-. Le va bien. -Usted tiene nombre de pila?
-Los curas me Llaman Hierro, es espaol. Decan que tengo una cabeza dura como el hierro.
-No puedo creerlo.
-El papel de una mujer es estar de acuerdo -se burl
   -Todos los indios son salvajes -replico ella, en broma.
   Ambos sonrieron. El caballo comenz a descender la colina rocosa en direccin al rancho. La lluvia ya comenzaba a caer.
   -No puedo creer que le hayas permitido traerte a casa de ese modo -dijo Richard a Sissy con fria altivez-. ;Un indio poniendo las manos sobre mi hermana!
   -Hubieses preferido que me dejase en el desierto para que me arrastrase la crecida? -pregunto Sissy, furiosa.
   Se haba quedado atnita ante el ataque de su hermano a la hora de la cena. Ni Mary ni Trilby, quienes se encontraban en el porche cuando Naki la llevo al rancho, 
hablaron, aunque la primera se haba mostrado sorprendida. Los hombres, que se hallaban ocupados con el ganado, se enteraron de lo ocurrido cuando regresaron a casa 
a la hora de la cena. La reaccin de Richard fue inmediata.
   -La falta de respeto... -comenz a decir, exasperado.
   -Estoy de acuerdo -intervino Jack Lang-. Hablare con Thorn sobre ese hombre.
   -Por que no hablar con el directamente? -le interpelo Sissy-. No es un salvaje ignorante.
Richard se burlo.
-Ni siquiera entiende el ingles.
   -Habla tres idiomas -repuso Sissy, tajante-, entre ellos, el ingles. Es mucho mas culto que tu, querido hermano, y menos esnob.
   Sissy se levanto de la mesa, zanjando la discusin. Mientras se alejaba, oa a Jack Lang y su hermano, que continuaban deplorando la conducta de Naki. La voz 
cantarina de Julie se uni a la de los hombres para lamentar el extravagante comportamiento de Sissy. La muchacha pens que Julie no desaprovechara la ocasin para 
criticarla y apoyar a Richard.
Si Sissy haba confiado en que tras la noche todos olvidaran su aventura, debi de sentirse decepcionada a la maana siguiente. Richard y Jack reanudaron la discusin 
sobre el incidente durante el desayuno, y Sissy fue reprendida y criticada.
   -hombres! -exclamo Sissy, iracunda, cuando una Trilby fascinada se reuni con ella en el saln despus de haber recogido los platos.
   -Ayer dijiste que Naki habla varios idiomas -record Trilby, curiosa.
   -As es. Fue educado por curas. Es un hombre muy interesante -afirmo Sissy con cierta vacilacin y se ruborizo.
Trilby no sabia que decir. El comportamiento de Sissy haba escandalizado a Richard, a los padres de Trilby, e incluso a esta. Aunque Sissy era su mejor amiga, sabia 
que su hermano tenia razn respecto de la imposibilidad de cualquier relacin entre una mujer blanca y un hombre de otra raza.
    -Sissy, el es indio -dijo Trilby-. A pesar de su educacin, pertenece a otra raza.
   -Por favor, tu no -protesto Sissy, con tristeza. Se sent, hastiada, en el sof-. Ben es el nico que no censura mi conducta. El es demasiado joven, claro. Al 
parecer tendr que enfrentarme a todo el mundo, incluida mi mejor amiga, si quiero seguir viendo a Naki.
   -No; no tendrs que hacerlo -se apresuro a decir Trilby, sintiendo que la lealtad hacia su amiga venca a la desaprobacin-. Lo lamento.
-Naki dijo que te vio besar a Richard -murmuro
Tras titubear Trilby asinti.
   -Si, pero no resulto como esperaba -dijo involuntariamente.
   -Estas enamorada de el. Sin duda fue como tu queras que fuese.
   -No, en absoluto. -Trilby se sent junto a su amiga y entrelazo las manos en el regazo-. No lo entiendo.
   -Tampoco yo, a menos que tengan sentido las alusiones de Julie a tu tosco vecino. Thorn Vance es muy atractivo, Trilby, y no te mira como la mayora de los hombres 
miran a sus vecinas.
Trilby se ruborizo.
   -Bueno, tuvimos un mal comienzo. El supona que yo era lo que no soy y me trataba de un modo nada caballeroso.
- Como?
Trilby alzo la mirada y volvi a bajarla.
    -El es... muy experimentado. Conoc una faceta de el que no debera haber conocido. Ahora esta arrepentido, pero yo ya no confi en el. -Hizo una mueca-. Sissy, 
he amado a Richard durante anos. Sin embargo, cuando me beso, no sent nada!
    Sissy le cogi la mano y la apret entre las suyas.
   -Y sentiste algo cuando te beso el guapo seor Vance?
   -Si. -Se cubri el rostro con las manos-. Estoy tan avergonzada. Sentir... eso... por un rufin!
   -Como crees que me siento yo? Me atrae un salvaje piel roja.
Trilby hizo un gesto de impotencia.
   -Y yo no te ayude en absoluto. Estoy... -Vacilo y miro fijamente a Sissy-.  Pero yo crea que te aterrorizara!
   -Siempre quise ser actriz -replico Sissy, malvola-. El me resultaba muy atractivo, y yo quera que se fijase en mi. Ahora no estoy segura de haber obrado bien. 
Naki no es en absoluto lo que yo supona.
   -Sospecho que eso mismo le sucede a el contigo.
-Trilby!
Esta se levanto cuando su padre entro en el saln.
   -Ponte el sombrero y la chaqueta, por favor -dijo Jack con arrogancia-. Visitaremos a Thorn Vance. He de asegurarme de que se ocupara de este problema. Sissy, 
debo pedirte que nos acompaes.
-Pero... -comenz a protestar Sissy.
   -Por favor, haz lo que te pido -dijo Jack Lang, tajante-. Deber sustituir a tu hermano, puesto que conozco mejor al seor Vance.
   Eso significaba, pens Trilby con perversidad, que a Richard no le gustaba la idea de que el seor Vance le rompiese los dientes por poner en tela de juicio a 
su empleado.
   -No me lo perdera por nada del mundo -murmuro Trilby, sonriendo a Sissy mientras recoga sus cosas.
Thorn se quedo mirando a sus visitantes con la boca abierta.
-Que quiere que haga?
   -Despedir a ese apache rufin, por supuesto -dijo Jack Lang, amenazador-. Realmente, considero intolerable el trato que dispenso a mi invitada, aun cuando utilice 
un vocabulario propio de un erudito de Oxford.
   -No me trato mal, seor Lang -protesto Sissy-. Por que no me escucha? Me salvo de una crecida! -Se volvi hacia Thorn, exasperada-. Seor Vance, puede hacrselo 
comprender usted? Su empleado no me ofendi.
   -Si lo hizo, querida -contradijo Jack-. El mero hecho de que un salvaje como ese te tocase...
   -Puesto que al parecer soy la causa de este alboroto, tal vez debera participar en la discusin.
   Naki cruzo la puerta muy sereno. Thorn le haba avisado despus de que Jack Lang hubiese telefoneado para anunciar su visita.
   Naki pareca taciturno. Vesta sus caractersticas ropas apaches, y su larga cabellera negra le caa sobre los anchos hombros. Dedico una sonrisa a Sissy, quien 
se la devolvi.
-Digo yo... -vacilo Jack Lang.
   Naki era alto y fuerte y Jack era demasiado consciente de sus propias limitaciones fsicas. El indio se acerco mas a el.
   -Seor Lang, usted me considera indeseable. Puedo saber el motivo? -pregunto con calma.
El rostro de Jack enrojeci.
-Es usted muy directo.
   -Opino que eso ahorra discusiones -replico Naki. No bajo la mirada ni retrocedi un centmetro. Su actitud pareca mas beligerante que la de Jack-. Quiero saber 
por que censura que acompaase a la seorita Bates a casa.
     -No... no se trata de eso -titubeo Jack-. Por supuesto que agradecemos su intervencin.
   -Pero hubiese preferido que la salvase un hombre blanco. Por desgracia, en ese momento no haba ninguno.
   Jack tuvo la discrecin de bajar la vista. Ese hombre era tan educado como Sissy haba afirmado, y Jack se senta como un canalla.
   -No me sorprenden esos prejuicios en los habitantes de Arizona, seor Lang -replico Naki-. Sin embargo, no los esperaba de la gente del Este, que supona mas 
refinada y mejor educada que los colonos rurales.
   Jack hizo una mueca cuando su mirada se encontr con la del apache.
   -Los prejuicios no siempre tienen el mismo destinatario, seor.
   -Cierto; en el Este se menosprecia a la gente de piel negra, no roja, no es as? -pregunto Naki, glacial-. Un pueblo que, en su tierra natal, fue guerrero.
-Presenta los hechos de un modo inusual.
   -Antes de que llegasen los espaoles, los aztecas y los mayas habitaban Mxico -continuo Naki-. Eran razas orgullosas e inteligentes, con sus propios sistemas 
de gobierno, culto religioso y estructura econmica. Cortes y los espaoles destruyeron esas culturas porque consideraban a los aztecas y los mayas <<salvajes,. 
Ahora es la gente civilizada, los mismos conquistadores espaol, quienes arrebatan la tierra a los peones para entregarla a ricos terratenientes extranjeros, esclavizando 
a los nativos, que trabajan hasta morir. Es este un comportamiento civilizado?
Jack carraspeo.
   -Seor, usted tiene una extraa manera de interpretar la realidad.
-Poseo una visin equitativa y carente de prejuicios del mundo que me rodea -replico Naki-. Baso mi opinin sobre los dems en sus cualidades morales, no en el color 
de su piel.
   -Naki pasa los veranos guiando a Craig McColluin por el desierto -explico Thorn-. Como ven, esta muy bien informado. -Sus ojos oscuros resplandecieron-. Y aqui 
no consideramos una ofensa salvar la vida de alguien.
   -Creo que me incumbe a mi decir si fue una ofensa -intervino Sissy-. Y le aseguro que no lo fue. Este caballero me salvo la vida. Como puede condenarlo por ello? 
-pregunto a Jack-. Si se hubiese tratado de Trilby, habria preferido que muriese arrastrada por la crecida a que aceptara la ayuda de un hombre cuya piel es de 
un color diferente a la de ella?
   Presentados los hechos de ese modo, Jack no logro encontrar ningn argumento y se avino a razones.
   -Debo admitir que la vida de mi hija estara por encima de mis prejuicios -concedi Jack-. Pero tu hermano...
   -Mi hermano es un esnob fatuo y remilgado -dijo Sissy framente, ignorando la mirada de Trilby-. Al igual que sus coetneos, su postura ante el mundo es muy intransigente.
1Pi,' Jack se aclaro la garganta mientras Trilby se ruborizaba; los ojos de Thorn comenzaron a relumbrar, divertidos.
   -Me disculpo por mi comportamiento -dio Jack a Thorn y, dirigindose a Naki, aadi con renuencia-: Le agradezco lo que hizo.
   -De nada -dijo Naki en espaol-. Creo que vali la pena arriesgarme a sufrir el desdn de mi gente por salvar una vida.
   -Perdn?
   -A mi pueblo le repugnan los blancos, seor Lang -se complaci en explicar Naki-. Por ello desaprobara mi contacto con una mujer blanca, sea cual sea la razn
   - Que impertinencia...! -exclamo hack, sin aliento.
   Naki ri suavemente. Al cabo de un minuto, el hombre del Este capto la analoga y una sonrisa asomo a sus labios.
-Si, comprendo que quiere decir-dijo Jack.
   -Permtame que la acompae -se ofreci Thorn a Trilby.
   Cogi el brazo de la muchacha, y la proximidad del hombre activo una leve reaccin en el cuerpo de Trilby. Resultaba increble que Richard, a quien ella amaba, 
no le provocara esas sensaciones, sino un individuo a quien detestaba.  O no lo detestaba?
   -Salvacin milagrosa, investigadora blanca -dijo Naki a Sissy en voz baja.
-No fue idea ma venir aqui.
-Lo se.
   Ella examino al hombre con avidez, buscando sus ojos oscuros.
   -Ya hemos acordado que dadas las circunstancias, seria desastroso intentar entablar amistad.
-Muy desastroso -concedi el.
   -Demasiada oposicin. -El asinti, y Sissy sonri, pensativa y melanclica-. Odio que me digan a quien puedo elegir por amigo.
El le devolvi la sonrisa.
-Yo tambin.
   Fue como ver asomar el sol detrs de una nube. La sonrisa de Naki animo a la joven, cuya alegra se reflejo en el brillo que ilumino sus ojos verdes.
   El deseaba de Sissy algo mas que una simple amistad, pero eso era todo cuanto podra obtener. El apache lo labia, pero ella pareca no ser consciente de ello.
   -No se te pondrn fcil -dijo el, sealando a los demos, que se encaminaban hacia el coche.
Ella lo miro.
-No me importa -declaro con voz ronca, sin darse cuenta de lo que estaba diciendo hasta que fue demasiado tarde.
    Los ojos del hombre destellaron de emocin. La mandbula se le endureci cuando reconoci el sentimiento que le embargaba, mientras apretaba los puos a los 
lados del cuerpo.
-Sissy! -llamo Trilby de una manera brusca.
   Sissy avanzo rpidamente delante de Naki. Pareca perturbada, por lo que Trilby se coloco a su lado mientras se despedan. No sabia si Thorn se haba dado cuenta 
de la corriente subterrnea que se haba establecido entre su empleado y Sissy hasta que el lanzo una rpida mirada primero a Naki y luego a su amiga antes de encontrar 
los ojos inquietos de Trilby.
   -No se preocupe -le susurro-. Yo me ocupare del asunto.
   -No lo entiende -dijo ella enseguida, procurando que no la oyesen, mientras Sissy solicitaba la ayuda de Jack para subir al coche.
-Si que lo entiendo -replico Thorn-. No es nada.
   Curiosamente, esas palabras la serenaron. El le tomo la mano y la alzo hasta su boca para besarle con ansia la palma clida y hmeda. La muchacha se ruborizo 
y Vance le sostuvo la mirada durante un momento prolongado y tenso.
   -Se exactamente como se siente Naki -murmur Thorn ardientemente, con ojos tan turbulentos como los del apache hacia unos instantes.
   Subitamente Thorn le solt la mano, la condujo hasta el coche y la ayudo a subir, con rostro ptreo y sin pronunciar una palabra. Durante el camino de regreso 
a la casa, Trilby no oy nada de lo que se hablo. Todava senta un hormigueo en la palma de la mano.



                                           10

   Lisa Morris se desplazaba entre la vigilia y el sueno. Sonri al recordar el columpio del patio trasero de su casa cuando era pequea. Su padre se hallaba fuera, 
de maniobras, y ella y su madre se haban trasladado a la casa de su abuela materna en Maryland. Era una enorme casa victoriana que tenia un gran patio, donde un 
columpio colgaba de las ramas de los rboles.
-Me gusta tanto columpiarme -musito.
   -Con que diablos esta sonando -oy que deca una voz disgustada, sarcstica.
   Ella se obligo a abrir los ojos. Un hombre alto, vestido con uniforme de oficial y con la guerrera desabotonada, se inclinaba sobre ella, y su espesa cabellera 
negra caa, desgreada, sobre su amplia frente. Aquel rudo rostro masculino sin afeitar, no era bello, y los labios parecan fijos en un rictus despectivo. La enorme 
mano del militar sostena una jeringa que pareca recin utilizada.
-Capitan Powell? -pregunto ella, con voz apagada.
   -El mismo -respondi el hombre. Dejo la jeringa sobre una mesilla. Sus ojos inyectados en sangre se miraron en los de la mujer-. Como se siente?
-Dolorida.
Al moverse, una mueca de dolor contrajo el rostro de Lisa. Luego, al darse cuenta de que estaba desnuda bajo la sabana que la cubra, se ruborizo, horrorizada.
   -Oh, por el amor de Dios, soy medico -dijo el, con frialdad-.  Realmente cree que a mi edad el cuerpo de una mujer entraa algn misterio?
    Ella trago saliva y se cio la sabana al cuerpo. Estaba atontada por los medicamentos y senta un dolor punzante en la cadera y el costado a causa de la quemadura, 
pero aun le quedaba algo de pudor.
    -Despus de todo usted es un hombre -dijo, tratando de justificar su turbacin.
    -Y usted es una mujer casada -aadi el-. Mas aun, una mujer casada que ha perdido un hijo.
    El semblante de Lisa se ensombreci. Cuando ella perdi el bebe, el doctor permaneci toda la noche junto a su cama, sostenindole la mano y hablndole con una 
voz dulce que en absoluto se pareca a la de ese hombre cnico que ahora le atenda. Mas tarde se entero que esa noche David haba estado en Douglas con Selina.
    -Usted se hallaba conmigo -dijo ella, somnolienta, y sonri- Se lo he agradecido?
-Soy medico -record el-. Es mi trabajo.
    Lisa pens de pronto que el se esforzaba por ocultar sus sentimientos de ternura o compasin, haciendo todo lo posible por aterrorizar a quienes le rodeaban. 
Sin embargo, bajo esa falaz apariencia desagradable se ocultaba un hombre sensible.
   La mujer se recost contra la almohada, suspirando temblorosa. El cabello suelto le caa sobre los blancos hombros. A pesar de su palidez y las orejas el doctor 
la encontraba hermosa.
   -El no le ha dejado ninguna marca, excepto la de la mejilla -dijo Todd inesperadamente.
Lisa se llevo una mano a la mejilla amoratada.
-Nunca antes me haba pegado.
-No me refera a eso, aunque de todas maneras lo desprecio por lo que ha hecho. Quera decir que usted parece intacta -aadi, buscando los ojos de la mujer.
   Lisa clavo la vista en la guerrera y en la camiseta de franela del hombre, que desabotonadas, dejaban al descubierto el espeso vello negro de su pecho. Rpidamente 
aparto la mirada. Esa evidencia de la masculinidad del medico pareca indecente en la estancia, a pesar de su profesin.
   -La turbo? -pregunto el, sonriendo. Luego se sent en la cama y la hizo volver el rostro para que se encontrara con sus ojos burlones, de un azul brillante y 
vivido, que parecan escudriar el interior de-la mujer-. No le gusta mirarme, verdad? Soy feo; un rufin en quien una mujer como usted nunca se fijara, aunque 
no fuese, como es el caso, casada y decente.
    Ella contuvo la respiracin, sorprendida por la franqueza con que el se expresaba.
-Capitn Powell, por favor!
   -Su marido la golpeo -dijo el con aspereza-. Pude haberle matado por ello! Dios mo, no se merece una mujer como usted.
   Lisa comenzaba a comprender que el se preocupaba por la difcil situacin que ella atravesaba. Alzo la vista hasta el hombre con curiosidad.
-Usted es muy directo, seor.
   -Si, lo soy. Y un poco borracho. Bebo para olvida lo que los apaches hicieron a mi esposa y mi hijo, seora Morris. Me ataron a un poste y me obligaron a con 
templarlo.
   Ella tendi una mano hasta el rostro del hombre y le acaricio la mejilla con tmida compasin.
-Lo siento -susurro-. Oh, cuanto lo siento.
La voz del capitn Powell se quebr. Apoyo su mejilla sin afeitar contra el pecho de la mujer cubierto por la sabana y empez a sollozar. A travs de la tela, senta 
las lagrimas y titubeo solo un instante antes de acercar el rostro del hombre al suyo. Lo de siempre, pens ella; beba para aplacar el dolor, pero eso no le inmunizaba 
contra el sufrimiento. Cuantas veces le asediara ese tormento sin tener a nadie con quien compartirlo, a quien contrselo? Que vida de farsa! Haba alguien en 
el mundo que estuviese libre del sufrimiento? La mujer rodeo la cabeza del hombre con sus brazos y la acuno contra su pecho, susurrando dulces palabras de consuelo.
     Unos minutos mas tarde, el alzo la cabeza y se aparto de ella, con el rostro sereno y ligeramente azorado. -Me he compadecido tantas veces de m misma -dijo 
ella, con calma-. Me avergenzo por ello, pues tengo muy poco que lamentar en comparacin con usted.
El se enderezo.
-Bebo demasiado -dijo de repente-. Necesita algo que la ayude a dormir?
-No, gracias. El dolor no es tan intenso.
El asinti y se dispuso a abandonar la habitacin. -Capitn Powell...
El doctor se volvi indeciso, tras haber perdido el
control unos minutos antes. -S, seora.
    -Por favor, tiene una Bata o algo con que vestirme? -Lisa se ruborizo y bajo la vista.
    -Perdneme. Hace mucho tiempo que no entraba aqu una mujer decente. -Fue hasta la habitacin contigua y apareci con una bata blanca, muy larga, que dejo sobre 
la camilla-. Usted no esta en condiciones de ponrsela.
 El rostro de la mujer enrojeci an mas. -Seor...
-Doctor.
   Al cabo de un minuto ella acepto el ofrecimiento de ayuda. Despus de todo, el era un medico, y ella estaba demasiado mareada y dolorida para arreglrselas sola.
  Powell deslizo un brazo por la espalda de Lisa para que se incorporara. Ella gimio, porque cada movimiento le causaba dolor. El capitn le haba aplicado un ungento 
en las quemaduras y las haba cubierto con un ligero vendaje.
-Permanezca sentada mientras yo le pongo la bata.
   El hombre aparto la sabana. Cuando a la dbil luz de la lmpara, vio sus senos pequeos, su expresin cambi. Lisa sinti que el inters profesional del capitn 
ceda paso al personal, y que su propio cuerpo reaccionaba ante el intenso examen de un modo que ella apenas entenda. David nunca la haba mirado. La haba posedo 
con brusquedad, sin amor, y nunca haba contemplado su cuerpo desnudo. Todd Powell no solo la observaba sino que adems le deca con los ojos que la encontraba exquisita.
   "No debera permitir esto -se reprocho la mujer-. Solo una querida consentira a un hombre contemplar su desnudez tan abiertamente sin protestar.>>
   -Capitn Powell -dijo ella, trmula, cubrindose los senos con un brazo.
Los ojos del oficial buscaron los de la mujer.
   -Perdneme, perdneme -susurro-. Yo... -Manipulo desmaadamente la Bata y al final logro ponrsela. Luego, con sus grandes dedos, torpes y temblorosos, procedi 
a abrocharle los botones. Despus la recost y volvi a cubrirla con la sabana-. Le doler durante varios das. Si decide regresar al cuartel, su... su marido tendr 
que ayudarla a vestirse hasta que este totalmente recuperada.
   -No tengo intencin de regresar al cuartel. De todas formas, mi esposo no soporta verme -dijo ella, apretando los dientes, con la vista clavada en el techo-. 
Podra esperar mas ayuda de un extrao que de el.
Powell contempl el plido rostro de la mujer durante un largo rato. -Me cuesta imaginar que exista un hombre tan ciego, seora, como para resistir la tentacin 
de verla desnuda. Y si esto es una indecencia, entonces soy un pecador que necesita salvacin.
    El medico se volvi y abandono la sala, tambalendose. Lisa lo observo antes de que saliera, muda de sorpresa. Su cuerpo experimentaba unas sensaciones que su 
negligente marido nunca haba sido capaz de despertar en ella. Se aferr al borde de la sabana y, con los ojos cerrados, rezo durante un largo rato, confesando el 
placer que le produca la compaa del doctor Powell y su necesidad de perdn. Era una mujer casada, a quien la infidelidad resultaba impensable. Aun cuando su marido 
se hubiese entregado a una pecaminosa aventura amorosa, ella no era libre de disfrutar de ninguna relacin con otro hombre, por muy inocente que fuera; no hasta 
que hubiese obtenido el divorcio.
   La mirada del medico haba provocado en ella una sensacin que nunca antes haba conocido. Esperaba que por la maana el llegase a pensar que haba sido un sueno. 
Tal vez con el tiempo ella tambin pudiese convencerse de que lo haba sido.
El coronel David Morris se hallaba lejos del puesto, incumpliendo su deber, en los brazos de Selina. Era la primera noche que pasaban juntos, y no seria la ultima, 
pens el. Amaba a esa mujer.
   El hombre se giro en la cama, exponiendo el rostro a la luz de la luna que penetraba por la ventana. Le sorprenda el modo en que se haba comportado con Lisa. 
Dios era testigo de que su esposa tenia derecho a sentirse ultrajada por el trato que el le haba dispensado durante los anos de matrimonio. Se haba casado con 
ella para progresar en su carrera; la haba arrastrado hasta all, a una vida para la que no estaba preparada; la haba dejado embarazada y se haba desentendido 
de ella cuando perdi al bebe y para colmo mantena una apasionada aventura amorosa con otra mujer. Cuando Lisa le anuncio que iba a abandonarle, el la golpe, aunque 
no haba sido esa su intencin. Gimio al recordarlo. No haba querido que el vestido se prendiese fuego y la quemase.
   -Que ocurre? -pregunto Selina, somnolienta.
-Mi esposa se divorcia de mi -respondi el.
Selina se sent en la cama, repentinamente despierta.
-Se divorcia de ti? -Su rostro resplandeca.
   -Si -contesto el, con una risa bronca-. Cuando le hayan concedido el divorcio, podrs casarte conmigo, si lo deseas.
   Ella echo a llorar de alegra. Era el sueno de su vida hecho realidad; mucho mas de lo que nunca se haba atrevido a esperar.
   -Oh, David, ser tan buena contigo... -susurro ella con fervor-, tan buena.
   La mujer lo atrajo hacia si y comenz a demostrrselo del mejor modo que sabia. El cuerpo del hombre cedi al de la mujer mucho antes que su mente. No exista 
motivo para no conceder el divorcio a Lisa, consider el mientras empezaba a excitarse; en realidad, no haba ninguno.
Mas tarde, cuando el coronel Morris regresaba, oy sonidos que le alarmaron. Con gran cautela condujo el automvil bajo la sombra de algunos rbol de paloverde y 
desconecto el motor para poder escuchar. Por lo general, prefera cabalgar, pues le disgustaba el ruido infernal del coche, que adems se averiaba, con irritante 
frecuencia. Sin embargo el da anterior haba tenido prisa por ver a Selina.
     Aguzo el odo; caballos, muchos caballos. Mientras observaba desde su escondite, una partida de hombres -mejicanos, a juzgar por sus grandes sombreros- avanzaba 
cautamente hacia Douglas.
Aunque no llego a reconocerlos, supo que eran de zona. Haba algo en ellos que proclamaba su condicin de revolucionarios, se dirigiran a realizar tareas de vigilancia. 
Cuando llegase a Fuerte Huachuca telefonear a la guarnicin de Douglas para informar de ese movimiento de tropas. Si ya estaban actuando en territorio americano, 
no tardara en armarse la de San Quintn. Por una vez haba algo de cierto en esos rumores que corran ltimamente sobre contrabando y la formacin de una partida 
de junta local.
Thorn Vance cabalgo hasta el rancho de los Lang absorto en sus pensamientos. Por vez primera en su larga amistad no poda conseguir que Naki se sincerase con l. 
Sabia que el apache estaba fascinado por la husped de los Lang, pero no tenia idea de que medida tomar al respecto. Si los sentimientos de su amigo se hallaban 
implicados, la situacin seria desagradable, sobre todo dada la opinin del hermano de la muchacha sobre los indios. Ignoraba que podra resultar de una relacin 
tan desafortunada como aquella y careca de autoridad para alejar a Naki de Sissy.
   Una alternativa seria hablar con la chica si encontrase una oportunidad para hacerlo. Se le haba ocurrido que tal vez se le presentara en la expedicin de caza, 
de modo que ya haba organizado los preparativos par acampar con los invitados de los Lang en las montaas
   Jack Lang se mostr reacio. En cambio, por primera vez desde su llegada, Richard manifest inters por algo.
   -Muy bien! -exclamo, imitando la manera de gesticular de su dolo, Theodore Roosevelt-.  Cuando par tiremos?
   -Al despuntar el da -respondi Thorn-. Dada la situacin mejicana, no quiero estar fuera despus de que oscurezca, a menos que ya hayamos acampado.
   -Perfecto. Pero no nos acercaremos demasiado a la frontera, verdad? -inquiri Richard.
   -No -le tranquilizo Thorn-. Nos instalaremos bastante lejos.
   -En ese caso, estoy dispuesto. Y tu, cario? -dijo, bromeando, a su prima Julie, que se recostaba coquetamente contra su hombro.
   -Estoy demasiado ansiosa por it -contesto, con voz ronca.
   Trilby debera haber sentido celos. De hecho, quera sentirlos. Cuando su mirada se encontr con la de Thorn, se estremeci. La muchacha poso la vista en la boca 
del hombre y deseo besarlo con un ansia tan inesperadamente ardiente que se clavo las unas en las palmas de las manos. Se volvi para colocar una servilleta en la 
mesa y, mientras lo hacia, noto la mirada de Thorn fija en su espalda.
   -Llevara a Samantha? -pregunto Mary Lang a Thorn.
   -No en esta ocasin -respondi, con voz extraamente grave-. Se quedara con mi primo Curt y su esposa en la ciudad.
   Silencio que Samantha haba rogado acompaarles y que la nia no pareca disfrutar en compaa de Curt y Lou. Por que no lo haba advertido el antes? Tendra 
que hablar con la nia al respecto.
   -Ser estupendo para Samantha, aunque, por supuesto, le echara de menos -dijo Mary.
   Thorn sabia que la pequea no opinaba lo mismo, pero era demasiado cortes para decirlo.
-Pasare a recogerles con las primeras luces del alba --anuncio.
-Thorn, ya sabe que tambin puede usar mi coche, si lo necesita -ofreci Jack.
   -Iremos a caballo. Me temo que es el nico modo de llegar hasta all-repuso Vance-. Si alguno de ustedes no puede cabalgar...
   -No diga tonteras. -Richard ri con irona-. Ben, Sissy y yo crecimos entre caballos, y Julie cabalga como una nativa.
-Bien, pero Trilby no -observo Thorn. -Aprender -replico ella, cortante.
-Desde luego -concedi el, observndola-. Yo le enseare.
   Trilby imagin como seria sentir las manos de Thorn sobre sus brazos, sobre su cuerpo, mientras iba sentado detrs de ella y la sostena sobre el caballo. Se 
sofoco, y su mano busco automticamente un abanico con que comenz a darse aire.
   -Yo trate de ensearle -dijo Richard, aguijoneado por la atencin que Thorn dispensaba a Trilby-. Pero es muy lenta...
   -Eso es injusto, Richard -interrumpi Sissy-. Tu estabas impaciente y le gritaste. No eres un buen instructor. Espero que Thorn se muestre mas paciente.
   -Tan paciente como sea necesario -aseguro el, y sus ojos reforzaron las palabras, provocando que Trilby se sintiese aun mas cohibida y se ruborizase.
   Richard, que observaba la escena, decidi frustrar los propsitos del viril seor Vance. No deseaba que Trilby se enamorase de aquel rustico ranchero. Se propuso 
entonces tratar de impedir que lo que la mirada de aquel hombre anunciaba se realizase.
   -Richard, te has quedado muy pensativo -murmuro Julie.
-Yo? Me pregunto por que.
   Bajo la mirada hacia su prima y sonri; ella casi empez a ronronear. Richard se juro que algn da tendra que hacer algo respecto al excesivo coqueteo de Julie 
y comprobar si ella era capaz de cumplir todas las promesas que el lea en sus ojos.


Partieron a primera hora de la maana siguiente, formando una pequea caravana que avanzaba por el camino polvoriento. Trilby se senta incomoda en la montura y 
tan nerviosa que su caballo casi se desboco mientras los dems se empequeecan en la distancia.
   -No debe hacer eso, pequea -dijo Thorn amablemente.
   Descabalgo, ayudo a Trilby a apearse de la montura y la llevo en brazos hasta su propio caballo mientras ella se aferraba a el, sin advertir la leve curiosidad 
que asomaba a los ojos de los hombres de Thorn cuando pasaron junto a ellos.
-Que... que esta haciendo? -balbuceo ella.
   -Viajara en mi montura delante de mi. No se mueva o Randy se enfadara.
-Quien es Randy?
-Mi caballo.
    La subi a la montura y al instante se acomodo detrs de ella. Los brazos del hombre rodearon a la muchacha para coger las riendas y Trilby sinti a sus espaldas 
la inmensa energa del cuerpo masculino mientras guiaba al caballo zaino hacia el sendero que conduca a las montanas. Thorn apret el brazo alrededor de la cintura 
de Trilby para sostenerla mejor.
-Esta cmoda? -le pregunto al odo.
    El corazon de la joven se acelero, y se pregunto si 1 lo notaria.
-Si -susurro ella.
   La boca del hombre se acerco a la oreja y luego al cuello de la muchacha, donde el pulso le lata con fuerza.
-Huele a flores, Trilby -dijo el-; dulce y fragante.
El cuerpo de la muchacha se estremeci mientras su mente se esforzaba por combatir deseos increblemente poderosos.
-Thorn -logro decir.
   El poso la mano abierta en el estomago de la muchacha para echarla hacia atrs y atraerla hacia si en una intimidad a la que Trilby debera oponerse. Sin embargo, 
lo nico que pudo hacer fue gemir y temblar al sentir el cuerpo del hombre.
   -Dios mo! -exclamo el, jadeando y enloquecido por la sumisin de la muchacha-. Que momento para rendirse a mi, Trilby!
   -No estoy... rindindome -logro articular ella, con voz apagada.
   La joven mantena los ojos cerrados, y todo su cuerpo temblaba. Dominado por deseos que no poda satisfacer y a los que no poda entregarse, Thorn espoleo al 
caballo, que sali como un rayo hasta alcanzar al resto de la partida.
   Julie y Richard cabalgaban uno al lado del otro, conversando. Sissy cabalgaba muy serena junto a Ben.
   -Naki no venia con nosotros? -pregunto Trilby cuando volvi a confiar en su voz.
   -Ya esta en el campamento, explorando los alrededores. Sabe que esta embobado con Sissy?
   -Y ella con el -acoto Trilby-. Pero no significa nada. Sissy es una buena chica.
   -Claro que lo es. Y Naki es un buen hombre, un ser humano, que la desea. Asegrese de que su amiga no se aparte de usted en la medida de lo posible. No se silos 
dems lo han notado ya, pero reina una qumica fsica muy poderosa en el ambiente. Una vez solos en el bosque, nada podra detenerlos.
-Son adultos -dijo ella.
   -Tambin nosotros -susurro el, estrechndola-. Y quiere fingir que no le turba sentir mi cuerpo tan cerca del suyo?
   Ella trago con dificultad, cerrando los ojos cuando Thorn volvi a atraerla hacia si.
-Usted... no debe -comenz a reprenderle ella.
   -Debo -dijo el, conteniendo el aliento-. Por Dios, Trilby, la deseo intensamente, no puedo decrselo?
   -No es a mi a quien desea -afirmo ella, ofendida-. Usted se equivoca respecto a mi. Usted... usted sigue sin convencerse de que no soy una mujer fcil.
   -Eso no tiene nada que ver con lo que siento -replico el-. Trilby, se bien que no es lo que sospeche en un principio. 1Se lo he dicho docenas de veces!
-Pero me trata como silo fuese!
   -La trato como si la desease -repuso Thorn, con respiracin ardiente e irregular-. La deseo, y no porque la considere una mujer fcil. Sueno con estar con usted, 
enteramente con usted.
    El brazo que la sostena se mostraba dbilmente inestable, y Trilby temi la emocin que revelaba. Su deseo de besar a Vance era tan fuerte que le resultaba 
doloroso, pero no poda -no se atreva- a ceder a el. Era pecado entregarse a esa clase de intimidades fuera del matrimonio.
    -Esta mal sentir esto -dijo ella, tensa-. Esta mal, Thorn.
   -No. Desde el da de la fiesta he tratado de explicarle que no esta mal. Lo que sentimos el uno por el otro se sale de lo comn. Por que no puede aceptarlo?
-Yo... amo a Richard -susurro ella.
   -Richard no es mas que una costumbre -replico el con frialdad-; una costumbre que dejara de gustarle en cuanto descubra que el pertenece a su prima.
-El no le pertenece!
-Abra los ojos, Trilby. Son inseparables. El se matara si ella se lo pidiese. Tal vez Richard no se ha dado cuenta de que Julie lo tiene atrapado en sus delicadas 
manos.
   Trilby sabia que Thorn tenia razn. Sin embargo, Richard representaba su nica proteccin contra lo que senta por el vaquero.
-Pero son primos -alego ella.
   -Y seguramente usted no ignora que los primos pueden casarse -repuso el.
-Prefiero no hablar de este asunto.
   -Esta bien, Trilby, entierre la cabeza en la arena. En cualquier caso no podr continuar negando por mucho tiempo lo que ha comenzado a nacer entre nosotros. 
Usted y yo lo sabemos.
   Ella lo sabia, pero no quera admitirlo. Mantuvo el cuerpo rgido y no se relajo ni un segundo durante todo el camino de ascenso a las montanas.
   Hacia fri y haba anochecido cuando llegaron al arroyo bordeado de rboles junto al cual acamparan. Se trataba de un lugar bastante elevado que les permitira 
defenderse en caso de que fuese necesario; Trilby haba odo a Thorn hablar de ello con Mosby Torrance, quien insisti en acompaarlos a pesar de las protestas de 
Jack Lang, que argumentaba que era demasiado viejo.
   Las tiendas para mujeres se montaron cerca del fuego, mientras los hombres dispusieron las suyas en torno al circulo anterior. Eso brindara mas proteccin en 
caso de que se presentase una situacin difcil.
   -Usted no era partidario de traernos -record Trilby a Thorn despus de la sabrosa cena que haba consistido en carne vacuna y bollos cocidos a fuego lento en 
la hoguera del campamento.
   Thorn se hallaba tendido sobre la manta que normalmente cubra su montura, con el arma en la pistolera y el sombrero, las espuelas y los zahones tirados junto 
a el.
   -Maldita sea, claro que no quera venir aqui, porque nos encontramos demasiado cerca de Mxico, donde los disturbios son cada vez mas violentos -dijo Thorn, escuchando 
a medias al mejicano que tocaba la guitarra.
   Naki no haba aparecido por el campamento. Sissy lo haba advertido y se senta herida por ello. Adems le molestaba que el apache no le prestase atencin y se 
dedicara a ocuparse de los dems. Incluso se comporto como si se sintiese ofendido en una ocasin en que ella le hablo. Desde entonces, su amigo se haba mostrado 
reservado y adusto.
   -Entonces por que despus accedi? -pregunto Trilby.
   El volvi la cabeza hacia la joven, que se hallaba sentada sobre una roca, observndolo.
   -Porque no me gusto el modo en que usted miraba a Bates -dijo, contundente-. Es un muchacho de ciudad, un mequetrefe. Usted cree que lo ama porque es el nico 
hombre que ha conocido. Ahora yo estoy aqui, y la quiero.
Trilby se ruborizo.
-Yo no lo quiero a usted, seor Vance -dijo.
   Los oscuros ojos del hombre refulgieron, y una sonrisa ligeramente burlona se dibujo en su delgado rostro.
   -Y un cuerno que no me quiere -repuso el con dulzura.
    Ella aparto la vista, alterada por las palabras del hombre, y se neg a volver a mirarlo. Con pasos inseguros, regreso al lugar en que se encontraba el resto 
del grupo y se sent junto a una alicada Sissy, mientras el mejicano entonaba canciones sobre corazones destrozados y sueos nostlgicos.

                                         11

    
    
    Sissy se dirigi al arroyo para recoger agua con que preparar mas caf. Era una noche fria de finales de noviembre, y las espesas nubes que se desplazaban por 
el cielo amenazaban lluvia. De algn modo, le pareci adecuado que as fuera, porque la embargaba la tristeza de un da lluvioso.
    Se inclino para enjuagar en las rpidas aguas del arroyo la cafetera de metal. Cuando estaba llenndola oy un sonido musical, inquietante y bello en la quietud 
de la noche. El mejicano continuaba teniendo la guitarra en el campamento, pero no era esa la msica que oa.
    Sissy se puso en pie y aguzo el odo. Cogi la cafetera y avanzo hacia el sendero flanqueado por rboles apartndose del arroyo. De pronto distingui una silueta 
recostada contra un rbol de palo verde.
    Una manta multicolor cubra los hombros de Naki, quien, para sorpresa de Sissy, estaba tocando una flauta, y bastante bien, por cierto.
    La joven, todava herida por el anterior comportamiento del hombre, comenz a alejarse, pero el se interpuso en su camino.
     -Se supone que debe halagarme el hecho de que haya decidido tocar la flauta para mi esta noche, despus de no haberme prestado la mas mnima atencin en todo 
el da? -pregunto, con altivez.
Naki esbozo una sonrisa.
   -La costumbre nos dicta no prestar atencin a las mujeres en presencia de otros. No lo sabia?
Ella sujeto la cafetera con mas fuerza.
-Una... una costumbre?
   -As es. Los hombres y las mujeres ni siquiera se miran en un campamento. Toda exhibicin de afecto o atencin hacia el sexo opuesto se considera de mala educacin.
-Oh.
   -Usted lo ignoraba. Aun tiene mucho que aprender. -Avanzo hacia ella, con pasos ligeramente amenazadores. Pareca muy diferente en la oscuridad de la noche; alto, 
poderoso, irresistible-. Los hombres apaches abandonamos el habito de baarnos juntos cuando dejamos atrs la infancia. Siempre usamos un taparrabos cuando vamos 
a nadar. Pudorosos y tmidos; as somos los apaches.
Sissy alzo la vista cuando Naki le tendi la mano.
- Y... la flauta?
-Requerimientos amorosos -respondi el.
   Ella se ruborizo, acalorada. Las manos le comenzaron a temblar. El le entrego la flauta y cogi la cafetera para depositarla en el suelo. A continuacin extendi 
un lado de su manta.
   -Este gesto... significa algo? -inquiri ella, titubeante.
-Mucho -contesto el.
   Sissy se cobijo bajo el brazo del hombre sin mas preguntas, y-Naki la envolvi con la manta.
   -Y ahora que? -susurro ella, estremecindose al notar la clida fuerza del cuerpo de Naki. Se senta segura y querida.
   -Ahora podemos hablar hasta que nos descubran, o yo puedo tocar para usted.
Sissy le devolvi la flauta y sonri.
   La msica era suave, lenta, y ella supo que la recordara toda la vida. Deberan brillar las estrellas o al menos la luna llena, pero el cielo apareca cubierto 
de pubes y comenzaba a caer una ligera llovizna.
   No le importaba mojarse. Se senta transportada a otro lugar, a otro tiempo. Cerro los ojos y descanso la mejilla sobre el hombro de Naki.
-Alexandra.
- Si? -murmuro ella.
-Sultese el cabello.
   La joven se desprendi desmaadamente las horquillas hasta que su oscura y abundante cabellera le cubri, ondulada, la espalda hasta la cintura.
   -Si -agradeci el con dulzura, rozndole el pelo con la mano que sostena la flauta-. Si, es bellsimo. Nunca lo lleva as?
-No seria... correcto -balbuceo.
-Tabues culturales?
-Tal vez.
   La mano del hombre le atuso el cabello. Con osada, Sissy alzo la mano para tocar la abundante cabellera del hombre, fascinada por su largura y su pulcritud. 
Naki se inclino para frotar su mejilla contra la de ella.
   -Los apaches... no se besan, verdad? -pregunto ella, en un susurro.
   -Nunca despus del casamiento; raramente antes. -La boca del hombre se poso en la de ella-. Yo estuve casado con una mujer mejicana, a quien le encantaba besarme. 
Ella me enseo.
   Las ultimas palabras fueron dichas en la boca de la muchacha. Los duros labios del hombre haban cubierto los de Sissy, y sus brazos la envolvieron por completo 
para atraerla hacia su amplio pecho. Ella se puso levemente rgida y contuvo el aliento. El levanto la cabeza.
-Nunca ha hecho esto antes?
   -Bueno, no -admiti. Sus grandes ojos se contemplaron en los del apache-. Ya ve, como no soy guapa y soy instruida...
El sonri con dulzura.
-Le desagrada sentir mi boca sobre la suya? El cuerpo de la muchacha se estremeci. -Oh, no. En absoluto.
El hombre apoyo la mano en el rostro de Sissy y con el pulgar le alzo la graciosa barbilla.
-Si la beso suavemente, tendr menos miedo? -Yo... no tengo miedo -dijo ella, turbada-. De ver
dad, no lo tengo.
-Las mujeres apaches son honestas -murmuro e1-.Como usted...
   En esta ocasin ella supo recibirlo. La boca masculina era dura, clida y hmeda, y a ella le agrado lo que sinti cuando se intensifico la presin lenta y profunda 
sobre sus labios. Sissy emiti un dbil gemido, al tiempo que sus manos se aferraban a la camisa del hombre.
   Las manos de Naki se enredaron en la cabellera de la muchacha, mientras las de Sissy se hundan en la de el hasta acariciarle la nuca. El cuerpo de la joven empez 
a temblar, sacudido por un extrao estremecimiento de placer. Naki la sostena con tanta firmeza que ella sinti el pecho del hombre contra el suyo.
   De repente, el alzo la cabeza. El contacto con la muchacha lo debilitaba, las piernas le flaqueaban debido al intenso deseo. Pero eso no deba suceder; no poda 
deshonrarla.
   La aparto castamente de el y volvi a colocar la manta en torno a ellos. Con respiracin entrecortada, comenz a tocar la flauta, y pronto se sereno. Sissy estaba 
conmovida, y los latidos de su corazon tardaron mucho tiempo en apaciguarse.
   -Como se llama esto? -pregunto ella, refirindose al modo en que se hallaban instalados.
    El pronuncio una palabra en apache que enseguida tradujo.
   -Ustedes, los blancos, lo denominan "cortejo". Por lo general se trata de algo muy discreto y recatado.
-Como dije, no haba besado a nadie antes.
-Si, me he dado cuenta -replico el, escueto.
   -Lo har mejor una vez haya aprendido -aseguro ella, ligeramente ofendida.
   -Lo ha hecho bastante bien. De todas formas, en inters de su pureza, debemos abstenernos de hacerlo.
-Oh!
Naki la miro.
   -La he escandalizado? Estas cuestiones no suelen comentarse. Es consciente de lo que puede suceder cuando un hombre y una mujer que se atraen mutuamente pasan 
demasiado tiempo solos?
-No soy estpida-dijo ella.
El suspiro.
   -Tal como estn las cosas, nos encontramos en una situacin imposible. No quiero empeorarla cometiendo alguna torpeza. -Inclino el rostro de la muchacha hacia 
el suyo-. Alexandra, ocurra lo que ocurra, nunca debe haber un hijo.
   Las palabras de Naki dolieron a Sissy, que asinti con tristeza.
   -No es de mi agrado -aadi el-. Sin embargo, un nio que pertenece a dos culturas no pertenece ni a una ni a otra. La mezcla de razas no es nada bueno.
-Entonces por que me cubre con su manta?
   -Me refiero a la unin que produce hijos -aclaro el, buscando los ojos de la muchacha, tratando de verlos en la oscuridad-. Te encuentro muy atractiva.
-Yo siento lo mismo -susurro ella.
   Naki gimio suavemente y descanso la mejilla sobre la oscura cabellera de la muchacha.
-Es imposible.
-Lo se.
    Sissy no se aparto y Naki no permiti que ella se marchara. Ella se aferr a el, segura en sus brazos, mientras la llovizna salpicaba su piel.
La lluvia arrecio mas tarde, despus de que Sissy se hubiese separado de Naki de mala gana para acostarse. Trilby estaba casi dormida cuando de repente comenz a 
filtrarse agua en la tienda all donde ella se hallaba tumbada. En principio, ella y Sissy deban compartir una tienda, pero en el ultimo momento Julie pataleo e 
insisti en que Sissy le hiciese compaa. Trilby sospechaba que eso formaba parte de la estrategia de Julie para enojarla.
   Se despert empapada. Haba dormido vestida con la larga falda y la blusa marinera y no soportaba la idea de permanecer con las ropas mojadas durante el resto 
de la noche. Abri la maleta y saco algunas ropas secas, pero no poda cambiarse all, pues el agua caa copiosamente en la tienda.
   Con el propsito de llegar hasta la de Sissy y Julie, avanzo a tropezones en media, de la oscuridad. De pronto, apareci una sombra alta, y Trilby se asusto tanto 
que a punto estuvo de gritar.
   -Que diablos esta haciendo aqui fuera? -pregunto Thorn, malhumorado-. Por que no esta durmiendo?
   -Estoy calada -refunfuo Trilby-. Me apeteca pasear -se burlo ella.
   -Me cuesta creerlo -dijo el, tenso-. Acompeme. Al parecer me he entrometido en el plan por equivocacin. Siendo ese el caso, me ocupare de arreglarlo.
   -No entiendo... -balbuceo ella mientras Thorn la guiaba bajo la lluvia.
-Ya entender.
    Trilby esperaba que Vance se detuviera ante la tienda de Sissy, pero no lo hizo, sino que avanzo hacia el circulo exterior. En el interior de una de las tiendas 
haba una lmpara encendida que permita distinguir la silueta de dos cuerpos muy juntos, al tiempo que se oan murmullos.
   Se trataba de la tienda de Richard. Solo haba tres mujeres en el campamento; Sissy era su hermana, y Trilby se hallaba all con Thorn, lo que significaba que 
la nica que poda estar dentro con el era Julie.
Trilby se sinti tan desdichada que no se dio cuenta de hacia donde la conduca Thorn hasta que se encontraron clidamente cobijadas en la tienda del hombre. La 
oven, todava atnita, sujetaba con fuerza sus ropas secas, ligeramente humedecidas ahora, con los ojos muy abiertos ante la perplejidad que le produca lo que consideraba 
una traicin.
   Thorn se quito el sombrero y el gabn de lona con que se haba protegido de la lluvia y los arrojo a un lado. Su mirada oscura se clav en los ojos de Trilby 
cuando encendi una cerilla.
   -La reina de la tragedia -comento, burln-. Ahora ya lo sabe, no es cierto? Estoy seguro de que usted se diriga hacia all. Vi a alguien rondando y por eso 
me levante. Obviamente, su amiga Julie se las arreglo para que en la tienda de usted se filtrase agua y eso la obligase a salir, de modo que pudiese verla en compaa 
de Richard. Ahora ya debe de haber regresado a su propia tienda, y sin duda estar desternillndose.
Trilby sinti que el rostro se le encenda de rabia.
-;Oh!
El apago la cerilla de un soplido.
   -Le escandaliza que ella luche tan encarnizadamente para retener a Richard? No sabe cuan doloroso puede ser amar a alguien del modo en que ella ama a su lnguido 
novio?
-No se que quiere decir...

   El la tome en sus brazos y la beso en la boca, acallando las palabras que empezaba a pronunciar.
   Trilby intento oponer resistencia, pero el no presto atencin a sus esfuerzos, que fueron debilitndose cuando los poderosos brazos del hombre se cerraron en 
torno a su cuerpo, estrechndolo contra el suyo. Thorn era clido, fuerte, y su boca experta. Trilby gimio.
   -Usted desea esto tanto como yo. Estese quieta, Trilby. No haga ruido -susurro el, excitado, mientras su boca se apretaba vidamente contra los labios de la mujer-. 
No emita ningn sonido, o alguien podra ornos a pesar de la lluvia.
   La atrajo mas hacia si y la beso de nuevo. El placer que el le proporcionaba era demasiado perfecto y embriagador para rechazarlo. Trilby se abandon a los brazos 
del hombre y comenz a devolverle los besos. En algn momento, en medio, de la interminable presin contra su boca, ella note que el la empujaba hacia el suelo. 
No protesto; lo que Thorn le hacia era demasiado dulce. Le encantaba el modo en que la besaba; con lentitud y ternura. Trilby anhelaba mas.
   Ni siquiera protesto cuando sinti que el cuerpo del hombre se deslizaba encima del suyo. Thorn era pesado, pero por alguna extraa razn su peso aliviaba el 
ansia palpitante que la dominaba. Trilby se movi ligeramente para que el cuerpo de Vance quedase en contacto con la parte mas apremiante del suyo y se quedo sin 
aliento ante la sensacin, desconocida hasta entonces, de un cuerpo masculino completamente excitado.
    Le sorprendi la reaccin del hombre. Sinti la ereccin de Thorn sin entender realmente que significaba. Le resulto algo agresivo y se puso un poco rgida. 
Ante ese gesto elocuente, Vance la beso de nuevo e introdujo, con mucho cuidado, una de sus largas piernas enfundadas en los calzoncillos largos de franela entre 
las de la muchacha, aprisionadas por la falda. El leve ritmo que
Thorn impuso la hizo sentirse extraamente tensa; extraa porque se trataba de una tensin clida, dulce y adictiva, de la que enseguida empez a disfrutar. Contuvo 
el aliento y sus manos se aferraron a el, dicindola sin palabras que no quera que se detuviese.
   Thorn sonri contra los labios de Trilby y la beso. Las bocas se demoraron, sin ninguna urgencia, brindndose una tremenda ternura, al tiempo que el cuerpo de 
la muchacha comenzaba a temblar. El hombre la acariciaba con suavidad, sin proponerse ser demasiado osado de momento. Trilby, en cambio, anhelaba que lo fuera.
   Cuando las manos de Thorn recorrieron los costados del esbelto cuerpo, Trilby se arqueo, alzndose hasta ellas con un movimiento lento, indefenso, sabedora de 
lo que el contacto hara sentir a sus senos. Deseaba que el la tocase, que le quitase el corpio y acariciase su piel caliente, que abriese la boca y capturase su 
pezn...
   Mientras tanto, senta el clido aliento del ranchero sobre su piel, aproximndose hacia el lugar que ella deseaba. Estremecida, se aferr a el. La lluvia que 
caa sobre la tienda amortiguaba los gemidos de placer de la muchacha.
   El susurraba algo, con voz ardiente y apremiante. Trilby sinti que las manos del hombre sobre su piel aliviaban su ansia. Sinti el pecho viril contra sus senos 
calientes, y, aunque el vello le produca escozor, no le importaba porque el estaba besndola de un modo nuevo, tan profunda y ardientemente que se estremeci.
    Segundos mas tarde, cuando ella se dio cuenta de la realidad, era demasiado tarde. Las manos de Thorn la sostenan con firmeza mientras sus piernas desnudas 
se introducan entre las suyas. El presion, penetrndola, en una asombrosa invasin que nunca haba imaginado siquiera. Ninguna de sus lecturas la haba preparado 
para la intimidad del cuerpo desnudo de un hombre encima del suyo, para la realidad de la posesin sexual.
    Trilby grito entonces contra la boca del hombre, dejndose arrastrar por la impresin y el asombro primero, y por el dolor despus, cuando el ritmo impuesto 
hizo gemir y susurrar al hombre contra el odo de la mujer mientras su miembro desgarraba la barrera protectora de su virginidad y la posea enteramente.

                                         12



-Thorn! No... puede! -dijo ella, jadeando.
   Pero el poda, y lo hizo. Buscando locamente la satisfaccin, ciego de deseo, Thorn gimi, y su cuerpo se contrajo cuando sinti que la envoltura del suave ptalo 
activaba en l una urgencia explosiva. Sostuvo a Trilby debajo de l y empuj rtmicamente hasta que consigui saciar su agonizante necesidad de clmax
   Cuando lo alcanz, su mente qued en blanco, mientras un placer ofuscador lo elevaba y arqueaba su cuerpo en la cuna de la morbidez de Trilby.
   -Oh... Dios mo! -La voz del hombre se quebr, reverente.
   Se contuvo, solo por un segundo, y luego se derrumb encima de ella, devastado.
   Trilby sollozaba apasionadamente, porque intuy que l haba alcanzado el paraso. En cambio para ella la ascensin haba sido dolorosa e insatisfactoria. Notaba 
el sudor del pecho del hombre contra sus senos mientras l segua estremecindose y resollaba en busca de aire. A Trilby le dolan los lugares ms ntimos, y se 
senta como si la hubiesen desgarrado. De pronto Thorn resultaba pesado encima de ella, y Trilby adverta una molesta humedad... all.
    El repar en las lagrimas de su amante al volver la cabeza y comenz a besarle el rostro con gran ternura. -Por favor-susurr ella, sintindose despreciable. 
Djeme ir.
-No, pequea-murmur l con dulzura-; todava no.
   La delgada mano del hombre se desliz por los muslos desnudos, entre los cuerpos de ambos. Uni lentamente su boca a la de la muchacha, separndole los labios 
con delicadeza mientras sus dedos se movan y comenzaban a acariciar zonas sensibles.
   Jadeando, Trilby trat de apartarlo, protestando ardientemente ante la absoluta intimidad. Sin embargo, el toc su cuerpo de un modo tal que logr que ella se 
abandonase a sus caricias. Los dedos de Trilby se aferraron a los duros brazos del hombre mientras un goce dulce y oscuro invada su cuerpo.
   -Lo s -susurr el-. Duele y estas decepcionada; te prometo que esta vez no doler. Lo sientes, cario? -pregunt el, con voz ronca, mientras su mano recorra 
el cuerpo de la mujer, que gema, trmula-. No es agradable, Trilby? No te hace desear ms? Y yo puedo drtelo...
   Los segundos se dilataron; ella comenz a morder los labios del hombre, palpitando con el ritmo, con el placer intenso y la tensin creciente, mgica y diablica, 
indecorosa y satisfactoria.
   Las uas de la muchacha se clavaron en los brazos del hombre. No vea su rostro, pero si oa su respiracin, irregular y rpida como la de ella. Saba que mientras 
viviese recordara la respiracin del hombre mezclada con la suya y el tamborileo de la lluvia sobre la gruesa lona de la tienda, no ms suave que sus gritos apenas 
contenidos de placer.
   -Oh... por favor, Thorn -dijo ella, con un dbil gimoteo, mientras se retorca sobre la manta que cubra el suelo debajo de ellos. Estaba dominada por unas sensaciones 
desenfrenadas que la mantenan en una cima de placer que resultaba arrasadora-. Por favor... por favor... hazme... todo...
   -Pronto. -El pronunci la palabra en la boca de la muchacha-. No debemos apresurarnos. Ha de ser lento a fin de que tu cuerpo este preparado para aceptar el mo 
cuando vuelva a poseerte.
   Trilby hinc los dedos en la espalda del hombre, desendolo, y se lo susurr al odo, apenas capaz de pronunciar las palabras.
   La boca del hombre descendi hasta los pechos de la muchacha para mordisquearlos, succionarlos y acariciarlos con la lengua. Con sbita urgencia, Trilby gui 
la mano del hombre en una demanda licenciosa que despus la avergonzara. Sin embargo en ese momento solo importaba acabar con el tormento y la tensin, traspasar 
la barrera que bloqueaba su entrega al placer. Solo un poco... ms... un poco... ms... Ella se convulsion de repente, y broncos gritos brotaron de su garganta 
cuando alcanz el xtasis.
   En ese instante, Thorn entr en ella, que vio constelaciones bajo los prpados cerrados. No haba dolor, ni futuro, ni pasado; solo la invasin del cuerpo de 
aquel hombre dentro del suyo y la pasin que la dejaba totalmente a merced de Thorn, quien arremeta contra sus caderas acogedoras hasta que ella, estremecida, perdi 
la conciencia.
   El la sostuvo durante un largo rato despus, atusndole dulcemente el cabello, meciendo en sus brazos el cuerpo anhelante y suave de la muchacha mientras oan 
caer la lluvia. Vance no hizo ademn de vestirse, y tampoco ella. La realidad de su deseo era demasiado asombrosa.
   -Debo regresar... a mi tienda, Thorn -dijo Trilby sollozando, mientras las lgrimas resbalaban por sus mejillas.
El sorbi las lgrimas con sus besos.
    -No debes llorar, cario -susurr-. Me has entregado tu virginidad. -Su voz son profunda contra el odo de la muchacha-. Sent cuando me la diste, Trilby -gimi 
l-. Lo sent.
    Ella jadeaba. La boca del hombre cubri la de ella y la mujer volvi a desearlo. Era increble; su cuerpo, dolorido, segua anhelante. Trilby atrajo hacia si 
a Thorn, mientras sus manos apremiantes le acariciaban con ansia incontenible.
   -No -murmur l-. No, Trilby, otra vez no. Es mejor que no lo hagamos. Ahora te dolera.
    Ella llor, y el vaquero la abraz, acunndola hasta que se tranquiliz.
   -Debes casarte conmigo -dijo al fin Vance-. Lo comprendes, verdad?
-Thorn...
   -Tal vez haya engendrado un nio, Trilby -susurr el en su odo.
   Ella contuvo el aliento. Tendida en la oscuridad, entre los brazos de Thorn, trat de imaginar como sera llevar en su vientre un hijo de l.
   Trilby apoy la mejilla contra el pecho velludo del hombre y slo entonces comprendi. Si, poda haber un hijo. Y no estaban casados.
-Oh... oh, querido... -comenz a decir.
   -Confa en m-susurr l-. Deja de pelear conmigo. Te quiero ms que a mi vida. Puedo proporcionarte cuanto desees, cuanto necesites. Despus de todo, el matrimonio 
no es el fin del mundo. Y ahora no tenemos opcin -dijo, solemne.
-Ninguna opcin -repiti ella, angustiada.
   Se haban desvanecido definitivamente las esperanzas de encontrar la felicidad junto a Richard, pues hasta entonces ella se haba engaado convencindose de que 
el podra fijarse en ella aunque Julie se hallara cerca. Ahora nunca podra conquistar a Richard porque Thorn la haba incitado a comportarse de un modo impropio 
de una dama. Le haba mostrado el lado oscuro de si misma, aquel que le produca ms vergenza.
   Thorn, por su parte, estaba enfrascado en sus propios pensamientos. Por fin haba conseguido a Trilby, de paso, el acceso al agua de la tierra de su padre. Adems, 
haba vivido la experiencia ms sensual de su vida. Sentir de ese modo con una virgen! Todos sus planes se haban realizado al margen de su voluntad, sin que el 
se hubiese esforzado por llevarlos a cabo. Sin embargo, el haba eliminado las opciones de Trilby, y ella estaba llorando por ello; no se senta muy orgulloso de 
si mismo.
   -Samantha puede ser la encargada de llevar el ramillete de flores en nuestra boda. Y si Sissy quiere quedarse para la ceremonia, podra ser dama de honor. Te 
gustara? -pregunt Thorn.
   Trilby se mordi el labio, nerviosa. Samantha, matrimonio, hijos... Thorn en ningn momento haba hablado de amor. Slo haba dicho que la quera. Y ella, como 
una idiota, se dej arrastrar por sus emociones. Y haba... yacido con l!
   -Deber ser pronto -aadi l con calma-. Muy pronto.
Ella se ruboriz.
-Oh... Dios mo -susurr, agitada.
El le bes la frente con gran ternura.
    -Deja de lamentarte como si fueses una perdida. Hemos hecho el amor, pero el mundo no se acaba por eso. Vamos a casarnos, Trilby.
-Esta bien -replic ella.
Vance pretenda consolarla, pero no lo consegua. Ella se senta como una cualquiera. Record las palabras que l le haba dicho... y las que ella le haba dicho 
a l! Ruborizada, se separ de su amante para vestirse. Al cabo de un minuto, l hizo lo mismo. Una vez vestidos los dos, Trilby se sinti An mas avergonzada de 
su falta de principios. Thorn encendi una lmpara y, cogindola del brazo, la acompa a la tienda de repuesto que se haba montado para el equipo.
-Al menos estar seca -dijo el vaquero.
   Ella alz la mirada hacia el hombre por primera vez desde que yacieran juntos. Pareca distinto; ms joven y vital, sin la expresin adusta que sola mostrar. 
Sin embargo, se le notaba molesto. Trilby hizo una mueca al preguntarse si tal vez el se arrepenta del irracional arrebato de ambos tanto como ella. De hecho no 
pareca feliz. Tal vez, pens la muchacha, en realidad no quera casarse con ella, pero era un hombre honrado, y ambos haban permitido que sus emociones los arrastrasen 
y no podan retroceder.
   Vance le haba hecho prometer que se casara con l, a pesar de que saba lo que ella crea sentir por Richard. Ahora lamentaba no haberle pedido la mano de una 
manera honorable. Tal como se haban desarrollado los acontecimientos, ella se sentira atrapada. Qu ocurrira si de verdad amaba a Richard? El vaquero le habra 
privado de toda posibilidad de felicidad. Lo que antes haba dado la impresin de ser tan sincero, de pronto le pareca cualquier cosa menos verdadero, y maldeca 
su impetuosidad tanto como su egosmo.
   -Procura no preocuparte -dijo l con calma-. Seremos felices juntos, Trilby. Cuidare de ti y tu familia. Juro que no tendrs de que arrepentirte.
   Ella ya se arrepenta, pens desdichada, porque entre ellos no exista ms que deseo. l no la amaba. Adems estaba Richard, quien, aunque la hubiese traicionado 
con Julie, haba sido su mundo durante demasiado tiempo. Embargada por emociones confusas, se senta culpable y avergonzada.
Thorn advirti la inquietud en su rostro.
-Trata de no odiarme -dijo con serenidad.
-Tambin fue culpa ma, Thorn -dijo ella, vacilante.
   No saba que senta. Haba sido educada en la creencia de que las mujeres soportaba la sucia lujuria de los hombres slo para tener hijos y acababa de descubrir 
que eso no era ms que una falacia, que las mujeres tambin podan obtener placer. Eso la atormentaba.
   Thorn cogi las manos de la muchacha entre las suyas, mirndola a los ojos.
   -No puedes echarte atrs. Debemos impedir que nuestras familias sufran a causa de nuestro error, en caso de que haya consecuencias.
   -Tu ya tienes a Samantha... -empez a decir ella.
   -No me importara tener otro hijo -interrumpi el-. En cuanto haya finalizado esta acampada, solicitaremos una licencia de matrimonio y buscaremos un pastor.
-Tal vez yo no le guste a Samantha -conjetur ella.
   -Samantha te adora. No imagines complicaciones -ataj el, severo.
   Thorn apart la vista. Resultaba difcil mirarla a la cara despus de que se hubiera enfriado la pasin que haba explotado entre ellos abruptamente. Nunca haba 
acariciado a Sally de ese modo ni la haba deseado tanto como para no poder contenerse. De todas formas, Trilby casi se lo haba pedido. Todava temblaba como consecuencia 
del xtasis que haba experimentado con ella.
-Debo entrar -dijo ella, con timidez.
   Busc el rostro del hombre y dej que su mirada se posase en su pecho. Thorn slo se haba prendido algunos botones de la camisa, dejando visible una buena parte 
de su pecho, ancho y velludo. Trilby desvi la vista enseguida al darse cuenta de como reaccionaba su cuerpo. Le molestaba ser tan receptiva a l fsicamente. Siempre 
se haba considerado ms bien fra y de pronto, tras haber descubierto la sexualidad, su propio deseo le produjo temor y rechazo.
-Debo entrar -repiti, nerviosa.
      -Aqu estars cmoda y seca -asegur l-. Que duermas bien, Trilby. Si te sirve de ayuda, te dir que lamento haber dejado que las cosas llegaran tan lejos.
    Thorn pareca tan preocupado como ella y se mostraba esquivo.
-Tambin yo -afirm ella, rgida-. Buenas noches.
    El se limit a hacer un gesto de asentimiento y se march. Trilby entr en la tienda, agotada de placer triste, y cerr la abertura de la puerta.
    Thorn permaneci a la intemperie durante un largo rato, paseando. Nunca debi haber permitido que sucediese. La mirada que haba visto en el rostro de la muchacha 
le perseguira de por vida. No haba dejado de herirla desde el da en que se conocieron. Deseaba saber por qu reaccionaba de aquel modo ante ella. Su comportamiento 
con Trilby era inexplicable, casi como de  enamorado. Se burl de eso. Estaba volvindose insensato al llegar a la madurez, pens mientras regresaba a su tienda.
   Trilby apenas pudo dormir, y a la maana siguiente se senta apenada y agobiada por la culpa. Julie pareca ofendida, y Richard se mostraba malhumorado esquivo. 
Cuando Julie se acerc a l, este se apart, dejando a su hermosa prima deshecha en lgrimas.
   Julie ignoraba que l haba perdido el respeto y el afecto que le haba profesado en una noche. Al entregarse a l, haba dado la impresin de que estaba deseando 
cazar a cualquier tipo. Y un hombre de mundo, de su clase social, no se casaba con una mujer experimentada y fcil.
   Richard lanz una mirada a Trilby y lament haberla ignorado durante su estancia en el rancho. Trilby era la clase de chica adecuada para el matrimonio y a la 
que un hombre estimara. A ella nunca se la sorprendera rondando la tienda de un varn en medio de la noche para pedir que la poseyeran. Si, Trilby le convena, 
y an no era demasiado tarde para reconducir las cosas. Julie sin duda se enfurecera y armara alboroto, pero nadie le hara caso. El ya no la amaba, y no le importaba 
que ella se enterase.
   Cuando se reunieron en torno al fuego para desayunar, Richard se sent junto a Trilby y la colm de atenciones.
   -Me he portado mal contigo, verdad? -dijo con serenidad-. Lo siento, Trilby. Estaba embobado con Julie, pero he abierto los ojos -aadi, dirigiendo una mirada 
maliciosa a su prima.
   Julie enrojeci y apart la vista. Nunca hubiese supuesto que Richard reaccionara de ese modo ante su actitud. La haba impulsado tan solo el deseo de que Trilby 
los oyese juntos. Adems, haba sido muy dulce besarlo. Sin embargo, el la haba rechazado en cuanto Trilby se alej y le haba ordenado que saliese de su tienda. 
Le haba recriminado su comportamiento, que, segn l, demostraba quien era ella en realidad y le haba dicho que no quera relacionarse con una descarada.
   Julie haba regresado a la tienda que comparta con Sissy y haba llorado hasta que concili el sueo. Por fortuna su compaera ignoraba que haba sucedido, pues 
estaba profundamente dormida. Pero Trilby si lo saba; tena que saberlo, y por ello Julie odi la piedad que percibi en sus ojos tanto como detestaba las repentinas 
atenciones que Richard le prodigaba.
   Trilby intua qu haba hecho abrir los ojos a Richard, pero no poda abordar ese tema. Se llev a la boca una cucharada de huevos revueltos. Lo que crea haber 
sentido por Richard haba muerto de forma repentina.
    Cuando Thorn, que haba estado atendiendo a los caballos, regres, encontr a Richard sentado junto a Trilby en una actitud aparentemente muy amistosa. Tuvo 
que contenerse para no prorrumpir en maldiciones. Con una rabia salvaje, limpi y carg su rifle, mantenindose bien apartado del resto del grupo.
   Trilby, que advirti su ausencia, comenz a temer que la intimidad que haban compartido hubiera extinguido lo que Thorn haba sentido por ella. Tal vez haba 
decidido que ni siquiera se desposara con ella, y le resultaba aterrador. Qu hara si estaba embarazada? Sera su perdicin.
    A medida que avanzaba el da, Thorn continu ignorndola, aunque en ocasiones le lanzaba alguna que otra mirada. Trilby no sospechaba que Vance estaba celoso 
del repentino inters que Richard mostraba por ella. Por el contrario, supona que la miraba con desdn debido a su comportamiento de la noche anterior. Para colmo, 
asediada por su propio sentimiento de culpa tambin ella comenz a evitar al ranchero, lo cual, evidentemente, complic an ms la situacin.
    Por la tarde los hombres fueron de caza. Julie, alicada y ofendida, se encerr en su tienda, de modo que la dos amigas se quedaron solas. Con cierta renuencia 
Trilby cont a Sissy lo que haba visto en la tienda de Richard.
-Mi hermano y Julie pasaron juntos la noche? -pregunt Sissy.
    -Francamente, no lo s. Estoy casi convencida de que Julie hizo algo en mi tienda para que el agua se filtrase. Thorn acudi en mi ayuda, y ambos omos a tu 
prima y Richard. Ignoro si sucedi algo, pero l parece hoy muy enojado con Julie.
-Ahora te das cuenta de cmo es realmente mi querido hermano, verdad?
Trilby asinti. -Me temo que s. -Por fin -dijo Sissy.
-Voy a casarme con Thorn. Al menos, creo que lo har. El me lo pidi.
-Felicitaciones! Thorn cuidar de ti. Trilby se encogi de hombros.
   -Thorn no me ama. Creo que ningn hombre de los que he conocido me ha amado. En cualquier caso, Thorn es una persona acomodada y viviremos bien. Espero que nos 
entendamos.
-Le amas? -inquiri Sissy, dulcemente.
Trilby la mir con semblante sombro.
-Eso carece de importancia.
-Claro que importa.
Trilby mir de hito en hito a su amiga.
   -Adnde fuiste anoche cuando desapareciste despus de la cena?
   -Me ofrecieron una serenata. No oste la flauta? -pregunt Sissy, con alegra forzada.
-La flauta?
Sissy asinti.
   -Es una costumbre apache. -Su rostro adopt una expresin abatida, y todo su fingido entusiasmo se desvaneci-. No s qu vamos a hacer. Naki siente lo mismo 
que yo, pero vivimos en un mundo que no aprueba el amor entre personas de razas diferentes.
-Pobrecita.
Sissy suspiro con tristeza.
-He tenido mala suerte, o no es as?
   -Sin embargo, ayer no te prest la mas mnima atencin durante todo el da.
Sissy sonri.
   -Otra costumbre. El pueblo apache es fascinante. Cuando le coment que el doctor McCollum era uno de mis profesores, qued impresionado. Me matricular en otro 
curso de arqueologa en primavera. Eso me brindar la oportunidad de regresar aqu con mi clase. Nuestras familias contribuyen a pagar el viaje. Nos quedaremos dos 
semanas. As volver a verlo -dijo con voz apagada, sintiendo ya el dolor de la partida.
-Ves? Tu tienes ilusiones.
      -Oh, si. Lo malo es que primero tendr que despedirme -replic Sissy, apesadumbrada-. No s como podr soportarlo. Le amo -murmur con vehemencia-. Trilby, 
le amo tanto!
   Sin saber que decir, Trilby acogi a su amiga en un abrazo clido, consolador, y en sus ojos se perciba cunto le inquietaba la situacin de Sissy.
   -Ven -dijo Trilby al cabo de un minuto, ms preocupada por el dolor de su amiga que por el suyo-. Vamos a lavar los platos. Traer algo de agua del arroyo.
Sissy se enjug las lgrimas y se oblig a sonrer.
-De acuerdo.
      Empuando un rifle, Richard se converta en el hombre ms violento que Thorn haba visto en su vida. Su comportamiento asustaba a Ben, quien se apartaba cada 
vez que su hermano disparaba al azar hacia los matorrales.
   En una ocasin Thorn le cogi el can del rifle y lo desvi justo a tiempo de impedir que hiriese a uno de sus hombres, a quin Richard haba apuntado imprudentemente 
con el arma.
   -Vigile lo que hace -le advirti Thorn, tajante-. Si contina actuando de manera tan insensata, le quitar el rifle.
   -De ninguna manera, seor! -replic Richard, indignado.
Thorn no se inmut.
     -No quiero que ninguno de mis hombres resulte herido. Si no guarda usted ese rifle, lo har yo. -Su mano se pos, amenazadora, sobre la culata de su revlver. 
No aadi una palabra ms. No era necesario tras un gesto tan elocuente.
Richard ri con nerviosismo. -Est bromeando, por supuesto. 
-No.
-Por amor de Dios! Yo no habra disparado a nadie.
-Me alegra orlo. Seguimos?
   El hombre del Oeste se alej con giles zancadas sosteniendo su propio rifle con la mano libre. Naki, que se hallaba cerca, dirigi al joven una mirada fra antes 
de volverse y alcanzar a Thorn para continuar rastreando la presa.
   -Como hay Dios que no sera capaz de dispararme! -susurr Richard a Ben, quien no estaba seguro de ello.
   -Ser mejor que vigiles adnde apuntas la prxima vez -previno-. El seor Torrance me habl de Thorn Vance, y te advierto que utiliza el revlver si lo juzga 
oportuno. Ha matado a algunos hombres, sabes?
El rostro de Richard palideci aun ms.
   -A un salvaje como ese no debera permitrsele andar suelto!
   -Es un salvaje rico -replic Ben-. Y un mal enemigo. No es necesario que te diga lo que podra hacerte si accidentalmente hieres a alguien.
   Richard lo entendi. Le intimidaba Thorn Vance, cuyo carcter irritable prefera no poner a prueba. Durante el resto del da, se comport como un invitado modelo 
e incluso disimul su desdn por el indio. Tampoco dara la espalda a ese apache, pens con furia, pues la mirada que brillaba en sus ojos era tan salvaje como el 
desierto.
     Ese da, solo Ben consigui cazar un ciervo de rabo blanco. Lo coloc sobre su montura y lo llev con orgullo al campamento. Los dems prorrumpieron en exclamaciones 
ante la belleza del animal y luego hicieron comentarios acerca de la deliciosa carne que les suministrara. Arrastrando las palabras, Richard manifest que la cabeza, 
debidamente engastada, quedara muy bien encima de la repisa de la chimenea de su casa de Luisiana. Trilby no mir al ciervo; era demasiado melindrosa, y le encantaban 
los animales. Sissy abraz a su hermano menor y alab su destreza. Julie continuaba dentro de la tienda, y a la hora de la cena Sissy le llev un plato de comida 
que la muchacha no prob.
    Richard saba que le suceda a su prima y no le preocupaba su tristeza. Era una mujer adulta que haba acudido a l la noche anterior. Si quera representar 
el papel de mujer licenciosa, deba saber afrontar las consecuencias. El no se senta culpable.
    Se sent junto a Trilby y comenz a hablar, animado, sin mostrarse dolido por el tratamiento que Thorn le haba dispensado anteriormente. Alardeaba de las expediciones 
de caza en que haba participado y de las grandes piezas que haba conseguido, esperando impresionar a los hombres.
    Desde luego, no impresion a Thorn, que se hallaba un poco apartado, con una taza de caf negro entre las manos. El ranchero estaba tan serio como Trilby, a 
quien no miraba ni hablaba. Finalmente se dirigi a su tienda despus de dar una vuelta por los alrededores del campamento. No dio las buenas noches a Trilby, una 
omisin imperdonable.
   Trilby permaneci junto a Richard, y las amables atenciones que este le dedicaba aliviaron el dolor de su corazn. Le result extrao que Richard, que haba sido 
todo su mundo meses atrs, se hubiese convertido de pronto en una especie de camuflaje para impedir que Thorn advirtiese cuanto sufra por su rechazo.
   Cuando todos se acostaron y el campamento se hallaba en calma, algo quebr la paz. Haca tiempo que la lluvia haba cesado. Trilby estaba casi dormida cuando 
unos pasos la sobresaltaron. Una figura alta irrumpi en la tienda y se arrodill junto a ella. La muchacha se incorpor, y una mano le tap suavemente la boca.
   -Tranquila -dijo Thorn, secamente, con voz grave y apremiante-. Vstete enseguida. Sabes disparar un revlver?
Ella se estremeci.
-No -respondi, asustada por la urgencia del tono de voz del hombre.
   La luz de una lmpara penetr por la abertura de la entrada de la tienda, y ella distingui a Mosby Torrance.
   -Torrance, avisa a los dems -dijo Thorn, volviendo la cabeza.
-Si, seor.
   Antes de que el viejo se alejara, Trilby apreci el brillo del can de acero de un Colt 45 en la mano de Thorn.
-Qu ocurre? -pregunt al instante.
   -Mejicanos -contest, escueto-. Naki estaba efectuando un reconocimiento por la montaa y se top con una partida de mejicanos. Es probable que tengamos que huir. 
Espero que tus amigos tengan temple. Trilby, todo depender de ello.
   -Sissy y Ben aguantarn -dijo ella-. El resto..., no lo s.
   -No sabes si tu amado tiene temple? -pregunt el framente-. Creo que si se encuentra en un aprieto, se pondr de rodillas y suplicar. En cualquier caso no 
dejar que le suceda nada.
-Y que ocurrir con Sissy?
   -Naki la proteger con su vida. Supongo que ya lo sabes.
-A Richard no le gustar eso.
   -Al diablo con Richard! -dijo el, malhumorado-. Levntate.
   Trilby se levant y busc a tientas los zapatos. Se calz y, aunque se puso la chaqueta, casi temblaba cuando sali de la tienda. Thorn y ella se reunieron con 
Mosby Torrance, Naki y los dems bajo los rboles.
   -De veras, esta es una maldita e inconveniente precaucin -murmuraba Richard-. Yo no oigo nada.
       -Y no oir nada hasta que se acerquen para cortarle el cuello -asegur Thorn-. Estos hombres son revolucionarios y estn desesperados. No tienen nada. Crame, 
si pueden capturar a uno de ustedes y exigir un rescate por su liberacin, lo harn.
-El ejrcito no interviene? -pregunt Ben.
   -No disponen de efectivos -inform Thorn-. La frontera es extensa. Vamos, muvanse tan rpida y silenciosamente como puedan. Descenderemos por el lado opuesto 
de la montaa y tal vez as los evitemos. De lo contrario, me temo que se producir un tiroteo.
   -Yo cuidar de las mujeres -se ofreci Mosby Torrance, reuniendo a Julie, Sissy y Trilby-. No se preocupe -tranquiliz  Thorn, empuando con mano firme su revolver 
de seis tiros-. Conmigo estarn a salvo.
-Sin duda, seor -dijo Ben, sonriendo.
   -Gracias a Dios dejamos a Teddy en casa -sealo Trilby-. No me gustara nada que estuviese aqu.
   -l maldecir no haber estado. -Thorn ri entre dientes-. Vamos, seoritas.
   Sissy dirigi una mirada inquieta a Naki, a sabiendas de que el no se la devolvera. La ancestral costumbre estaba profundamente arraigada en l. Tras una silenciosa 
plegaria por la seguridad del hombre, la muchacha sigui a los dems.
   Naki llevaba un enorme cuchillo en el cinturn y un rifle en la mano. Observndolo, Thorn pens que era fcil entender por qu los primeros colonos se ponan 
nerviosos ante la mencin de la palabra -apache-. Con sus mocasines adornados con flecos, el taparrabos y la camisa, tena una apariencia salvaje. Cuando Naki hundi 
un dedo en un bolsillo de su cinturn, lo sac untado con un ungento de color rojo y se lo pas por la cara. De ese modo su rostro quedo pintado con un destello 
luminoso de rojo intenso, que hacia juego con el color de la cinta de tela que cea su frente. Su aspecto resultaba tan inquietante como la situacin.
-Cuntos son? -pregunt Thorn al apache.
   -Al menos diez -respondi Naki con calma-, todos a caballo.
   -Usted regres al campamento solo, no es as? Quiz usted mismo los ha conducido hasta aqu! -acus Richard con vehemencia.
   Naki se volvi hacia el hombre rubio con resignada irritacin.
   -Seor Bates, hasta un salvaje ignorante se sentira obligado a ayudar al hombre para quien trabaja.
   Richard se ruboriz. Resultaba desconcertante or a un indio utilizar un ingls tan preciso. Y ni siquiera tenia acento!
-Podemos eludirlos? -pregunto Ben.
   -Con esas enormes mulas de carga que ustedes cabalgan? -pregunt a su vez Naki, escptico.
Thorn le dirigi una mirada centelleante.
-Adelante, ofende a mis caballos.
   -Es mi opinin -replic Naki-. A pesar de la... inexperiencia de tus invitados, habra sido ms prudente que montasen caballos apropiados.
   -Es culpa ma? Algunos de ellos se hubiesen cado de los "caballos apropiados" en menos de cinco minutos -gru el ranchero, enfundando su revlver-. Vamos. 
Ben, usted y Richard acompaen a Torrance, por favor, y cubran su retirada.
   -Y dnde estar usted? -pregunt Richard, arrastrando sarcsticamente las palabras.
Thorn esboz una sonrisa desdeosa.
   -Naki y yo daremos la bienvenida a nuestros visitantes en el campamento.
   Cuando alcanzaron a Torrance, Richard se acerc a Trilby y la cogi de un brazo, como si el fuera su nico protector. Thorn le lanz una mirada colrica, pero 
no era momento para celos. Hizo una seal a Naki y ambos desaparecieron entre los rboles.
-De verdad van a recibir a los mejicanos, seor Torrance? -pregunt Sissy mientras descendan veloces  hacia el lugar donde los caballos se hallaban atados en un 
corral improvisado.
    Torrance mir a la muchacha, que se encontraba a su lado. Pens que esa chica no demostraba nada de miedo poda decirle la verdad, porque sera capaz de soportarla
    -No, seorita, no lo harn -respondi-. Mataran tantos como puedan e inmovilizaran a los dems para darnos la oportunidad de escapar.
    Sissy contuvo el aliento y volvi a mirar hacia la colina con un gesto de preocupacin. Sabia que Naki poda cuidar de si mismo, pero pensar que exista la posibilidad 
de que lo mataran le resultaba insufrible.
    -El apache no es insensato, seorita Bates -dijo Torrance, advirtiendo la inquietud de la joven, quien lo mir, ruborizada.
-Estoy preocupada por los dos -aleg.
-Por supuesto, seorita. Es por aqu.
   Ella lo sigui, sorprendida ante la agilidad del anciano. Algunos en el rancho consideraban que el seor Torrance era demasiado viejo para tenerlo en cuenta, 
pero ella nunca lo hubiese descartado en absoluto; era un hombre ms capaz de lo que pareca.
   Trilby no mir hacia atrs, pues tema que su rostro la delatase. Thorn se haba encargado de avisarla antes que a nadie, lo que sin duda significaba algo. Pero 
de momento estaba demasiado preocupada por Vance como para reflexionar sobre esa cuestin.
   -No te ocurrir nada -dijo Richard, sonriendo-. Yo cuidar de ti.
   -Eres voluble, Richard -le reproch su prima, con voz quebrada.
   Julie estaba fatigada y enojada. Richard se volvi y clav la mirada en el rostro encendido de la muchacha.
   -La mayora de los hombres apreciamos a las mujeres por el valor que ellas mismas se atribuyen -dijo, relajadamente-. Las mujeres que se comportan vilmente se 
daan a s mismas.
Julie contuvo el aliento, y sus mejillas enrojecieron.
   -Cmo puedes decir algo semejante? Te amo. Solo quera que supieses que te amo. No actes ahora como si no hubiese sucedido nada!
   -Tu comportamiento fue intolerable -dijo l, contundente-. Te rebajaste, fuera cual fuese el motivo.
   Julie hundi el rostro en las manos y comenz a sollozar.
   -Esto es muy cruel por tu parte -reprendi Sissy a su hermano-. No eres un caballero!
   -Quin eres tu para hablar de normas morales conmigo, cuando has permitido que un indio piel roja pusiera sus sucias manos sobre ti? -acus Richard.
Los ojos de Sissy relampaguearon de furia.
-Canalla asqueroso! -espet Sissy, con rabia.
   -Por favor -terci Trilby-. Nos encontramos en una situacin muy peligrosa. Este no es momento para pelear.
   -Trilby tiene razn -concedi Richard, sonriendo para disimular el enfado que le haba provocado la inesperada reaccin de su hermana-. Tenemos que conseguir 
regresar al rancho mientras podamos.
   -Espero que a Thorn y Naki no les ocurra nada-dijo Sissy con voz apagada.
-Yo tambin -acord Trilby.
Con una Julie abatida arrastrndose tras ellos, se dirigieron hasta los caballos. Trilby pas un momento angustioso cuando su mansa montura estuvo a punto de tirarla 
al suelo. En pocos minutos se hallaban cabalgando por el polvoriento sendero que descenda por la montaa. En la distancia se oy un estampido sbito y penetrante, 
seguido por muchos ms. Haba comenzado el tiroteo. Trilby comenz a rezar al imaginar a Thorn herido y sufriendo, rodeado de enemigos, sin nadie que le atendiese.
   "No debe sucederle nada -pens, volvindose para mirar con ojos angustiados el camino por el que haban descendido-.Por favor, Dios, que no le pase nada!"
   


                                        13


   El primer tiro proceda de detrs de un rbol. Thorn se giro rpidamente con la pistola desenfundada en cuanto lo oy. Apunto y alcanzo a un hombre mal escondido, 
vestido con harapos y un sarape descolorido echado al hombro.
-Mira all! -se apresuro a advertir Naki.
   Tres mejicanos mas se precipitaban por el estrecho claro entre las rocas y los rboles, disparando sus rifles de vez en cuando.
   Naki disparo su arma y acert a uno de los hombres. Thorn dio cuenta de otro. Los dos hombres se pusieron a cubierto para protegerse de los tiros del tercer mejicano.
   Se  oyo una rpida andanada de palabras en espaol y el sonido de muchos pasos.
   -Maldita sea! -mascu1l Thorn, lanzando una mirada centelleante a Naki-. 1Mira lo que has hecho!
-Yo? -pregunto el apache.
      -Esta bien, fue un acto inocente. -Volvi a cargar su revolver a toda velocidad.
     -Si te tropiezas con una piedra, la culpa es ma murmuro Naki mientras miraba en torno a la gran piedra que lo ocultaba.
      -Bueno, por lo general as es -dijo Thorn.
   Una bala impacto con fuerza cerca de ellos y desprendi un fragmento de roca detrs de la cual se hallaban agazapados.
-Malditos Latinos -dijo Thorn, con rabia.
-Debera darte vergenza recurrir a insultos raciales.
Thorn dirigi a Naki una mirada colrica.
-Salvaje sanguinario.
Naki alzo la vista al cielo.
   -Y yo pens que podra reformar a este hombre -dijo-. Cuidado! -Girando el rifle con la velocidad del rayo, disparo por encima del hombro de Thorn, justo a tiempo 
de impedir que tratara a su amigo una figura sombra cubierta con un poncho. Se oy un gemido y el ruido sordo de un cuerpo al caer.
-Gracias -dijo Thorn con voz ronca.
   Respiraba con dificultad, como Naki, descargando adrenalina, mientras reservaba un pensamiento para Trilby y los dems. Sin embargo, no poda permitirse preocuparse 
por ellos. Deba mantenerse alerta para protegerlos.
Naki expreso los temores de su jefe.
   -Nos sitiaran si no actuamos enseguida, y no hay ninguna garanta de que no vayan a perseguir a los dems. Donde esta ese presumido pavo real blanco del Este?
-Quien esta usando ahora insultos raciales?
   -Bueno, es un presuntuoso -dijo Naki, defendindose-. Los rodeare y aparecer detrs de ellos.
-Procura que no te descubran.
   -Soy un apache -sealo Naki-. Quien crees que invento lo de andar sin hacer ruido?
   Segundos mas tarde se haba desvanecido como un espectro en la oscuridad, tan silenciosamente que no se oy ni una pisada.
   Naki se deslizo por la maleza, escondindose tras los rboles y las grandes piedras. Tres mejicanos se hallaban agazapados detrs de dos enormes rocas, tratando 
de escudriar la oscuridad. Parloteaban entre ellos, discutiendo las tcticas, lo que favoreca a Naki, pues si continuaban gritando no te oiran.
   Saco el cuchillo de la funda y espero, alerta. Su cuerpo se tendi, dispuesto a actuar a fin de salvar las vidas de su amigo y la mujer que con tanta rapidez 
haba Llegado a significar todo para el.
Uno de los hombres de la partida se enojo con los otros y anuncio que avanzara solo. Seria lo ultimo que pronunciase en su vida. Llego hasta los rboles donde aguardaba 
Naki, quien con gran eficiencia envi al mexicano con sus antepasados. El apache limpio su cuchillo en la pernera del pantaln del muerto y se apresuro a quitarle 
el sombrero y el poncho. Disfrazado y con la cabeza gacha, se arrastro hacia el claro, sosteniendo el rifle con la mano derecha, en busca de los otros dos. Los hombres 
discutan el rescate que exigiran por los gringos que se proponan secuestrar. A Naki, que los escuchaba furtivamente, no le cupo duda de que para ellos era menos 
importante salvar a los pobres mejicanos compaeros de lucha, que llenarse los bolsitos.
   Cuando llegaron a un acuerdo, comenzaron a disparar.
   -Chihuahua! Es Juan! -gruo uno de ellos. Y se volvieron.
  -Lo siento, compadres -dijo Naki, quitndose el sombrero-, pero no me llamo Juan.
   Los mejicanos reaccionaron demasiado tarde. Naki puso el rifle en posicin y disparo desde la cadera, abatiendo rpidamente a ambos hombres. Detestaba matar, 
pero ellos no habran vacilado en asesinar a algunos de los integrantes de su grupo. Era gente desesperada.
En cierta medida, Naki entenda su desesperacin, pero no poda permitir que causasen dao a Sissy. Le hirvi la sangre al pensar en los mejicanos que haban matado 
a Luis y a Conchita, su esposa. Aquellos haban sido federales y estos no lo eran; deba tenerlo en cuenta. Conoca muy bien la difcil situacin que vivan los 
pobres peones mejicanos y simpatizaba cor ellos. Sin embargo, aquellos hombres habran matado a Sissy sin vacilar. Sabia que algunos revolucionarios TIC eran precisamente 
honestos y estaban decididos a sacar provecho de aquella lucha en favor de la libertad. Tal evidencia le provoco nauseas.
    De pronto, cuando alcanzo el claro, oy a Thorn llamarlo. Naki alzo la vista y volvi a ser el amigo sereno y educado de tantos aos, no el antiguo apache al 
acecho de la presa.
-Te vi cuando los localizaste -dijo Thorn.
    -Por suerte llegue a tiempo -respondi Naki. Se incorporo y enfundo el cuchillo.
   -Haba otros dos, pero han huido -informo Thorn-. Los deje marchar.
Naki intercambio una mirada con su amigo.
-Los que mataron a tus padres eran mejicanos.
   -Si. Pero no asesino a sangre fria. Como tu, solo disparo en defensa propia.
   Antes de que Naki pudiese replicar, se oyeron en medio del silencio unas pisadas ruidosas, y ambos se giraron con rapidez, apuntando con sus rifles, para encontrar 
a Richard seguido por el resto del grupo.
   -Por amor de Dios, oculte a las mujeres! -ordeno Thorn.
   -El apache arranco la cabellera a alguien? -exclamo Julie; no poda ser otra.
   -No, el apache no arranco la cabellera a nadie -dijo Naki, furioso-. Los apaches no arrancamos cabelleras ni saqueamos vagones de tren. Por amor de Dios, estamos 
en 1910.
   Trilby miro mas all de Richard y sinti nauseas. Se precipito hacia los matorrales y vomito. La visin de los hombres muertos, aun a la dbil luz de la madrugada, 
le resulto tan violenta que no pudo soportarla.
    Sissy paso velozmente junto a Richard y avanzo, con ojos desmesurados y curiosos, hacia los cadveres.
   -No! -dijo Naki con firmeza, con una actitud tan fiera como los ojos oscuros que enfrentaron a los de la muchacha-. Retroceda.
   -No de ordenes a mi hermana -protesto Richard-. Ven aqui, Sissy -aadi.
   -El no puede darme ordenes, y tu si? -pregunto Sissy con voz ahogada, dirigiendo una mirada colrica a su hermano-. A mi no me provoca nauseas. Si no estn muertos, 
yo se un poco de primeros auxilios.
-Estn muertos -aseguro Naki, framente.
   Sissy sabia, porque se lo haba contado, que tenia motivos para odiar a algunos mejicanos. Sin embargo, no daba la impresin de sentirse triunfante, sino abatido. 
Sissy quiso it con el, pero las circunstancias la disuadieron, as como el semblante esquivo de Naki.
   -Como puedes mirar eso? -la regao Julie-. Es algo salvaje.
   -Estoy de acuerdo -dijo Richard con desdn-. Era necesario masacrarlos?
   -Ellos tampoco hubieran dudado en matarnos a nosotros -dijo Naki, irguindose y mirando fijamente al hombre blanco-. Le gustara saber lo que habran hecho a 
las mujeres? -agrego con una fria sonrisa.
Sissy ya lo sabia.
   -Richard, basta -dijo a su hermano, que se dispona a discutir.
    -No estas olvidando cual es tu lugar? -inquiri su hermano.
    -Mi lugar es aquel en que yo elijo estar. No tienes ningn derecho ni ninguna autoridad sobre mi -le replico Sissy. 
    -Ciertamente, tendr que mencionar a nuestra madre tu comportamiento aqui -prometi Richard.
Sissy lo miro con ojos furiosos.
-Crees que eso me preocupa?
    -Parece que no te preocupa, teniendo en cuenta la compaa que buscas.
    La joven propino una sonora y fuerte bofetada a su hermano, quien se llevo la mano a la mejilla y se quedo mirando a Sissy de hito en hito, estupefacto.
-Me has pegado! -dio con voz entrecortada.
    -Desde luego que lo he hecho y te aseguro que he disfrutado -replico ella-. Ahora, querido hermano, es mejor que nos vayamos.
    Richard no volvi a pronunciar palabra. Sissy evito mirar a Naki al pasar a su lado para regresar al camino por el que haban venido. Estaba observando la costumbre 
apache, y el tenia que saberlo. Y Naki lo supo; sonri para sus adentros cuando se reuni con Thorn para enterrar a los muertos.
   Depositaron los cadveres en fosas poco profundas, que luego cubrieron con piedras. Fue un trabajo arduo porque el terreno era rocoso, pero no deban dejar ninguna 
huella que pudiesen encontrar los otros mejicanos.
   -Tendremos que notificar el incidente al ejercito-dijo Thorn a Naki despus-. Esto podra ser el comienzo de algo muy desagradable. No me gusta la idea de que 
los revolucionarios se paseen de esa manera por este lado de la frontera, a pesar de que simpatizo con su causa. Te apostara diez dlares contra un cubo de hojalata 
a que planeaban un secuestro.
   -Si, lo planeaban, pero no formaban parte de las fuerzas revolucionarias. Los o hablar -informo Naki.
   Refiri el resto de lo acontecido a Thorn, que miraba a Trilby. Pens que su mundo podra haber terminado silos desertores hubiesen logrado hacerle dao.
   Thorn y Naki se reunieron con los dems y entre todos levantaron el campamento. La expedicin de caza haba concluido y, por fortuna, no en tragedia.
Trilby cabalgaba al lado de Thorn, tras haber dejado atrs el sendero de montaa, por el largo y sinuoso camino polvoriento que conduca al rancho. Ella no montaba 
mejor que antes, pero ya no soportaba la idea de compartir el caballo con Thorn. El pareci advertirlo, porque no insisti.
   -Te encuentras bien ahora? -pregunto el con voz serena.
   Ella aun estaba un poco plida pero, como el haba dicho una vez, era valerosa.
-Si -respondi.
   Vance la observo con franco inters. De algn modo, la muchacha pareca mas joven, frgil y vulnerable. Quera acogerla en sus brazos, llevarla a la montaa y 
cuidarla siempre. Aquel deseo de posesin le resultaba inquietante.
   -Has reflexionado sobre la idea de casarnos? -inquiri el.
-No tienes por que -comenz a decir ella.
   -No seas ridcula. Quiero hacerlo. -El cambio las riendas de mano. Su cuerpo alto, que se balanceaba con gracia con el movimiento del caballo, pareca casi parte 
del animal. Trilby, por su parte, se mova de un lado a otro en su montura y apenas se mantena sobre ella-. En poco menos de tres semanas ser Navidad. Si quieres, 
podramos casarnos antes de esa fecha.
   -Eso... estara bien -acord ella-. Viviramos en Los Santos?
El corazon del hombre dio un vuelco.
   -Donde si no? -pregunto el razonablemente-. Es mi casa; ma y de Samantha.
Trilby sinti que un muro se levantaba en torno a ella; realmente no haba salida. Ni siquiera en esos momentos poda mirarlo a los ojos, pues se senta tan timida 
y nerviosa en su presencia como en los primeros das de su turbulenta relacin.
-Yo podra regresar al Este...
    La mirada del hombre escrutaron los ojos de la muchacha.
    -Y hacer que? Fingir que adoptas un nio, si has quedado embarazada? Y donde te alojaras?
Ella hizo una mueca de desagrado.
-Es tan difcil... -logro decir.
    El semblante del ranchero se endureci al advertir la mirada que Trilby diriga a Richard, quien cabalgaba junto a Julie. Apenas hablaban, pero el observaba 
de tanto en tanto, que su prima actuaba como una mujer diferente a la tonta coqueta que haba bajado del tren. Richard haba demostrado lo que realmente era en realidad 
y a Trilby le molestaba pensar que haba estado tan ciega como para creerse enamorada de el. Incluso Julie pareca estar cambiando de idea. Richard sin duda era 
guapo, pero tambin superficial y egosta.
   -A causa de el? -pregunto Thorn, lacnico, sealando a Richard-. Ni siquiera te tendr en cuenta cuando se decida a escoger.
-Lo se -dijo ella, rgida.
   -Entonces afronta los hechos -dijo Thorn-. Tu y yo nos acostamos juntos, y tu eras una virgen. En mi mundo, eso significa que te desposaste conmigo. Estamos haciendo 
lo correcto para enmendar nuestro error -prosigui el, con suavidad-. Eso no lo compensa siquiera un poco?
   -Sospecho que no has tornado esta decisin de forma repentina, Thorn. Me pregunto si no planeaste lo que sucedi, aunque fuera de manera inconsciente. He odo 
rumores.
-Que rumores? -pregunto el.
   -Que no tienes mas que charcas de agua envenenada en Los Santos y en tus posesiones de Mxico y que necesitas acceso al agua que hay en nuestras tierras -explico 
ella, con valenta-. Nuestro matrimonio no representa una  solucion a ese problema?
   El asinti.
   -Si, lo es -admiti el, sincero-. Pero debes saber que te quiero. Ni la persona mas desconfiada confundira mi inters por ti con codicia.
   -Lo se -acord Trilby-. Nunca podr volver a Luisiana -musito-. Tendr que quedarme aqui, contigo. -Hundi el rostro en las manos.
   -No hagas eso -reprocho Thorn con rabia, herido por la falta de entusiasmo de la muchacha ante la perspectiva de convertirse en su esposa. El no iba por ah pidiendo 
a la primera mujer que encontrase que se casara con el. En realidad, Sally haba sido la nica a quien se lo haba propuesto-. El hecho de que tengas que casarte 
conmigo no es el fin del mundo, Trilby.
-No lo es?
   El rostro del hombre se congelo en una expresin inusitada cuando capto la ofensa. Quiso recordarle que en sus brazos ella se abandonaba como una cualquiera, 
pero eso hubiese sido injusto. Vance tenia las manos atadas. Trilby se desposara con el, pero su corazon seguira perteneciendo al hombre del Este. Como podra 
combatir eso? Y lo que era mas importante por que quera hacerlo? La pregunta lo atormento todo el camino.


      Lisa Morris todava se encontraba en la enfermera dos das mas tarde. Se haba recuperado, pero no lo suficiente para marcharse. Tendra que hospedarse en 
casa de la seora Moye, y le faltaban fuerzas para ello.
Entretanto, le resultaba agradable permanecer en la cama y or las protestas del muy irritado Todd Powell cuando se ocupaba de las tareas domesticas por la noche.
    Refunfuaba mientras trataba de preparar un guiso. La carne haba quedado cruda y las hortalizas excesivamente cocidas, pero al menos el caldo estaba bien sazonado. 
Sirvi un tazn de caldo a Lisa y el mismo se lo dio a comer a cucharadas. Nunca quedaba satisfecho hasta que consegua que lo terminase.
    La regaaba porque estaba demasiado delgada. Con el camisn de franela que llevaba puesto, se observaba que haba perdido peso.
   -Su marido ha mandado decir que no se opondr al divorcio -anuncio el capitn Powell-. Parece que tiene intencin de casarse con la mujer de Douglas.
Ella asinti.
   -No me sorprende. -Se recost contra las almohadas, exhalando un leve suspiro-. Es lo mejor. Eramos poco menos que enemigos mucho antes de que yo perdiese al 
nio.
   El dejo el tazn y la cuchara sobre la mesilla y le tomo el pulso; lo noto un poco acelerado y sonri ante la evidencia de lo mucho que su presencia afectaba 
a la mujer. Se puso el estetoscopio alrededor del cuello y lo alzo hasta sus odos.
   -Tosa-indico, deslizando el estetoscopio debajo de la pechera del camisn contra su piel clida y suave.
   Ella obedeci, y el contacto de la mano del hombre le produjo vrtigo. Todo su cuerpo. Todo su cuerpo se contraa al mas leve roce de los dedos del capitn. Lisa 
sabia que su corazon lata deprisa y que el te oa.
   El alzo la cabeza, consciente del nerviosismo de la mujer. La miro con fuerza, sin retirar la mano, y muy lentamente, casi a modo experimental, aparto sus dedos 
del amplio circulo metlico hacia la piel desnuda de la paciente.
   Lisa contuvo la respiracin, sin moverse, sin protestar. Sus ojos se volvieron mas grandes y curiosos.
   Los labios del hombre se separaron. La miraba intensamente a los ojos mientras exploraba la suave curva de su pecho demorndose en la sbita dureza de su pezn, 
que capturo entre el pulgar y el ndice para acariciarlo con suavidad.
-Oh, mi querida -susurro, con voz ronca.
   Noto que Lisa temblaba. El medico retiro el estetoscopio, y sus grandes manos, trmulas y vacilantes, buscaron los botones del camisn de franela. Lisa descanso 
sus manos sobre las del hombre.
   Transcurrieron unos segundos, porque el se mostraba torpe en su urgencia por verla, por tocarla. La ayudo a sentarse y poco a poco le bajo el camisn hasta la 
cintura, procurando no daarla donde estaba quemada.
   Ella se incorporo, subyugada, con la vista clavada en sus senos, mientras el los recorra con la punta de los dedos.
   Lisa era una mujer menuda, de carnes firmes y bellamente formada. Resultaba ertico observar las manos de Todd acariciarla tan dulcemente.
-Nunca... disfrute... antes -susurro ella.
El alzo la mirada para encontrar los ojos de la mujer.
-Eres hermosa -murmuro-. Muy hermosa.
   Lisa percibi el deseo que traslucan los tiernos ojos del hombre.
-Suavemente -musito el.
    Apoyo a la mujer en la curva de su brazo y se inclino para posar sus labios, con gran ternura, sobre su! pechos inflamados, sobre sus pezones endurecidos, dibujando 
dulces crculos con la lengua.
   Los dedos de ella, temblorosos, se enredaron en 1, espesa cabellera lacia del hombre. De su garganta brot un profundo sonido, y Lisa se estremeci.
    La recost contra las almohadas, deleitndose en la contemplacin de su cuerpo blanco y blando durante largos minutos. Ella suspiraba y gema bajo el calor de 
la boca del oficial, entregndose con doliente abandono.
   El control del hombre ceda segundo a segundo y, cuando deslizo la mano por los suaves muslos, lo perdi por completo.
   Lisa gimio y se movi un poco, lo suficiente para alentarlo. Todd Powell observo el rostro de Lisa durante un instante antes de que sus bocas vidas se fundiesen.
   Ella se puso rgida al notar la desnudez del hombre contra la suya y comenz a jadear.
   Los labios del hombre se separaron de los de Lisa solo una fraccin de segundo.
   -Djame darte placer -susurro, excitado-. Cuidare de ti... Djame mostrarte como puede ser, como debera ser.
   Ella lo miro a los ojos, avergonzada, pero enseguida se relajo, entregndose a la caricia lenta y suave de las manos masculinas. Arqueo el cuerpo, y su cara se 
tenso de temor y asombro.
   -No lo rechaces, querida -musito e1 con ternura-. Oh, Lisa, no te resistas -pidi el, mientras sus caderas se movan y una su cuerpo, con exquisita ternura, 
al de la mujer.
   Todd gimio ante la llegada de placer, ante la primera intimidad que se permita desde la muerte de su esposa.
   El sensual movimiento del capitn cogi a Lisa desprevenida, cuando ya era demasiado tarde para protestar. Ondas envolventes de placer emanaban de los gestos 
lentos y acariciadores del cuerpo del hombre. Se aferr a los anchos hombros de Todd, con los ojos en blanco, separando los labios cuando la tensin comenz a extenderse 
locamente por su cuerpo. Nunca haba conocido tales sensaciones, nunca haba sentido como si un calor puro ardiese en su vientre y una marea la arrastrase hacia 
el placer. Jams haba experimentado la increble plenitud de la posesin, la expansin de su propio cuerpo para acomodarse a ese acto. El goce era tan intenso que 
le dio pnico.
   -Todd! -exclamo asustada.
     -Oh, si -susurro el con pasin-. Si, s mi querida, si. Ella arqueo la espalda y comenz a combarse rtmicamente, estremecida, mientras de su garganta brotaban 
unos dbiles gritos cuando ambos se convirtieron en el resto flotante de un naufragio en el agitado ocano. Cabalgaba en la cresta de una ola mucho mas poderosa 
y salvaje de lo que nunca haba sonado que pudiera ser.
   Todd le susurraba al odo palabras intimas, escandalosas, con una voz profunda y ertica. Cuando Lisa volvi a encontrarse en la espiral ascendente, su ultimo 
pensamiento fue que hasta ese momento nunca haba sabido que era la vida...
    Despus el la calmo con frases dulces y caricias tiernas, cobijndola en sus brazos hasta que se durmi. Cuando Lisa despert, se dijo que haba sido un sueno. 
Ni el ni ella mencionaron nunca lo sucedido. Cuando la mujer se instalo en la casa de la seora Moye, supo que cuando le concediesen el divorcio no estara mucho 
tiempo sola. Tambin lo supo el.



                                         14


   Trilby fue incapaz de explicar a su madre lo que haba ocurrido en el campamento. Ni siquiera se atrevi a contrselo a Sissy. La conciencia le remordi durante 
varios das, mientras sus huspedes holgazaneaban por los alrededores, representando mas trabajo para su madre y ella misma. Solo Sissy y Ben ayudaban. Richard pareca 
considerar que deban servirlo, y Julie se pasaba casi todo el tiempo enfurruada en su habitacin.
   A pesar de la alegra que les embargo cuando Thorn y una extraamente alicada Trilby les anunciaran su compromiso, Jack y Mary Lang quedaron horrorizados al 
enterarse del incidente que se haba producido con la partida de mejicanos que atacaron a los jvenes en las montanas.
   -Este lugar esta sin civilizar -comento Jack, malhumorado, a Mary-. Ojala nunca hubiese cometido la locura de venir aqui. Ahora no podemos permitirnos regresar 
a casa, y todo es culpa ma. Que habra pasado si hubiesen matado a Trilby y los dems?
   -Por fortuna no les ha sucedido nada, gracias a Thorn y al estupendo hombre apache -dijo Mary con dulzura-. Deja de preocuparte -aadi, dndole una palmadita 
en el brazo-. Ahora todo va bien.
 -Y por cuanto tiempo? -pregunto Jack-. Ya sabes que se dice que se cometen muchas atrocidades a lo largo de la frontera. Esto me recuerda un barril de plvora 
a la espera de que alguien lo encienda.
    -No nos hallamos cerca de Douglas -dijo Mary-. Estoy segura de que aqui estaremos seguros.
    -Ojala sea as -dijo Jack, quien dejo a un lado su inquietud para centrar la conversacin en el compromiso de Thorn y Trilby, que excitaba y complaca tanto 
a el como a su esposa-. Debo reconocer que nunca pens que lo haran -agrego, con una sonrisa irnica-. Sobre todo tras sus continuos enfrentamientos. Aunque me 
da la impresin que lo hacan como una prueba antes del matrimonio. Me enorgullece que Trilby acabe tan bien.
Mary dijo:
    -Considero que Thorn sale tan beneficiado de esa relacin como nuestra hija. -Y ri al ver el rostro enrojecido de su marido mientras se disculpaba, algo avergonzado, 
por subestimar a su propia hija.
Richard, Ben y Julie prepararon las maletas, decididos a partir a la maana siguiente.
   -La verdad, no soportara otro da aqui -dijo Richard-. El Oeste no me gusta. Aoro la sociedad civilizada.
   -Eres un esnob, Richard. -Sissy suspiro-. Bueno, mrchate si quieres, pero yo no estoy dispuesta a perderme la boda de Trilby.
   -La han anunciado de forma bastante precipitada, no te parece? -inquiri Richard.
   -Thorn ya explico que la haban planeado hacia mucho tiempo y que tomaron la decisin cuando se hallaban en el campamento -rectifico Ben.
Richard se mostraba inquieto.
   -Esta aprovechndose de ella. Trilby debera regresar con nosotros y alejarse de ese ranchero mientras puedas; nunca conseguir adaptarse a la vida del desierto.
   -Cualquier mujer se adaptara a cualquier clase de vida con un hombre como Thorn, querido hermano. -Sissy ri entre dientes-. El seor Vance cuidara de ella; 
no te preocupes.
   -Trilby fue mi primera novia -dijo Richard, resentido.
   -Te comportaste como un necio al coquetear con Julie desde el da en que llegamos -replico Sissy en voz baja, para que Julie, que se hallaba en el saln, la oyese-. 
Tu empujaste a Trilby a los brazos de Thorn, y me alegro. $l es dos veces mas hombre que tu.
El rostro de Richard se encendi de rabia.
   -Mira, ser mejor que no me entere de que te ves con ese indio despreciable -amenazo.
   -Ese indio despreciable me salvo la vida -record ella-. Mis asuntos privados no te incumben.
-Bah!
    -No te olvides de escribir. Y di a mama que ir a casa despus de la boda -aadi Sissy con jubilo, guiando un ojo a Ben, que disimulo una sonrisa.
-Mama se pondr furiosa!
    -No, no lo creo. Ella me animo a que estudiase en la universidad mientras que tu y pap os burlasteis de mi. Un da ser antroploga; espera y veras.
   -El lugar de una mujer es el hogar -dijo Richard, imitando el tono severo de su padre.
   -Tal vez lo era, pero ya no. Y cuando todas seamos instruidas, nadie nos retendr en la cocina todo el da.
   -Oh, maldita sea. Vamos a acabar de preparar el equipaje, Ben. No se puede discutir con ninguna mujer -sentencio Richard, disgustado.
   Ben se limito a encogerse de hombros, dedicando Una sonrisa clida y sincera a su hermana.
Julie casi no hablaba con nadie. Haba cambiado tras la acampada, convirtindose en una triste sombra de la muchacha que haba sido. Haba comenzado a mirar a Richard 
con ojos fros, tan enojada con el como Sissy y Trilby. Sin embargo el era tan obtuso que no pareca advertirlo.
    En la estacin, Thorn se las arreglo para estar cerca de Trilby cuando esta se despidi del anterior hombre de su vida. Le rodeo la cintura con un brazo, mientras 
ella estrechaba educadamente la mano de un Richard abatido.
   -Espero que seas muy feliz, Trilby -dijo Richard con rigidez, dirigiendo una mirada glida a Thorn-. Nos mantendremos en contacto, verdad?
    -Oh, tendr que visitarnos el ano prximo, cuando estemos adecuadamente instalados -intervino Thorn, con sequedad-. Organizare otra partida de caza.
    -Bueno, si, seria estupendo -replico Richard. Sostuvo la mano de Trilby un poco mas de lo aconsejado por la cortesa y se la apret. La muchacha estaba ya fuera 
de su alcance, y a Richard le dola no haber actuado con mas decisin. Julie lo haba cegado e impedido valorar a Trilby. Ahora perteneca a aquel rufin astuto 
y solo Dios sabia que seria de ella-. Adis, Trilby. Me acordare de ti.
    Ella sonri, a punto de llorar, aunque no de tristeza por la marcha de Richard, sino por la sensacin de perdida del pasado.1r1 formaba parte de su infancia 
y adolescencia. Siempre haba asociado esas etapas de su vida a Richard, su muchacho maravilloso. Ahora, en la estacin, se senta completamente desilusionada y 
pensaba que sus sueos no haban sido mas que fantasas propias de una colegiala. Richard no se ajustaba en absoluto a la imagen dulce que ella se haba creado de 
e1. Trilby estaba desprendindose de todo cuanto haba credo anhelar, y sus sueos de amor haban sido sustituidos por el matrimonio con un hombre que solo se interesaba 
por ella para obtener el agua de su padre.
-Oh, Dios mo -susurro.
   Richard, en el colmo de la vanidad, interpreto que la muchacha lamentaba abiertamente el hecho de perderlo. Contuvo el aliento y habra hablado si un brusco movimiento 
de Thorn y una mirada de sus ojos oscuros no le hubiesen disuadido. A pesar de todo, dijo:
   -Si alguna vez me necesitas, puedes contar conmigo, Trilby. -Hablo con vehemencia y luego soltndole la mano, se volvi para encaminarse hacia el tren.
   Trilby se habra redo de su jactancia si no se hubiera sentido tan desdichada. Tenia el corazon destrozado, y no le importaba que Thorn lo notase. Despus de 
todo, el la haba hecho caer en la trampa.
   Thorn, que si se haba percatado de la inquietud de la muchacha, no lograba encontrar las palabras precisas para expresar lo que senta. Deseaba disculparse por 
haberla puesto en un aprieto y tambin quera bajar a Richard del tren y arrojarlo contra un cactus. Estaba convencido de que Trilby amaba a Richard tanto como lo 
odiaba a el por haber hecho imposible su amor.
   Se aparto de ella con brusquedad para liar un cigarrillo con dedos diestros. Mientras tanto, Trilby se despeda de Ben y, con cierta frialdad, de Julie. Luego 
el tren se alej de la estacin y no tardo en convertirse en una mancha de humo en el horizonte gris.
   El viento era fri, incluso para el mes de diciembre en el sur de Arizona.
 La boda se celebro tres semanas mas tarde, en otro da fri y melanclico. Mary y Jack haban tratado de persuadir a la pareja de que esperasen hasta la llegada 
de la primavera, pero ninguno de los dos transigi. Thorn especialmente se empeo en no aplazar la fecha de la boda, como si algn motivo lo apremiase, pens Mary. 
Por supuesto, nada poda haber sucedido en las montaas , pues haban estado en compaa de muchas personas como para permitirse una imprudencia... Tal vez su urgencia 
se deba a que Thorn amaba a Trilby y tema perderla en favor de Richard. Si, tenia que ser eso... Sin embargo Richard haba partido hacia Luisiana con su hermano 
Ben y Julie. Entonces, como explicar la obstinacin del seor Vance? La pregunta quedaba sin respuesta.
    Trilby, vestida con un traje largo de satn blanco, se presento a la ceremonia con una expresin que ninguna novia debera adoptar el da de su boda. Rgida 
y melanclica, pronuncio su promesa de fidelidad con aire ausente. Ni su actitud ni su rostro irradiaban alegra, y cuando Thorn se inclino para besarla, ella le 
ofreci la mejilla en lugar de la boca.
    La distancia entre ambos era descomunal. Y la recepcin posterior no contribuyo en absoluto a disminuirla, en especial cuando Curt, el primo de Thorn, se acerco 
para besar a la novia.
   Trilby le sonri, un gesto que su marido tuvo que aceptar.
-Gracias, Curt -dijo ella con dulzura.
   -Lamento el modo en que comenzaron aqui las cosas para usted -dijo con timidez-. Espero que usted y Thorn sean felices. Lo deseo sinceramente.
-Tambin yo -acert a decir ella.
Sissy se quedo mirando a Curt, con curiosidad.
-Es guapo -dijo.
   -Si, lo es. -Trilby advirti que la pequea Samantha pareca molesta cuando Curt le diriga la palabra, y que enseguida se escudaba en su padre. La aparicin 
de Sissy aparto a la novia de esos pensamientos. Sonri al ver a su amiga con un vestido de color rosa con adornos de volantes y encaje-. Estas muy guapa -dijo, 
observando que llevaba el cabello suelto.
-A un determinado caballero alto no le gusta que me
recoja el pelo. -Suspiro y miro alrededor-. No se encuentra aqui, por supuesto. Se comporta con cortesa al evitarme. Es tarde, por la noche, oir una flauta y saldr 
furtivamente para cobijarme bajo su manta mientras hablamos de razas antiguas y recitamos sonetos de Shakespeare.
   -No hablaras en serio -exclamo Trilby, con malicia.
   -0h, claro que si. Nuestra relacin es imposible -dijo Sissy, tras habrsele eclipsado la alegra-. Se que no existe futuro para nosotros, pero deseo estar con 
el. Cada segundo es precioso; maana regresare a casa.
   -Podras quedarte aqui conmigo -dijo Trilby, agarrandose de un clavo ardiendo.
Sissy ri con tristeza.
   -En tu luna de miel? Desde luego que podra. -Hizo un gesto irnico-. Deberas avergonzarte. Que opinara Thorn?
-No me importa.
La otra chica se apret levemente las manos.
    -No le tienes miedo, verdad? -pregunto, solemne-. No se mucho mas que tu al respecto, pero he ledo mucho. No debe doler demasiado, y si amas a un hombre se 
supone que tiene que resultar muy placentero, a pesar de lo que diga la gente mayor -susurro con tono conspirador.
   Trilby se ruborizo, porque ya sabia demasiado. Pero no poda confesarlo.
   -No le tengo miedo -dijo, dirigiendo una mirada a la esbelta figura de su marido que, vestido con un traje oscuro, se hallaba cerca, junto a un grupo de invitados 
que haban acudido para darles la enhorabuena.
 -Te preocupa Samantha -apunto Sissy, sealando a la nia, que se encontraba junto a la mesa del refrigerio, totalmente sola, tratando de pasar inadvertida-. Siento 
pena por ella. Es como ramos tu y yo a su edad -aadi, con una sonrisa de pesar-. Ninguna de las dos ramos particularmente sociables.
    -Yo cuidare de ella -dijo Trilby, mirando a la nia con cario-. Ha recibido muy poco amor. Su padre no es una persona cariosa.
    -Tal vez te lleves una sorpresa -dijo Sissy-. A mi me parece muy sensible; un hombre que oculta sus sentimientos porque teme que le hieran. Su anterior matrimonio 
no seria feliz, verdad?
-No; no creo lo fuera.
Sissy asinti.
    -Bien, esta boda tal vez sea lo mejor para los dos. Desde luego, Thorn tiene mas que ofrecer que mi hermano, Trilby. Supongo que tu tambin lo sabes.
    -Si, lo se. Relaciono a Richard con una parte importante de mi vida -dijo lentamente-. Sospecho que deseaba tanto revivir el pasado que lo confund con el.
    -La verdad es que sers mas feliz con Thorn. Si Richard hubiese llegado a casarse contigo, te habra dejado en casa mientras el se dedicara a perseguir a otra 
mujer. Ni siquiera puede ser fiel a una novia. < Como hubiese sido soportar su traicin dentro del matrimonio?
   -Hubiese sido terrible -admiti Trilby-. En un tiempo cre amarle -dijo con tristeza-. Ha sido necesario este viaje para que me diese cuenta de que no era as. 
Realmente, no le amaba.
   -Puedes aprender a amar a Thorn. Es muy hombre -enfatizo Sissy-. Dudo de que te arrepientas.
   -Ya veremos. -Tomando a Sissy de un brazo, la condujo hacia la mesa del refrigerio, mientras procuraba no pensar en la noche que se avecinaba-. Vamos a comer 
y beber algo.
Mas tarde, Samantha se acerco tmidamente a Trilby, quien se arrodillo para quedar a la altura de la nia.-Solo quera felicitarla -dijo Samantha con su dulce- voz-. 
Me alegro de que se haya casado con mi padre. Espero que sea muy feliz.
-Yo espero que tu tambin lo seas. Me gustara que furamos amigas.
-Piensa tener muchos nios? -pregunto la nia, seria, con gesto resignado.
Trilby se ruborizo.
   -No deberamos hablar de eso ahora, de acuerdo? Sus palabras provocaron una dbil sonrisa en la nia. -De acuerdo.
-Tendremos mucho tiempo para llegar a ser amigas,
Samantha. Y realmente lo seremos.
    -Ama a mi padre, seorita Lang? -pregunto la pequea con un tono muy prudente-. Quiero decir...mama -se corrigi.
    -No seria mas fcil que me llames Trilby? -pregunto la muchacha a la nia, evitando responder su pregunta. -Mi padre dijo que debo llamarla -mama-. -Entonces 
lo hars solo en su presencia -dijo Trilby con dulzura y sonri-. Cuando estemos solas, puedes llamarme Trilby.
Los ojos oscuros de la nia se iluminaron. -Oh, bien, estupendo. Trilby ri.
-Ser nuestro secreto.
-Si, un secreto de verdad. Trilby, podria ayudarme con mis estudios? No quiero vivir con el do Curt para asistir a la escuela de la ciudad -dijo, preocupada.
    -Estoy segura de que resolveremos ese problema -repuso la joven-. No me gusta la idea de que permanezcas en Douglas precisamente ahora, con todos esos incidentes 
en la frontera. Hablare con tu padre al respecto.
-Me alegra mucho. -Miro a Trilby con inquietud-.Debo ir a casa del to Curt esta noche?
-Me temo que si. No te agradan tus tos?
Samantha no respondi directamente.
    -Son buenos; dicen que puedo volver a casa maana.-Entonces, te ver maana, no es as? -dijo Trilby con una sonrisa.
     La conversacin haba enternecido a Trilby; entonces record que esa era su noche de bodas. Solo ella, y Thorn saban que no seria la primera vez que se acostaban 
juntos, pero no podan admitirlo ante los dems.
Trilby y Thorn estuvieron ocupados hasta tarde despidindose de los invitados. Despus, como era inevitable se encontraron solos en el saln, dbilmente iluminado 
por una lmpara, junto al calor del fuego de la chimenea, bebiendo la ultima copa de champaa.
    La recin casada se haba cambiado el traje de n por un sencillo vestido de color gris. En un primer momento pens en ponerse el camisn, pero temi Thorn lo 
interpretase errneamente como una insinuacin de ir a su cama, y eso era lo ultimo que deseaba.
    Vance no se haba cambiado. Bestia una impecable camisa blanca y pantalones negros a  juego con el fajn. Tan solo se haba quitado la chaqueta y sus dedos estaban 
aflojando el corbatn.
   -Estoy cansado, y tu? -pregunto el para entablar conversacin-. Haba olvidado lo agotador  que es casarse.
   El comentario record a Trilby que no era la primera vez que el iba al altar. Observando las burbujas de la copa de champn, dijo:
-Si, es agotador.
   La vista del hombre se poso en la elegante copa la muchacha sostena en la mano.
   -Sabes por que las copas de champn tienen forma? -pregunto el de repente.
Trilby lo miro y luego examino la copa.
-No. Por qu?
El sonri.
- Estas segura de que quieres saberlo?
-Si, por supuesto -replico ella, curiosa.
  Thorn se inclino un poco, acariciando sensualmente la copa que sostena.
  -Fueron diseadas a partir de un molde de los senos de Maria Antonieta -dijo, con voz suave.
  Ella dejo caer la copa, tanto por la sorpresa de la respuesta como por la manera en que el acariciaba la suya mientras miraba el pecho de Trilby.
  Thorn sonri ante la visible turbacin de la muchacha., cha. Depositando la copa sobre una mesilla, se levant del sof. Cuando se acerco a ella, Trilby aprecio 
el brillo centelleante de sus ojos, la amenaza sensual de su cuerpo, y se irgui rpidamente.
   -Ser mejor que limpie esto -comenz a decir, desesperada.
Vance la cogi en brazos, como si no pesase.
   -No hasta que hayamos hecho el amor -dijo, con voz ronca.
   Se inclino y comenz a besarla. La boca de su esposo, sabia a champn y menta, y el aliento de el era clido cuando lleno la boca de la muchacha.
   Trilby hubiera querido protestar, resistirse, pero e contacto del hombre la narcotizaba. Tardo pocos segundos en ceder y rodear con timidez el cuello del hombre 
con los brazos, temblando con deliciosa expectativa a recordar la ultima vez y lo maravilloso que haba sido incluso en la fria humedad de la tienda, sobre el duro 
suelo. En esta ocasin seria en una cama caliente y sin ninguna posibilidad de interrupciones: tenan toda la noche para ellos.
   -Te he deseado durante mucho tiempo, Trilby -dijo el cuando la deposito dulcemente sobre la inmaculada colcha blanca de la cama-. Eres cuanto he soado.
    Ella quedo tendida, a la dbil luz de la lmpara de queroseno. El corazon comenz a latirle agitadamente cuando el procedi a quitarse la camisa y a punto estuvo 
de pedirle que apagase la lmpara cuando la arroj a un lado y sus ojos descubrieron lo que sus manos ya saban hacia tiempo; era velludo, musculoso y muy, muy varonil. 
Estaba tan fascinada contemplando el pecho del hombre que ni siquiera repar en que este comenzaba a desabrocharse los pantalones.
   Cuando se los quito, revelando la parte mas amenazadoramente masculina de el, ella se quedo inmvil, sin aliento.
-Ahora ya sabes -dijo Thorn.
    Ella desvi la vista, esperando aun una risa burlona, pero no la hubo. El crujido de la tela y el ruido sordo de las pesadas botas llegaron a sus odos. A continuacin 
Thorn se sent en la cama junto a ella.
    -La lmpara, Thorn -susurro con desesperacin al ver que las manos del hombre se disponan a desabotonarle el vestido.
    -Quiero que este encendida, Trilby -dijo el con serenidad-. Deseo que me veas y ver todas las intimidades de tu cuerpo.
-Pero...
    Ella enrojeci, furiosa, cuando 1 dejo su torso desnudo y la recost para despojarla del resto de ]as prendas.
    La mujer trat de cubrirse, pero las manos del hombre se lo impidieron. Permaneci tendida durante unos segundos, anonadada, mientras los ojos del hombre completaban 
la posesin extasiada de su desnudez.
-Thorn, por favor... -comenz a decir ella, cohibida.
   -Toda mi vida lo he hecho en la oscuridad -dijo el, con la mirada fija en sus senos-. Esta vez quiero ver todo, cada segundo. Nunca he deseado a nadie como te 
deseo a ti.
   Se inclin y pos su boca en la cima de un pezn. Lo bes y lo succion, logrando que pronto se endureciese.
   La muchacha contuvo el aliento ante el placer recordado y hundi los dedos en la espesa cabellera oscura del hombre, con la vista clavada en los leves movimientos 
de
su rostro mientras 1 la saboreaba.
   La otra mano del hombre se deslizo poco a poco por los muslos, las caderas y el vientre liso de Trilby. Las caricias se prolongaron durante minutos largos y lnguidos, 
y la boca y las manos del hombre se volvieron mas audaces, al igual que las palabras que salan de los labios hmedos de Trilby.
   Cuando ella estuvo por completo sensible, Thorn la inst a que explorase su cuerpo con las manos, ensendole dnde y como acariciar, de modo que su propio placer 
fue en aumento, acompasado al de su esposa.
   -Es... indecente! -protesto ella, cuando al fin 1 coloco su cuerpo entre sus piernas y la tom por los muslos para alzarla abruptamente hasta alcanzar la intimidad 
absoluta.
   Ella noto el estremecimiento del cuerpo masculino sacudido por el placer, y vio la sbita e intensa oscuridad de los ojos del hombre y la contraccin de los msculos 
de su rostro baado en sudor.
   -Si -replico el. Bajo la mirada hacia el amplio espacio entre los cuerpos de ambos y la fijo en el punto en que se unan amorosamente-. Mira, Trilby -susurro.
   De manera automtica ella miro y se quedo sin aliento mientras el permaneca inmvil, permitindole as ver el total contacto intimo al que se hallaban entregados. 
Vance alzo la vista para encontrarse con la expresin escandalizada de la muchacha. Le sostuvo la mirada y lentamente, con un movimiento semejante al del viento 
estival al agitar las hojas de los rboles, comenz a adentrarse en el cuerpo de la mujer.
-Es hermoso -murmur, buscando el rostro de Trilby cuando el placer la estremeci-. Contigo es algo mucho mas profundo que la simple unin carnal de los cuerpos.
   La inesperada ternura del hombre conmovi a la muchacha. Se relajo cuando Thorn profundizo su posesin y le acuno el rostro con las manos, acariciando su boca 
mientras el jadeaba y comenzaba a temblar.
   Ambos estaban alcanzando el xtasis. Estremecindose, sin ocultar el rostro, Trilby permita que el la mirase, lo que pareca acentuar el placer del hombre,, 
que gema con cada movimiento.
-Acptame -susurro el, agitado.
   De repente se convulsiono en la posesin completa y arremeti con rpidos e intensos embates de placer que la elevaron del colchn en su incontenible frenes.
   En ese momento ella no entenda nada, dominada por la dulce rfaga de color, calor y olvido que la impulso a gritar por todo lo que el poda proporcionarle.
   Vance le dio satisfaccin. Se aparto de ella y se tendi de espaldas a su lado, con la mirada clavada en el techo mientras asuma que la amaba, pues solo el amor 
poda explicar la fiebre que encenda no solo su cuerpo sino su mente, su corazon y su alma. El modo en que la haba posedo tenia poco que ver con una necesidad 
simplemente fsica. Esa vez haba sido incluso mas increble que la anterior.
   Trilby yaca junto a el, ofrecindose a sus ojos y procurando apaciguar su agitada respiracin. De pronto, despus del placer, se senta lnguida, como si todava 
fuese parte de el. Su marido la miro y ella no hizo ademn de cubrirse; ahora le perteneca.
   La mirada de Thorn se deslizo por el cuerpo femenino, recorriendo todos los lugares que su boca y sus manos haban explorado, observando las marcas rojas que 
su hambre devoradora haba dejado en ella.
   -Tendrs moretones -dijo, con voz serena-. Lo siento. No pretenda ser tan brusco.
   -Al final es casi imposible no serlo -dijo ella y se ruborizo, desviando la vista.
   -Te he dado placer, no es cierto? -pregunto el, tranquilamente, leyendo la respuesta en el rostro aun mas enrojecido de su esposa y en el dbil sonido que emiti-. 
Te han explicado que las mujeres no deben disfrutar con sus maridos?
   -Si-admiti ella-. Dicen que solo las malas mujeres gozan con un hombre.
   -Tu no eres una mala mujer. -Le cogi una mano y la beso con ternura-. Gracias por el placer que me has proporcionado.
-Thorn...
El se inclino y le beso los prpados cerrados.
   -Djame tenerte otra vez -susurro el, descendiendo hasta su boca.
-Pero no estara bien! -protesto ella con vehemencia.
-Por que no?
   La boca del hombre se demoro en la de ella, y mientras ella trataba de alegar razones volvi a deslizarse en su interior y la posey con eficiencia dulce y experta. 
Cuando la mente de Trilby comenz a funcionar de nuevo, se encontr tendida contra el, en la segunda y saciada lasitud que sucede al placer.
   -Nunca supuse que resultara tan grato -dijo, el somnoliento. La atrajo hacia su cuerpo y la cubri con las mantas-. Ahora duerme, pequea.
-Mis ropas -dijo ella.
Vance la miro a los ojos antes de apagar la lmpara.
-Por la maana volveremos a desearnos, incluso mas de lo que ya lo hemos hecho. Ser mas fcil si no tenemos que molestarnos en desnudarnos. -Trilby se ruborizo, 
estremecida-. No es pecado que desees hacer el amor conmigo -murmuro el, sonriendo-. Dios nos dio el placer para realzar la alegra del matrimonio y los hijos. Gocemos 
el uno del otro, Trilby. No tenemos que avergonzarnos de ello.
   Consigui convencer a la joven esposa, que, sin embargo, pens que su actitud no era muy lgica, pues una parte de ella segua resentida por el modo en que el 
la haba manipulado para llevarla al matrimonio. Pero cuando el la posea, solo era consciente de la seduccin de sus sentidos, de su cuerpo. Cuando se acercaba 
a ella, el era lo tnico que deseaba.
   Con un dbil suspiro, se acurruco junto a el, apoyando la mejilla en su hombro clido y fuerte mientras cerraba los ojos.
   -Si, eso es -murmuro el-. Duerme. Te he dejado exhausta, no es cierto?
   Ella pens que era el agotamiento mas maravilloso que haba conocido en su vida. As lo expreso en un susurro cuando el se volvi para apagar la luz y ella se 
sumi lentamente en el sueno.
Lejos de la casa de los Lang, dos figura envueltas en una misma manta contemplaban la luna. Una era alta y tocaba la flauta; la otra era muy femenina y descansaba 
la cabeza en el pecho del hombre mientras disfrutaba de su ultima noche en compaa de su amado.
   -Cual era esa ultima cancin? -pregunto Sissy, complacida, cuando el termin.
   -Una mas de una larga sucesin de canciones de amor -respondi Naki-. Disponemos de una fuente inagotable. Los hombres siempre tratamos de llevar a las mujeres 
a nuestras chozas para que enciendan fuego, cocinen y tengan hijos.
   Hijos. Ella nunca los tendra, porque los hijos mestizos no eran bien recibidos. Ese pensamiento la entristeci.
   -Si yo fuese una mujer apache, podra vivir contigo-dijo.
   -Tendra que pagar varios caballos por ti -record el-. Y tu hermano Richard nunca aceptara nuestra unin.
-Mi hermano es un hombre terrible. -Tu padre es como el? Ella suspiro.
-Me temo que si. Mi madre, en cambio, es como yo.
   Se opone a las antiguas creencias y considera que las mujeres deberamos usar el cerebro y tener derecho a votar -aadi, con una sonrisa.
    -A los apaches no se nos permite votar -replico el, sonriendo con tristeza-. Es nuestro pas y se nos niega el derecho al sufragio.
-Hay muchas injusticias -dijo ella. -Realmente.
Sissy permaneci silenciosa en sus brazos. -Maana partir.
    -Una decisin prudente -replico el-. Cada vez que nos separamos me resulta mas difcil dejarte marchar. -Tambin es difcil para mi.
    Naki le acaricio la barbilla con el pulgar y le alzo el rostro con dulzura para ver sus ojos a la plida luz de la luna.
-Te gustara acostarte conmigo, verdad? -susurro el. -Si -respondi ella, sincera.
    -Y a mi contigo. - l suspiro-. Ojala fueses apache. -O tu blanco. -Ella se irgui y lo beso en la comisura de los labios-. Naki, podras venir conmigo a Luisiana...
El puso el dedo ndice sobre los labios de la muchacha.
-Nunca pronuncies mi nombre -dijo el-. Es un tab entre nosotros. Un nombre tiene poder. Ella sonri.
-Eres muy supersticioso.
   -Es mi herencia cultural. -El hombre le acaricio la larga cabellera-. No puedo acompaarte. En el Este no seria mas que una curiosidad y una vergenza. Este es 
el lugar a que pertenezco.
      -Podra quedarme yo aqui -dijo ella, obstinada.
   -Y vivir en una choza primitiva o en una reserva -pregunto el con tristeza-para ser tratada como si fueses una apestada? Muchos de los mos odian a los blancos.
-Por que tienen que ser as las cosas?
   Los poderosos hombros del apache se alzaron y cayeron, abatidos.
   -Quien puede explicarlo? -pregunto a su vez, pesaroso-. Tu y yo somos de la misma clase. No se como nos hemos encontrado. Mi vida estar vaca sin ti.
-Y la ma sin ti -dijo ella con voz apagada.
   Naki se inclino hasta sus labios, besndola con suavidad, con dolorosa ternura.
   -Oh, no, as no -suplico ella, aferrndose a la larga y espesa cabellera del hombre.
El le desenredo los dedos y se los apret con calidez.
   -Solo as -corrigi Naki-. De modo que podamos separarnos sin riesgo de traspasar la lnea de las convenciones.
-Yo arriesgara algo...
-El hijo que engendrramos pagara el precio de nuestro error -record el-. Y seria un precio alto.
Ella desisti.
-Tienes razn, por supuesto. Por que siempre tienes razn?
-Oh, porque soy superior y brillante.
Ella ri y le acaricio el pecho, juguetona. -Eres un vanidoso.
-Es el resultado inevitable del asedio de una mujer bella e inteligente -susurro el.
Ella se irgui y lo beso con ternura.


   

                                           15


  Llorosa pero serena, Sissy subi al tren al da siguiente. Thorn y Trilby la haban acompaado a la estacin en el Ford. Naki no apareci por all, pero Trilby 
hubiese apostado cualquier cosa a que no se hallaba lejos.
  Y as era. Cerca de la estacin, en una elevacin del terreno, se encontraba Naki, montado en su caballo, despidindose en silencio de la mujer elegida por su 
corazon.
  -Mira! No es un indio? -pregunto, sealando excitada una de las mujeres del vagn.
  -Si-respondi su acompaante masculino, con desinters-. El lugar esta plagado de indios. Salvajes sucios e ignorantes! Cuando los aniquilen a todos, este ser 
un mundo mejor!
Sissy se aferr con fuerza a su bolso para reprimir la ira. Detestaba esas muestras de ignorancia, por otro lado bastante corrientes. Sin duda el hombre que profiri 
los insultos no tenia idea de la clase de persona que era Naki, ni de las culturas que haban habitado all mucho antes de que los primeros hombres blancos pisasen 
suelo americano. Se prometi que algn da eso cambiaria. Cuando la gente estuviese mas informada sobre los nativos, aprenderan a respetarlos.
    Cuando diviso la figura solitaria sobre el caballo pinto en la distancia, Sissy le dedico un adis silencioso. La silueta de Naki fue empequeecindose a medida 
que el tren avanzaba, hasta convertirse en un borrn cristalino en los ojos inundados de lagrimas de la muchacha. Finalmente, solo fue visible en el corazon de Sissy; 
un recuerdo luminoso de amor que durara toda su vida.
Thorn regreso con Trilby al rancho y la dejo en compaa de Samantha mientras el se cambiaba. Todava no se sentan muy cmodos a la luz del da, a pesar de la magia 
sensual de la noche anterior.
    -Bueno, voy a trabajar -dijo e1 cuando se hubo vestido con ropas mas adecuadas. Cogi el Stetson y bajo la mirada hasta Trilby con ansiedad levemente impaciente-. 
Procurare volver a casa a medioda -aadi.
-Estupendo.
    Como Trilby no lo miro, Vance le alzo el rostro hacia el suyo con dulzura.
    -Por que te empeas en tratarme como a un extrao? -pregunto con tono suplicante-. Acaso pretendes fingir que no alcanzaste el cielo en mis brazos anoche?
Las mejillas de la mujer enrojecieron.
-Ese no es un tema de conversacin muy... muy
apropiado -balbuceo ella.
-Si lo es -dijo e1 con ternura-. Estamos casados. -Es lo mismo...
   -Pequea mojigata -reprocho Thorn con un suspiro-. Muy bien, guarda tus secretos; un da los conocer. -Sus ojos oscuros se entrecerraron al erguirse ante ella-. 
Echas de menos a Sissy, no es cierto?
   -Somos amigas desde hace muchos anos -respondi ella-. Siempre cre que un da sera mi cuada.
Enseguida se arrepinti de haber pronunciado esas
palabras y se llevo la mano a la boca. Le doli ver la expresin que apareci en el rostro de su esposo.
  -Por tanto es al hombre a quien echas de menos, no a su hermana. Debera haberlo adivinado -dijo el con amargura y se volvi con el orgullo herido. Al cabo de 
un minuto, con voz serena, agrego-: Bueno, parece que el deseo no es el sustituto real para el amor, aun cuando haya querido convencerme de que podra serlo. -Dirigi 
una mirada centelleante a Trilby, y una sonrisa burlona se dibujo en sus labios-. Suea con tu amor perdido, silo necesitas; no me importa. Solo te pido que no susurres 
su nombre en mi cama.
-Eso es una grosera, Thorn!
   -Y yo te devolver el favor -continuo el, enfurecido y con la intencin de ofenderla-. Tratare de no susurrar el nombre de Sally cuando me encuentre en tus brazos. 
Dios sabe que por dulce que seas, nunca podrs reemplazarla!
   Sali de la estancia, dejando a Trilby con el corazon destrozado. No se haba dado cuenta de que estaba enamorada de el hasta que le oy decir que aoraba a su 
primera esposa y que solo la utilizaba a ella como una sustituta en la cama. Se dejo caer pesadamente en una silla y sollozo desconsolada.
A Thorn le preocupaban sus posesiones en Mxico. La tropa destacada en Fuerte Huachuca haba recibido ordenes de proteger la frontera a finales de noviembre, y un 
destacamento del Octavo de Caballera se hallaba acampado en Douglas, en los corrales provisionales de ganado. Las charcas de agua se secaban, y el caudal de los 
manantiales disminua. Thorn haba mencionado que agradecera que Jack Lang permitiera a su ganado sediento abrevar. Tambin hablo de reducir perdidas deshacindose 
de las posesiones mejicanas.

    Los revolucionarios mejicanos pretendan expulsar a los extranjeros que posean la mayor parte de sus tierras. No les importaba que los inversores, o hacendados, 
fuesen o no buena gente; solo queran que Mxico volviese a pertenecer al pueblo. Los revolucionarios tal vez consideraban que al atacar la hacienda de Thorn en 
Mxico le obligaran a marcharse; se haban escapado docenas de cabezas de ganado y caballos, y dos de sus trabajadores del rancho de Mxico haban sido heridos 
de bala. Thorn no cont nada de ello a Trilby, pero si Jorge. En el tiempo que llevaba viviendo en el rancho, Trilby fue informndose pormenorizadamente de los asuntos 
de Thorn, y Jorge era una enciclopedia andante de sus posesiones y hazaas.
    -El es muy bueno con mi gente, seora -le dijo Jorge, con sentimiento-. Para nosotros es el jefe, el patrn. Da de comer al hambriento y procura que siempre 
haya un poco de tierra para que nuestras familias puedan cultivarla. Cuando el gobierno nos arrebato nuestras tierras, ni siquiera podamos alimentar a nuestros 
hijos. Muchos se trasladaron a las ciudades, pero all no haba trabajo para todos y tuvieron que mendigar. -Su semblante se ensombreci-. Le aseguro, seora, que 
el viento soplara con fuerza sobre Mxico y se llevara a Daz de su despacho. Madero curara nuestras heridas cuando consiga el poder, lo se!
    -Por el bien de su pueblo, espero que as sea, Jorge-dijo Trilby-. Pero, si es tan bueno con los empleados de sus propiedades de Mxico, por que los mejicanos 
le atacan?
    -Fueron los federales y los rurales, seora -dijo Jorge-, campesinos que trabajan para Daz y sus depredadores. Ellos son nuestros enemigos; asesinos.
Trilby se estremeci. -Comprendo.
    -Muchos de los mos odian tanto a los espaoles como a los estadounidenses, hombres blancos todos ellos que nos tienen sometidos. Madero, a quien la Virgen Santa 
bendiga, ha prometido que los expulsara de Mxico y nos devolver el pas que nos han robado. Los gringos ricos, dueos de las minas y las industrial, ya no nos 
esclavizaran.
-En Luisiana -dijo Trilby- hay granjeros que trabajan para hombres ricos. Se les denomina "aparceros" porque cultivan la tierra de otro hombre a cambio de una parte 
de la cosecha. Sin embargo el resultado siempre es el mismo; el granjero acaba endeudndose cada vez mas y nunca obtiene lo suficiente por su trabajo.
   -Si. As son las cosas en todas partes; el pobre es esclavizado por el rico. Nos mantienen hambrientos a fin de que tengamos que depender de su dinero. Pero la 
situacin cambiara. Esos... aparceros por que no se rebelan como nosotros y matan a los terratenientes?
   Trilby esbozo una sonrisa al imaginar una accin armada como esa en su estado natal.
    -Supongo que no se les ha ocurrido -respondi-. Espero que sus paisanos obtengan la independencia, Jorge.
   -Yo tambin, seora. Ya han muerto muchos. Y morirn mas. -Se encogi de hombros-. No hay derecho a que los hombres tengan que morir y matar por un poco de harina 
y frjoles.
Durante el resto del da, Trilby reflexiono sobre las palabras de Jorge. Los diarios informaban profusamente de la escalada de los combates en Mxico. Pascual Orozco, 
el lder de los insurgentes en la parte occidental de Chihuahua, haba instigado a todos los mejicanos patriticos a levantarse en armas contra Daz. La lucha en 
Chihuahua era encarnizada, y a los agentes del Ferrocarril Mejicano del Noroeste les costaba encontrar empleados para la compaa, incluso para conducir los trenes 
de cercanas. Insurrectos y federales se odiaban a muerte, y la frontera se hallaba bajo constante vigilancia de las tropas locales de caballera e infantera. Todos 
estaban nerviosos.
    Trilby estaba tan absorta en sus pensamientos que Samantha tuvo que preguntarle dos veces por los preparativos de Navidad.
    -Oh, prepararemos un nacimiento, por supuesto -dijo Samantha, refirindose a la costumbre mejicana de colocar en la casa durante las fiestas unas figuras de 
madera tallada que representaban una escena de la natividad-. Adems me encantara tener un rbol de Navidad. Mi madre siempre lo pona, pero nunca me permiti ayudar 
a decorarlo. Podra ayudarte?
-Claro -dijo Trilby, sonriendo a la nia.
    Era la primera manifestacin de alegra que adverta en la pequea.
    Ambas comenzaron a organizar la celebracin de la Navidad con entusiasmo contenido, ignorando las irritadas protestas de Thorn acerca del revuelo que armaban 
mientras preparaban palomitas de maz, guirnaldas con bayas de arndonos y recortaban papeles de colores.
   -Mientras no colguemos adornos en tu montura y tus ropas, no tienes motivo de queja -le dijo Trilby, con expresin candorosa.
   Trataba de bromear, pero Thorn haba soportado demasiadas crisis emocionales como para mostrarse contento. Se mantena distante, y Trilby lo notaba.
   -Vendrn algunos de tus hombres a la cena de Navidad? -pregunto la muchacha, en otro intento por entablar conversacin.
   -Suelen tomarse el da libre para pasarlo con su familia -respondi el-. Naki no tiene familia y es cristiano, de modo que acostumbro invitarlo.
-Ser bien recibido.
   -Resulta que se marcho a las montanas despus de nuestra boda, y nadie sabe donde se encuentra -aadi el.
   Trilby estaba casi segura de que la desaparicin del apache tenia algo que ver con la partida de Sissy. Si su relacin con Thorn no hubiese sido tan tensa, se 
lo habra dicho.
   -Si regresa a tiempo, te molestara compartir mesa con dos salvajes? -pregunto el secamente.
Trilby enrojeci y evito mirarlo.
   -He preparado un pastel para esta noche -dijo, complacida, ignorando el sarcasmo-. Es de limn.
-No estar aqui para la cena -anuncio el.
   Cuando ella y Samantha se quedaron de nuevo solas, Trilby se lamento de que Thorn pasara tanto tiempo fuera de casa esos das. Haba esperado que podran llegar 
a estar tan cerca a la luz del da como lo haban estado aquella primera noche mgica de su matrimonio. Sin embargo, a medida que el tiempo transcurra, la situacin 
empeoraba. Thorn supona que ella echaba de menos a Richard, y Trilby haba permitido que lo creyera, pues le haban ofendido los comentarios de su marido sobre 
Sally. En ocasiones se preguntaba si ambos no ocultaban sus verdaderos sentimientos para evitar sufrir. Cuando ella trataba de acercarse a el, Thorn se apartaba. 
Nunca hablaba de cuestiones personales. Por fin ella haba desistido, no porque no le importase, sino porque resultaba evidente que Vance ya no deseaba nada de ella; 
su comportamiento demostraba que ya no la amaba.
    La semana anterior un hombre y su bella esposa se presentaron en Los Santos para pedir ayuda porque se haban perdido. Thorn se haba mostrado muy caballeroso 
y solicito con la mujer, y Trilby estuvo malhumorada durante el resto del da al recordar que no hacia mucho Vance la haba tratado as a ella, antes de que la presencia 
de Richard destruyera su esperanza de felicidad.
Sissy haba escrito. En su carta comentaba la posibilidad de regresar con la clase de arqueologa del profesor McCollum en primavera. No mencionaba a Naki, pero 
Trilby supo leer entre lneas. Aquella noche que Trilby y Thorn haban compartido en la tienda del campamento pareca haber sucedido mucho tiempo atrs. La muchacha 
se entristeci al pensar en el sbito distanciamiento que se haba producido entre ellos.
    Thorn advirti la pesadumbre en el rostro de Trilby y miro por encima del hombro para ver la letra, bella y legible, de Sissy. Al final haba una referencia 
a Richard y una jovencita de quien se haba enamorado locamente. El ranchero interpreto errneamente que esa noticia haba causado la tristeza de Trilby.
   -De modo que ha encontrado a una nueva, no es cierto? Debe resultarte muy doloroso, Trilby -dijo el con frialdad.
   Ella se quedo desconcertada por un momento y enseguida se dio cuenta de lo que Thorn pensaba. Furiosa, alzo la vista
     - No tienes nada mejor que hacer que burlarte de mi? arqueo una ceja.
   -Perdona. Estoy seguro de que me comparas a menudo con ese tipo del Este y deseas que me parezca a el. Por cierto, es un triste consuelo, querida, que el tenga 
que depender de la caridad de los parientes para subsistir.
Ella parpadeo.
-E Que quieres decir?
   -Se traslada continuamente de una casa seorial a otra. Creo que Sissy menciono que su familia tendra dificultades para costear su educacin universitaria porque 
sus asuntos financieros no andan bien.
   A Trilby nunca se le haba ocurrido pensar en ello. Si, Richard viajaba muchsimo, y siempre a expensas de algn pariente rico. Nunca antes lo haba considerado 
un parsito.
  -El modo en que Richard se gana la vida no es de tu incumbencia.
  -Afortunadamente para ti, no tienes que compartirlo. Te gustara representar una carga para tus parientes con tal de mantener las apariencias?
-Lo detestara -susurro ella.
El asinti.
  -Yo tambin. Tu y yo nos parecemos en que ambos tenemos demasiado orgullo. -De repente se inclino y, cogindola por el cabello, le echo el rostro hacia atrs. 
No le sorprendi el hecho de que ella no protestase. Por una vez Trilby pareca completamente a su merced. La vista del hombre descendi hasta la suave boca entreabierta 
de la muchacha-. Que desperdicio -musito antes de besarla con avidez.
   Trilby gimio con placer inesperado. Hacia tanto, tanto tiempo! Se acerco mas hacia Thorn, quien de repente se aparto y se irgui, mirndola con ojos burlones.
   -Tanto le echas de menos? -pregunto-. Tanto que hasta yo puedo sustituirlo? Fue una lastima que no te marcharas con el.
Ella trago saliva, trmula.
-Fue una lastima que me sedujeras!
   El reflexiono sobre las palabras de su esposa y sacudi la cabeza lentamente.
   -No, no estoy de acuerdo. Fue hermoso. Lo nico que lamento es que no engendrsemos un hijo.
Trilby se ruborizo y bajo la vista hasta su regazo.
-No me desagradara tener un hijo.
  Thorn vacilo. Ella se mostraba menos reservada e incluso afectuosa con el.
  -Yo podra darte un hijo, si me amases -dijo el.
Trilby se mordi el labio inferior. Le tentaba la idea, Pues quera un hijo a quien cuidar, a quien amar. Sin embargo, seria conveniente dada la situacin? Ella 
y Thorn apenas se hablaban y era obvio que a el le disgustaba su mera presencia. Alzo la vista hacia los atentos ojos oscuros.
   -Tu... tu sigues amando a Sally -dijo Trilby con tristeza-. No deseo un nio porque me utilizas para sustituirla.
   El contuvo el aliento. Ella no poda creer eso! Vance haba representado demasiado bien su papel.
   -Es por eso? -pregunto-O porque no soy el lechuguino del Este?
    Los ojos de Trilby se enternecieron. Se dispona a decirle la verdad cuando Samantha entro bailando en la habitacin, portando papeles de colores. La pequea 
todava se senta un poco cohibida ante su padre, pero muy a gusto con Trilby. Se sent al lado de la joven y comenz a parlotear sobre adornos.
    Thorn suspiro y se retiro. Durante el resto del da, se preguntara que le habra dicho Trilby si Samantha no hubiese aparecido.
    -Me gusta el rojo, a ti no, Trilby? -pregunto la nia cuando se marcho su padre, interrumpiendo los pensamientos de Trilby.
    Samantha encolaba el papel que Trilby haba cortado para confeccionar guirnaldas.
   -Me gusta mucho -respondi Trilby-. Es alegre como la Navidad, no te parece?
   -Oh, si. -Samantha se mordi el labio inferior y de repente miro a la muchacha con ojos angustiados-. Trilby, crees que el primo Curt vendr el da de Navidad?
-Estoy segura de que e1 y tu ta vendrn si tu quieres.
   -No, no quiero! -exclamo la nia-. No quiero que venga e1! No quiero verlo!
El corazon de Trilby pareci pararse. Dejo las tijeras.
-Pero por que, querida?
   Los enormes ojos de la nia se inundaron de lagrimas.
-Porque el me encerr en la despensa.
-No entiendo.
  -Cuando vi a mi madre y el primo Curt besndose - dijo Samantha, desconsolada-. Abr la puerta y los sorprend en la cama, desnudos. Entonces mi madre me grito 
y me pego. Despus l me encero en la despensa. Ella me obligo a permanecer all durante una hora, Trilby, y haba una rata. -La nia se estremeci-. Me mordi y 
yo chille, pero mi madre no me dejo salir. Mira.
   Se bajo las calzas y le mostr la cicatriz en la pantorrilla. A juzgar por el tamao de la seal, debi haber sido una mordedura importante.
   -Oh, querida -dijo con ternura, abrazando a la nia-. Querida, cuanto lo siento!
   Samantha echo a llorar. Por primera vez una persona adulta la escuchaba y consolaba. En su vida haba recibido muy poco afecto por parte de los adultos.
   -Se lo contaste a tu padre? -pregunto Trilby, enjugndole las lagrimas con un pauelo.
  -Mi madre me prohibi contrselo -explico la nia, gimoteando-. Me juro que la prxima vez hara algo mucho peor que encerrarme en la despensa, y el primo Curt 
me miraba con odio. Y sigue mirndome as. La ultima vez que lo vi me pregunto si haba dicho algo a mi padre. Me da miedo. Detesto estar en casa del primo Curt. 
Y no le gusto, y el tampoco me gusta a mi. Siempre me dice que no me atreva a contar a mi padre lo que vi.
   -Nunca volvers a quedarte con l -prometi Trilby-. Nunca!
-Mi padre dijo...
   -No importa lo que dijera tu padre -replico Trilby-. Yo hablare con el.
   -No debes contrselo! -suplico Samantha-. No debes! El amaba a mi madre, Trilby.
         Alzo la barbilla de la nia con dulzura.
-Samantha...
-No debes decrselo -insisti la nia-. Es un secreto.
    Trilby observ la cicatriz de la nia y se pregunto cuantos otros castigos terribles habra soportado mientras Sally se solazaba con el primo de su marido. Habiendo 
experimentado el domino de Thorn en la cama, le resultaba casi increble que Sally hubiese preferido a otro hombre.
    -Entonces no volveremos a hablar de ello -aseguro a la nia y le sonri.
    Samantha se senta demasiado aliviada como para percatarse de que Trilby no haba prometido no explicrselo a Thorn.
    Y se lo cont, esa misma noche despus de la cena, mientras pasaban unos minutos solos en el saln. Tenan dormitorios separados y vidas separadas. Exista tan 
poco contacto entre ellos que daba la impresin de que eran dos extraos.
    -De modo que no vuelvas a obligarla a alojarse en su casa -dijo Trilby-. Lo entiendes ahora? Samantha le tiene miedo, Thorn.
   -No puedo creerlo -dijo el con una mueca de dolor-. Pensar que Sally y Curt me traicionaban... -agrego con voz ronca-. No!
   -Siento que te hayas enterado de esta forma -dijo Trilby, angustiada, con las manos sobre el regazo-. Samantha teme que invites a tu primo a la cena de Navidad. 
Curt le asusta demasiado. A la nia le ha quedado una terrible cicatriz en la pierna a consecuencia de la mordedura de una rata.
-Mordedura de rata! -Thorn estaba horrorizado.
   -Aunque la pequea grito, tu esposa no la dejo salir de la despensa-prosigui Trilby-. Nunca reparaste en la mordedura?
   -Samantha me mostr una herida. Sally me explico que haba cado sobre un trozo de hojalata. No tenia idea de lo que ocurra!
   Trilby se sinti culpable. Thorn pareca atormenta
do y era evidente que amaba a su hija, aunque no lo demostrase. Tambin haba amado a Sally. Por mas que Trilby sintiese celos de su primera esposa, nunca le habra 
contado lo de Sally y Curt de no haberse visto obligada a ello. Lo haba hecho por el bien de Samantha. Y de un modo indirecto la explicacin tambin liberaba a 
Trilby del ultimo vestigio de sospecha, en caso de que Thorn aun albergase alguna, respecto a la supuesta aventura que haba mantenido con Curt. No le extraaba 
que Sally la hubiese acusado de ser la amante de Curt.
   -No se si hizo algo mas a Samantha -prosigui Trilby, con renuencia-. Perdona, pero me parece que si tu esposa era tan insensible como para castigarla encerrndola 
en una despensa con ratas...
   -Tambin pudo haber hecho otras cosas -concluyo Thorn. Se quedo con la mirada clavada en el suelo-. He estado ciego.
   -Tu amabas a tu esposa. Yo jams te lo hubiese contado si tu hija no tuviese tanto miedo a Curt.
   -Y ltimamente la he dejado en su casa demasiado tiempo. -Se levanto y camino arriba abajo por la habitacin. Cogi un retrato de Sally y lo miro fijamente-. 
Era una mujer bella. Le decepciono que Samantha no fuera tan hermosa como ella, y la odiaba. Yo sabia que se senta desdichada. Pero maltratar a su propia hija... 
Es una crueldad!
-Me gustara no haber tenido que decrtelo.
-Samantha nunca lo menciono -dijo Thorn.
-Tema que no la creyeses -replico la muchacha.
Thorn hizo una mueca de dolor.
-Tambien me tiene miedo?
   Trilby se acerco a el, reprimiendo el impulso de acariciarlo y aliviarle el dolor con un beso.
      -Thorn, dedicas muy poco tiempo a la nia -afirmo.
    -Ella parece preferir que as sea -repuso e1, con dureza-. Acta como si yo fuese un extrao para ella. -Lo eres -observo su esposa.
    -Una nia necesita una madre. Mi hija y yo no tenemos de que hablar, no tenemos nada en comn. Trilby no sabia como proceder. Tema que el no la escuchara.
-Curt ignora que Samantha me lo ha contado -dijo.
   -No esperes que guarde el secreto, Trilby -replico el, acalorado-. Maldito sea Curt! Incluso permiti que sospechase de ti, en lugar de referirme la verdad. 
Que importancia hubiese tenido entonces? Ella estaba muerta.
-Tu la amabas, no es cierto? -inquiri ella.
   -A mi modo, si, la amaba -reconoci el, finalmente, negndose a profundizar en el tema. Su actitud no invitaba a proseguir la conversacin-. Hablare con Curt. 
Di a Samantha que mi primo no volver a pisar esta casa.
-Tu sientes afecto por el.
   -Ningn hombre integro se divierte con la mujer de otro. -Su voz era fria, tajante-. No se si te importara ahora -empez a decir, vacilante-; lamento el modo 
en que te trate. Sally me dijo... bueno, ya sabes que me dijo. Era obvio que solo intentaba protegerse.
   -Ya me di cuenta. -Observo el rostro del hombre, compadecindose de el-. A veces las mujeres cometemos locuras, Thorn. Eso no significa que Sally no te amase. 
Quiz buscaba emociones nuevas.
   -A riesgo de perder a su hija, su marido y su reputacin? -Thorn ri, irnico-. Tengo la impresin de haber vivido en un mundo de sueos. Alguna vez la gente 
es lo que aparenta?
   -Supongo que si -dijo Trilby con tristeza, acordndose de Richard y de cuanto lo haba amado, para terminar descubriendo que era un dolo con pies de barro. Alzo 
la mirada hacia Thorn-. Traeras un rbol?
  E1 no contesto de inmediato. Los dulces ojos grises de su esposa hacan que le flaqueasen las rodillas. Adoraba la exquisita ternura que transmitan, el modo en 
que sus largas pestaas se curvaban hacia arriba. Sonri con melancola.
   -Que clase de rbol quieres? aja.
Ella se estremeci.
   -Cualquiera, excepto un paloverde -respondi en un susurro.
   -Muy bien. -Se inclino y poso sus labios, muy suavemente, sobre los de ella.
   Luego se marcho antes de que ella le aclarase que clase de rbol quera. Regreso con un pino pionero de ramas irregulares, y Trilby y Samantha colgaron los adornos 
que haban confeccionado.


Trilby cocino y Samantha decoro las confituras y los pasteles. Cuando llego el da de Navidad, dispusieron de un delicioso surtido de comestibles preparados para 
entregar a las familias de los empleados, as como para consumir ellos mismos.
   La familia se reuni en torno a la mesa ataviada con sus ropas de domingo, y Thorn procedi a trinchar el pavo dorado que Trilby haba asado.
   -No esta delicioso, pap? -pregunto Samantha, con timidez-. Yo la ayude.
   -Claro que ayudaste -dijo Trilby, sonriendo a la nia-. No hubiese podido cocinarlo sin ti.
   Thorn miro a su hija, que manifestaba abiertamente su adoracin por Trilby. Esta a su vez se mostraba cariosa y amable con ella, todo lo contrario que con el. 
Le haba evitado desde que le contara lo sucedido con Samantha. A veces se preguntaba si no haba sonado las dos noches que haban pasado juntos.
      Se dijo que era mejor no mirar hacia atrs. Trilby echaba de menos a Richard, y el trataba de refrenarse para no it al lecho de ella por la noche. Le resultaba 
difcil reprimirse.
   En cambio no se haba controlado con Curt. Se habia presentado en su casa y, ante el asombro de Lou y sin mediar palabra, le haba golpeado. Curt, que comprendi 
por que razn actuaba as, no se haba defendido. Thorn lo haba dejado tirado en el suelo y no fue necesario que le dijese que su presencia ya no seria bien recibida 
en Los Santos.
   Lo mas duro de todo era admitir que haba sido un tonto. Jams haba sospechado la infidelidad de Sally. Y mientras su esposa lo expulsaba de la cama, aceptaba 
en ella a Curt. La traicin de Sally le haba herido profundamente. Al comienzo de su matrimonio, ella haba sentido afecto por el, tanto como el por ella. De pronto 
se preguntaba si poda volver a confiar en su propio criterio. Samantha haba pagado un precio alto por su ceguera. Se preguntaba si su hija alguna vez lo culpara 
por el sufrimiento que le haba infligido su madre. Deseaba atreverse a preguntrselo a la nia.
-Papa, no comes -observo Samantha, con timidez.
   -Que? Ah, si, ahora mismo lo probare. -Cato el pavo y sonri a la nia-. Esta muy bueno.
-Gracias -murmuro Trilby, cohibida.
   En cuanto terminaron de comer, Thorn se recost contra el respaldo de la silla y procedi a liar un cigarrillo.
   -Tal vez McCollum venga antes de lo esperado para realizar alguna excavacin -dijo.
   -Tu amigo arquelogo? -pregunto Trilby con deferencia.
   -Si. Le acompaaran algunos estudiantes. Podrn alojarse en el barracn.
   -Sabes si vendr Sissy con el grupo? -pregunto Trilby-. Lo ha mencionado en sus cartas, aunque no comenzara a asistir a la clase de tu amigo hasta enero. Crees 
que le permitir unirse a ellos?
   -No lo se. Habr que esperar. -La miro con fijeza-. McCollum te gusta, verdad? -aadi con una sonrisa fria-. Es civilizado.
   Se puso en pie y sonri a Samantha al pasar junto a ella.
   Trilby le lanzo una mirada que el no devolvi. Ya haba sido tonto una vez y no quera volver a exponer su corazon; no cuando ella continuaba aorando a aquel 
condenado petimetre rubio del Este.
Esa noche abrieron los regalos. Trilby haba confeccionado un vestido amarillo con volantes y adornos de encaje para Samantha, a quien encanto el obsequio. Regal 
a Thorn una corbata de seda en suaves tonos azules que ella misma haba hecho. Thorn entrego a su hija una mueca de cabello rubio, un juego de te de porcelana y 
un tiddleywinks' y a Trilby una caja de msica.
   Despus se sentaron en el saln, con las velas del rbol de Navidad encendidas, para escuchar la serenata que les brindaron varios vaqueros mejicanos, acompaados 
por sus guitarras. A pesar de que la escena era casi idlica, Trilby extraaba a su propia familia, para quien la Navidad siempre haba representado un acontecimiento 
feliz y bullicioso que reuna a todos en Nueva Orlens. En comparacin, aquella era una celebracin triste y solitaria. Esa noche telefoneo a sus padres, y su rostro 
se ilumino cuando le anunciaron que visitaran Los Santos al da siguiente. Al menos as no se sentira tan sola.
Antes de acostarse, Trilby les deseo buenas noches y se llevo la caja de msica a su habitacin. Era una caja de madera redonda, con un bello dibujo verde y dorado 
en la tapa, para guardar el polvo de maquillaje. Hizo girar la llave y escucho con deleite el vals vienes que sonaba.
   Una brusca llamada a la puerta la hizo volverse. Thorn irrumpi en el dormitorio y se detuvo al cruzar el umbral.
   -Quera agradecerte que hayas organizado una Navidad tan agradable para Samantha. Hace mucho tiempo que no recibe tantas atenciones. Esta noche ha disfrutado.
-Yo tambin -dijo ella con calma.
   Tambin Thorn haba disfrutado, pero no poda admitirlo sin confesar sentimientos que se negaba a manifestar.
   -Me ausentare unos das -anuncio de repente-. Es inevitable. Debo viajar a Mxico para ocuparme de algunos asuntos concernientes a mis propiedades all. Comienza 
a resultar demasiado peligroso mantener la hacienda.
   -Maana vendrn mis padres y Teddy -dijo ella-. Tu... no te quedaras hasta entonces?
   -De ninguna manera -dijo el secamente, pensando en lo mucho que le dolera ver a Trilby rer feliz con su familia cuando en su casa pareca sentirse como una 
prisionera.
    Los ojos de la muchacha se entristecieron y evitaron mirarlo.
-Comprendo -murmuro-. Entonces, les dar recuerdos de tu parte.
La serenidad de Trilby endureci al hombre. -Eres tan condenadamente correcta, Trilby! -reprocho el, con los dientes apretados-. Aunque solo fuese una vez, me gustara 
que protestaras y montaras en clera.
-Me educaron para comportarme con correccin -replico ella, a la defensiva.
  -Si, como ese anmico muchacho de ciudad a quien amas -repuso Thorn-. Dios sabe que veis el uno en el otro. Os portis con tanta educacin que probablemente ni 
siquiera lograrais hacer el amor. Apagarais la luz y os desnudarais en la oscuridad para no sentir vergenza.
-Al menos el no es un salvaje! -espeto ella.
   El semblante del hombre se ensombreci ante aquellas palabras.
   -Hay momentos en que eso no te importa. En realidad, hay momentos en que te encanta! -replico el, con voz ronca.
   Trilby cogi la caja de msica y se la arrojo, ofendida por la humillacin a que la haba sometido. La polvera choco contra la pared y cayo ruidosamente al suelo, 
rompindose.
   Los grandes ojos trgicos de Trilby destacaban en la palidez de su rostro.
   -Como te atreves a tratarme as? -exclamo, escandalizada-. Como a una vulgar mujerzuela!
   -Dios, preferira que lo fueses -replico el-. Al menos las mujerzuelas suelen ser sinceras respecto de lo que sienten, piensan y hacen. Eres tan estirada que 
ningn hombre de verdad consigue acercarse a ti. Richard Bates; el es de tu clase, Trilby. Lamento sobremanera haber perdido la cabeza y forzado este matrimonio.
   Miro la caja de msica, rota en el suelo. La haba comprado con el deseo de encontrar algo que gustase a Trilby, algo que perteneciese a su mundo, a su estilo 
de vida. Y as trataba su esposa lo que el le haba regalado; para ella era basura, nada mas que basura.
Con un violento puntapi estampo contra la pared la caja de msica, que quedo realmente destrozada. La miro con rabia antes de salir de la habitacin dando un portazo.
   Trilby recogi la caja de msica rota con manos trmulas y echo a llorar. Era tan bonita; la clase de regalo que nunca haba imaginado un hombre rudo como Thorn 
le hara; un obsequio delicado que ella haba roto de tal manera que ya no podra ser reparado.
   Hasta que la vio en el suelo, no se dio cuenta de cuanto se haba esmerado Thorn en elegir el regalo. De repente lo comprenda y lamentaba amargamente la discusin 
que haba ensanchado la distancia que exista entre ellos y que ahora pareca insalvable.
   Sus padres y Teddy se presentaron al da siguiente, y ella disfrut con su visita. A pesar de la alegra que senta al estar en compaa de su familia, echaba 
de menos a Thorn, que se haba marchado al alba, sin decirle una palabra.
   -Regresara pronto, querida -dijo Mary Lang, sonriendo, ignorante de la difcil situacin que viva su hija-. Eres feliz?
   -Por supuesto -respondi Trilby, devolvindole la sonrisa-. Vamos a tomar un poco de caf y te leer la ultima carta de Sissy.



                                            16


  Thorn regreso aun mas taciturno de lo que se haba marchado. Trilby se disculpo por el incidente de la caja de msica, pero el apenas pareci orla. Despus la 
evito abiertamente.
  La muchacha lamentaba haber desaprovechado la oportunidad para reconciliarse. A menudo trataba de reunir el coraje suficiente para acercarse a el y explicarle 
lo sucedido, pero nunca lo lograba. Paso el da de Ano Nuevo, y de repente el invierno arreci, trayendo nieve e intenso fri.
   La lucha en Mxico segua siendo encarnizada, y se haban situado mas tropas a lo largo de la frontera. Dos das antes de Navidad, los insurgentes haban capturado 
un tren cerca de Jurez, y los pasajeros haban sido abandonados a su suerte en medio de las vas; tambin haban volado los puentes y dinamitado los rieles. En 
Guzmn haban robado una maquina y un vagn. El cabecilla de los insurrectos, Pascual Orozco, haba secuestrado un tren en Chihuahua, como represalia por la muerte 
de ciento cincuenta de sus hombres.
A comienzos de febrero, se envi a San Bernardino un pequeo destacamento de soldados para vigilar la frontera, pues corran rumores de que Orozco se propona atacar 
Jurez. Haban surgido tres lideres rebeldes mas, todos ellos muy conocidos por los habitantes de Douglas y sus alrededores. Eran Bracamento, Cabral y Arturo Red 
Lpez, el mas famoso en la zona, que hablaba un perfecto ingles y sola actuar como interprete. El coronel Jos Blanco, hombre de confianza de las fuerzas revolucionarias 
en Chihuahua, se haba convertido, tras tener una desavenencia con Orozco, en el lder de quien mas se hablaba en los campamentos rebeldes. Se rumoreaba que varios 
estadounidenses luchaban con los insurgentes a las ordenes de Lpez, y Thorn estaba seguro de que uno de los hombres era Naki, quien haba desaparecido sbitamente 
del rancho despus de la partida de Sissy. Trilby esperaba que estuviese equivocado, pues sabia que su amiga morira de dolor si Naki resultase herido.
   Dada la situacin, no se alejaban del rancho. Los incidentes cerca de la frontera llegaron a ser alarmantes, hasta el punto de que se haba ordenado a veinte 
mil efectivos de Estados Unidos que patrullasen toda la frontera con Mxico desde Texas hasta Arizona y la costa en ambos extremos; as se efectu el movimiento 
mas amplio de tropas y barcos de guerra en tiempos de paz en Estados Unidos. Los rumores de guerra con Mxico eran cada vez mas insistentes, aunque el presidente 
Taft haba asegurado al achacoso presidente Daz que carecan de fundamento. Sin embargo, a pesar del anuncio publico de que las tropas estadounidenses se hallaban 
realizando " maniobras>> en la zona, los rancheros y los habitantes de las ciudades mantenan bien a mano los revlveres cargados y rezaban sus plegarias. El numero 
de miembros de la Iglesia aumento en esos das
   Marzo trajo mas novedades sobre el conflicto. Trilby y Samantha se dedicaban a la costura y la limpieza. mientras que Thorn se preocupaba por el traslado de, 
ganado y la contabilidad y ayudaba a sus hombres a reparar las instalaciones anexas para la siembra y la aparicin de la primavera.
   Haba logrado vender sus posesiones mejicanas. Pero de repente la situacin empeoro en Agua Prieta con la llegada de una fuerza insurrecta encabezada por Red 
Lpez a las puertas de la ciudad, que se encontraba justo en la frontera con Douglas. No obstante, los rebeldes se replegaron, y enseguida circulo la noticia de 
que Madero haba resultado herido en un combate en Chihuahua. En Mxico, Daz instauro la pena de muerte para los revoltosos en un esfuerzo desesperado por sofocar 
la rebelin.
   El peridico publico que quince estadounidenses haban sido capturados en Casas Grandes y se tema que fuesen fusilados siguiendo la amenaza de Daz de ejecutar 
a todos los insurrectos. Thorn profiri una maldicin al leer la noticia y de inmediato telefoneo a personas prestigiosas que conoca en Washington para hacer indagaciones. 
El presidente Taft haba pedido informacin a Madero sobre la suerte de los cautivos, pero no se revelo la identidad de estos.
   McCollum haba telefoneado a Thorn despus del frustrado ataque a Aguas Prietas, y Thorn le haba persuadido de que no apareciese por all hasta abril, cuando 
tal vez la situacin se hubiese apaciguado. Trilby quedo algo decepcionada porque haba esperado que Sissy llegase con el grupo y la visita de su amiga la animase. 
Thorn se mostraba hostil y sarcstico. Apenas si se hablaban, y nunca se tocaban.
   Trilby cayo en la rutina triste y silenciosa, y el destello de felicidad desapareci de sus ojos. Hacia tiempo que haba descubierto que no estaba embarazada. 
Se senta desilusionada, pero sabia que era lo mejor. Considerando su relacin con Thorn, un hijo no era lo mas Conveniente en ese momento. Thorn haba permanecido 
inimitable y callado, cuando ella se lo comunico. Despus de eso apenas le hablaba, a menos que fuese necesario.
    Mientras tanto, Trilby se granjeaba el cario de Samantha. La nia tena una mente despierta y disfrutaba estudiando. Como el tiempo haba mejorado, los das 
en que soplaba poco viento se sentaban en la hamaca del porche para repasar las lecciones.
    En cierto modo, fue una de las pocas mas dichosas de la vida de Trilby. Se dedicaba a las tareas de la casa y disfrutaba de la compaa de Samantha. En ciertos 
momentos incluso consegua olvidar que una vez haba yacido entre los fuertes brazos de Thorn, estremecida con sus besos y sus caricias. Algunos das el ni siquiera 
la miraba y en ocasiones coma y dorma en el barracn, sobre todo en periodos particularmente duros, cuando tenan que marcar el ganado, mantenindose vigilantes 
para impedir el asalto de cuatreros.
    Durante el invierno, el numero de incursiones haba disminuido. Sin embargo, con la llegada de la primavera y el tiempo caluroso, los saqueos aumentaron.
    Las unidades del ejercito estacionadas en Douglas haban intensificado sus patrullas a lo largo de la frontera y los incidentes violentos se incrementaron. El 
coronel David Morris, alertado de la situacin, estaba preparado para apoyar de nuevo a las tropas de Douglas en caso de que fuese necesario.
El doctor Powell visitaba a Lisa Morris con regularidad. No haba en ello ningn indicio de incorreccin, pues nunca se encontraban a solas. Lisa era consciente 
de lo que el medico senta por ella, y la seora Moye haba advertido el deleite que a ella le produca la compaa del capitn.
   -Ya me han concedido el divorcio -anuncio Lisa al doctor Powell.
   Se mostraba curiosamente distante con el esos das, lo que no dejaba de ser extrao, teniendo en cuenta que haba intimado con el en algunos aspectos incluso 
mas que su propio esposo. -El se arrellano en la silla y la miro a los ojos. -Al parecer su esposo planea casarse con su amante de Douglas. Al menos eso se rumorea 
en el puesto. -Espero que sea feliz con ella -dijo Lisa, serena.
    - Se ha puesto en contacto con usted?
  -A travs de su abogado -respondi ella-. Y solo para dejar claro que tambin esta dispuesto a pagar los honorarios. Lo considero un gesto amable.
  -Teniendo en cuenta el dolor que le ha causado, era su deber. Al percibir ira en la voz profunda del capitn, Lisa experimento una sensacin placentera. El todava 
no haba mencionado el futuro. Se pregunto si Powell comenzaba a dudar; aun se mostraba muy reticente, incluso despus de que ella, de forma deliberada y con cierto 
descaro, recalcase su recin adquirida soltera.
   -Ya sabe que yo tambin estuve casado -dijo el-; que mi esposa y mi hijo fueron asesinados por los apaches.
-Si.
   El doctor desvi la mirada e hizo girar el sombrero entre sus grandes manos.
   -He estado muerto por dentro durante un tiempo. No he querido... implicarme en ninguna relacin.
   La mujer entrelazo las manos y el corazon le dio un vuelco. Supuso que haba malinterpretado por completo las intenciones del hombre.
   -Por supuesto -dijo con un tono de voz inexpresivo, levemente herido.
El alzo la cabeza despeinada, y sus ojos destellaron.
   -Pero ahora quiero hacerlo -dijo de forma categrica-. Lo deseo intensamente, seora!
Ella se ruborizo ante la intensidad del sentimiento que trasluca su voz. La pareja se miro fijamente en el silencio que sigui a tan directa declaracin.
      Powell se puso en pie con cierta torpeza.
-Debera haberme expresado de un modo mas correcto. Le ruego que disculpe mis modales.
Lisa tambin se levanto.
    -No hay por que disculparse -dijo. Sus ojos brillaban, felices-. Estoy... encantada... de que usted... de que usted...
    El doctor se acerco un poco mas, cauteloso ante la puerta abierta y al tanto de la presencia de la seora Moye, que deba rondar por algn lugar de la casa. 
Las convenciones sociales tambin se respetaban all.
    -Oh, Lisa! -dijo con voz ronca, expresando su adoracin en la vehemencia de su mirada-. Quiero mucho mas que palabras. Mucho mas!
    Ella contuvo el aliento y lo miro con ansia apremiante; los ojos y la cara radiantes, las piernas inseguras.
    La mano del hombre estrujo el ala del sombrero y musito algo mientras luchaba en su interior contra el impulso de abrazarla y besarla en la boca.
   -Debo marcharme! -dijo bruscamente-. Tengo que unirme al destacamento en Douglas. Ya sabe que han surgido problemas all. No aflojamos la guardia por precaucin.
   Lisa advirti el deseo que el no poda ocultar y desvi la vista hacia la pared.
   -Si, lo se. Oh, Todd, tendria mucho cuidado? -susurro con inquietud, mirndolo con ojos angustiados.
   La dulce pregunta de la mujer produjo un inmenso placer al militar, que de repente pareci perder el control. Con el rostro lvido por el deseo reprimido, poso 
la mirada en el corpio de la mujer durante tanto tiempo que ella sinti que los senos se le inflamaban. El observo como se marcaban los picos y gimio.
   Recatada, Lisa se apresuro a cubrirlos cruzndose de brazos. El doctor le cogi la mano y se la llevo vidamente a la boca.
  -Si, tendr cuidado. Me gusta que usted... se preocupe por mi. Buenos das... seora Morris -dijo el con un tono de voz sofocado. En realidad, no era eso lo que 
quera decir. Malditas convenciones!
  Ella pensaba lo mismo. Como a el, la puerta entreabierta la cohiba. Hizo una mueca.
-Buenos das, capitn Powell -murmuro la mujer, apenada.
   El le dirigi una larga mirada, la ultima, y se marcho de mala gana. La viuda Moye no dijo una palabra, pero la sonrisa que dedico a Lisa fue harto expresiva.
En el mes de abril se dicto una orden de detencin contra Red Lpez como presunto responsable de una matanza acontecida en Fronteras, a partir de las acusaciones 
que el cnsul mejicano haba formulado contra el por alteracin del orden publico. Sin embargo los funcionarios locales encargados de la ejecucin del decreto negaron 
que Lpez estuviese borracho o que hubiese provocado altercado alguno. Teddy ley la noticia y sonri. Lpez era un hroe para el adolescente, que lea con avidez 
cuanto encontraba sobre el capitn rebelde y refera a Trilby sus aventuras siempre que la vela. Fue Teddy quien la informo de que Lpez haba sido apodado el Capitn, 
tras haberse convertido en una leyenda local. Thorn, que haba conocido al hombre, raramente mencionaba el tema de la revolucin. A Trilby le molestaba su pertinaz 
silencio sobre el tema y se preguntaba cuanto sabra al respecto. Si al menos se hablasen!
   Los estudiantes de arqueologa, un grupo de muchachos alegres y felices, llegaron la primera semana de abril. Hasta el ultimo minuto Trilby confi en que Sissy 
les acompaase, pero en Douglas solo descendieron del tren McCollum y sus alumnos, todos varones.
-Trate de conseguir que la seorita Bates viniese con nosotros -dijo McCollum con su estilo jovial y su voz ronca-. Pero se planteaba la cuestin de la necesidad 
de una dama de compaa, pues su madre juzgo incorrecto que viajase junto con tantos jvenes solteros. Sissy no se opuso a tal decisin.
    De modo que su amiga no haba querido ir. Sin duda intua que Naki no cedera un pice y hacia lo que consideraba mejor para ambos. La noticia entristeci a 
Trilby porque le hubiese encantado disfrutar de la compaa de Sissy, tener a alguien con quien hablar, dada la enorme distancia que exista entre ella y Thorn. 
Sissy no estaba enterada de la desaparicin de Naki, ni de las sospechas que ellos comenzaban a albergar sobre las causas. Aunque no se haba confirmado la presencia 
de Naki en Mxico, Trilby y su esposo presuman que se encontraba all.
   -Traigo cartas de la seorita Bates y su hermano para usted -anuncio McCollum con una sonrisa-. Ella le enva muchos recuerdos.
   -Como estn todos? -pregunto Trilby, sin referirse a nadie en concreto, consciente de la presencia, solemne y callada, de Thorn.
   -Creo que el joven Ben se plantea venir aqui para probar fortuna como vaquero. -ro-. Y Richard... -Vacilo, lanzando una mirada a Thorn.
-Adelante. Dilo - Le anim este, inmutable.
-El... bien... me ha entregado una carta para Trilby.
-La ver, si no te importa -dijo Thorn.
   -Me importa -objeto Trilby, mirndolo colrica-. Va dirigida a mi!
   -Tu eres mi esposa -replico Thorn, devolvindole la mirada-y no tolero cartas de amor de otros hombres!
   McCollum se senta incomodo. Richard lo haba presionado para que llevase su carta, y el no haba tenido mas remedio que acceder, a pesar de que sabia que Thorn 
era un hombre celoso.
  -Tendr que buscarla -dijo a Thorn-. La guardo en la maleta.
  -Entonces, cuando lleguemos a casa -dijo Thorn, que se esforzaba por no perder la compostura, pese a la humillacin que senta. Condenado Richard!
  Trilby se preguntaba por que Richard le escriba una carta personal sabiendo que estaba casada. Eso le inquietaba casi tanto como la Ira irracional de Thorn. Era 
como si ella hubiese solicitado la misiva!

    McCollum sonri a Trilby, como si quisiera disculparse.
   -Soy arquelogo, no diplomtico -dijo-. Espero no haberle causado ningn problema.
   McCollum tenia ojos oscuros, con pestaas muy largas. Era alto, como Thorn, y mas corpulento.
   -No, claro que no -dijo ella, olvidando por un momento sus preocupaciones-. Usted estudia cosas antiguas, no es as? -pregunto Trilby-; esqueletos de dinosaurios, 
supongo.
McCollum gruo.
-De eso se ocupa la paleontologa, no la arqueologa.
   -La meter de cabeza en una kiva si dice barbaridades como esas -intervino uno de los estudiantes, ligeramente divertido-. Se irrita con facilidad para ser un 
hombre instruido. No es cierto, doctor McCollum?
   -Si quiere aprobar mi curso, Haskins, ser mejor que me trate con el debido respeto -bromeo McCollum-. De rodillas, amigo, y pida perdn!
   Trilby empez a mirar alrededor en actitud burlona, haciendo una visera con la mano para protegerse los ojos.
-Que busca? -pregunto McCollum.
-Hombres atados.
McCollum ri. Tenia una voz profunda y modulada, que reson de modo agradable.
-Touche. Tiene sentido del humor, seora Vance.
 Sin duda, lo necesita para vivir con Thorn.
Thorn le dirigi una mirada fulgurante. -Tengo un carcter apacible. McCollum asinti.
-Como una serpiente de cascabel en un pozo de alquitrn.
    Trilby echo a rer. Enseguida Thorn musito algo acerca de supervisar el equipaje.
    -Vamos, te ayudare -se ofreci McCollum, alejndose con el.
    -No es tan rudo cuando se le conoce -dijo Haskins, el estudiante, con una sonrisa irnica.
    -Lo conozco un poco, pues coincidimos en una fiesta hace un tiempo -dijo Trilby cortsmente-. Esta casado?
    -Es viudo -respondi Haskins-. Tiene un hijo de unos doce anos que pasa la mayor parte del tiempo con la hermana del profesor. Al parecer no se llevan muy bien.
-Usted siente afecto por el doctor McCollum?
   -Todos sentimos afecto por el -respondi el joven-. Es muy inteligente y, a pesar de sus modales bruscos, un hombre amable. -Sealo a los otros estudiantes y 
agrego-: El resto del grupo lo integran Harry, Sid, Marty y Darren. Son buenos muchachos. Todos pertenecemos a la escuela universitaria de graduados, no somos alumnos 
de primero. Este curso de arqueologa no es mas que un repaso para la mayora de nosotros, y el objetivo principal de este viaje consiste en realizar algunos estudios 
antropolgicos de los apaches locales, y unas pocas excavaciones en las antiguas ruinas hohokam. El doctor McCollum dice que recibiremos una buena formacin en antropologa 
y arqueologa con el.
-No lo dudo, seor Haskins -dijo ella, sonriendo.


                                          17


  Trilby haba esperado poder leer la carta de Richard durante el trayecto a Los Santos. Sin embargo le resulto imposible, ya que McCollum y algunos estudiantes 
se hallaban en su coche; el resto de alumnos viajaban en uno alquilado. Al llegar al rancho, incluso antes de acompaar a los huspedes a sus aposentos, Thorn pidi 
ver la carta.
   McCollum dirigi a Trilby una mirada de disculpa mientras sacaba la carta de la maleta y la entregaba a Thorn con cierta renuencia. Dijo que deba hablar con 
Haskins y dejo solo al matrimonio.
-Es ma -protest Trilby.
Thorn la miro de frente y abri la carta.
   -Y t eres ma -dijo categrico-. No permitir que te escriban otros hombres mientras estemos casados.
     La carta, escrita con letra clara, abundaba en lamentos y disculpas. Richard describa como le persegua el rostro de Trilby desde el da de su partida. Quera 
que ella le escribiese para informarle de si estaba bien. Habindose casado con un <salvaje>, y enfatizaba la palabra, podra necesitar un hombro sobre el cual llorar; 
Richard le ofreca el suyo. Deploraba el modo en que la haba tratado durante su estancia en el rancho. En realidad, aada, en esos momentos reflexionaba sobre 
su forma de vida. Estaba seguro de que haba cometido un terrible error al darle la espalda.
   Thorn sinti nauseas. Entrego la carta a Trilby con  mano firme y ojos fros, inexpresivos.
   -Expresa sus condolencias por la difcil situacin que vives -dijo con dureza-. Saber que te has casado con un "salvaje" como yo obviamente pesa en su conciencia.
    Thorn sali de la habitacin para reunirse con los estudiantes y conducirlos a su alojamiento. Trilby manoseo la carta con la mirada perdida. Al recordar la 
expresin del rostro de su esposo, sinti deseos de llorar. Hacia mucho tiempo que no lo consideraba un salvaje, pero el lo ignoraba; no haba logrado reunir las 
fuerzas suficientes para decrselo.
Mas tarde el doctor McCollum parti con los estudiantes en automvil para efectuar algunas excavaciones en un lugar cercano al rancho. Encontraron restos de cermica 
y algunas puntas de las flechas utilizadas por los cazadores del periodo glaciar, que mataban y se alimentaban de los mamuts y los mastodontes que poblaban Amrica 
del Norte a finales del pleistoceno, casi dote mil anos atrs. En el camino de regreso al rancho, se detuvieron junto a la reserva apache para realizar una investigacin 
sobre esa cultura.
   Trilby, triste y preocupada por Thorn, todava confiaba en ganarse el afecto de su esposo. No deba perder la esperanza. Ella haba permitido que la relacin 
entre ambos se deteriorase sin tratar de acercarse a el. Crea obrar de forma adecuada al concederle tiempo para que asimilase la traicin de Sally y Curt, aunque 
en ocasiones pensaba que tal vez se equivocaba al actuar de ese modo.
   Jack y Mary Lang viajaban a la ciudad cada sbado, acompaados por Teddy. Aprovechando la ausencia de Thorn, Trilby los telefoneo para persuadirles de que llevasen 
a Samantha a fin de que comprase tela para un vestido.
   -Elige algo bonito, Samantha -dijo Trilby-; un tejido alegre y con flores.
   -De acuerdo, Trilby -dijo la nia, obsequindola con una sonrisa. Sonrea con frecuencia ltimamente e incluso se senta mucho mas a gusto con su padre, quien 
se las arreglaba para dedicarle un poco de tiempo al final del da y leerle un cuento. Ese era un triunfo de Trilby, que habia logrado acercar al padre y a la hija 
y estructurar un entorno familiar para la pequea-. Te quedaras sola?
   -Tu padre volver a casa temprano, antes de la cena -respondi Trilby-. Estar ocupada cocinando un pastel para el.
   -Le gusta mucho el pastel de chocolate -informo Samantha.
-Y le encanta a una nia que yo conozco -dijo Trilby.
   Samantha ri y la saludo con la mano mientras se alejaba con los Lang.
Tras preparar el pastel, Trilby se puso un hermoso vestido de color azul claro con volantes y adornos de encaje, se cepillo el cabello, que se dejo suelto, y se 
perfume.
  Thorn llego a casa agotado. Haba estado toda la maana reunido con otros propietarios de tierras fronterizas. El traje que vesta le confera una elegancia inusual.
   -Vas a salir? -pregunto el al ver a Trilby tan arreglada, sentada en el saln con la costura.
   -Pues, no -respondi, sonriendo-. Te apetece tomar algo?
-Un vaso de t helado me vendra bien.
Ella dejo a un lado la labor y se dirigi a buscar la bebida mientras el se acomodaba en el sof. En el viaje de regreso a casa se haba ensuciado de polvo y estaba 
espillndose las ropas cuando ella volvi a entrar en el saln.
          -Gracias -dijo el, muy formal. Cogi el vaso de t y bebi la mitad de un trago-. Que bueno!
    Trilby le pidi el cepillo y le limpio las botas hasta que el cuero negro brillo como un espejo. A continuacin poso una mano en la rodilla del hombre, quien 
se estremeci ante el contacto. Trilby nunca lo tocaba. Siempre haba sido el quien tomaba la iniciativa, hasta que llego a convertirse un trabajo rutinario vencer 
la resistencia de su esposa. Haba pasado mucho tiempo desde la ultima vez que se haba animado a acercarse a Trilby, arriesgndose a ser rechazado.
-Me gustara pedirte algo -dijo ella, serena.
    -Que quieres? El divorcio? -pregunto el, esbozando una sonrisa burlona para disimular la fria rigidez que sbitamente se haba apoderado de el.
Ella desvi la mirada.
-No; no se trata de eso.
Vance se relajo.
-De que, entonces?
La muchacha vacilo.
-Tal vez... no ests de acuerdo.
   Thorn dejo el vaso y la atrajo hacia si, alzndole el rostro.
-~ Que quieres, Trilby?
    Los labios de ella se abrieron para dejar escapar un suspiro nervioso. La muchacha busco, esperanzada, la mirada de su marido.
-Thorn, me daras un hijo? E1 no se inmuto.
-E Que has dicho? -pregunto con una voz profunda y contenida que tenia un acento extrao.
    -Deseo tener un hijo -se apresuro a decir ella, teniendo perder algo de su arrojo. Se ruborizo, pero continuo mirando al hombre con valenta.
   Las manos de Thorn se cerraron en torno a los brazos de Trilby.
-Yo... solo conozco un modo de darte un hijo -dijo.
Ella asinti.
   -Tiene algo que ver esta repentina decisin con la carta de Bates? -pregunto el con tono amenazador.
   -No, aunque supuse que lo relacionaras -respondi ella, con resignacin-. Richard forma parte del pasado. Estoy casada contigo y no estoy dispuesta a divorciarme.
   -Y crees que tener un hijo conmigo mejorara nuestra relacin?
   -No lo hara? -dijo ella, mirando con ojos dulces y resueltos el rostro endurecido de su esposo-. Oh, Thorn, no te gustara tener otro hijo? Un varn, quiz?
   Thorn respiraba con dificultad. Trilby le ofreca el cielo, pero el ya no confiaba en ella. Hacia muy poco tiempo que haba recibido esa maldita carta.
-Un hijo... Es una decisin muy importante -dijo.
   -Si. -Trilby se irgui y rodeo con los brazos el cuello de Thorn. Observo su boca, fina y dura, hasta que e1 comenz a ceder a la presin que la mujer ejerca 
para acercar su rostro al de ella-. No es as como te gusta besarme? -susurro, poniendo su boca abierta sobre la de el.
   Thorn emiti un sonido profundo y gutural. Su resistencia tardo solo unos segundos en desaparecer, y entonces se sinti al borde de la locura. Estrecho a Trilby 
y la beso una y otra vez hasta que la fiebre se hizo tan intensa que fue imposible aplacarla solo con besos. Con un ronco gemido, se levanto del sof y llevo a su 
mujer en brazos al dormitorio. Una vez all, cerro la puerta y echo el cerrojo.
La habitacin, situada en la parte trasera de la casa, se encontraba bastante oscura a esa hora del da. Trilby no lo advirti; estaba tan encendida como Thorn, 
hambrienta de el, ansiosa por sentir la piel del hombre contra la suya. Cuando Thorn quedo desnudo, ella estaba ya desesperada por el.
     Se tendieron sobre la colcha, dominados por un deseo ardiente. Thorn cubri el cuerpo de la muchacha con el suyo y la penetro casi de inmediato, arrastrado 
por una pasin apremiante que no poda contener. No separo su boca de la de Trilby mientras la posea, gimiendo de placer, con las manos aferradas a las caderas 
de ella, mientras se internaba en la suave dulzura del acogedor cuerpo de la muchacha.
    Ella no mostr vergenza. Por una vez, acompaso sus movimientos a los del hombre, tan desenfrenada y entregada como el, anhelando satisfaccin. Cuando la consigui, 
grito con voz trmula y excitada, mientras sollozaba en la cima de un xtasis violento. Senta a Thorn encima de ella, abandonado a la misma locura convulsiva que 
la haba aprisionado a ella.
    Los tensos msculos del hombre se relajaron finalmente, y Trilby noto todo el peso de Thorn. La abrazo, trmulo, tan frgil como ella.
    Trilby no recordaba haber sentido nunca algo semejante a ese frenes de placer. Rodeo con los brazos el cuello del hombre y comenz a comenzar a moverse, insistente, 
incitando a Thorn.
   -Por favor-susurro la joven con voz ronca. Lo beso con pasin ardiente y el cuerpo estremecido cuando el deseo la inundo de nuevo-. Por favor, Thorn, por favor, 
por favor, otra vez.
-Trilby, no puedo.
   -Si puedes -gimio ella, buscando los labios de el con la boca, frotando sus caderas contra las de su esposo en un roce tan sensual que logro un pequeo milagro.
   Thorn jadeo ante la sbita y violenta excitacin que los movimientos femeninos haban provocado.
  -Si -murmuro ella, arquendose, invitndolo a una posesin profunda y plena.
Gimio cuando sinti la tempestuosa invasin, y sus ojos se miraron en los de el, entornados y voluptuosos. Deslizo las manos por el vientre liso del hombre con caricias 
descendentes, observando como el deseo le encenda el rostro y le hacia temblar.
-Hazme un hijo! -pidi con voz ahogada-. Thorn!
   El grito cuando las palabras penetraron su mente, su cuerpo, su alma. Rod encima de ella, apresndole la boca mientras los movimientos de sus cuerpos se acompasaban. 
Iban de un lado al otro de la cama, acaricindose como nunca antes lo haban hecho, susurrndose palabras ardientes, explorndose con manos cada vez mas atrevidas 
y apremiantes.
   Estuvieron as un largo rato, y cuando alcanzaron la satisfaccin el grito desgarrado de Thorn fue un eco del de Trilby en el silencioso dormitorio, un clamor 
triunfante de victoria sobre la conciencia.
       -No llegaste a contestarme -dijo Thorn mucho mas tarde, cuando la pasin se hubo enfriado-. 1Fue debido a la carta de Bates?
   -No. Fue porque quiero un hijo tuyo -susurro Trilby. Se volvi, apoyando su cuerpo sobre el de su marido. Se inclino para besar los labios del hombre-. Nunca 
antes me habas hecho el amor as; ni siquiera en la noche de bodas. -Su rostro revelo una inquietud oculta-. Thorn, no estaras pensando en... en Sally?
El pudo haber mentido, pero no se atrevi.
   -No -respondi-. Solo pensaba en ti y en el placer que me proporcionabas.
La joven se relajo contra el cuerpo musculoso y tibio del hombre, sin importarle que su mirada se deslizase por sus senos desnudos, su estrecha cintura y sus caderas.
Trilby observo tambin, admirando su virilidad, su potencia y su vigor.
-A plena luz del da -suspiro el, con fingido escndalo.
-Tu me mirabas -dijo ella.
    -Me gusta contemplarte. Tus ojos se oscurecen cuando Vegas al momento culminante; se vuelven negros como el azabache.
    Ella enrojeci ante el recuerdo de lo intimo que haba sido el encuentro. Nunca en su vida se haba sentido mas mujer.
    -Quieres dormir en mi cama a partir de ahora, como una verdadera esposa? -pregunto el-. O el unico objetivo fue la procreacin?
Ella busco sus ojos
-No; no lo fue. Me encantara dormir contigo.
    Thorn dio las gracias a Dios por el milagro. Sin embargo no quiso arriesgarse a manifestar abiertamente el deleite que ella le haba brindado; esta vez no enseara 
sus cartas.
-Tambin me gustara a mi -dijo el.
    Se levanto para recoger las ropas que se haba quitado precipitadamente y vestirse. Trilby permaneci tendida en la cama, indolente y satisfecha, contemplando 
a Thorn, con los cabellos extendidos sobre la almohada.
    Solo cuando estuvo vestido, se dio cuenta de que la muchacha continuaba desnuda en el lecho. Se volvi y observo el cuerpo rosado que yaca con un exquisito 
abandono. Sonri lentamente, con un placer doliente, mientras recorra con la vista la silueta de la mujer.
   -Por mucho que agrade a mis ojos, seora Vance, creo que lo mas atinado seria que volviera a vestirse. He odo ruidos de automviles, por lo que deduzco que nuestros 
huspedes acaban de regresar.
-Ya? -Se incorporo de inmediato-. Pero si se marcharon hace solo...
-Hace muchas horas.
Trilby se ruborizo al darse cuenta del tiempo que haba pasado en los brazos de su marido.
-Oh.
   -Los entretendr. -Le entrego las ropas. Su oscura mirada admiro el rostro y el cuerpo de Trilby-. Quiero tener un hijo contigo -dijo, con voz dulce y profunda-. 
Nada me complacera mas. -Se inclino y la beso con ternura. Alzo la cabeza con renuencia y sus ojos se ensombrecieron al tiempo que hacia una mueca-. Me gustara 
ser mas galante y menos salvaje -aadi-. Tal vez entonces serias mas feliz aqui.
   -Thorn, yo no         se interrumpi al or el ruido de un motor y unas voces que resonaron en el silencio de la tarde. Thorn se encamino hacia la puerta, decidido 
a evitar a Trilby una situacin embarazosa.
   -Vstete rpidamente -dijo, volviendo la cabeza-. Los entretendr.
   Trilby se visti con precipitacin y, a pesar de su sofoco, hizo la cama. En cuanto sali al pasillo, apareci McCollum, apesadumbrado y adusto.
   -Que ocurre? -pregunto Trilby, presintiendo el desastre.
   -Traigo malas noticias. Nos detuvimos cerca de la reserva. Parece que los rumores eran ciertos. Naki, el amigo de Thorn, ha ido a Mxico para luchar con los rebeldes.
   Trilby se irgui. Ninguno de ellos haba sabido nada de Naki durante meses, excepto Jorge, que en una ocasin menciono que se comentaba que se haba unido a las 
huestes de Lpez. Nunca se haba referido a ello en sus cartas a Sissy, pues no se atreva a comunicrselo.
    -Habamos odo que se hallaba en Mxico -dijo ella. 
    -Siento traer estas noticias. La situacin all es peligrosa en estos momentos.
    Y desde luego lo era. Varios rebeldes haban sido fusilados, algunos estadounidenses entre ellos, silos rumores eran ciertos. Trilby no poda soportar la idea 
de que Naki fuese uno de ellos. Para aliviar su angustia, cambio de tema.
-Por cierto, como ha ido la investigacin?
    La pregunta basto para que el doctor se animase, ya que nada le complaca mas que hablar de su trabajo. Describi las tareas que haban realizado con todo detalle. 
Thorn se reuni con ellos poco despus y no se mostr celoso al ver a McCollum con Trilby. En realidad, pareca muy pensativo y ensimismado.
 Los das siguientes resultaron fascinantes para los alumnos de McCollum, que se dedicaban tanto a explorar los lugares que haban ocupado los antiguos pueblos indios 
como a adquirir conocimientos directos sobre la vida cotidiana de los apaches en la actualidad. Thorn les haba recomendado cautela porque haba recibido informacin 
de que en Mxico estaban producindose violentos combates, y las ciudades pequeas cambiaban de manos casi a diario, pasando de los rebeldes a los federales. Tambin 
se hablaba de que se haban dinamitado mas vas frreas y puentes, e incluso tramos de va estrecha. Adems, el Departamento de Guerra mejicano haba efectuado un 
pedido urgente a Francia de veinte millones de cartuchos de Mauser.
   McCollum, preocupado por la situacin, permiti que Thorn enviase algunos vaqueros a escoltarlos cuando visitaban la reserva. Los vaqueros aguardaban en las colinas 
hasta que McCollum y sus estudiantes terminaban con su trabajo de campo.
   -Es un pueblo fascinante -comento Haskins en voz baja al doctor McCollum mientras compartan con su anfitrin, subjefe la tribu, una comida a base de carne, frijoles 
y tortilla.
   -Sin duda -acord el profesor, lanzando una mirada a los otros estudiantes, que contemplaban todo con expresin arrobada-. No es lo que usted esperaba, no es 
cierto, seor Greensboro? -pregunto a un joven alto y moreno. -En absoluto, seor -contesto Greensboro-. Esperaba encontrar un grupo de gente de la Edad de Piedra; 
salvajes ignorantes, en definitiva. A pesar de su creencia en la magia y sus supersticiones, se trata de una comunidad inteligente y orgullosa.
   -Cuando se las conoce, la mayora de las tribus lo son. Quiz no practiquen las costumbres sociales del modo en que lo hacemos nosotros, pero tienen mucho que 
ensearnos sobre la supervivencia en uno de los
entornos mas duros del mundo.
   -Por que todava se mantiene el mito de la ignorancia de este pueblo? Es fcil comprobar que el prejuicio subsiste aqui, en el Oeste -observo Haskins.
   -Realmente, as es. -McCollum eructo para demostrar a su anfitrin que la comida le haba agradado, mirando, ceudo, a los dems hasta que captaron la idea y 
comenzaron a imitarle. Luego, tras pedir permiso, encendi su pipa y fumo mientras los otros terminaban de comer-. No se puede esperar que los prejuicios que han 
perdurado durante siglos desaparezcan de golpe, Haskins. Me temo que tendremos que vivir con la falacia durante muchos anos antes de que la gente civilizada llegue 
a ser lo bastante instruida como para aceptar y apreciar culturas distintas.
-Nosotros lo hacemos -sealo Greensboro.
    -Claro; nosotros somos inteligentes -dijo McCollum tras una risita irnica-. Vuelva a eructar, seor Greensboro. Nuestro anfitrin cree que no le ha gustado 
la comida.
    -Oh. Lo siento. -Greensboro emiti un eructo bastante satisfactorio.
    -En los lugares menos desarrollados del Este tambin se considera de buena educacin eructar despus de una comida -indico McCollum cuando advirti un atisbo 
de repugnancia en el rostro de sus estudiantes-. Y les recordare que, a pesar de los modales exquisitos que se observan en un saln del Este a la hora del te, entre 
las familias mas distinguidas existe la increble costumbre de vestir a los nios como nias.
   -Tambin en algunas tribus indias los hombres visten como mujeres -intervino Greensboro-. Los llaman bardache.
-Muy bien, seor Greensboro! Vaya, parece que suele escuchar cuando dicto conferencias.
Greensboro se ruborizo. -Por supuesto, seor!
    -Que son <<conferencias> ? -pregunto cortsmente el subjefe, que haba guardado silencio durante la conversacin.
   -Son charlas con que enseamos en la universidad -dijo McCollum-. Imparto clases de antropologa y arqueologa -y explico en que consistan esas materias.
   -Comprendo -replico el viejo indio cuando McCollum hubo terminado. Observo a los estudiantes-. Estos muchachos viven en cabaas, como nosotros -pregunto, sealando 
la choza en que se hallaban-, y aprenden tcnicas de subsistencia como las que nosotros enseamos a nuestros hombres jvenes?
   -Usted se refiere a arreglrselas sin agua en el desierto chupando guijarros, y a ayunar para obtener una visin o gula espiritual? -pregunto McCollum-. No; 
no exactamente. A estos hombres se les educa para valorar otras culturas y se les informa del modo de vida de pueblos primitivos. Ellos, a su vez, ensearan a otros.
El subjefe asinti.
   -Eso es bueno. Si aprendemos unos de otros habr menos... -se interrumpi, buscando la palabra adecuada- hostilidad.
-Esperamos que as sea -dijo el profesor.
   El subjefe saco la pipa ceremonial y, con un destello en los ojos, miro a McCollum mientras la llenaba.
-Les ha explicado esta costumbre?
   McCollum se sinti molesto, pues conoca el use y el efecto del peyote. Sin embargo, se encontraba en la casa de su anfitrin, y la tica y la costumbre le obligaban 
a no rechazar su hospitalidad.
   -Si, se lo he explicado -respondi McCollum, lanzando una mirada a los alumnos para prohibirles hacer un comentario despectivo.
   -No se preocupe, seor -dijo Haskins, con un guio de comprensin tras las gafas-. Somos soldados de caballera.
    Mientras Haskins hablaba, el subjefe terminaba de llenar la pipa. Luego la ofrendo a los cuatro puntos cardinales con una solemnidad devota.
   Una vez completado el ritual, la pipa paso de mano en mano hasta que todos echaron una bocanada de humo. A continuacin, procedieron a ingerir una bebida ceremonial 
contenida en un recipiente que se hallaba situado en el centro del corro. El olor del liquido era mas repugnante que su aspecto, pero el rito exiga participacin. 
Un poco mas tarde, se produjo una bulliciosa carrera en busca de la abertura de salida de la choza cuando los estudiantes y su profesor compitieron por llegar hasta 
la maleza a tiempo.
   -Buena medicina. -El subjefe ri entre dientes, mientras tambin el vaciaba el contenido de su estomago-. Purifica.
McCollum, que a partir de sus estudios sobre los indios conoca muy bien los efectos perniciosos de la <<bebida negra>> que acompaaba a cada reunin con los hombres 
blancos, asinti dbilmente. La cabeza le daba vueltas y senta en el estomago todos los fuegos del infierno.
-Buena medicina -acord.
    Haskins crey morir. Le ofrecieron un trago de agua, y bebi con avidez, plido, pero sin perder el animo.
    -Felicitaciones -le susurro McCollum-. Ahora es un hombre.
-Muchas gracias.
Y arrojo lo que le quedaba en el estomago.
    El subjefe estaba encantado con la fortaleza demostrada por sus huspedes. Entonces se animo a detallarles pequeas facetas de la vida de los apaches que ni 
siquiera Naki haba compartido con McCollum. Les hablo de las diferentes clases de nauseas -nauseas del oso, nauseas del coyote- y del modo en que se trataban. Les 
cont que teman a los bhos porque las almas de los muertos malvados los habitaban. Les refiri diversos mtodos para expulsar la enfermedad y reconocer a una bruja. 
Todas eran confidencias que solo se revelaban a quienes prometiesen guardar el secreto. McCollum, que respetaba las costumbres, agradeci la muestra de confianza 
de su anfitrin, al igual que sus estudiantes.
   -El misticismo es fascinante -murmuro Greensboro mientras seguan al viejo por todo el poblado.
   -Nunca cometan el error de criticar las creencias de personas de otras culturas -aconsejo McCollum-. En la mayora de las culturas antiguas la enfermedad y la 
muerte se consideran acontecimientos anormales causados por la magia.
   -Si, lo se -dijo Haskins, bien informado-. He ledo sobre algunas tragedias que se produjeron como consecuencia de la trasgresin de tabes tribales por parte 
de forasteros. -Y puso como ejemplo una masacre acaecida en un pas sudamericano.
   -Tales desgracias suceden -acord McCollum-. La intromisin en el misticismo resulta muy peligrosa.
-Seguramente los apaches no son tan hostiles...
      -Son muy supersticiosos -interrumpi McCollum-Quiz no le maten, pero seria imposible proseguir nuestro trabajo aqui. No arriesguen mi investigacin con comentarios 
desconsiderados. Aunque no acepten sus costumbres, deben respetarlas.
   -Por supuesto, seor. Yo nunca hara ningn comentario ofensivo.
   -Esta portndose muy bien, Greensboro -aadi McCollum-. Muy bien. Creo que posee usted facultades para convertirse en un arquelogo importante.
El joven se ruborizo, turbado y encantado con el elogio.
-Gracias, seor.
   -Nunca me ha dicho eso a mi -sealo Haskins. El profesor arqueo las espesas cejas rubias. tengo cara de estpido, Haskins? Usted ha obtenido excelentes notas 
en todos mis exmenes, y el decano me ha advertido que corro el peligro de que me robe el puesto incluso antes de que se licencie! Dios mo, aliento es lo ultimo 
que usted necesita!
Todos rieron, incluido Haskins.
    


                                        18


  Thorn y McCollum se mostraron alicados durante la cena, y Trilby atribuyo su estado de animo a la noticia que haban recibido sobre el paradero de Naki. Thorn 
haba pedido a Jorge informaciones de Mxico referentes al apache desaparecido. Despus de mucho insistirle, el hombre explico a McCollum que unos primos de Mxico 
le haban comunicado que Naki podra haber muerto; no se sabia a ciencia cierta.
  Trilby se preguntaba como anunciara la noticia a Sissy la prxima vez que le escribiese. En su ultima carta la muchacha, desconsolada, rogaba que le enviase nuevas 
de Naki. Trilby no haba contestado de inmediato, con la esperanza de poder tranquilizarla cuando se enterase de algo, pero pareca que la espera haba sido en vano.
   Por la tarde Trilby imagin como se sentira si su marido se hallase luchando en Mxico y ella no supiera nada de el durante meses. Se encontr mal solo de pensarlo 
y tuvo que sentarse.
-Que ocurre? -pregunto McCollum.
-Nada -respondi Trilby.
Toda la intensidad de su cario por Thorn floreci dentro de ella. Siempre le haba profesado afecto, pero hasta ese momento no se dio cuenta de cuanto lo amaba. 
Thorn haba llegado a ser su mundo. Si lo perda, se sentira igual que Sissy cuando se enterase de la muerte de Naki.
-Puedo ayudarla en algo?
   Thorn entro por la puerta y frunci el entrecejo al ver a Trilby sentada y a McCollum, preocupado, inclinado sobre ella.
-Que pasa? -se apresuro a preguntar.
   -Trilby se senta un poco mareada, eso es todo. La dejare en tus manos.
Thorn se arrodillo junto a Trilby.
-Estas bien, cario? -pregunto con dulzura.
   Ella se miro en los ojos de su esposo y parte del terror se desvaneci. Le acaricio el rostro lentamente, deslizando los dedos desde su mejilla hasta sus labios, 
y cubri la boca del hombre con la suya.
   Thorn emiti un sonido bronco y se aparto con brusquedad.
-Oh, lo... lo siento -balbuceo ella, turbada, retirando la mano-. No quera...
   El le cogi la mano y volvi a posarla sobre su rostro para despus sumergir la suya en el cabello de Trilby, quien vio el brillo que iluminaba los ojos de Thorn 
antes de que la besase con pasin.
-No esperaba eso -dijo el, con una extraa sonrisa-.No sueles tocarme, Trilby.
   Ella alzo la cabeza y lo miro a los ojos. -Podra hacerlo, si a ti... si a ti te gustase. -Muy bien, me gusta.
    Ella comenz a acariciarle el rostro con ternura. -Eres muy guapo -susurro-. Y me encanta lo que siento cuando nos besamos.
   La respiracin de Thorn se volvi mas agitada. -Tambin a mi. -Poso la mirada en la boca de la muchacha-. Me gustara tenderte sobre la mesa de la cocina y...
-Oh, Thorn! -gimio ella.
   Al or unos pasos que se acercaban les devolvi la sensatez. Thorn la aparto de su cuerpo y ri nervioso.
-Me dejas sin aliento.
-Me alegro -susurro ella, implacable. Tratas de enloquecerme? -pregunto el.
Trilby parpadeo. Se senta viva como nunca hasta
entonces, consciente de su poder y de la vulnerabilidad del hombre.
-Tanto como tu a mi -murmuro-. Apenas puedo tenerme en pie.
-Dormirs conmigo esta noche?
Trilby lo miro de hito en hito.
-Por supuesto
    A Thorn se le encendieron las mejillas, y sus ojos oscuros centelleaban cuanto McCollum apareci en el vano de la puerta.
-Va todo bien? -pregunto, advirtiendo algo extrao en el ambiente.
-Me encuentro mucho mejor -respondi Trilby-.
No fue mas que un ligero mareo. Me sucede de vez en cuando; nada serio.
-Estas segura? -pregunto Thorn, preocupado.
Ella sonri, mirndolo intensamente. -Oh, si; lo estoy.
Trilby no quera que McCollum contase nada a Sissy sobre Naki. El prometi que guardara el secreto.
   -Lamento lo que pueda haberle sucedido a Naki - dijo el doctor, con un gesto de pesar.
-Tambin yo -dijo Thorn.
-Todava podra aparecer -aadi McCollum, sonriendo-. Es muy astuto. -Necesitara serlo.
    Durante el desayuno, Thorn jugaba con el tenedor mientras estudiaba a Trilby con ojos vidos de deseo. La noche anterior, despus de los besos que se haban 
dado por la tarde, no se atrevi a repetir los momentos apasionados que haban compartido. Se haba limitado a acunarla contra su pecho bajo las mantas, y haban 
permanecido abrazados durante toda la noche.
    Esa maana haba nacido una relacin totalmente nueva entre ellos. Las miradas que ella le dedico fueron clidas, y las que el le devolvi, intensas y posesivas. 
Cuando Thorn rodeo los hombros de su esposa con un brazo, ella no se aparto, sino que lo estrecho y apoyo la mejilla en su pecho. El apenas poda respirar ante el 
absoluto deleite que experimentaba. Por una vez, no pens en motivos o causas. Encerr al espectro de Richard Bates en la trastienda de su mente y decidi disfrutar 
del momento.
Tres das mas tarde, McCollum y sus estudiantes subieron a un tren y se marcharon. Aunque haban planeado permanecer en la zona dos semanas, debieron regresar antes 
de lo previsto. Thorn explico a Trilby que la precipitada partida se deba a la situacin en Agua Prieta, donde se tema se produjese un ataque rebelde. El tren 
Nacozari, procedente de los campamentos mineros de Sonora, haba sido abordado y demorado por el Capitn Lpez en Fronteras. En un principio haba ordenado que se 
condujese el tren a Agua Prieta para atacar la ciudad, pero finalmente decidi no hacerlo para no arriesgar la vida de los pasajeros, entre los que se contaban mujeres 
y estadounidenses. Despus de esa accin, la opinin que del controvertido Lpez tenia Thorn mejoro.
   Cuando Trilby, Samantha y Thorn regresaban de la estacin a Los Santos, divisaron en el horizonte la figura de un jinete solitario que cabalgaba hacia el rancho 
como alma que lleva el diablo.        Thorn es
  Trilby entro en la casa con Samantha, y pero en el porche al visitante cuya identidad ya haban determinado sus sagaces ojos.
   -Naki! -exclamo cuando el otro hombre desmonto ante los escalones del porche-. Eres tu?
Tuvo que preguntarlo, porque su amigo vesta las tradicionales ropas de vaquero, con botas, cartucheras y un enorme sombrero mejicano; incluso se haba cortado la 
larga cabellera. Cuando se descubri la cabeza, pareca un noble espaol de alta curia, debido a la arrogancia de sus os oscuros y la altivez de su nariz recta.
     -Si, soy yo -respondi Naki, casi sin aliento-. Donde esta ella? Me dijeron que hospedabas a McCollum y varios estudiantes. Supuse que Alexandra se encontrara 
con ellos. He cabalgado toda la noche para venir hasta aqui... Esta en la casa?
Thorn lo miro fijamente, preocupado.
-No esta aqui.
Naki le devolvi la mirada.
-Me dijeron...
   -No vino -replico Thorn-. Solo se presentaron McCollum y algunos alumnos. Alguien dijo al doctor que te habas unido a las fuerzas maderistas y que desde entonces 
no se haba sabido nada de ti. Jorge explico que habas desaparecido en combate y que te daban por muerto.
   Naki titubeo, y su rostro se contrajo en una mueca de dolor.
   -Alexandra lo sabe? Alguien le ha dicho que yo estaba muerto?
   -No -dijo Thorn-. No, no todava. Trilby obligo a McCollum a jurar que guardara el secreto.
      Naki se llevo una mano a la frente para enjugarse el sudor.
    -Decid participar en la contienda. De algn modo me pareca una segunda oportunidad de colaborar en la liberacin de un pueblo oprimido. He estado luchando 
contra los federales con la gente del coronel Jos de Luz Blanco, principalmente con Red Lpez. Fue un infierno. Me hirieron en un hombro y tarde unas semanas en 
recuperarme, pero evidentemente no estoy muerto.
-Gracias a Dios -dijo Thorn.
    Naki se encogi de hombros, enredando los dedos en las riendas.
    -Tal vez es mejor que Alexandra no haya venido -dijo, pesaroso-. Blanco me dijo que despus de la revolucin, probablemente yo podra administrar un rancho para 
uno de los hacendados o incluso comprar uno propio. En Mxico no existen tantos prejuicios raciales como aqui, excepto contra los espaoles de alta alcurnia y los 
blancos. -Alzo la vista-. Si no digo a la gente que soy apache, ni se enteran.
Thorn estudio al hombre con calma.
    -Y cuanto tiempo crees que podrs ignorar tu herencia cultural, negar a tus ancestros?
    Naki gruo, fijando la mirada en el horizonte.
   -No puedo. Me enorgullezco de ser lo que soy y no trato de ocultarlo, ni siquiera en Mxico. Por fortuna hay muy pocos prejuicios entre los rebeldes, pues somos 
todos marginados. Si triunfa la revolucin, no importara a que raza pertenezco; no en Mxico. -Se volvi hacia Thorn-. La amo!
    La angustia que transmita la voz de Naki llego el alma de Thorn.
   -Lo se -dijo este con tristeza-. Y tambin que ella no querra que sacrificases tu herencia cultural. Te acepta como eres y te ama.
Naki le dio la espalda.
-Thorn, yo nunca podra vivir en el Este. Y a pesar de lo que ella piensa, la reserva la destruira. El nico terreno comn posible es Mxico.
-Mxico esta sumido en una revolucin.
-Ya lo se -dijo el apache, secamente.
   -Al menos, entra y qudate un rato con nosotros -invito Thorn-. Cuntanos que sucede. Jorge es la unica fuente de informacin sobre la lucha que tenemos.
   Trilby, encantada al comprobar que el amigo de Thorn estaba vivo, puso otro plato en la mesa. Durante la comida Naki les refiri los ltimos acontecimientos.
   -Aqui, en el norte de Mxico, contamos con un lder capaz, el coronel Blanco, y existen otros, como Arturo Red Lpez, un tipo valeroso que lidera un contingente. 
Yo pertenezco a su grupo. -Sacudi la cabeza-. Cuesta creer la diversidad de nacionalidades de nuestros hombres. He conocido combatientes franceses, alemanes, holandeses 
y muchsimos vaqueros procedentes de Texas, Arizona y Nuevo Mxico; incluso algunos dandis del Este, entre ellos un graduado de Harvard. -Sonro con irona, mostrando 
unos dientes muy blancos que destacaron en su rostro bronceado-. Y hasta se rumorea que participa en la lucha un indio apache! -dijo, inclinndose en actitud conspiradora.
-No! -exclamo Thorn, siguindole el juego.
   -Quien podra creer algo semejante? -intervino Trilby, continuando en la broma-.  Crees que ganara Madero?
   -Por supuesto -respondi Naki-. Sin embargo dudo de que permanezca en el poder mucho tiempo. Tiene buen corazon, pero se necesita mucho mas que eso para dirigir 
un pas; se requiere crueldad.
   Despus de comer, Thorn acompao a su amigo al establo, donde su caballo haba repuesto fuerzas para emprender el viaje de vuelta.
      -Estas seguro de que no quieres pasar la noche aqui? -pregunto Thorn.
    -Promet regresar por la maana -respondi-. Realizo labores de traductor cuando Lpez esta ocupado en otros asuntos. Confi en que guardes el secreto. No tardara 
en producirse una gran batalla. Te aconsejo que permanezcis en el rancho durante un tiempo y no os acerquis a Douglas. No puedo decir mas. No debes revelar mi 
confidencia a nadie.
    -No lo har. Gracias. -Thorn no insisti a su amigo para que le facilitase mas informacin, aunque deseaba hacerlo-. Que diremos a Sissy cuando la escribamos?
Naki vacilo. Monto su caballo y ajusto la cincha.
    -No le expliquis nada -dijo finalmente con resignacin-. Hasta que la revolucin triunfe o sea derrotada, es mejor que no sepa nada.
    Thorn titubeo. Trilby haba dicho que en su ultima carta Sissy pareca ansiosa por recibir noticias. Si creyese que Naki haba muerto, seria capaz de cometer 
cualquier locura.
    -Espero que McCollum mantenga la boca cerrada si Sissy le pregunta algo -dijo Thorn, con pesar-. Las mujeres lo turban, en especial las mujeres desesperadas. 
Que sucedera si le contase los rumores que corren sobre ti?
   -Adivino que estas pensando -observo Naki-. Me temo que subestimas a Alexandra. Se cuales son sus sentimientos, y tambin que es demasiado valiente para quitarse 
la vida. Si alguien le dice que he fallecido, sobrevivir a la afliccin y esta la fortalecer. La conozco.
   -Y si te equivocas? -pregunto Thorn-Podras vivir con ese remordimiento?
   -Claro que no -contesto, sereno-. Pero no me equivoco. Si logro salir de Mxico con vida, yo mismo se lo dir y le brindare la oportunidad de decidir. Si no lo 
consigo, es mejor que me crea muerto. Por su propio bien.
-Te admiro. Dudo de que yo pudiera servir a una causa tan noble -dijo Thorn-. Solo matara y morira por Trilby.
-Lo se. Se lo has dicho a ella?
Thorn ri con frialdad.
   -Trilby continua enamorada de ese tipo del Este. Ahora me encuentra aceptable, pero todava no he obtenido su cario.
   -No pierdas las esperanzas -dijo Naki-. El hombre del Este no esta aqui y tu si.
   -Lo se. Es una ventaja. -Estrecho la mano de su amigo-. No dejes que te maten.
   -No duermas muy profundamente por la noche. Aunque has renunciado a tus tierras mejicanas, tu ganado no esta a salvo, pues resulta tentador para unos hombres 
hambrientos y desesperados por ganar una revolucin. Mantn los ojos bien abiertos. Recuerda lo que dije sobre Douglas.
-Lo har. Y gracias.
-De nada.
   -Trata de enviarnos noticias, al menos a travs de los parientes de Jorge. Podras hacerlo?
Naki se acomodo en la montura.
-Har todo lo posible.
-Adis -se despidi Thorn.
-Vaya con Dios.
   Naki espoleo su caballo y se alejo; una silueta solitaria que se recortaba contra el horizonte.
   -Pero por que no permite que informemos a Sissy? -pregunto Trilby, quejumbrosa-. No sabe que morir de dolor si cree que el ha fallecido?
   -Lo sabe. Sencillamente, no quiere alimentar las esperanzas de Sissy. Es increble lo que Naki se propone, Trilby; renunciar a su pas por amor a una mujer.
     -Es maravilloso que un hombre este dispuesto a hacer eso por una mujer -dijo ella con ternura, lanzndole una mirada rpida y furtiva.
    El sonri. Samantha ya se haba acostado. La casa se hallaba silenciosa, y solo se oa en el saln el tictac del reloj de pndulo.
-Te amo -declaro Thorn.
    Esas simples palabras tenan el poder de desarmar a Trilby, que se ruborizo como una novia.
-Thorn!
    -Lo se. No soy lo bastante civilizado, no es as? -pregunto, acercndose a la muchacha. Se detuvo a escasos centmetros de ella, tan cerca que Trilby poda 
sentir el calor de su cuerpo, oler la fragancia a tabaco y cuero de sus ropas-. Soy demasiado rudo e incivilizado para una mujer dulce como tu.
    -No, no lo eres -susurro ella, estremecida-. Te quiero!
    Mirando fijamente el rostro conmovido del hombre con ojos encendidos de pasin, comenz a desprender los botones de su vestido. Mientras el observaba, se desnudo 
hasta la cintura y permaneci inmvil, con los pechos descubiertos y la respiracin agitada.
   -Oh, Trilby -susurro Thorn, contemplndola con arrobamiento reverente.
   Trilby le cogi el rostro con sus manos tibias y trmulas, atrayndolo hacia si.
-Mi querida -murmuro, abrazndola-. Mi querida.
   Haba mas que pasin en su voz profunda. Ella se rindi al contacto de los labios clidos y hmedos de su esposo, que exploraban sus senos suaves, haciendo que 
los pezones se volviesen duros y sensibles. Tomndola en brazos, le cubri con la boca un pecho y recorri el pasillo hacia el dormitorio.
   En la oscuridad, la llevo hasta la cama y comenz a quitarle la ropa. Ella lo detuvo.
-No quieres? -pregunto el, inseguro, refrenndose.
-Enciende la lmpara -susurro Trilby-. Deseo verte cuando me tomes.
   Thorn busco a tientas las cerillas y a punto estuvo de volcar la lmpara en su precipitacin por encenderla. Se volvi hacia Trilby, temblando de pasin, devorndole 
el cuerpo con la vista.
   -Te he escandalizado? -pregunto ella en un suave susurro, apoyndose en los codos-. Soy... soy demasiado atrevida?
-No, no lo eres -respondi el con voz ronca.
   Fue hasta ella y su boca ardiente encontr los labios de la mujer.
   -Sedceme -le murmuro Thorn al odo mientras sus manos se afanaban con el resto de botones del vestido-. Nunca me burlare de ello, Trilby. Se tan atrevida como 
desees; me encanta.
   Ella gimio y luego dio rienda suelta a sus impulsos mas ardientes, sumergindose en la virilidad de el. Lo acaricio, susurrndole palabras de pasin, adorndolo 
como nunca haba sonado hacerlo. El se dejo acariciar, alentndola, indicndole con voz ahogada que deba hacer.
   Cuando empez a moverse encima de ella, Trilby estaba tan ansiosa de deseo por el que la voz se le quebraba en un sollozo con cada arremetida del cuerpo del hombre 
mientras se aferraba a el y arqueaba las caderas contra las suyas, recibindolo.
   Thorn no quiso apresurarse. Cada embate fue calculado, deliberado, cada beso, tierno, dulce y ferviente. Fue como nunca haba sido hasta entonces entre ellos. 
La voz del hombre se quebr cuando le dijo en un susurro que esa posesin era la mas profunda e intensa que haba compartido con ella. Aun cuando las palabras avergonzasen 
un poco, resultaban excitantes.
Trilby dejo escapar un grito, porque las palabras y el lento movimiento de las caderas del hombre se unieron para elevarla al apogeo del placer. Sollozo contra la 
boca dura y clida de su esposo y dudo de que pudiera sobrevivir a aquella ardiente pasin que la hizo perder la conciencia durante unos segundos.
   Cuando abri los ojos, se encontr con el rostro distendido de Thorn, quien, observndola, se regocijaba en el placer que le proporcionaba.
   - Lo... lo has visto? -murmuro ella, sin aliento.
   -Si. Y ahora lo veras tu, Trilby -respondi el-. Mira. Te dejare mirar... Mira, Trilby. Mira... mira... mirame!
   Thorn gimio, y ella observo, fascinada, como echaba la cabeza hacia atrs, con los msculos del cuello tensos y la boca abierta en un bronco grito de xtasis. 
El cuerpo del hombre se convulsiono tan violentamente que ella contuvo el aliento. Luego el se relajo y, temblando, se dejo caer sobre ella.
-Oh... Dios mo -dijo Trilby, abrazndolo.
   -A plena luz -murmuro el, exhausto-; contemplndonos el uno al otro. Nunca so con algo semejante.
   -Ni yo. -Ella lo estrecho posesivamente, protestando cuando el hizo ademn de apartarse-. Oh, no, por favor! -murmuro, apremiante.
   El alzo la cabeza y miro sus ojos empaados por el deseo.
-No es posible.
   -Lo se -dijo ella con dulzura-. Solo quiero sentirte... as.
   Thorn sonri con tal ternura que el corazon de Trilby dio un vuelco. A continuacin el le acaricio el rostro al tiempo que la besaba con ternura.
   - Era a mi a quien queras? -pregunto ella, lentamente.
   -Yo podra formularte la misma pregunta -replico el, levantando la cabeza para mirarla con solemnidad-. Pensabas en el hombre que perdiste mientras estabas entre 
mis brazos?
   -Seria imposible -contesto ella al cabo de un minuto-; no cuando yacemos juntos de este modo, en semejante intimidad.
   Vance se relajo un poco. Debajo de su cuerpo, notaba la calidez y suavidad del de Trilby. Recorri los labios de su esposa con dedos ligeramente inseguros.
-Con mi simiente muy hondo dentro de ti -musito.
-Si -replico ella, ruborizada.
   El se inclino y le separo los labios con la lengua para adentrarse delicadamente en su boca. Se excito y comenz de nuevo a inflamarse. Trilby emiti un gemido 
de placer.
   -Estoy en condiciones otra vez -susurro el en su boca-. Lo estas tu?
-S... si! Thorn... por favor!
   El se alzo y, mientras se mova encima de ella, la miro a los ojos. Mientras volva a sumirse en el goce, pens que en esos ojos vela la eternidad...
La vida fue muy agradable en el rancho durante los das posteriores. Thorn apenas se separaba de Trilby, que se mostraba radiante y dichosa, lo que todo el mundo 
adverta.
   Solo una carta de Sissy empao su felicidad. En ella su amiga suplicaba que le comunicasen cualquier noticia que tuviesen de Naki. Al parecer McCollum le haba 
hablado de la desaparicin y posible muerte del apache. Sissy estaba muy intranquila y terriblemente deprimida. Trilby hubiese querido contestar para contarle la 
verdad, pero Thorn la haba convencido de que deban respetar los deseos de Naki. De modo que escribi a su amiga y le rog que no perdiese las esperanzas. Comprenda 
el terror y la congoja de Sissy.
Era la nica preocupacin que perturbaba la felicidad que comparta con su marido; hasta la maana siguiente, cuando esa alegra se torn en angustia
     -Nunca he visto a mi hija tan exultante! -dijo Jack Lang al da siguiente, en una de sus raras visitas al rancho.
   El y Thorn haban estado comprobando las marcas del ganado para asegurarse de que ningn animal de Blackwater Springs se haba aventurado a entrar en la propiedad 
de Los Santos. Cuando, como entonces, haba rodeo, los nimos solan estar caldeados, en especial el de Thorn. Esa maana, Vance se mostraba incluso mas malhumorado 
e irritable que de costumbre. Apenas hablaba y sus ojos eran tan inquietantes como su expresin.
   -Usted cree? -replico Thorn a la observacin de Jack. Trilby estaba radiante, y solo el sabia por que, y eso le produca escalofros.
    -Hay algn motivo especial para ese resplandor que vi en su rostro cuando nos marchamos del rancho esta maana? -pregunto el hombre mayor.
La mandbula de Thorn se tenso.
   -Si se refiere a la posibilidad de que este embarazada, le aseguro que no es esa la razn -respondi, secamente.
   -Yo no habra sido tan directo -dijo Jack, molesto-. Espero que en verdad este tan contenta como parece. Se que al principio vuestra relacin fue difcil. Trilby 
tuvo que cambiar sus antiguas costumbres. Se cri en un ambiente muy urbano y le costo adaptarse a la vida aqu. -Sealo con un amplio gesto de la mano el paisaje 
que se extenda ante ellos.
   -Considero que ya se desenvuelve bastante bien -dijo Thorn.
   No menciono que algo que haba sucedido esa maana le haba aterrorizado. La intimidad del matrimonio haba sido completa y casi dolorosamente dulce. Thorn
nunca haba disfrutado de una felicidad semejante. Sin embargo, aunque el gozaba con su mujer y con la alegra que le proporcionaba, haba comenzado a cavilar sobre 
el pasado y el modo en que la haba seducido y forzado a casarse con el. Nunca sabra si lo que haba impulsado a Trilby a desposarse con el y permanecer a su lado 
habia sido el acatamiento de las convenciones sociales.
   Trilby se entregaba a el con ardor y voluptuosidad, pero nunca hablaba de amor. En realidad tampoco el lo haca, a pesar del esfuerzo que le costaba. No se atreva 
a manifestarle cuanto la amaba por terror a que ella utilizase los sentimientos de el si su relacin se deterioraba.
   De pronto pareca que su falta de confianza era justificada. Bates le haba escrito de nuevo. Thorn haba encontrado la carta esa maana sobre la mesa del saln, 
donde ella la haba dejado.
   Richard comentaba en la misma el gran cambio que se haba producido en su forma de vida. Ya no viajaba por Europa; se haba asentado y haba aceptado un trabajo 
en el banco local. Thorn gruo para si al recordar lo que haba escrito aquel individuo; palabras que amenazaban con destruirle el alma.
   Despus de leer la carta, la puso donde la haba encontrado para que Trilby no se diera cuenta de que la haba visto, y sali de casa sin decir palabra.
-Estas muy callado hoy -observo Jack.
   -Bates ha escrito a Trilby. Ha conseguido un trabajo en un banco.
-Richard? Dios mo, es un milagro.
Thorn micro a Jack Lang.
   -Trilby lo amo en el pasado.  Cree que continua amndolo?
El rostro de Jack enrojeci.
-Vaya pregunta!
-Necesito saberlo! -dijo Thorn, apremiante.
-Por que no se lo preguntas a ella?
     -Porque ella no me lo dira -dijo el, con tristeza-. Nunca me hablara de el.
   -Se encapricho con el -dijo Jackal cabo de un minuto-. En realidad, no creo que fuera nada mas que un amor de adolescencia, comprendes?
   -Creo que tal vez el no sabia lo que senta por ella hasta que la vio casada conmigo -dijo Thorn-. Si ha descubierto que albergaba fuertes sentimientos por Trilby, 
quiz haya cambiado su forma de vida en un intento por mejorar la opinin que de el tiene Trilby.
-Pero mi hija es feliz contigo.
   -Tal vez finja que lo es -dijo Thorn, obstinado. Estaba convencido incluso de que el ardor de su esposa se deba casi exclusivamente a su deseo de tener un hijo. 
Quiz haba llegado a la conclusin de que un hijo la compensara de la separacin del hombre a quien en realidad amaba y le brindara un poco de felicidad.
-Ella debe quererte.
   -Debe quererme? Por que? -pregunto Thorn, mirando a Jack-. Me he planteado la posibilidad de divorciarnos -dijo, dejando a su suegro sin habla.
-Divorciaros? Por que?
   -Si se sentir mas dichosa con Bates, por que obligarla a permanecer conmigo? -dijo con amargura, odiando el recuerdo y las palabras que haba ledo.
   -Que explicaba Richard en esa carta, Thorn? -pregunto Jack, preocupado.
   Thorn apoyo las palmas de las manos sobre la montura y perdi la mirada en el horizonte con el corazon destrozado.
   -Bates afirmaba que tenia un buen trabajo y excelentes perspectivas; que se haba dado cuenta demasiado tarde de lo mucho que la amaba. Quiere que me abandone 
y se case con el. Asegura que Trilby ser mucho mas feliz en su propio ambiente, donde no tendr que sufrir privaciones con un... salvaje como yo.
   

  
                                           19

-Estas seguro? -dijo Jack.
   -Lo estoy; le la carta dos veces. Trilby no mencion que la haba recibido en ningn momento -aadi Thorn. Eso era lo que mas le haba dolido.
   -No la habra dejado a la vista si hubiese pretendido ocultrtela -objeto Jack.
   -Tal vez considero que era el modo mas delicado de decirme que quera marcharse.
   Eso era posible. Jack se senta confuso. Era bastante obvio que Thorn estaba abatido, a pesar de la expresin desafiante de su rostro. Por primera vez desde que 
lo conoca, su vecino le inspiro lastima.
-Yo podra hablar con ella -se ofreci Jack.
   -Con que finalidad? Para decirle que el divorcio es impensable? No quiero una mujer que me soporte y se entregue a mi fantaseando con otro hombre -dijo, inflexible-. 
Debo permitir que se vaya.
-No se que decir.
   -Entonces no diga nada, y mucho menos a Trilby. Debemos resolver el asunto nosotros mismos -dijo el, sereno-. Respetare sus deseos, pues lo nico que me importa 
es su felicidad.
Jack se quedo mirndolo fijamente.
-Crea que no la amabas.
Thorn ri con pesar.
-Morira por ella -dijo con voz ronca.
El hombre mayor suspiro.
-Lo siento -dijo Jack.
   -Tambin yo. -Thorn espoleo a su caballo-. No disponemos de tiempo -aadi, mirando el cielo, que iba oscurecindose-. Ser mejor que nos apresuremos a reunirnos 
con los peones.
   Dolorosos pensamientos atormentaron a Thorn durante todo el da. Ya haba anochecido cuando regreso a casa, que se hallaba en silencio. De puntillas se dirigi 
a dar las buenas noches a Samantha, pero la pequea estaba profundamente dormida. Se quedo contemplndola. Su hija. Le pareca que haba transcurrido muchsimo tiempo 
desde que Sally le haba entregado una nia diminuta con la piel enrojecida. La haba adorado, pero la actitud de Sally le haba impedido tener mucho contacto con 
la nia. La distancia entre padre e hija haba ido aumentando hasta que Trilby apareci en sus vidas. Gracias a la influencia de esta, Samantha haba perdido su 
timidez. Rea y jugaba como cualquier nia feliz, era muy evidente que se senta a gusto en compaa de su padre.
-Esta dormida -dijo Trilby desde la puerta.
Thorn se envaro. -Si, lo se.
-Tienes hambre? Acabo de recalentar un poco de sopa y he cocido pan para acompaarla.
-Estoy bastante hambriento. Gracias -dijo el, sin mirarla.
   Se quito el sombrero y lo arrojo hacia el perchero que haba junto a la puerta. Las espuelas de sus botas tintineaban mientras avanzaba por el pasillo detrs 
de Trilby en direccin al comedor.
   La mujer advirti, con perplejidad, la rigidez de Thorn, su formalidad. De pronto record la carta que haba encontrado sobre la mesa del saln. Samantha la haba 
cogido de su tocador para preguntarle si poda quedarse con el sello para su coleccin y la haba dejado all. Cuando Samantha volvi a acordarse de la carta y Trilby 
la recupero, hacia tiempo que Thorn haba salido. Le haba preocupado que el la hubiese visto casualmente. De pronto, sus peores temores se confirmaban.
   Lo miro por encima de la mesa, con las manos aferradas al respaldo de la silla forrada de cuero.
    -Thorn, viste esa carta, verdad? -pregunto, vacilante. Arque una ceja; por lo dems, no se inmuto. -Tal vez tenias intencin de que la encontrase? -pregunto 
el-. Mantn correspondencia con Bates silo deseas -aadi, apartando una silla de la mesa para sentarse-. No me importa... siempre y cuando tu cuerpo responda con 
tanta pasin al mo en la cama. -Con ojos sombros y burlones, observo la expresin escandalizada de su esposa, mientras se dejaba arrastrar por el dolor y la rabia 
que lo atormentaban-. Quiero tu cuerpo, Trilby, y tal vez un hijo -aadi, para completar la postura-.Mientras te posea, no me molesta que Bates ocupe tu corazon.
Ella se puso blanca como et papel. De no haber sido
porque se asa con fuerza a la silla, se habra cado.
-Que? -pregunto ella con un hilo de voz.
      -Me has odo bien. -Despleg la servilleta de lino y se la coloco sobre el regazo. A continuacin se sirvi un cucharn de la sopera de porcelana que Trilby 
haba puesto junto a su plato-. Hay mantequilla para untar en el pan? -pregunto con indiferencia.
    Trilby sac6 la mantequilla de la nevera de hielo y con manos temblorosas la deposit sobre la mesa, retirando la tela que la cubra. Casi dejo caer el cuchillo 
antes de lograr ponerlo junto al plato.
      -Gracias -dijo el-. Tu no cenas?
    -Ya he comido con Samantha. Si no te importa, podras dejar los platos en el fregadero cuando hayas terminado? Me ocupare de ellos maana por la maana.
El la miro con ira contenida.
    -Ser bien recibido tambin esta noche, Trilby? acaso tu mente esta llena de sueos romnticos con Bates? Te prometo que si duermes cuando me acueste no tendr 
escrpulo en despertarte. Tal vez el quiera casarse contigo ahora, pero eres mi esposa hasta que yo decida echarte de esta casa.
Ella lo miro como si fuese un extrao.
    -La has abierto -exclamo, llevndose una mano a la garganta-. Has ledo la carta.
     -Si, la he ledo -dijo el, furioso-. Por esa razn te has mostrado tan generosa conmigo en la cama, Trilby? Estas tratando de engatusarse para que te conceda 
el divorcio? -Thorn ya no poda controlarse-. Maldita sea cuantas cartas recibiste antes de esta?
     -Ninguna -se apresuro a responder ella-. Ninguna, Thorn, te lo prometo!
     El se levanto, volcando la silla, rodeo la mesa y se acerco a Trilby con ojos llameantes y el cuerpo tenso y tembloroso a causa de la emocin desbocada.
     -Por Dios, Trilby, no pensaras en el esta noche. Juro que no lo hars!
     Su boca cubri la de la muchacha, devorndola. La alzo con brusquedad del suelo y la llevo en brazos por el pasillo, sin dejar de besarla, con pasin desesperada, 
exigente, apremiante.
     Trilby forcejeo, pero acabo por desistir porque no poda competir con la fuerza del hombre. Thorn la condujo al dormitorio, cerr la puerta y arrojo a su esposa 
sobre la cama.
     -Bates me considera un salvaje -dijo-. Y tu tambin. Tal vez ha llegado el momento de comportarme de acuerdo con la imagen que te has formado de mi.
     Apenas hubo terminado de pronunciar esas palabras, se hinco de rodillas junto a ella con manos decididas y ojos destellantes de pasin. Trilby pens que actuaba 
mas como un amante herido y celoso que como un hombre que saca el mayor provecho de su segundo matrimonio.


Cuando la primera luz del alba se filtro a travs de las cortinas, Trilby abri los ojos con una mueca de malestar. No haba ningn punto de su cuerpo que no hubiese 
sido explorado por las manos y los labios de Thorn. La pasin de ambos haba sido hasta entonces tierna y satisfactoria, pero esa maana ella se senta violada y 
enrojeci al recordar algunas de las cosas que el le haba hecho.
   Tal vez Thorn se haba propuesto tratarla con brutalidad, pero no lo haba hecho en absoluto. Se haba entregado por completo cuando su cuerpo poderoso domino 
el de la muchacha.
   Lo que avergonzaba a Trilby era haber experimentado el mas intenso arrebato de placer que el le haba proporcionado hasta entonces. La angustia del hombre y la 
necesidad que ella senta de apaciguarla haban generado una tensin que rayo en la locura antes de que el cuerpo de Thorn, violentamente arremetedor, impusiese 
el xtasis para ambos. Recordaba haber gemido en me
dio de sollozos entrecortados cuando respondi al estimulo y como su cuerpo ardi de pasin cuando la consumacin la dejo case inconsciente, abandonada al mas dulce 
de los tormentos.
Tambin haba sido as para el, y ella lo sabia. Pero una sola vez no haba satisfecho a Thorn. La haba posedo una y otra vez, con pasin interminable, infatigable, 
dejando que la voz se le quebrara en cada ocasin en que senta que el mundo estallaba en el transcurso de la larga noche. Solo cuando el agotamiento le venci, 
se aparto de ella y se durmi. Trilby se haba deslizado hacia el lado opuesto del lecho, impdicamente desnuda sobre la colcha.
   Cuando despert, la muchacha recorri la habitacin con la vista. No encontr a Thorn, y uno de los armarios estaba ligeramente entreabierto. Cuando se incorporo, 
reparo en una nota encima de la mesilla. Se quedo mirndola, preguntndose, inquieta, que mensaje contendra.
Trilby no poda saber que Thorn se haba maldecido en cuanto se despert esa maana, mucho antes que ella, y continuo maldicindose mientras se vesta. Contempl 
el cuerpo acurrucado de Trilby, fijndose en las marcas que sus dedos y su boca haban dejado sobre la piel de alabastro. La culpa, los celos, la desesperanza y 
la congoja lo consuman. Su arrebato y su agresiva vulnerabilidad le haban escandalizado y avergonzado. Haba comenzado con rabia y haba terminado perdiendo el 
control por completo, como nunca antes en su vida. Sabia que una mujer con el sentido de la dignidad que tenia Trilby nunca perdonara lo que le haba hecho esa 
noche. Tampoco el podra perdonarse nunca.
   Lo que complicaba todo era que el la amaba muchsimo, pens con gran afliccin. La quera tanto que el corazon le dola al verla. Y sabia que su amor no tenia 
esperanzas. Ella amaba a Bates. Nunca seria feliz con el porque Bates haba reconocido finalmente que la quera y la necesitaba. Eso destruira su matrimonio.
   Lo mas honrado que poda hacer para enmendar su inaceptable comportamiento era permitir que se marchara y se reuniera con el hombre a quien amaba. Finalmente 
se decidi con amarga resignacin.
   Se sent ante el escritorio que se hallaba junto a la ventana del dormitorio, cogi un papel y garabateo unas pocas palabras sobre la pagina en blanco. Luego 
las ley,
firmo y, tras una ultima mirada a Trilby, sali de la habitacin.
   Optaba por la retirada como un cobarde, pues no tenia otra alternativa. El desdn y la aversin que sin duda traslucira el rostro de su esposa destruiran lo 
que le quedaba de hombra. Simplemente, no poda enfrentarse a ella despus de su conducta esa noche...
   -Buenos das, seor-saludo Jorge-. Se ha levantado mucho mas temprano de lo habitual. -Frunci el entrecejo al ver la maleta que Thorn llevaba en la mano mientras 
se encaminaba hacia el coche-. Seor, va a alguna parte?
   -Si. A Tucson. Debo inspeccionar unas reses que vi el mes pasado.
   -Ah, esas. Tenia entendido que haba decidido no comprarlas...
   Thorn lanzo una mirada colrica a Jorge, con los ojos inyectados en sangre.
   -Y acabo de decidir lo contrario... -dijo, tajante-. Vamos, me acompaaras a la estacin para traer luego el coche al rancho.
   -Si, seor. Jorge sonri de un modo conciliatorio. Conoca demasiado bien el genio de su patrn para arriesgarse a provocarlo.
   -Cuida de la seora Vance mientras permanezca aqui. Ya le he dicho que puede dejar a Samantha con sus padres si... silo necesita, por cualquier razn.
Jorge arrugo la frente, extraado.
-Si, seor.
-Regresare dentro de unos das.
    Hizo arrancar el motor, coloco la maleta en la parte trasera y espero a que Jorge se sentase a su lado antes de partir. No miro hacia atrs; estaba seguro de 
que silo hacia no tendra fuerzas para marcharse.
     Trilby cogi la nota con manos trmulas y la ley, conteniendo el aliento.
     Te ruego me perdones por lo sucedido anoche -haba escrito Thorn-, aun cuando lo que hice sea imperdonable. Para resarcirte de ello te concedo la libertad. 
Puedes llevar a Samantha al rancho de tus padres; ellos la cuidaran muy bien. He dejado algo de dinero en tu tocador para que compres un billete de tren para Luisiana. 
Ser mejor que nos divorciemos. Di a tu abogado que me envi la factura. Lamento profundamente el dolor que te he causado. Se que sers mas feliz con Bates de lo 
que lo has sido conmigo.>>
   La nota estaba firmada con su rubrica caracterstica, y resultaba muy revelador el lugar en que la haba dejado.
   Aturdida, Trilby se sent en la misma silla que el debi ocupar mientras escriba la nota. Dejaba que se marchara, la echaba. Supona que ella amaba a Richard, 
que quera partir.
   Se cubri el rostro con las manos y rompi a llorar. Por que haba sido tan necia y no le haba dicho la verdad? Lo amaba con todo su corazon. Haba permanecido 
con Thorn porque el era todo su mundo, y las noches que haba pasado en sus brazos casi haba rozado el cielo. Adems el da anterior ella se haba visto obligada 
a salir para vomitar en tres ocasiones durante el desayuno. Era casi seguro que estaba embarazada, probablemente de varias semanas. As lo confirmaban los ligeros 
mareos, la falta de apetito, el cansancio... Se haba sentido tan feliz, tan radiante... Se dispona a anuncirselo a Thorn cuando la llegada de su padre montado 
a caballo se lo impidi.
   Los dos hombres se hablan alejado del rancho para inspeccionar el ganado. Trilby no se haba inquietado, porque se lo comunicara a Thorn cuando regresase a casa. 
Estaba segura de que el recibira alborozado la noticia. Thorn hablaba mucho menos de Sally esos das y la trataba con ternura y consideracin tanto en la cama como 
fuera de ella. Trilby haba comenzado a abrigar la esperanza de que...
  -Por que? Por que de repente Richard haba decidido amarla? Y precisamente cuando ella haba comprendido que no senta nada por el, que amaba a su marido y llevaba 
en sus entraas un hijo suyo. Era tan injusto!
   Se levanto y se visti. Solo pensar en un largo viaje en tren a Luisiana le resultaba desagradable, pero la nota de Thorn dejaba bien claro que esperaba que ella 
se marchase, que quera que lo hiciese. El se haba ausentado para facilitar la ruptura.
   Sabia que poda quedarse a pesar de la carta, negarse a partir.  Que sucedera en tal caso? La ultima noche el le haba dicho que solo senta por ella deseo, 
no amor. Thorn lamentaba la pasin a que se haba entregado la noche anterior y se mostraba mas que dispuesto a concederle el divorcio para permitir que se uniera 
a Richard. Si el la amase, sin duda habra pugnado por retenerla, porque no era propio de Thorn retirarse de una pelea, renunciar a algo que quera sin luchar.
    Fue ese ultimo pensamiento lo que la decidi a marcharse. Estaba convencida de que esa era la voluntad de su esposo. La ceda a otro hombre, como si se tratara 
de un revolver que estaba harto de usar.
   Echo a llorar desconsoladamente. Bueno, al menos llevaba en sus entraas al hijo de Thorn, lo que la reconfortaba un poco. No se lo comunicara a el. El rostro 
se le contrajo en una mueca de dolor. Se ira, tendra su hijo y el nunca lo sabra. Pens que de hecho si se enterara, porque con toda seguridad sus padres le 
informaran.
     Por otro lado tampoco poda casarse con Richard, pues no lo amaba.
Resignada, se dispuso a preparar las maletas. Ya tendra tiempo de preocuparse cuando regresase a Luisiana.
Dejara a Samantha en casa de sus padres con el pretexto de ir de compras y luego les telefoneara desde la estacin de ferrocarril para anunciarles su partida. 
De ese modo, evitaba el riesgo de que intentasen disuadirla. Le resultaba imposible seguir junto a Thorn sabiendo que el solo senta por ella deseo y tal vez piedad. 
Sin embargo, dudaba de que pudiera vivir sin el, pues Thorn se haba convertido en el centro de su vida.
    Era jueves, 13 de abril, pero a ella le pareca un martes. Ordeno a Jorge, mas perplejo que nunca al ver que la seora sala poco despus de que lo hiciese el 
seor Vance, que la llevara en coche a la ciudad. Silencio que se diriga a la estacin; solo le dijo que iba de compras y que Samantha permanecera en casa de sus 
padres durante su ausencia.
    -Me gusta Teddy -dijo Samantha con alegra cuando el automvil se detuvo delante del rancho de los Lang-. Se porta muy bien conmigo.
    -Es un buen chico -replico Trilby. Beso a la nia en la mejilla y le lanzo una mirada triste-. Y tu eres una buena chica. Te quiero, Samantha.
    -Yo tambin a ti, Trilby -dijo la pequea, arrugando la frente-. Estas plida. Te encuentras bien?
   -Claro. -Forz una sonrisa-. Se buena con el abuelo y la abuela. No tardare mucho en volver.
   Samantha y Trilby se apearon del vehculo y entraron en la casa.
   -Gracias por cuidar de Samantha -dijo Trilby a su madre.
   -Ya sabes que la nia no supone ningn problema. Y Teddy la adora. Mira.
   Teddy ya estaba enseando a Samantha a jugar a las canicas, con voz excitada y amable. Samantha rea ante el modo en que el muchacho bizqueaba y sacaba la lengua 
al lanzar una canica contra las dems.
   -Me alegra que se lleven tan bien.
Mary frunci el entrecejo.
  -Tienes mal aspecto -dijo-. No sera mejor que te sentaras un rato?
    -Estoy bien. Voy a comprar a unas telas para confeccionar unos vestidos de verano. Quieres que traiga alguna para ti? -aadi para cubrir su retirada.
    -No, querida. Ir yo misma y elegir. Gracias de todas formas. Deberas ponerte un sombrero -agrego Mary.
     -Esta en el coche -repuso Trilby-. No tardare mucho. Regresare al atardecer.
  -Bueno, bueno. Conduce con cuidado, Jorge.
  -Si, seora.
    El mejicano sonri, llevndose el sombrero al corazon cuando abri la portezuela del coche para que subiese Trilby. Por fortuna las maletas se hallaban en el 
suelo del automvil, donde Mary no poda verlas. En cambio Jorge s las haba visto y por ese motivo su rostro no poda dejar de expresar preocupacin. Presenta 
que algo muy serio se avecinaba.
   Trilby no quera que Jorge la llevase hasta la estacin, pero en Douglas los tranvas no llegaban hasta all. No tenia otra opcin. Teniendo en cuenta el calor 
y su estado, no le convena caminar. A Trilby le extrao ver a tanta gente en la ciudad, adems de numerosos soldados. Si hubiese estado menos angustiada, la habra 
inquietado tanto movimiento, que presagiaba dificultades.
   Como haba esperado, cuando pidi a Jorge que la condujese a la estacin de ferrocarril este se alarmo. El hombre no hablo hasta que ella estuvo parada en el 
anden, con el equipaje a su lado, esperando al porteador.
   -Seora, no debe marcharse -rog-. El seor Vance se sentir muy desdichado.
   -No lo creo -dijo ella, erguida-. El mismo me dijo que me fuese -aadi con un hilo de voz.
   -El la adora-objeto el-. Seora, habla de usted como si fuese la luna de todas sus noches, con mucha ternura cario. Si el la echo, sera porque estaba de mal 
humor pero enseguida se arrepentir. No debe partir!        
-Debo hacerlo, Jorge; comprenders...
   Ninguno de los dos se haba percatado de la sbita proliferacin de uniformes de color caqui y la congregacin de numerosos corros de ciudadanos en las calles. 
Por esa razn el repentino sonido de disparos y los gritos los dejaron paralizados.
    -Pnganse a cubierto! -aconsejo un soldado-. Ha comenzado!
    Trilby quera preguntar que haba comenzado, pero Jorge la llevo a la sala de espera de la estacin y cerro la puerta. Apenas acababa de hacerlo, cuando el vidrio 
de la puerta se hizo aicos. Jorge se llevo la mano al pecho y se desplomo. Quedo tendido de espaldas, con los ojos abiertos de espanto, mientras la sangre empezaba 
a manar de su hombro herido.
-Jorge! -exclamo Trilby.
   Se dispuso a avanzar hacia el, pero antes de que pudiese dar un paso una partida de mejicanos armados irrumpi en la sala de espera y rodeo a los aterrorizados 
pasajeros.
    Trilby oy una retahla de palabras en espaol. Uno de los mejicanos la cogi por el brazo. Otros dos pasajeros, de edad avanzada, tambin fueron apartados del 
grupo.
    -Vengan con nosotros y no les ocurrir nada -dijo uno de los hombres en un ingles con marcado acento hispano-. Rapidamente!
    Trilby, presa del pnico, fue sacada de la sala junto con los ancianos y conducida a un coche lleno de rifles Mauser y municin. Segundos mas tarde, se dirigan 
a toda velocidad hacia la frontera mejicana. Se dio cuenta do que los hombres, probablemente maderistas, trataban de huir de una unidad del ejercito de Estados Unidos 
que los persegua; los oficiales viajaban en un gran automvil flanqueado por la caballera, que vesta el caracterstico uniforme de color caqui.
   Misericordiosamente, el estado de Trilby le evito presenciar la lluvia de disparos y el alboroto que acompao al coche hasta la frontera, porque se desmayo.
Cuando recobro el sentido, se hallaban en Mxico. El tiroteo era intenso en Agua Prieta, donde los federales y las tropas gubernamentales disparaban contra el ejercito 
del coronel De Luz Blanco, cuyos hombres recorran las calles montados a caballo o en automviles, en tanto que otros se arracimaban en el tren que portaba la primera 
oleada de rebeldes desde Nacozari y ahora se sentaban impasibles sobre las vas frreas.
  Cuando descendieron del coche, atron un caonazo, y Trilby vio un horrible espejismo de polvo y sangre y a continuacin oy gritos de dolor y espanto.
   Trilby se senta descompuesta. Luchaba contra las nauseas desde el momento en que la subieron al tren e instalaron en un asiento del cual no poda levantarse. 
Acurrucada, con la cabeza apoyada en el gastado tapizado del brazo del asiento, tragaba saliva una y otra vez en un intento por contener las arcadas.
   -Seora, lo siento en el alma -se disculpo un mejicano alto, de cabello blanco, detenindose junto a ella, preocupado-. Los hombres que la han trado aqui son 
solo simpatizantes; no forman parte de mis tropas. La tomaron prisionera para huir de los soldados de su gobierno y suministrarnos armas. Sin embargo, no es propio 
de un hombre escudarse en una mujer. Lamento profundamente el incidente. Me dice su nombre, por favor?
   No sabia si deba responder, pero se senta demasiado dbil para pensar.
-Trilby Vance. Soy la esposa de Thorn Vance. me encuentro muy mal.
     Se desplomo en el asiento cuando el mareo la venci. -Dios! -murmuro el oficial de cabello cano. La observo con curiosidad-. Seora Vance, se siente mal? 
-Estoy... estoy embarazada -susurro ella, espantada. La expresin del hombre cambio. Se quito el sombrero.
     -Ay de mi! -exclamo-. Juan! Aqui, pronto!
Un hombre mas bajo llego corriendo.
-Si, mi general.
    El oficial hablo en un espaol que Trilby no comprendi, embotada por las nauseas y el miedo. Enseguida el oficial la hablo con respeto:
    -He ordenado a este hombre que la proteja con su propia vida, seora -dijo el general con fervor-. No tema nada. No sufrir ningn dao. Esta a salvo a bordo 
de este tren; le doy mi palabra.
Trilby trato de fijar la vista en el rostro del hombre.
-Gracias, seor-logro decir, en medio de su debilidad.
-Qudate con ella, Juan!
-Si, mi general.
Juan daba vueltas al sombrero en sus manos.
-Seora, puedo traerle algo? Un poco de agua?
-Si, por favor.
    No haba terminado de decirlo, cuando el soldado se apresuro a buscar una cantimplora. A Trilby no le import cuantos hombres hubiesen bebido del recipiente; 
solo pens que el agua la refrescara. De todas formas, apenas bebi, temerosa de empeorar aun mas el estado de su estomago. Verti unas gotas en un pauelo de encaje 
y se lo llevo a la boca antes de devolver la cantimplora. La vida en el desierto le haba enseado a apreciar el valor del agua.
   - Que sucede? -pregunto Trilby, alzando la voz por encima del estruendo de los disparos.
   Al mirar por la ventanilla distingui las manchas beiges, marrones y azules de las ropas de los combatientes, lo nico visible entre el humo de los fusiles y 
el polvo que levantaban los automviles y los caballos.
   -Estamos tomando Agua Prieta -dijo Juan, con orgullo-. Expulsaremos a los federales y proclamaremos esta ciudad nuestra. Red Lpez, un campesino que simpatiza 
con nuestra causa, encabeza la carga.
-Hay muchas tropas federales...
      -Y muchos efectivos nuestros, seora -interrumpi -. Al final estaremos en condiciones de exigir lo que debera haber sido nuestro desde el comienzo. Estos 
cerdos ya no volvern a arrebatarnos nuestra tierra y nuestras casas ni a esclavizarnos en nuestro propio pas. Ahora sern ellos quienes saldrn corriendo. Pero 
por mucho que corran, los atraparemos.
   Trilby observo a los hombres que la rodeaban y comprendi por que luchaban. Esos hombres no eran soldados, sino granjeros y arrieros que haban aprendido a pelear 
porque estaban hartos de que los extranjeros se enriqueciesen explotando sus minas y sus campos, esclavizando a los nativos. Sus familias moran de hambre, y Vivian 
en casas miserables que ni siquiera les pertenecan. Como los siervos de la antigua Inglaterra, eran propiedad de los terratenientes, junto con la tierra que trabajaban; 
todo para que al final el dinero fuese a parar a los bolsillos de los forneos.
   -Creo que deben ganar esta lucha -dijo Trilby, mirando a Juan.
-La ganaremos, seora. Estoy seguro...
-Trilby!
   La voz le result familiar. La muchacha volvi la cabeza para encontrar a Naki, que se haba quedado atnito al verla sentada en el tren que sus hombres haban 
asaltado.
-No es increble? -pregunto ella dbilmente. -Trilby Vance. Soy la esposa de Thorn Vance. me encuentro muy mal.
     Se desplomo en el asiento cuando el mareo la venci. -Dios! -murmuro el oficial de cabello cano. La observo con curiosidad-. Seora Vance, se siente mal? 
-Estoy... estoy embarazada -susurro ella, espantada. La expresin del hombre cambio. Se quito el sombrero.
     -Ay de mi! -exclamo-. Juan! Aqui, pronto!
Un hombre mas bajo llego corriendo.
-Si, mi general.
    El oficial hablo en un espaol que Trilby no comprendi, embotada por las nauseas y el miedo. Enseguida el oficial la hablo con respeto:
    -He ordenado a este hombre que la proteja con su propia vida, seora -dijo el general con fervor-. No tema nada. No sufrir ningn dao. Esta a salvo a bordo 
de este tren; le doy mi palabra.
Trilby trato de fijar la vista en el rostro del hombre.
-Gracias, seor-logro decir, en medio de su debilidad.
-Qudate con ella, Juan!
-Si, mi general.
Juan daba vueltas al sombrero en sus manos.
-Seora, puedo traerle algo? Un poco de agua?
-Si, por favor.
    No haba terminado de decirlo, cuando el soldado se apresuro a buscar una cantimplora. A Trilby no le import cuantos hombres hubiesen bebido del recipiente; 
solo pens que el agua la refrescara. De todas formas, apenas bebi, temerosa de empeorar aun mas el estado de su estomago. Verti unas gotas en un pauelo de encaje 
y se lo llevo a la boca antes de devolver la cantimplora. La vida en el desierto le haba enseado a apreciar el valor del agua.
   - Que sucede? -pregunto Trilby, alzando la voz por encima del estruendo de los disparos.
   Al mirar por la ventanilla distingui las manchas beiges, marrones y azules de las ropas de los combatientes, lo nico visible entre el humo de los fusiles y 
el polvo que levantaban los automviles y los caballos.
   -Estamos tomando Agua Prieta -dijo Juan, con orgullo-. Expulsaremos a los federales y proclamaremos esta ciudad nuestra. Red Lpez, un campesino que simpatiza 
con nuestra causa, encabeza la carga.
-Hay muchas tropas federales...
      -Y muchos efectivos nuestros, seora -interrumpi -. Al final estaremos en condiciones de exigir lo que debera haber sido nuestro desde el comienzo. Estos 
cerdos ya no volvern a arrebatarnos nuestra tierra y nuestras casas ni a esclavizarnos en nuestro propio pas. Ahora sern ellos quienes saldrn corriendo. Pero 
por mucho que corran, los atraparemos.
   Trilby observo a los hombres que la rodeaban y comprendi por que luchaban. Esos hombres no eran soldados, sino granjeros y arrieros que haban aprendido a pelear 
porque estaban hartos de que los extranjeros se enriqueciesen explotando sus minas y sus campos, esclavizando a los nativos. Sus familias moran de hambre, y Vivian 
en casas miserables que ni siquiera les pertenecan. Como los siervos de la antigua Inglaterra, eran propiedad de los terratenientes, junto con la tierra que trabajaban; 
todo para que al final el dinero fuese a parar a los bolsillos de los forneos.
   -Creo que deben ganar esta lucha -dijo Trilby, mirando a Juan.
-La ganaremos, seora. Estoy seguro...
-Trilby!
   La voz le result familiar. La muchacha volvi la cabeza para encontrar a Naki, que se haba quedado atnito al verla sentada en el tren que sus hombres haban 
asaltado.
   -No es increble? -pregunto ella dbilmente.
    El apache, vestido como el resto de los soldados mejicanos, se arrodillo a su lado.
-Estas bien? No has sufrido ningn dao?
    -No, gracias a Dios -murmuro ella, sonriendo-. Un oficial muy amable ordeno a Juan que me defendiese con su vida. Me capturaron en Douglas cuando esperaba el 
tren.
    -Donde esta Thorn? -pregunto Naki, mirando alrededor.
El rostro de Trilby se demudo:
-Esta en Tucson -respondi-, comprando ganado. -Y que haces tu aqui?
-Me ha echado de casa. Regreso a Luisiana para divorciarme de el.
-Divorciarte de el?
    -Ah, usted no puede hacer eso, seora -dijo Juan, cabeceando. Luego, mirando a Naki, aadi con tono confidencial-: La seora est embarazada.
-Que estas que? -exclamo Naki, con ojos desorbitados.
   -Piensa decirlo a todo el mundo? -pregunto Trilby, lanzando una mirada severa a Juan con el rostro encendido de rabia.
   -Lo siento, seora, pero usted no debe abandonar al seor Vance -continuo Juan, con tono desenfadado-. Un hombre debe tener a su hijo, no es verdad, seor? -pregunto 
a Naki.
   El apache estaba recuperndose del impacto. Estudio a Trilby durante un largo rato.
-Juan tiene razn.
   -Tu y Juan podis iros al infierno -dijo ella, con dureza-. No tienes ningn derecho a entrometerte en mi vida, Naki. Thorn me pidi que me fuese y me voy!
-Por que te pidi que te fueses...? Cuidado!
   Naki la tendi sobre el asiento cuando una bala atraves la ventana abierta y se incrusto en la pared opuesta
   -Realmente este no es el lugar mas indicado para discutir sobre el asunto -protesto Trilby.
   -Estoy de acuerdo. -Naki desenfundo su revolver-. Juan, cuidado, Si.
Si!
   -Qudate agachada -ordeno Naki a la muchacha-. Volver en cuanto pueda.
-Quien va ganando?
   -Quien puede asegurarlo? -Sonri con tristeza-. Aparentemente, nosotros.
   Se produjo una nueva detonacin y se oyeron gritos mientras los hombres se reorganizaban. Trilby, incapaz de comprender lo que suceda, advirti que muchos integrantes 
de las tropas de Blanco eran extranjeros. La revolucin haba atrado ayuda externa de personas que simpatizaban con Madero y sus hombres. Desde que comenzara su 
breve cautiverio, haba distinguido a un alemn, un ex legionario francs y un ranger de Texas combatiendo junto a los peones mejicanos. La excitacin resultaba 
contagiosa. La quisquillosa seorita Lang, que antao haba aborrecido ambientes como ese, habitados por hombres tan salvajes, se senta realmente animada en el 
fragor de la batalla.
   De pronto, al observar como suban al tren hombres heridos, record que el pobre Juan haba sido alcanzado por una bala en el intercambio de disparos que se produjo 
en Douglas y se angustio pensando en su estado. No sabia nada de heridas e ignoraba si la de Juan era grave. Solo poda rezar para que estuviese a salvo y se recuperase. 
En ese momento, su propio bienestar y el de su hijo representaban su mayor preocupacin, aunque se senta a salvo bajo la proteccin de Juan y Naki. Adems, por 
fortuna, el tren pareca a prueba de balas, al menos en parte.
El tiroteo se haba intensificado y se oa mas cerca. Trilby se llevo una mano al vientre. Se senta sola, a pesar de la presencia de Juan y Naki. Thorn se hallaba 
en, Tucson. Cuando el tiroteo se hizo mas violento, Trilby comenz a preocuparse. Si una bala perdida la mataba -y, para su horror, una ya haba atravesado la pared 
del vagn y herido a un soldado que se encontraba cerca-, Thorn tardara das en enterarse. Pens entonces que quiz no volvera a verlo y sus ojos se inundaron 
de lagrimas. Por que no le haba dicho que se guardase su ultimtum y mandado al infierno? Debera estar en la cocina, preparando galletas para Samantha. Entonces 
record que la pequea se hallaba en casa de sus padres. Y nadie conoca el paradero de Trilby!
   




                                         20


   Haba anochecido y en el rancho de los Lang estaban preocupados porque Trilby todava no haba regresado. Samantha preguntaba una y otra vez donde se encontraba 
su madrastra.
   -Efectuare unas llamadas telefnicas -dijo Jack.
     Primero telefoneo a Los Santos, y le atendi la mujer del capataz, quien dijo que no saba nada ni de Trilby ni de Thorn. Jack titubeo solo un minuto antes 
de ponerse en contacto con un amigo que se alojaba en el hotel Gadsten de Douglas.
   Volvi al saln lvido. Sin decir palabra, se cio la pistolera y cogi el sombrero.
   -Que ocurre? -pregunto Mary, mirando de soslayo hacia la cocina, donde Samantha estaba preparando bizcochos.
   -Esta tarde dos oficiales mejicanos y Red Lpez encabezaron una tropa de unos doscientos insurrectos para atacar la guarnicin federal de Agua Prieta -murmuro 
Jack-. Se produjo un tiroteo en Douglas, varias personas resultaron heridas... y algunas perdieron la vida.
El rostro de Mary palideci.
   -Jack! Trilby tenia previsto it a la tienda de tejidos! -exclamo Mary.
   -De veras? Y no te  extra que dejara a Samantha con nosotros si pensaba comprar tela para confeccionar vestidos a la nia?
-Si, pero...
    Jorge tiene que saber donde se encuentra Thorn, pero acompa a Trilby a la ciudad y todava no ha regresado al rancho. Telefonee y el capataz me dijo que el 
seor Vance haba ido a Tucson, una ciudad grande.
-Oh, querido -dijo Mary, inquieta.
-Tranquilzate -aconsejo el.
   -Papa-llamo Teddy, entrando en el saln-Trilby no ha regresado aun?
   -Todava no -respondi Jack, que se obligo a sonrer y a actuar con normalidad. Dio una palmadita en el hombro del muchacho-. No te preocupes. Ir a la ciudad. 
Trilby y Jorge deben de haber tenido algn problema con el automvil.
    Ninguno de los adultos lo crea, pero Teddy, inocente, acepto la explicacin. Sonri y volvi a la cocina para hablar con Samantha mientras ella se afanaba con 
los bizcochos.
La situacin en la ciudad era peor de lo que Jack haba sospechado. Cuando llego a Douglas encontr a la mitad de sus habitantes subidos a los tejados de las casas, 
mirando hacia la frontera con binoculares. Haba soldados por doquier, adems de reporteros, ambulancias y mucha polvareda. Los heridos eran conducidos en vagones 
de carga y automviles a hospitales y clnicas improvisadas. Mujeres mejicanas y estadounidenses atendan a los heridos de ambos bandos. Segn informaron a Jack, 
el tiroteo haba durado tres horas. Se esperaban mas combates.
-Que ha sucedido? -pregunto Jack a un transente.
   -Hoy se ha vivido un infierno en Agua Prieta -respondi el hombre-. La lucha aun no ha finalizado. Se rumorea que los maderistas, que estaban escondidos al otro 
lado de la frontera, han aplastado a los federales. Al parecer se llevaron a algunas personas que viajaban en el tren de Nacozari, entre ellas una compatriota que 
fue tomada como rehn por algunos hombres de la junta local cuando se dirigan a ayudar a Lpez. 1Lo cierto es que esto resulta muy emocionante!
Jack no pensaba lo mismo.
-Sabe quien era la mujer norteamericana?
   -Creo que se trataba de alguien que se encontraba en el anden de la estacin de ferrocarril; una mujer joven. El seor Heard dijo que acababa de comprar un billete 
para el Este.
   -Oh, Dios mo -exclamo Jack, apoyndose contra un poste.
    Cuando logro serenarse, busco al comandante del ejercito.
   -Mi hija ha sido secuestrada por los rebeldes -dijo al primer oficial que encontr-. Deben hacer algo!
   -Le aseguro que estamos tratando de negociar, pero se han interrumpido las comunicaciones y el tiroteo no cesa -informo el lugarteniente interpelado-. El pequeo 
contingente federal fue cogido por sorpresa. Dos capitanes y veintinueve de sus hombres dinamitaron la salida de la guarnicin para impedir la entrada de los insurrectos 
y se precipitaron hacia la frontera para entregarse a nosotros. Pero quedaron varios, y estamos intentando llegar hasta ellos. Los rebeldes utilizan un canon. Reina 
una tremenda confusin, seor.
   Mientras hablaban, apareci un capitn que envi al otro oficial a buscar un trapo que sirviera de bandera de tregua. Pareca tan enfrascado en su tarea que Jack 
ni siquiera se acerco a el para pedirle ayuda. Un minuto mas tarde, el militar monto a caballo y, acompaado por un civil, se dirigi a la frontera.
       -Nuestro capitn ya ha tenido que disparar contra algunos civiles para impedir que se uniesen a los rebeldes -explico el lugarteniente-. Le aconsejo encarecidamente 
que se ponga a cubierto y se mantenga alejado de las calles. En este momento los disparos llueven al otro lado de la frontera.
-Pero, mi hija... -dijo Jack con voz ronca.
   -Si esta en manos de los insurrectos, no tiene que preocuparse demasiado -dijo el hombre-. Esa gente respeta mucho a las mujeres. No le causaran dao. En cuanto 
hayamos expulsado a los federales, tal vez podamos negociar y recuperar a los rehenes.
   Jack conoca la consideracin que los hombres mejicanos guardaban a la mayora de las mujeres, pero Trilby era una estadounidense, y ellos tenan motivos para 
aborrecer a los extranjeros. Adems, si lograban hacer retroceder a los federales y lo celebraban con mezcal, no quera ni pensar en lo que podra suceder. No poda 
sentirse tranquilo. Se maldijo por haberse establecido en Arizona y haber puesto en peligro la vida de su hija.
   Haba algo que no comprenda por que Trilby haba decidido tomar un tren para regresar al Este? Con toda seguridad, su resolucin estaba relacionada con esa 
condenada carta de Bates de que Thorn le haba hablado. Que pensara este cuando se enterase? Se prometi que si consegua que Trilby volviese sana y salva, el 
mismo comprara un billete para Luisiana con el propsito de matar a Richard Bates.
   Horrorizado ante el sbito giro de los acontecimientos, se alejo de la calle.
Thorn paso la noche en Tucson bebiendo solo en el saln del hotel y culpndose por lo que haba hecho a Trilby. Al da siguiente, sin nimos para negociar nada, 
permaneci sentado, cavilando, preguntndose como habra recibido Trilby su nota y si ya se habra marcha
do. Cuando el regresase encontrara a Samantha con los Lang, y la nia estara preocupada. Esa era la excusa que necesitaba para interrumpir su breve viaje y volver 
a casa.
   Nadie le esperaba cuando bajo del tren en la pequea estac16n de Blackwater Springs. Pidi a un hombre que conduca un coche que le llevase a casa. La noticias 
que este le comunico le impulsaron a montar de inmediato su caballo para dirigirse directamente hasta el rancho de los Lang, adonde haba aconsejado a Trilby que 
acudiese en caso de que surgieran dificultades. Esperaba que su esposa no hubiera partido todava, y no poda permitir que se marcharse dada la violencia que se 
haba desatado en Douglas. Tal vez no era demasiado tarde; quiz exista alguna probabilidad de retenerla.
   Cuando llego al rancho de los Lang, encontr a Mary sentada en el porche con los ojos enrojecidos. Su corazon estuvo a punto de dejar de latir. Adivino que haba 
sucedido algo terrible.
   Se apeo del caballo y, con el sombrero en la mano, subi los escalones de dos en dos.
   -Thorn! -exclamo Mary, levantndose de la silla-. Oh, Thorn, que recibimiento mas triste para ti!
-Trilby -dijo el al instante-. Se ha ido...?
   -Jack telefoneo. Cree que fue secuestrada por algunos simpatizantes de los rebeldes y conducida a Agua Prieta, al otro lado de la frontera -explico Mary precipitadamente, 
observando que el espanto ensombreca los ojos del hombre-. No podemos conseguir que la liberen y ni siquiera sabemos si se encuentra bien. Jorge resulto herido 
e ignoramos si sobrevivir. Esta en el hospital Calumet.
-Oh, Dios mo -dijo Thorn, apesadumbrado.
   El corazon le lata con fuerza. Trilby en manos de los rebeldes! Solo Dios sabia que poda ocurrirle.
      -Jack se encuentra en Douglas ahora, tratando de obtener informacin del ejercito -explico Mary-. Thorn, espera; Samantha esta aqui...
   -Cuida de ella, por favor -susurro, avanzando a grandes zancadas hasta su caballo, con el rostro contrado en un rictus de dolor-. Volver en cuanto pueda.
   -No te preocupes, Thorn, cuidare de ella -dijo Mary con voz cansada-. Ve con cuidado. Y si averiguas algo, lo que sea...
-Me mantendr en contacto.
   Parti a toda prisa, sumido en una gran confusin, lleno de temores. Ignoraba que encontrara en Douglas y como conseguira que Trilby regresase; solo sabia que 
deba actuar. Sus ojos, con la mirada fija en el horizonte, eran tan negros como el pnico que se haba instalado en su corazon.
Lisa Morris haba salido al porche para observar como el resto de las tropas del capitn Powell avanzaba precipitadamente hacia Douglas desde Fuerte Huachuca. La 
formidable columna motorizada deba atravesar la pequea ciudad en que viva con la seora Moye. Powell decidi detenerse para hablar con Lisa.
   El capitn subi al porche donde la mujer se hallaba sola, a la sombra del amplio alero.
-Debes irte? -pregunto ella.
   Sus dulces ojos traslucan preocupacin, al tiempo que se ruborizaba al recordar la intimidad que ambos haban compartido.
   -Por supuesto -respondi con voz tierna-. Estn atacando Agua Prieta y nos han ordenado partir hacia Douglas como columna de relevo, junto con otros efectivos. 
La situacin podra ser muy peligrosa. Y en toda guerra se hace necesaria la presencia de un medico.
-Tengo miedo por ti, Todd!
   Powell se senta turbado en compaa de Lisa. En ese momento la deseaba con locura, pero deban mantener la compostura. La miro a los ojos y apret los dientes 
para controlarse. Pronto, muy pronto, podran estar untos. Mientras tanto, ceder a la pasin que lo encenda solo servira para mancillar la reputacin de su amada. 
-Actuare con cautela. -Contemplo el delicado rostro de la mujer con serena angustia y vio su propio deseo reflejado en ellos. Tendi la mano y le rozo la mejilla-. 
Soy un zorro viejo y resistente. No me dejare matar ahora, cuando tengo tantas razones para vivir.
   Lisa lo mir, trmula. Haba sufrido pesadillas en que de una forma u otra lo perda. Su cuerpo ansi el solaz del hombre, su proximidad.
   El capitn contuvo el aliento ante la mirada que ella le diriga. Las convenciones sociales y el recato estaban a punto de ser rebasados por sus instintos.
   -Por Dios, Lisa, cuando me miras de ese modo... -susurro, abrazndola.
   La beso con vehemencia y desesperacin serena. Ella le devolvi el beso, vencida por el deseo que la haba atormentado desde que intimaran. Se senta exultante, 
presa en la fuerte presin de sus brazos, saboreando sus labios. El beso la encenda, la hacia vibrar y ansiar el contacto de la piel del hombre contra la suya. 
Pens que el estado en que se encontraba rayaba en la locura, pero le daba igual. En esos momentos solo le importaba saciarse de la boca de Todd Powell y disfrutarla 
tanto como pudiese antes de que se marchara.
   Cuando alzo la cabeza, el estaba ruborizado y un poco aturdido.
   -Estas tan atolondrada como yo -dijo el con voz ronca, sostenindola con dulzura hasta que ella recupero el equilibrio.
Lisa no poda sonrer. Lo miraba con adoracin.
   -Estoy mareada -musito ella, extasiada tras el tierno deleite.
   -Y yo -replico el-. De nada sirven mis esfuerzos por contenerme. Por mucho que lo intento, no consigo dejar de desearte como te deseo.
   Ella ley en los ojos del hombre cosas que probablemente e1 nunca dira. Percibi un deseo desesperado, soledad, respeto, ansia y, sobre todo, un amor que  sacrificara 
su propia felicidad por el bien de ella.
   -Yo tambin te deseo -dijo Lisa con sinceridad-. Te amo tanto, Todd... Con todo mi corazon!
   Los ojos del doctor centellearon. Pareca que le costaba respirar, y su rostro se tenso.
   -Quiero que te cases conmigo. Pero yo soy... mucho mas viejo que tu. Soy viudo y en el pasado he sido tristemente famoso por beber en exceso.
-Nada de eso importa.
   El suspiro. Cogi una mano de la mujer entre las suyas y la apret con fuerza.
   -Dejare la bebida para siempre. Har cuanto me pidas.
Lisa sonri con gran ternura.
-Lo se.
El se irgui.
-No soy un hombre rico y me temo que no obtendr ningn ascenso mas.
-Tampoco eso importa.
Todd se llevo a la boca la palma de la mano de la mujer y la beso con ansia trmula.
-Te amo -balbuceo-; mas que a mi vida, mas que al honor.
   La mujer le acaricio la mejilla, hondamente conmovida tanto por el hecho de que el hombre manifestaba abiertamente sus sentimientos como por la emocin que trasluca 
su rostro, por lo general sereno.
-Cuando nos casaremos? -pregunto el.
   -Cuando lo desees. Creo que mayo es un mes muy adecuado para celebrar una boda -aadi ella.
   -En mayo -acord el. Se aparto con renuencia y sonri-. Entonces, en mayo.
   -Evitaras correr riesgos innecesarios, Todd? -pregunto la mujer, preocupada.
-Si -afirmo el.
   La mirada de Powell recorri una vez mas el rostro de Lisa. Luego se volvi y bajo los escalones del porche con una agilidad propia de un hombre mucho mas joven. 
Rea cuando entro en el coche y la saludo con la mano. Lisa observo la columna hasta que se convirti en una nube de polvo en la distancia.


Thorn cabalgo hacia Douglas en busca de Jack Lang. Cuando por fin lo encontr, estaba suplicando a un oficial que lo autorizase a entrar en Agua Prieta con las tropas 
federales.
   -No puedo permitirlo -gruo el joven oficial, nervioso-. Seor Lang, usted me pide algo imposible. Ningn salvoconducto con mi firma satisfara a los insurrectos, 
que se han desplegado a lo largo de las vas del ferrocarril hasta la aduana de Estados Unidos y disparan contra todo lo que se mueve. Tienen retenidos, no sabemos 
donde, a varios estadounidenses que viajaban en el tren de Nacozari. Los federales se han rendido, y casi puedo asegurarle que, en cuanto la ciudad este por completo 
en manos de los revolucionarios, los rehenes sern liberados. Es probable que su hija se cuente entre los secuestrados y que se halle a salvo.
   -Vamos, Jack -dijo Thorn-. Sin despedirse del oficial, condujo a su suegro a la calle-. No es as como debemos actuar.
   Se encaminaron hacia la parte mejicana de la ciudad, a travs de una multitud de vehculos, tropas y mirones.
-Que piensas hacer? -pregunto Jack.
    -Buscar ayuda. Nunca lograremos atravesar la frontera para llegar a Agua Prieta con las tropas de Estados Unidos all.
    -Lo se -dijo Jack, apesadumbrado-. Ya han disparado a un hombre para impedir que la cruzase. Que haremos silos rebeldes la retienen para exigir un rescate? 
-pregunto Jack-. No he trado dinero!
   Thorn acaricio la culata de su revolver con semblante torvo, avanzando a grandes zancadas.
-Les pagare con plomo.
   -Se como te sientes, pero no debes poner en peligro la vida de Trilby! -rog Jack.
    -No lo har -prometi Thorn-. Conseguir liberarla. Juro que lo har, cueste lo que cueste!
    Permanecieron en silencio mientras se abran paso entre la muchedumbre. Al cabo de un rato, Jack pregunto:
-Iba a abandonarte, verdad? Y por ese maldito Bates.
    -S -La voz de Thorn son spera, amarga-. Y todava podr irse si quiere. Pero primero tengo que lograr sacarla de Mxico.
-Estoy seguro de que no ama a ese hombre.
   -Y yo estoy seguro de que s te ama. Da igual. Lo importante es salvarla -dijo Thorn, aflijido Ruego a Dios que no sea demasiado tarde!
Mientras Thorn y Jack trataban de encontrar una forma de atravesar la frontera sin tener que exponerse a los gatillos de los centinelas rebeldes, una Trilby descansada 
y renovada aprenda a curar heridas de bala. Con una sabana a guisa de delantal, observaba como el medico cosa una herida iluminado por una lmpara a queroseno 
para luego remedar lo que haca el doctor con otro paciente siguiendo las instrucciones que reciba. Como no entenda espaol, Naki se las traduca.
   -Esto es absurdo! -protesto Naki-. No estas en condiciones de realizar esta labor.
     -No hables -murmuro ella, asintiendo cuando el medico le enseo la tcnica de sutura para que ella la repitiera con su paciente-. Me parece que estoy hacindolo 
bien.
   -Quieres ser razonable? Estas poniendo en peligro tu salud!
   -Hablas como si fueses mi marido -dijo Trilby, ignorndolo-. Me encuentro muy bien despus de haber bebido agua y comido un trozo de queso con pan. Naki, realmente 
considero que lo hago bastante bien -aadi con entusiasmo, mientras comenzaba a coser otra herida bajo la supervisin del doctor.
-Thorn me matara -mascullo Naki.
   -Lo que yo haga ya no es de la incumbencia de Thorn -replico ella-. Lo he abandonado. Y quieres callarte? Esto es muy complicado. Pregunta al medico si debo 
dar dos puntos...
Naki alzo las manos al cielo.


La espera resultaba angustiosa. Thorn y Jack haban enviado a buscar al hermano de Jorge y se tardo algn tiempo en localizarlo. Atravesar la frontera en la oscuridad 
y sin apoyo era una accin suicida que en nada ayudara a Trilby. Con la colaboracin del hermano de Jorge y uno de sus primos, Thorny Jack Lang consiguieron, vestidos 
con ropas mejicanas, cruzar la frontera junto con un pequeo grupo de rebeldes a la maana siguiente, a la luz del da.
    La noche haba sido terrible para ambos hombres, consumidos por la preocupacin, en especial Thorn. Lo nico que la hizo soportable fue saber que Jorge haba 
mejorado y pareca recuperarse. Haca tiempo que los norteamericanos capturados en el tren haban sido liberados y Thorn se apresuro a investigar si Trilby se hallaba 
entre ellos. Pero como haba temido, no era as. Su nico recurso fue esperar hasta el alba.
    -Ni siquiera sabemos donde buscarla -se lament, Jack mientras suba por un terrapln situado en las afueras de Agua Prieta.
    -Claro que lo sabemos -repuso Thorn con impaciencia-. Estar todava en ese maldito tren. No habra podido llevarla a ningn otro lugar a causa del tiroteo.
    -Bien, tienes razn -dijo Jack, aliviado-. Oh, Dios espero que no le hayan causado ningn dao.
    -Si le han hecho algo, no vivirn para arrepentirse -dijo con mirada torva y tono amenazador el hombre de Arizona.
    Jack confiaba en que Thorn reprimiese su agresividad hasta que hubiesen rescatado a Trilby. Despus de liberarla era probable que el mismo diese rienda suelta 
su ira.
    Se oa msica junto con las espordicas detonaciones mientras avanzaban hacia la ciudad. Agua Prieta no era una insignificante ciudad fronteriza, sino una plaza 
fuerte, y las tropas gubernamentales haban actuado con una contundencia terrible.
   Se rumoreaba que haban partido de Fuerte Huachuca una columna de relevo y dos destacamentos que llegaran en un par de das, aunque poco podran hacer dada la 
situacin. Varios simpatizantes de la revolucin haban tratado de cruzar la frontera, y uno de ellos haba sido herido en el hombro por un soldado, lo cual tuvo 
el efecto de apaciguar el entusiasmo de sus paisanos por la contienda. No se permita la entrada de ningn estadounidense en Agua Prieta. Por esa razn Thorn y Jack 
se haban visto obligados a valerse de engaos para intentar salvar a Trilby.
   El tren estaba detenido en las vas. A travs de algunas de las ventanillas se vean luces. Thorn miro fijamente, entornando los ojos. Luego, soltando una risotada, 
saco el revolver y lo comprob, haciendo girar el tambor antes de enfundarlo.
-Se anima, Jack? -pregunto Thorn.
-Tengo mas animo que nunca -contesto su suegro.
   Thorn sali a la luz. De inmediato le detuvieron dos hombres que bajaron las armas cuando el respondi con la contrasea del da. Jack suspiro aliviado porque 
los hombres parecan muy nerviosos y dispuesto a apretar el gatillo.
   -Ahora no se separe de m -indico Thorn, mirando a su acompaante-. Suponen que somos simpatizantes. Crea que me atrevera a enfrentarme a ellos sin saber la 
contrasea?
-Tem que fuese nuestro fin. Esta Trilby all?
   -Me han dicho que se encuentra con el medico -contesto Thorn, preocupado-. Vamos.
   Llego a la puerta del tren y se pare de repente, y Jack detrs de el, al or claramente un jadeo.
   Trilby se hallaba inclinada sobre un hombre gravemente herido, sosteniendo en la mano una aguja con hilo mientras un individuo de baja estatura guiaba sus movimientos 
en lo que pareca ser una herida mortal. Sin embargo, el paciente se mostraba muy animado y obviamente estaba ebrio, pues cantaba mientras le atendan.
-Trilby! -exclamo Thorn.
    Al or la profunda voz del hombre, ella levanto la cabeza. Una vaharada de calor y color animo su rostro hasta que record con nitidez la noche tras la cual 
el la haba dejado. Lo miro con ojos centelleantes.
   -Hola, Thorn. Hola, pap -saludo con rigidez-. Es curioso encontraros aqu.
   -Que estas haciendo? -pregunto Thorn con tono imperativo,
   -Trabajo como asistente de este pobre y atareado medico. No puede coser a todos a la vez. -Se volvi hacia Naki, quien pareca muy seguro de si cuando se enfrento 
a la mirada furiosa de Thorn- Di al doctor que debo hablar con mi padre. Volver en un minuto.
    Entrego a Naki la aguja y se quito el ensangrentada delantal improvisado antes de acercarse a los hombres.
    -Trilby, muchacha, estas bien? -pregunto Jack con gran preocupacin, abrazndola-. Oh, gracias a Dios, gracias a Dios! Tuve tanto miedo cuando supe que haban 
cogido rehenes. Tu madre esta fuera de si, igual que Teddy.
-Realmente estoy muy bien, Papa -le tranquilizo.
    Estaba plida y pareca cansada; mechones de cabello caan sobre su rostro. Procuraba mantener la calma y evitaba mirar a Thorn, pues se senta demasiado avergonzada 
para encontrarse con los ojos del hombre.
   -Necesito hablar contigo -dijo Thorn con tono muy formal.
   La cogi del brazo antes de que ella pudiese protestar y la condujo hacia la plataforma, en la parte trasera del vagn, consciente de que los mejicanos patrullaban 
los alrededores. Por fortuna nadie les presto atencin.
   -S? Que quieres? Estoy muy ocupada -dijo ella con altivez, sin mirarlo.
   -Trilby, por amor de Dios, eres una prisionera en campo enemigo, no un medico que atiende sus pacientes.
   -No soy una prisionera, pues puedo marcharme cuanto guste. Estoy brindando ayuda y asistencia donde hace falta. Cuando acabe mi labor aqui, partir hacia Luisiana. 
Acaso no es lo que queras?
   Thorn quedo sin habla. Emiti un sonido extrao y se apoyo contra la barandilla de hierro. El aire fri le azotaba el rostro. En la distancia, alguien tenia una 
guitarra, y en torno a una fogata unos hombres cocinaban frijoles y beban caf.
   -Lamento profundamente lo que hice la ultima noche que estuvimos juntos -dijo, solemne-. No tenia derecho.
-Eso es cierto. El se irgui.
-Al menos no te han hecho dao.
   -Ni se les hubiese ocurrido. Son unos caballeros -aadi, enfatizando la ultima palabra.
El hombre se ruborizo.
   -Y yo no. Soy un salvaje -dijo con voz serena, mirndola a los ojos-. Y te lo he demostrado, no es cierto, Trilby? -aadi el, desprecindose a si mismo-. Si 
buscabas una compaa gentil, te equivocaste conmigo. Bates es mas de tu estilo. Quiz el tenia razn; perteneces a su ambiente.
   Aunque no tenia motivos, Trilby se sinti culpable al ver a Thorn tan abatido. Frunci levemente el entrecejo. No haba reflexionado sobre que haba impulsado 
a su esposo a comportarse de forma tan violenta. Haba supuesto que se haba debido a que estaba celoso de que otro hombre la amase. Sin embargo, la afliccin de 
Thorn en ese momento no se explicaba solo por los celos. Se perciba una emocin en ese rostro delgado que nunca haba visto desde que estaban casados. Pareca cansado, 
y unas profundas arrugas surcaban sus mejillas. Sus ojos, inyectados en sangre, reflejaban resignacin y algo mas profundo, mucho mas profundo. El haba llegado 
hasta all, arriesgando su vida, para recuperarla, e incluso la arriesgaba en ese momento solo para estar con ella. Despus de meditar, Trilby comprendi los motivos 
de su marido.
    Se acerco a Thorn y entonces comprob el efecto que su proximidad ejerca sobre el; se puso tenso, y se le contrajeron los msculos del rostro. Apret los labios, 
como si se esforzase por no demostrar cuanto le afectaba su cercana.
   -Que ocurre, Thorn? -pregunto ella, con calma-. No me dirs que te turbo.
   Dio un paso mas hacia Thorn, quien retrocedi, con una expresin amenazadora.
      -Es a Bates a quien amas, o lo has olvidado? -le reprocho framente-. Me alegro de que no te haya sucedido nada. Hablare con Lpez y te sacare de aqui.
   -Thorn -llamo ella cuando el se dispona a entrar en el tren.
   Se volvi con uno de esos movimientos rpidos que en un tiempo la haban intimidado.
-Y bien? -pregunto, irritado.
   -Nunca me preguntaste que senta por Richard -dijo ella, con dignidad-. Ni si quera irme con el. Jams me preguntaste si quera el divorcio.
   -Por amor de Dios, como no vas a querer divorciarte despus de lo que te hice? -pregunto el con aspereza.
   El dolor que traslucan sus ojos pareca insufrible. Ella se aproximo a el mirndolo fijamente.
   -Me hiciste el amor -dijo ella, con voz suave-. Te mostraste muy apasionado, pero no cruel. -Poso la mirada en el pecho del hombre-. Nunca me has tratado de forma 
cruel... en esos momentos.
   -Te deje el cuerpo lleno de marcas -dijo e1, con voz trmula de emocin-. No tuve valor para hablar contigo esa maana, no lo comprendes? No soportaba la idea 
de enfrentarme a ti, por eso hu!
   Trilby contuvo el aliento. La expresin del rostro normalmente taciturno del hombre la conmovi. Por que no lo haba comprendido antes? Aquella no era la mirada 
de un hombre celoso o vengativo, sino la de un hombre que amaba con tal intensidad que morira ante el hecho de perderla.
   -Vaya... tu me amas! -susurro Trilby, sorprendida ante la sbita revelacin.
   
  
                                        21


   Thorn se amilano al verse descubierto. Se aparto y fijo la mirada en los mejicanos agrupados en torno a la fogata en un esfuerzo por mantener el control. No tenia 
intencin de reconocerlo. No quera ser tan vulnerable.
   Pero lo era, y ella lo sabia. Trilby se acerco a el, aturdida, tendi las manos y se aferr a su brazo, largo y musculoso. Lo llevo hasta sus pechos y lo mantuvo 
all, instndolo a mirar su rostro arrobado.
   -Tan difcil te resulta admitirlo? -pregunto ella.
   El semblante de Thorn se ensombreci, y sus ojos contemplaron, indefensos, los dulces rasgos de la muchacha.
   -Tu no me amas -acuso con aspereza-. Nunca me has amado! No soy culto y tierno como ese tipo del Este de quien estas enamorada.
   -No, tu no eres tierno -acord ella, sonriendo, radiante-. Eres como el desierto, Thorn; duro como la piedra y a veces muy severo. Sin embargo eres dos veces 
mas hombre que Richard.
   El ranchero haba bajado la vista, pero esa ultima observacin hizo que volviese a mirarla, pendiente de cada una de sus palabras.
     -Thorn, yo me negaba a reconocerlo, pero lo supe cuanto Richard me beso el da en que Sissy y yo salimos a buscar restos arqueologicos -explico Trilby de manera 
desapasionada-. No sent nada, nada en absoluto. Cuando me abrazo yo solo pensaba en como me senta en tus brazos. -El entreabri los labios, como si le costase 
respirar-. Como no te diste cuenta? -prosigui ella con voz ronca, mirndolo embelesada-. Me entregue a ti una docena de veces. Como no lo advertiste aquella vez 
en que ped tener las luces encendidas para ver cuanto me deseabas?
Thorn enrojeci.
-De verdad?
   -Oh, si -susurro ella-. Incluso la ultima vez -aadi, ruborizndose mientras clavaba la vista en el pecho del hombre-. Sobre todo la ultima vez, cuando me deseaste 
con tanta desesperacin que no pudiste contenerte. Cre que morira, tan intenso era el placer.
   Thorn se estremeci. Vacilante, peso la mano en la mejilla de Trilby y la acaricio.
   -Nunca pretend hacerte dao -murmuro agitado-. Estaba celoso y tema perderte. No pude controlarme.
-Lo se.
   Ella se aproximo a el e impulsivamente abrazo el cuerpo poderoso del hombre y lo sinti trmulo.
-No lo hagas -dijo el, tratando de separarse.
   -Esta bien -susurro ella-. Tambin yo estoy temblando. No lo notas?
   Thorn lo notaba, y eso aumentaba su deseo hasta hacerlo insoportable. La cogi por los hombros.
   -Trilby, no puedo permitir que te quedes conmigo si no eres feliz. Bates te ama...
   -No, el no me ama. Solo se quiere a si mismo. Yo te amo a ti -dijo ella, alzando la mirada hasta el rostro plido del hombre.
   Eso era lo que ella haba estado dicindole y e1 nunca haba comprendido. Gimio ligeramente y se incline para besar los prpados cerrados de la muchacha.
   -Oh, Dios! -musito, con voz ronca.
   -De verdad no te habas dado cuenta? -pregunto ella, estrechndolo mas.
   -No. Parecas quererme, pero yo crea que simplemente intentabas sacar el mayor provecho de nuestro matrimonio. Lo pens incluso cuando me pediste un hijo.
   -Quera darte un hijo porque te amo -dijo ella, sonriendo contra el amplio pecho del hombre-. Thorn -susurro, acaricindole el torso con ternura-, estoy embarazada 
de ti.
El se quedo paralizado.
-Que estas... que? -pregunto, conmocionado.
   -Estoy embarazada -repiti ella, exultante de felicidad.
   Thorn record entonces la noche anterior a su partida hacia Tucson. Dejo escapar un quejumbroso gemido.
    -Estas embarazada... y yo te tome... de aquel modo? -Pareca horrorizado-. Dios mo, Trilby! Dios mo, deb haberte hecho mucho dao! Y el nio... -Se mostraba 
desesperado.
    Ella lo tranquiliz, tapndole la boca con una mano y acaricindolo.
   -Thorn, no ocurri nada. No nos hiciste dao a ninguno de los dos. Escucha, por favor. Me encuentro muy bien.
El ranchero temblaba, mirndola con ojos hmedos.
-Trilby, lo siento.
   -Te amo -dijo ella, con fervor-, y tu a mi. No hay nada que perdonar. Yo te her sin proponrmelo, y tu solo tratabas de demostrarme lo que sentas, pero yo no 
lo entend. Ahora se cuales son tus sentimientos. Thorn, tu eres mi vida! -susurro ella.
    Estremecido, Thorn la atrajo mas hacia si, invadido por el espanto cuando se dio cuenta de lo que pudo haber costado a ambos su violento ardor.
   -Oh, querido -dijo ella con dulzura-, por favor, no te pongas as. Te aseguro que no nos has causado ningn dao ni a mi ni al nio.
   -Nunca volver a hacerlo -dijo el, avergonzado - Nunca volver a tratarte de ese modo.
   -Si, lo hars, porque el modo en que nos amamos es apasionado, desenfrenado y glorioso. -Se alzo y bes con avidez la boca del hombre-. Te adoro, te idolatro..
   Los besos de Trilby borraron el dolor del hombre La estrecho en sus brazos hasta que besarla ya no fu( suficiente. Gimio cuando la fiebre del deseo palpito dentro 
de el.
-Ejem!
   La seca interrupcin los devolvi a la realidad. Ambos miraron hacia la puerta donde se hallaba Naki.
-Perdonad, pero estis sordos?
   Thorn frunci el entrecejo. Cuando recobro la cordura, oy fuertes caonazos y de repente, mas cerca, un silbido seguido por un sordo impacto.
   -Habeis odo eso? Son caones que disparan, balas que rebotan -anuncio Naki-. Pistolas, rifles y ese condenado canon que capturaron. Si no queris que os alcance 
una bala, ser mejor que os apartis de la lnea de fuego.
   -Maldita sea, por que no nos has avisado antes? -reprocho Thorn, furioso, conduciendo a Trilby al interior-. Esta embarazada!
   -Si, lo se. -Naki ri con irona-. Todos lo sabemos. Nos hemos turnado para cuidarla. Juan cree que se ha enamorado.
   Thorn dirigi una mirada iracunda al hombrecito sonriente.
-Puede besar a su caballo. Ella es ma.
-Se lo dir. Al suelo!
Empujo al matrimonio al suelo, mientras los vidrios
estallaban en mil pedazos alrededor.
   -Creo que ser un da muy largo -predijo Naki con los labios a escasos centmetros del suelo.
Y lo fue. Por la tarde todos estaban muertos de sueno y con los nervios destrozados. Por fortuna el tiroteo haba cesado, pero, segn los informes que reciban, 
un cuerpo de federales se acercaba a Agua Prieta, por lo que seguramente pronto se reanudaran los combates. La violencia se cerna sobre ellos, aguardando la oportunidad 
de desatarse.
   Como Trilby no conoca a Red Lpez, Juan se lo sealo desde lejos. Ella haba supuesto que el hroe de la revolucin seria alto, guapo y garboso; un personaje 
salido de un folletn. Sin embargo se trataba de una persona de aspecto corriente, que se diriga a sus hombres con deferencia y serenidad, e hizo gala de unos modales 
corteses cuando mas tarde, ese mismo da, fue presentado a Trilby. Como muchos de los oficiales rebeldes, tenia la mente despierta y una gran sagacidad para planear 
estrategias y tcticas militares. Era como un mosquito; picaba y echaba a volar, una y otra vez. Esa capacidad para escabullirse despus del ataque irritaba al enemigo.
    Poco despus, el general que haba hablado al principio con Trilby volvi para dialogar con el pequeo grupo de estadounidenses.
    -Debemos devolverlos a Estados Unidos -dijo-. Tendremos que actuar con prudencia, porque su capitn, al otro lado de la frontera, ha jurado que hara prisioneros 
de guerra a todos los insurrectos que atrape en suelo norteamericano. Es una situacin peligrosa.
Trilby sonri.
-Creo que voy acostumbrndose al peligro, seor. Thorn la miraba conmovido, tan orgulloso de ella que apenas poda contenerse. Su dulce y mimada Trilby haba cambiado 
de la noche a la maana para transformarse en una verdadera pionera.
   -Mi esposa esta embarazada -anunci Thorn al general, preocupado.
    Juan acaba de comunicrmelo -replico el general, quitndose el sombrero para saludar a la mujer-. Felicidades, seora -aadi con una sonrisa-. Ser un placer 
para mi escoltarla hasta la frontera.
    -Es usted un caballero, seor -dijo ella, devolvindole la sonrisa.
    -Lamento que se marche -dijo el general-. Se ha convertido usted en una de mis mejores mdicos. Quien atender ahora a mis pobres hombres?
    -Los hospitales al otro lado de la frontera -ofreci Jack Lang-. Se han instalado clnicas provisionales por todas partes, y mucha gente cuida de los heridos 
y los moribundos. Se ocuparan de los rebeldes, de los federales; no importa en que bando luchen.
El general asinti.
-As es como debera ser.
    Hizo una indicacin a Juan y, minutos mas tarde, despus de que Trilby se hubiese despedido del doctor, emprendieron la marcha en direccin a la aduana.
   El general los escolt, ondeando una bandera de tregua, hasta que traspasaron la lnea de los rebeldes, que se extenda a lo largo del terrapln de la frontera. 
El oficial rebelde mejicano salud al capitn del ejercito estadounidense al mando del destacamento, quien devolvi el saludo con el debido respeto y regres junto 
a sus hombres. Jack Lang suspir aliviado.
-Gracias a Dios -dijo-. Suelo patrio!
   -Si -dijo Thorn, abrazando a Trilby-. Gracias a Dios. Naki, vienes con nosotros? -pregunt al ver que Naki permaneca en la lnea de la frontera, observando al 
oficial americano, que se aproximaba a ellos.
    El apache neg con la cabeza, esbozando una sonrisa. -He llegado a formar parte de la revolucin, amigo.
    Mi pueblo perdi la oportunidad de recuperar su libertad, pero esta gente todava tiene posibilidades de conseguirla. Hay muchos como yo que, sin ser mejicanos, 
luchan por su causa. No puedo abandonarlos, ahora, cuando estamos tan cerca de la victoria.
     -Y que hay de Sissy? -pregunt Trilby con tristeza. El semblante de Naki se ensombreci. -No le digis nada.
     -McCollum le inform que te hallabas en Mxico-dijo ella, angustiada-. Sissy cree que has muerto! Los oscuros ojos de Naki se cerraron, y un estremecimiento 
recorri su cuerpo.
-Entonces, que siga creyndolo -dijo con voz ronca-. Es lo mejor.
-Sissy te ama.
Naki abrid los ojos, y Trilby vio en ellos el calvario que sufra en su interior.
-Lo se-dijo el con fiereza-. Desde luego que lo se! -Ella renunciara a todo.
-Igual que yo. En realidad ya lo he hecho -dijo
Naki, sereno. Logr esbozar una sonrisa-. Cuando esto acabe, tal vez encuentre una salida.
     Trilby no replico. No tenia ningn derecho a decir al hombre como deba vivir. Estaba preocupada por el y Sissy.
-Cudate -dijo Thorn-. Procura que no te maten.
-Prometo intentarlo. Vaya con Dios.
-Si. Y tu tambin.
      Naki salud agitando una mano y se reunid con su grupo al otro lado de la frontera; se pareca mas un soldado revolucionario que a un apache.
   Thorn, Jack y Trilby continuaron avanzando y, en cuanto llegaron a las lneas estadounidenses, fueron rodeados por reporteros y un airado oficial.
    Thorn vislumbro una salida para escabullirse. Alzo una mano pidiendo que los dejasen pasar.
    -Mas tarde, por favor -dijo-. Mi esposa se encuentra en un estado delicado. Se siente dbil, y debo llevarla a casa.
    Al or aquello los hombres, que eran caballeros, adoptaron una actitud protectora, y Trilby se encamino a toda prisa hacia el coche de su padre a travs de la 
multitud.
   -Le han hecho dao los endemoniados latinos? -pregunto un hombre encolerizado cuando llegaron al coche.
   Trilby se detuvo en seco y le dirigi una mirada fulminante.
   -Son soldados rebeldes mejicanos, no -Latinos endemoniados>>. En realidad, me atrevera a asegurar que me han dispensado un trato mucho mas amable y considerado 
del que hubiese recibido de un ciudadano estadounidense en las mismas circunstancias.
   El hombre se aclaro la garganta y, aunque tarde, se quito el sombrero.
   -Idiota -dijo Trilby, lo bastante alto como para que la oyesen. Cogi la mano de Thorn entre las suyas despus de que el cerrase la portezuela del automvil-. 
"Latinos!>
   Thorn dirigi una mirada a Jack Lang y sonri con indulgencia. Despus de prometer al oficial americano que le facilitara tantos detalles como pudiese recordar 
en cuanto Trilby se hallase en casa, abandonaron la ciudad dejando tras ellos una nube de polvo amarillento.
Agua Prieta permaneci en manos de los maderistas solo unos pocos das. Tres de los lideres rebeldes se rindieron a las tropas de Estados Unidos. Cuando una columna 
de doce mil federales, al mando del coronel Reynaldo Daz,
llego a Agua Prieta, los soldados encontraron las trincheras abandonadas y la ciudad saqueada. El sitio haba terminado, y, afortunadamente para ambas naciones, 
se haba evitado la intervencin y con ella la guerra.
   Poco despus de que los federales conquistasen de nuevo Agua Prieta, dos oficiales rebeldes maderistas, Francisco Pancho Villa y Pascual Orozco, lanzaron sus 
fuerzas contra Jurez, y Madero asumi la presidencia de Mxico. Los rebeldes y quienes haban luchado en favor de Madero celebraron el acontecimiento.
Red Lpez muri de forma trgica no mucho despus de la batalla por el control de Agua Prieta. Un per16dico publico una historia ocurrida antes del sitio de Agua 
Prieta segn la cual, mientras estaba siendo entrevistado, el efe rebelde haba cedido su cama a un reportero, sin importarle dormir en el suelo. Posiblemente muchas 
de las cosas nada halagadoras que se comentaban de el fuesen ciertas, pero Trilby, que lo haba conocido y haba odo a sus propios hombres hablar de el, sospechaba 
que el rebelde deba de poseer algunas virtudes ocultas para inspirar tal devoc16n a sus seguidores.
    Lpez haba muerto, pero Orozco, Obregn, Villa, Zapata y muchos otros lideres rebeldes se sentan exultantes por la victoria. Las fiestas se prolongaron durante 
das, incluso en la parte estadounidense cercana a la frontera. La primera fase de la Revolucin Mejicana finaliz el 26 de mayo de 1911, con la renuncia y la partida 
de Porfirio Daz. En noviembre del mismo ano se celebraron elecciones, y Francisco Madero se convirti en presidente.
En esos momentos Trilby, ya reintegrada en el hogar, confeccionaba un vestido para Samantha y disfrutaba de la recin recuperada felicidad de su matrimonio. Ella 
y Thorn estaban cada vez mas compenetrados. No surgieron mas dudas ni pesares. Se amaban, y el hijo de ambos creca en el vientre de Trilby mientras los das se 
hacan mas largos y calurosos a medida que avanzaba el verano. Haban desaparecido los secretos y las incertidumbres. Cuando Thorn miraba a su esposa, el amor que 
irradiaban sus ojos casi lo cegaba. En esos das se senta mas un rey que un salvaje. Se lo dijo a Trilby, quien ri y se puso de puntillas para besarlo con ternura.
   -Lo nico salvaje que hay en ti, querido, es el modo en que me amas -murmuro-. Y espero que nunca cambie.
   Thorn sonri sin apartarse de sus labios acogedores. Mientras la besaba, le prometi en un susurro que nunca cambiaria.
Jorge se repuso y regreso para reanudar sus obligaciones en Los Santos. Sissy enviaba regularmente a Trilby cartas tristes y breves, en las que nunca mencionaba 
a Naki Tampoco lo hacia Trilby cuando la escriba. Habia odo rumores de que Naki haba sido uno de los prisioneros rebeldes norteamericanos ejecutados en Mxico 
No haban recibido ninguna noticia de el en Los Santos, y hasta Thorn haba acabado por convencerse de que haba muerto.
    El otoo igual que a Arizona llego a Luisiana. Alexandra Bates estaba bebiendo t con su madre en el saln cuando la mucama anuncio la visita de un caballero.
   -Me temo que ser ese Harrow otra vez -dijo la seora Bates con resignacin, dirigiendo a Sissy una sonrisa melanclica-. Tendremos que hacer algo respecto a 
el, Sissy, o de lo contrario seguir viniendo. Bien, hazlo entrar -ordeno a la sirvienta, quien hizo una reverencia y sali del saln-. Por que tu padre participa 
tan a menudo en caceras, dejndome sola para enfrentarme a tus insistentes pretendientes?
   Sissy sonri sin alegra. Todava Lloraba la desaparicin de Naki. En el transcurso de los meses, su animo haba decado y ya nada le interesaba. Haba abandonado 
los estudios y casi la vida misma. Entretanto, Richard haba madurado y se haba comprometido con una joven dulce y buena. Ben se haba marchado a Texas para convertirse 
en un ranger. Sissy, la nica que quedaba en casa, se preguntaba si volvera a ser capaz de amar. El seor Harrow al que se refera su madre era un viudo que senta 
afecto por Sissy, quien no le corresponda. Estaba harta de inventar excusas para eludirlo. Quera a un solo hombre, y ese haba muerto. A veces pensaba que siempre 
llevara luto por el.
    La seora Bates saludo al visitante antes de que Sissy lo viese. Evidentemente no se trataba del seor Harrow. El recin llegado era alto y vesta con elegancia. 
Con el cabello negro pulcramente cortado y peinado y los ojos como perlas negras, tenia una apariencia ligeramente europea, como la de un francs. Era increblemente 
guapo y refinado, y el traje que lucia estaba tan inmaculado como sus relucientes botas negras.
    -La seorita Bates? -pregunto a la madre de Sissy, sonriendo-. Me dijeron que podra encontrar a Alexandra aqui. Ah, si. Alli esta! -aadi, mirando por encima 
de la mujer hacia el sof en que la muchacha estaba sentada.
    Alexandra Bates dio un respingo y se quedo mirndolo fijamente, con el rostro demudado.
    -Dios mo, va a desmayarse! -exclamo la seora Bates.
    Naki se acerco a Sissy a toda prisa, y sus poderosos brazos recibieron el peso del cuerpo de la muchacha; la fragilidad de Sissy le desgarro el corazon. La tendi 
con delicadeza sobre el sof y la seora Bates, sofocada, llamo a la mucama y la envi a buscar salas aromticas.
    -Oh, por amor de Dios, que le ocurre? -gimio la seora Bates, preocupada.
    -Sufre estos desmayos a menudo? -pregunto Naki, sin apartar la vista del rostro amado.
    -No. Pero no ha vuelto a ser la misma desde que regreso de Arizona hace varios meses. Llora a ese hombre... -Se interrumpi al darse cuenta de que estaba hablando 
a un extrao y sonri-. No tiene importancia. Todava no se ha presentado, joven.
    -No lo he hecho? -murmuro el, ausente, porque Sissy comenzaba a moverse. Le tomo la mano y se la apret-. Sissy -dijo con gran ternura.
   Ella abri los ojos y le dirigi una mirada sorprendida. Un escalofri recorri su cuerpo.
   -Tu estas muerto! -dijo con voz ahogada-. Naki, tu estas muerto, estas muerto!
   -No -musito el, sonriendo-. Como poda morir y dejarte sola?
-Naki! -La emocin le quebr la voz.
    Sissy tendi los brazos, y el la alzo, estrechndola ardientemente contra su corazon. Con los ojos cerrados, la meci en sus brazos, apretndola con un poco 
de rudeza cuando los meses de soledad lo desbordaron. La emocin que ilumino su semblante sereno hubiera sido evidente incluso para un ciego, lo que sin duda la 
seora Bates no era.
    -Bueno -dijo esta, entrelazando las manos y sonriendo cuando comprendi de quien se trataba-. Debo decir, joven, que no se parece en nada a la imagen que de 
usted me haba formado.
    Naki la miro por encima de la cabeza de Sissy con una sonrisa dulce.
   -Me atrevera a decir que esperaba verme con plumas y pintura de guerra.
La seora Bates solt una risita nerviosa.
-As es. Le apetece un poco de te?
   -Con mucho hielo, por favor -respondi el-. Es algo que no tenemos en Mxico.
   Mientras la seora Bates se retiraba discretamente para disponer que les sirvieran el te, Naki ayudo a Sissy a sentarse.
   -He atravesado algunas situaciones de gran peligro, pero logre salir de ellas con vida y ahora estoy muy bien situado. He conseguido comprar un terreno, Alexandra, 
cerca de Cancn -informo, sin prembulos-. Me temo que a ambos nos resultara extrao al principio, pero nos adaptaremos y podremos vivir en paz y sin prejuicios.
Soy un apache y no pretendo negar mi raza ni ocultar mi orgullo por pertenecer a ella. Sin embargo la herencia cultural no depende de la geografa. Ser tan apache 
en Mxico como en Arizona.
    -Estas renunciando a todo! -protesto ella dbilmente.
    -No a demasiado -replico el, con serenidad-. Las otras alternativas son o bien llevarte a la reserva, donde sufriras los prejuicios de mi gente, o bien tratar 
de integrarnos en la sociedad blanca y padecerlo yo. Considero que Mxico es nuestra nica opcin. -Fijo la mirada en los ojos de ella con ansiedad-. Tienes que 
decidir si compartir la existencia conmigo merece que abandones tu casa y tu forma de vida.
   Sissy comprendi la importancia de la propuesta de Naki y sonri.
   -Que sacrificio tan insignificante, cuando de buena gana renunciara a mi vida por estar contigo -se limito a responder ella.
    El entorno los ojos. El sentimiento de ambos era profundo. Naki imagin a Alexandra en sus brazos en noches tropicales, poseyendo su cuerpo suave y virginal. 
Se estremeci al pensar en el xtasis que compartiran. La miro y pens que semejante sueno compensaba todos los sacrificios.
-Si -dijo el-. Yo siento lo mismo por ti. Nos arriesgaremos?
Ella sonri y sacudi la cabeza.
    -No habr ningn riesgo. -Alzo la cabeza y lo bes con pasin.
    -Incluso amndonos de este modo no resultara fcil. -El intentaba hablar entre beso y beso.
Sissy sonri y lo beso aun con mas pasin.
   -Quiero tener hijos cuando nos hayamos casado -dijo con tono solemne, tapndole la boca con la mano al ver que el se dispona a protestar-. Quiero un montn de 
hijos -repiti, pronunciando cada palabra con firme resolucin.
El suspiro.
    -Alexandra, ya hemos hablado de la mezcla de razas...
    -Que pasara inadvertida en Mxico -atajo ella. Luego sonri-. Y nuestros hijos sern muy hermosos -susurro, imaginndolos.
    Era difcil discutir con ella. Naki le enmarco el rostro con las manos y sonri.
-Hijos hermosos?-susurro.
    -Hermosos -enfatizo ella-. Les hablaremos de su herencia apache y haremos que se enorgullezcan de ella. Y los amaremos muchsimo -dijo con fervor, alzando el 
rostro hacia el-. Casi tanto como nos amamos el uno al otro...
   Incapaz de hacer alguna objecin, comenz a besarla, anhelando ya la dicha casi insoportable de un futuro compartido.
    A finales de otoo Trilby y Thorn tuvieron un hijo que haba heredado los ojos oscuros de su padre y la tez de su madre. Le llamaron Caleb, como su difunto abuelo 
paterno.
    Naki y Sissy, por su parte, tuvieron cinco hijos, todos ellos parecidos a su guapo padre.
    Richard Bates se caso con su prometida, quien lo amo toda su vida, a pesar de las excentricidades de su marido.
    Teddy Lang creci y llego a ser sheriff del condado de Cochise, en Arizona, y la pequea Samantha Vance contrajo matrimonio con un medico de Douglas.
    Ben Bates alcanzo el grado de capitn en los rangers de Texas.
    Caleb Vance se caso con una muchacha espaola, se presento a las elecciones para el Senado de Estados Unidos y resulto elegido.
    En cuanto a Lisa Morris, se desposo con el capitn Powell y sorprendi a todos al quedar embarazada al ano siguiente.


    Mientras tanto, Francisco Pancho Villa, muy popular en los crculos revolucionarios despus de la batalla de Juarez, cayo en desgracia ante Madero y fue arrestado 
y encarcelado. Mas tarde logro escapar. A finales de noviembre de 1911, Zapata se alzo en armas contra Madero. Orozco formo un ejercito para hacerle frente y fue 
derrotado por Huerta, quien haba depuesto a Madero y ordenado su ejecucin.
      La noche del 6 de marzo de 1911, Pancho Villa abandono El Paso y cruzo la frontera hacia Mxico, acompaado por ocho hombres y portando nueve rifles, quinientos 
cartuchos de municin, dos libras de caf, dos libras de azcar y una Libra de sal. En 1914 haba conseguido reunir un ejercito, la Divisin del Norte, que expulso 
a los federales de la ciudad de Chihuahua y el estado de Sonora. Varios anos despus de la experiencia vivida por Trilby, se produjo una segunda batalla decisiva 
por la toma de Agua Prieta, habiendo iniciado el ataque Pancho Villa el 1 de noviembre de 1915. Esa fue la primera batalla que perdi Pancho Villa en el estado de 
Sonora frente a los federales.
En el transcurso de la revolucin, y a pesar de los reveses, Villa encabezo diversas cargas con sus hombres y su canon, El Nio, y fue inmortalizado en un libro 
por el periodista de Harvard, John Reed, que acompao a sus tropas. Entre los extranjeros que compartan los triunfos y las derrotas de Villa figuraba un norteamericano 
que mas tarde realizo una exitosa carrera como vaquero cinematogrfico; un individuo conocido con el nombre de Tom Mix.
   Villa se rindi finalmente en 1920, tres aos despus de que se promulgase una nueva constitucin que estableca la reforma agraria y las nacionalizaciones. Zapata 
fue asesinado en 1919 y Villa en 1923. La revolucin haba terminado. El coronel lvaro Obregn se convirti en presidente de Mxico en 1921.
   A pesar de la revolucin, nada cambio mucho en realidad. Si, se emprendieron reformas, pero los influyentes inversores extranjeros continuaron controlando gran 
parte de la riqueza de Mxico, y la poblacin rural mejicana sigui subsistiendo con salarios miserables. El nico cambio real fue el nombre del hombre que ocupaba 
el silln presidencial.
Sentados en el porche delantero de su casa varios anos despus de la primera batalla de Agua Prieta, Trilby y Thorn observaban como el bimotor de un aviador de la 
zona surcaba el are en los primeros das de la Primera Guerra Mundial en Europa.
   -Dicen que usaran esas maquinas en una guerra aerea al otro lado del mar -comento Thorn; sus bellos ojos oscuros brillaban-. Si fuese unos anos mas joven, probara 
suerte en la aviacin. Al parecer los aviones funcionaron bastante bien para Villa al final de la revolucin.
-Los aviones y El Nio -dijo ella con tono reflexivo.
   E1 se recost en la mecedora, deslizando un brazo sobre los hombros de su mujer. Samantha se haba trasladado al Este para estudiar, y  el joven Caleb estaba 
fuera con Teddy, aprendiendo a arreglar arneses. La vida transcurra con placidez.
   -Todava aoras la vida del Este? -pregunto el de repente, mirndola-. Me refiero a Luisiana, las fiestas y la compaa galante.
   Ella poso una mano sobre el pecho del hombre y apoyo la mejilla en su hombro para mirarlo con adoracin.
-No -respondi, lacnica.
-Ni siquiera un lugar sin polvo? -insisti el.
   -Me gusta el polvo. Es bueno. Beneficia a mi piel. -Le acaricio la nariz con el dedo ndice y sonri-. Te amo -susurro.
   El suspiro y descanso la mejilla en el cabello de la mujer.
-Has cambiado.
   -Oh, si. Se disparar un revolver, ensillar un caballo y manejar un hacha -replico ella con desenvoltura-. Adems de coser heridas y participar en revoluciones.
Thorn ri entre dientes.
    -Y yo por lo menos se aparentar que tengo buenos modales, por lo que Samantha no se avergonzara de mi cuando nos presente a su novio.
    -Ninguno de nosotros se avergonzara nunca de ti, y yo menos que nadie, querido. -Ella se deslizo hacia el regazo de su esposo y reposo la cabeza en el hueco 
de su brazo-. Pero si quieres, puedo refrescar tu memoria sobre los buenos modales. Por ejemplo, un caballero siempre ayuda a una dama en peligro -susurro ella, 
inclinndole la cabeza para besarlo.
    La respiracin de Thorn se volvi agitada, y los latidos de su corazon se aceleraron. La habilidad de ella para excitarlo no haba disminuido.
-Estas en peligro? -pregunto el.
      -Oh, si -respondi ella con vehemencia-. En un gran peligro. Podras acompaarme hasta el dormitorio y ayudarme a acostarme?
El solt una risita traviesa.
   -Creo que si. -Se levanto, sin soltarla, y entro en la casa vaca-. Espero que a nuestro hijo le interese mucho la reparacin de arneses.
   -La puerta tiene cerrojo -murmuro ella, riendo y mordisquendole la oreja mientras se aferraba a el.
   Thorn se inclino y la beso, sonriendo ante sus labios receptivos.
   Encima de sus cabezas, el bimotor daba una vuelta en el cielo y emprenda el regreso a Douglas. Balanceaba sus alas a la vista de un muchacho y un joven que lo 
observaban en medio del campo. Volaba como si tuviese las alas de un ngel, como una mariposa gigante. Y all abajo, sobre el camino sinuoso, se levantaba el polvo 
amarillento.
 

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